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Estamos viendo Romanos capítulo 8, versículo 28, palabras conocidas. Permítame leérselas, ‘y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a lo que conforme a su propósito son llamados’. Como hemos estado aprendiendo en nuestro estudio de Romanos, capítulo 8, este es un capítulo que es una especie de cordillera montañosa, con muchas cumbres. Y, de hecho, quizás el versículo 28, es la cumbre más alta y más majestuosa de todas. Esto dice lo que realmente queremos oír, y eso es que sin importar lo que sucede en nuestras vidas, todo opera en últimas para nuestro bienestar eterno, y eso quiere decir que, nada puede jamás cambiar nuestra relación con el Dios viviente.

No importa lo que suceda, todo opera para nuestro bien. Pablo ha estado de manera maestra revelando la gran verdad, de que la justificación está segura para siempre. Está segura para siempre por el decreto de Dios, está segura para siempre por el sacrificio de Cristo y su justifica imputada, y está segura para siempre por el ministerio intercesor único del Espíritu Santo. Tenemos entonces, a Dios asegurando nuestra redención eterna, Cristo asegurando nuestra redención eterna y al Espíritu Santo asegurando nuestra redención eterna. Y esa es la razón por la que podríamos llamar este capítulo ‘seguridad en el Espíritu’, como lo hemos llamado vida en el Espíritu, realmente es vida en el Espíritu lo que es eternamente seguro.

Obviamente ha habido un gran debate a lo largo de los años entre cristianos, acerca de que, si la salvación es para siempre, si usted puede obtenerla y perderla. Este capítulo, creo, responde de manera muy clara esa discusión en términos que no son ambiguos, la salvación es para siempre. Está asegurada para nosotros para siempre por el decreto de Dios, por la obra de Cristo y por el ministerio del Espíritu Santo. Y el versículo 28 realmente es la afirmación definitiva. Dios hace que todas las cosas operen en conjunto, para el bienestar eterno de aquellos que le aman, ese es una verdad profunda, cargada de esperanza y hay tanto en este versículo que, en cierta manera, únicamente comenzamos a ver de manera general la última vez.

El versículo enfatiza cuatro elementos, recordemos estos cuatro elementos de nuestra seguridad, la extensión, los destinatarios, la fuente y la certeza de esta seguridad. La extensión, los destinatarios, la fuente y la certeza. Simplemente un recordatorio de la extensión de nuestra seguridad, y ahí es donde básicamente acabamos nuestro estudio la última vez, todas las cosas operan para bien, ese es una afirmación totalmente amplia, no hay aclaraciones, no hay excepciones, las cosas buenas operan para nuestro bien, las cosas malas operan para nuestro bien, todo en conjunto. Las cosas neutrales operan en conjunto para nuestro bien. Hablamos de esas cosas, y mostramos como el sufrimiento opera en conjunto para nuestro bien.

La lucha con la tentación opera en conjunto para nuestro bien, inclusive el pecado, Dios hace que opere en conjunto para nuestro bien al dominarlo, al controlarlo para nuestro beneficio actual y nuestra gloria definitiva. Como señalé la última vez, las cosas malas operan para nuestro bien, inclusive aquí y ahora en esta vida, al enseñarnos a odiar el pecado, al enseñarnos a ver nuestra condición caída y humillarnos a nosotros mismos al enseñarnos a desear a Dios, conformarnos a Cristo, anhelar las bendiciones que vienen a la obediencia, al enseñarnos a orar, y a ser humillados, y ayudar a otros y estar agradecido, y amar la gracia de Dios y anhelar el cielo. Inclusive aquí y ahora en esta vida las cosas que en sí mismas son malas producen bien.

Pero primordialmente el apóstol Pablo no está hablando de asuntos en esta vida, el bien del que está hablando es gloria eterna futura. Y eso es claro a partir del versículo 29, en donde él habla de los que son conocidos desde antes, siendo predestinados para conformarse, para volverse conformados a la imagen de su Hijo. En otras palabras, el bien que en últimas viene a nosotros es que seremos hechos como Cristo. El versículo 30 lo discute en estos términos, ‘a los que predestinó, a estos también llamó, a los que llamó a estos también justificó, y a los justificó a estos también glorificó’.

Entonces el bien del que está hablando en el versículo 28, es el bien de la gloria eterna, y eso es, el ser hecho en la imagen misma de Jesucristo. El punto es que nada puede sucederle a usted en esta vida, sea bueno o malo indiferente, nada puede sucederle a usted en esta vida, ni siquiera un solo acontecimiento, ni siquiera una acumulación de acontecimientos, nada puede sucederle en esta vida que pueda cambiar su gloria futura. Dios hace que todas las cosas operen en conjunto, para producir el bien definitivo de su gloria eterna. Eso es debido a la obra de Cristo en la justificación, eso es debido al decreto de Dios en la redención, eso es debido a la obra continua intercesora del Espíritu Santo, descrita en el versículo 27.

Recuerde que el Espíritu está orando por nosotros, en el versículo 26 y en el versículo 27. Él siempre intercede por los santos conforme a la voluntad de Dios, y la voluntad de Dios es nuestra gloria eterna, y el Espíritu intercede por nosotros para ese fin. Y esa es la razón por la que Dios hace que todas las cosas operen en conjunto, Él oye las oraciones del Espíritu intercediendo por nosotros. Claro que Él también oye las oraciones de Cristo como nuestro Gran Sumo Sacerdote en las alturas intercediendo por nosotros, y como resultado llegamos a la gloria eterna. Y esa es la razón por la que en el versículo 31 y 30, ahí hasta el 39, está esta gran afirmación de alabanza ¿Cuál debe ser nuestra respuesta?

¿Qué diremos a todo esto? si Dios es por nosotros, quien contra nosotros. En otras palabras, ¿quién es más poderoso que Dios? si Dios dice que todo va a operar para nuestro bien ¿quién va a estorbar ese propósito? Y la respuesta es nadie ni nada. Y él da una lista de cosas que no pueden separarnos del amor de Dios, que es en Cristo. Entonces la promesa de Romanos capítulo 8, es que recibiremos gloria eterna, aquellos de nosotros que hemos confiado en Jesucristo. Para cumplir esto, Dios tiene que controlar lo malo, las circunstancias malas en las que nos encontramos, la lucha con la tentación, inclusive nuestro propio pecado personal. Él controla todo eso para que nada de eso nos afecte, sea usado contra nosotros.

De hecho, el versículo 33 dice, ‘¿quién acusará a los escogidos de Dios?’, versículo 34, ‘¿quién es el que condenará?’ nadie, nadie puede acusarnos de manera exitosa, ni siquiera Satanás, el acusador de los hermanos, nadie puede acusarnos con éxito, porque como el 8:1 dice, ‘ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús’. Dios gobierna todo, Dios controla todo, ningún pecado se sostiene en contra de nosotros, porque Él hace que todo opere para nuestro bienestar eterno, y usted debe mantener eso en mente. Ese es el bien del que está hablando aquí. Yo admito y he tratado de señalárselo que en esta vida hay cosas malas que Dios usa para producir bien, inclusive aquí.

Y vimos la pequeña lista hace un momento atrás, las cosas que son buenas pueden salir inclusive, de nuestro pecado y nuestras dificultades, pero el punto que él está presentando en el sentido primordial aquí es que, el bien es esa gloria eterna y, por lo tanto, este versículo establece de una vez por todas, la doctrina de la seguridad eterna, que cuando una persona verdaderamente es salva nada puede cambiar eso. Cuando una persona pertenece a Dios, él ha sido justificado por Dios, cuando esa persona pertenece a Jesucristo, quien es el Sumo sacerdote a favor de esa persona, Él está intercediendo, cuando esa persona es morada por el Espíritu Santo, quien continúa intercediendo. Dios hace que todo en la vida de esa persona produzca bien eterno y gloria eterna. Entonces vemos la extensión de esta seguridad, y es que básicamente es ilimitada, ilimitada.

Veamos entonces en esta noche un segundo punto, en cierta manera quiero acampar en este un poco, porque es una afirmación muy importante que debe hacerse, y debe ser muy obvia pero no lo es. Hablamos de la extensión de nuestra seguridad, hablemos de los destinatarios de esta seguridad. ¿Quiénes realmente poseen este tipo de seguridad? Bueno, él lo presenta de manera muy clara en el versículo 28 ‘y sabemos que a los que ¿qué? aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a lo que conforme a su propósito son llamados’.

Usted tiene dos afirmaciones muy pertinentes ahí, con implicaciones tremendas. Una de ellas, ve nuestra relación con Dios desde nuestro lado, y la otra ve nuestra relación con Dios desde Su lado. Por un lado, amamos a Dios, por otro lado, Él nos llamó. Esta promesa de seguridad eterna pertenece a aquellos que aman a Dios, y los que son llamados por Dios. Usted podría decir que esas dos verdades maravillosas resumen nuestra identidad. Somos los llamados que aman a Dios. Ahora el pueblo de Dios es descrito en muchas maneras, y quiero simplemente ver eso, esa descripción que es dada aquí, en el versículo 28 ‘los que aman a Dios’.

El pueblo de Dios es descrito como sus hijos, son descritos como sus ovejas, su rebaño, son descritos como sus hijos, son descritos como su novia, su amada, su iglesia. Son descritos como creyentes, son descritos como adoradores verdaderos, son descritos como santos, son descritos como cristianos. Pero ninguna designación de los creyentes es más indicativa de quienes son, que está. Aquí los creyentes son definidos como aquellos que aman a Dios, somos lo que amamos a Dios, eso lo resume de la manera más simple que se puede resumir, y para aquellos que aman a Dios, Dios está haciendo que todas las cosas operen para bien. Ahora esta no es una nueva manera de describir al pueblo de Dios, de hecho, es una manera antigua de describir al pueblo de Dios.

Acompáñeme al Antiguo Testamento por un momento y regresemos al capítulo 20 de Éxodo, el lugar en donde Dios dio la ley. Y conforme Él le habla la ley a Moisés, Él dice, ‘Yo soy Jehová tu Dios, que te saque de la tierra de Egipto, Éxodo 20 versículo 2, de casa de servidumbre’, y después Él comienza en los diez mandamientos ‘no tendrás dioses ajenos delante de mí, no te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que este arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra, no te inclinarás a ellas, ni las honrarás, porque yo soy Jehová tu Dios, fuerte celoso, que visito la maldad de los padres sobre los hijos, hasta la tercera y cuarta generación de los que me aborrecen’.

Y después versículo 6 ‘y hago misericordia a millares, a los que me aman y guardan mis mandamientos’. Y ahí desde el principio cuando el decálogo fue dado, cuando Dios dio su ley, Él comienza a dividir a la raza humana entera en dos tipos de personas, aquellos que lo aborrecen y aquellos que lo aman, y esa es la definición más simple y pura de un creyente. No solo en el Nuevo Testamento, sino como es señalado de manera apropiada en Éxodo 20, también en el Antiguo Testamento, y esta designación se convirtió en algo que fue repetido. En el libro de Deuteronomio, la segunda ley que en muchas maneras repite lo que está en Éxodo.

Deuteronomio capítulo 7, versículo 9 leemos esto, ‘sabed, por tanto, que Jehová tu Dios, Él es Dios, el Dios fiel que guarda su pacto y su promesa y su misericordia a mil generaciones, hasta mil generaciones con aquellos que lo aman y guardan sus mandamientos’, después versículo 10, ‘pero paga a aquellos que lo aborrecen a su rostro para destruirlos, Él no se retrasará con aquel que lo aborrece, Él le pagará a su rostro’. Y ahí de nuevo, la misma designación doble de la raza humana, son divididas en dos categorías, aquellos que aman a Dios, y aquellos que lo aborrecen. Las palabras de Nehemías, en Nehemías capítulo 1, en el versículo 5 ‘y yo dije, te ruego a ti, oh Señor, Dios del cielo, el gran Dios que preserva el pacto y la misericordia para aquellos que le aman.

Esta entonces, esta designación de Dios de Éxodo 20, Deuteronomio 7, se convirtió en lenguaje común, cuando se refirieron a Dios, los judíos. Y ahí en el libro de Nehemías mucho tiempo después de que la ley fue dada, mucho tiempo después de que Israel había dejado el derecho a estar en la tierra, y Judá había perdido el derecho a la tierra, y habían sido llevados a la cautividad, todavía estaban definiendo a Dios como el Dios que bendice aquellos que lo aman, guarda su promesa para aquellos que lo aman, y demuestra su misericordia hacia ellos. Inclusive el salmista se refiere a Dios en términos muy semejantes, en el Salmo 69, versículo 36 dice ‘y los descendientes de sus siervos’, hablando de Dios, ‘la heredarán’, esto es la tierra prometida, ‘y aquellos que aman su Nombre morarán en ella’.

De nuevo, los creyentes son identificados como aquellos que aman su Nombre. Estoy seguro de que usted entiende el punto, pero quiero mostrarle otras Escrituras, debido a la riqueza de esta verdad. Salmo 97:10, aquí hay un mandato para el pueblo de Dios, ‘aborreced el mal, aborreced el mal, vosotros que amáis al Señor’. Ustedes que aman al Señor, simplemente se refiere a personas que eran creyentes verdaderos, que se habían comprometido a sí mismas en fe con el Dios vivo y verdadero, eran aquellos que amaban al Señor. En el Salmo 116, versículo 1 ‘amo al Señor porque Él oye mi voz y mis suplicas, porque Él ha inclinado su oído a mí, por tanto, le invocaré mientras viva.

Las cuerdas de la muerte me rodearon, y los terrores del Seol vinieron sobre mí, hallé aflicción y tristeza. Invoqué el nombre del Señor, oh Señor te ruego, salva mi vida. Misericordioso es el Señor y justo, si, nuestro Dios es compasivo’. Aquí está el salmista, y el salmista ama al Señor porque el Señor lo salvó, el Señor le dio salvación en medio de su aflicción pecaminosa. Salmo 145, versículo 20, ‘el Señor guarda a todos aquellos que le aman, pero todos los impíos Él destruirá’. Ahora creo que usted entiende el panorama, esta es una designación muy común, el que la gente sea identificada como creyentes verdaderos de esta manera.

En Isaías 56, simplemente de manera breve dice en el versículo 6, ‘los extranjeros que se unieron a sí mismo al Señor para ministrarle, para amar el nombre del Señor, para ser sus siervos, todo aquel que se guarde de profanar el día de reposo, y se aferra a mi pacto, inclusive a ellos, yo los traeré a mi monte santo y los haré estar gozosos en mi casa de oración’. Su Dios de nuevo se compromete a sí mismo con aquellos que aman el nombre del Señor. ¿Y sabe una cosa? es algo tan triste pensar en esto. Hace unos años atrás, y el asunto del señorío, el debate del señorío, la gente que estaba del otro lado del asunto del señorío, algunos de ustedes recordaran, estaban diciendo que usted podía ser un cristiano, aunque usted no tuviera ninguna creencia alguna, inclusive en el Señor.

En otras palabras, usted podía ser un creyente incrédulo, usted puede ser creyente, usted puede ser un cristiano, usted podía pertenecer a Cristo, aunque usted no tenía amor hacia Él. Absolutamente ajeno a lo que las Escrituras indican, como la definición más simple de un cristiano, alguien que ama al Señor, la definición más simple de un creyente del Antiguo Testamento, alguien que ama a Dios. 1ra de Corintios 2:9, un versículo muy interesante citado de Isaías, ‘como está escrito cosas que ojo no vio ni oído no oyó, que no han entrado al corazón del hombre, todo esto Dios ha preparado para aquellos que ¿qué? que le aman’. Los cristianos son los que aman a Dios, los creyentes son los que aman a Dios.

Esa es la característica distintiva de sus vidas. Escuche 1ra de Corintios 8:3 ‘si alguno ama a Dios, él es conocido por Él’, cuan simple, si alguno ama a Dios él es conocido por Él, conocido en el sentido íntimo, conocido de manera salvadora. Santiago 1:12 ‘bienaventurado el varón que persevera bajo la prueba, una vez que haya sido aprobado, él recibirá la corona que es la vida, vida eterna, la cual el Señor ha prometido a aquellos que ¿qué? que le aman’, que le aman. Santiago 2 habla de lo mismo, el tipo verdadero de fe que se demuestra a sí misma en obras, y la obra dominante, la obra medular es amar a Dios. Ahora no lo amamos como debiéramos.

Y esa es la razón por la que la Biblia nos manda a que la ley de Dios es cumplida, si amamos al Señor tu Dios con nuestro corazón, mente, alma y fuerzas ¿verdad? Quedamos cortos de eso, pero amamos al Señor eso es lo que somos, somos las personas que amamos al Señor. La salvación verdadera produce gente que ama a Dios. En Romanos capítulo 5, versículo 5, se nos da una afirmación muy importante con respecto a esto, dice ‘el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado, amamos a Dios porque Dios derramó amor en nosotros’. En otras palabras, cuando usted se convirtió en un creyente, el Espíritu de Dios vino, y cuando el Espíritu vino Él trajo amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza, el fruto del Espíritu.

Cuando el Espíritu estableció su residencia en la vida de un creyente, el Espíritu trajo con él amor hacia Dios, y fue la obra transformadora del Espíritu lo que capacitó al que odiaba a Dios para que fuera un amante de Dios. 1ra de Corintios 16:22 dice ‘si alguno no amare al Señor Jesucristo sea anatema’, condenado, maldito, somos amantes de Dios, amamos a Dios. Usted recordará lo que el apóstol Pablo al escribirle a Timoteo le dijo, condenando a esas personas que se aman a sí mismos en lugar de amar a Dios, de nuevo esa es la característica definitiva del hombre en el mundo. Él o ama a Dios o se ama a sí mismo, o él ama a Dios o aborrece a Dios, y toda persona se encuentra en esas categorías.

Y el amor que tenemos hacia Dios, no desaparece repentinamente, porque nos viene mediante el Espíritu Santo a través de la obra de Dios, en el milagro de la conversión, porque es parte de la regeneración, es parte de transformar nuestra naturaleza y darnos al Espíritu para producir ese amor, primero dado a nosotros en la salvación, ese amor será sustentado a lo largo de todas nuestras vidas. Y el testimonio de eso es dado en Efesios 6:24, ‘la gracia sea con todos aquellos que aman a nuestro Señor Jesucristo con un amor incorruptible’. La gracia es extendida continuamente a todos aquellos que aman a Dios con este amor incorruptible, no es un amor que va y viene, no es un amor que se prende y se apaga, no es un afecto raro que aparece de vez en cuando.

Y admito que no amamos a Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerza. No amamos a Dios como debiéramos amarlo de manera completa, plena. De hecho, en Filipenses 1:9 Pablo dice ‘oro porque vuestro amor abunde aún más y más’, pero lo amamos y nos encontramos creo en la misma situación en la que Pedro estuvo en Juan 21, el último capítulo en el evangelio de Juan. Jesús le dice a Pedro, quien ha sido sorprendido en medio de la desobediencia en este capítulo. Y Él le dice en el versículo 15 ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que a estos?, más que la pesca y los barcos, y todas las cosas a las que ha regresado en desobediencia, y él dijo ‘si Señor, tu sabes que te amo’, tu sabes que te amo.

Aquí estaba un hombre desobediente pecaminoso, aquí estaba un hombre que había negado al Señor en su juicio, aquí había un hombre que había dejado al Señor en su muerte, aquí estaba un hombre que se le había dicho que fuera a Galilea y lo esperara, y en lugar de haber hecho eso, regresó a su profesión antigua de pescar. Aquí estaba un siervo desobediente, aquí estaba un siervo que había mostrado ser cobarde, pero cuando se le preguntó ¿me amas? Él le dijo tu sabes que te amo. Él le dijo por segunda vez, ‘Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Y él dijo ‘si Señor, tu sabes que te amo’. Él le dijo la tercera vez ‘Simón, hijo de Jonás ¿me amas? Y él se entristeció porque él le dijo por tercera vez ¿me amas? Y él le dijo ‘Señor, tú conoces todas las cosas, tu sabes que te amo’.

En otras palabras, tú eres omnisciente, ve mi corazón, tú sabes cuánto te amo. No lo amamos como debiéramos amarlo y muchas veces somos como Pedro, pero el pecado nos hace responder como Pedro respondió. Y usted recordará cuando Pedro estuvo cara a cara con su traición de Cristo, su negación de Cristo, él salió y lloró amargamente ¿no es cierto? Fue su amor lo que produjo las lágrimas. Amamos al Señor por lo que Él ha hecho por nosotros, lo amamos por lo que Él es, lo amamos y es ese amor lo que nos caracteriza como creyentes verdaderos, y si alguien no tiene ese amor dominante controlador hacia Cristo, él no es de Él. 1ra de Juan 4:19 ‘nosotros le amamos a Él ¿por qué? porque Él nos amó primero.

Capítulo 5 versículo 1, ‘todo aquel que cree que Jesús es el Cristo es nacido de Dios, y el que ama al Padre, ama al que fue engendrado de Él, por esto sabemos que amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus mandamientos, eso lo lleva a usted de regreso a Éxodo 20 nada nuevo, Dios bendice y muestra misericordia y es fiel en guardar su pacto con aquellos que lo aman y guardan sus mandamientos. Demuestran su amor a Él en maneras muy normales, incluyendo claro, desde el principio o en la médula misma la obediencia, la obediencia. Entonces los cristianos son aquellos que aman a Dios. Cuando usted encuentra a alguien que dice ser cristiano, y que de manera abierta confiesa que no ama a Dios, usted puede asegurarse de que no lo es.

Cuando usted encuentra alguien que confiesa ser cristiano, pero ha demostrado una indiferencia absoluta hacia Cristo y hacia Dios, y hacia las cosas de Dios y de Cristo, hay una evidencia clara de que no hay afecto, no hay pasión, no hay un deseo consumidor profundo que anhela la comunión y la obediencia, sin importar lo que diga. Si el amor no es manifiesto usted tiene el derecho de cuestionar la validez de la salvación de esa persona. Ahora ¿cómo señalamos este amor? Quiero tomar unos minutos con usted porque creo que esto es muy muy elemental e importante. Si quiero ver mi vida, sigamos con nosotros, si quiero ver mi vida o necesito ser ayudado por alguien más y quiero determinar si realmente aman a Dios o no.

¿Qué estoy buscando? ¿estoy buscando algún sentimiento? ¿estoy buscando alguna emoción? ¿estoy buscando alguna especia de nostalgia que sale de las raíces de mi niñez o mi trasfondo? ¿qué estoy buscando cuando estoy buscando evidencias del amor hacia Dios? bueno le voy a dar unas cuantas. En primer lugar, es un amor que medita en la gloria de Dios, es un amor que medita en la gloria de Dios. Amar a Dios es estar cautivado con la gloria de Dios, estar cautivado con la honra de Dios, estar cautivado por la honra de Dios. En el Salmo 18, el salmista dice ‘te amo a ti, oh Jehová mi fortaleza, Jehová es mi roca, mi fortaleza y mi libertador, mi Dios, mi roca, en quien me refugio, mi refugio y el cuerno de mi salvación, mi fortaleza, invoco al Señor, quien es digno de ser alabado’.

Es amor que esta consumido con adoración. Decir que usted ama a Dios y ser indiferente a la adoración, es mostrar que su afirmación es falsa. Es un amor que medita en la gloria de Dios. Es ese amor, creo yo, que estuvo en el corazón del salmista de manera repetida, cuando él expresó su amor hacia Dios, al recitar todos los atributos de Dios que le eran tan maravillosos para él. Él halló su gozo singular en la adoración, la alabanza, es un amor que medita en la gloria de Dios, es un amor que está consumido con que Dios sea honrado. En segundo lugar, yo creo que este amor es un amor que confía en el poder de Dios, es un amor que confía en el poder de Dios.

En el Salmo 31, versículo 23 leemos, ‘oh amad al Señor, vosotros todos sus piadosos, el Señor preserva los fieles y recompensa de manera completa al hacedor soberbio. Sed fuertes y anímese vuestro corazón, todos aquellos de vosotros que esperan en el Señor’. Él está asumiendo que la vida va a tener sus giros negativos, va a tener sus pruebas y va haber áreas de sufrimiento y dolor y decepción. Pero en todo eso él dice amen al Señor. ¿Qué quieres decir con eso? digo, reconoce que va a preservar a los fieles, que Él va a recompensar a los impíos, se fuerte, anímate, puedes confiar en el Señor, es un amor que confía en su poder, es un amor dicho de otra manera que no duda de Él.

No es un amor que dice, ‘no se Dios no me ha sido fiel, Él va a tener que mostrar si Él espera que yo lo ame’. Es un amor que tiene confianza plena en el gran poder de Dios, es un amor que medita en su gran gloria. En tercer lugar, es un amor que busca comunión con Él. Usted puede saber si ama a Dios básicamente, si usted tiene algún interés en su comunión. Digo, si usted dice que ama a alguien, usted ciertamente podría probarlo de manera fácil, si usted buscara estar con esa persona. Salmo 63, el salmista dice, ‘oh Dios, tu eres mi Dios, te buscaré diligentemente, mi alma tiene sed de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida en donde no hay aguas, de esta manera te he visto en el santuario, para ver tu poder y tu gloria’.

Él fue al lugar de adoración, él fue ahí todo el tiempo, él no podía mantenerse alejado, él quería estar en el lugar de la adoración porque él quería estar cerca de la presencia de su Dios, él quería tener comunión con Dios. ¿Por qué?, versículo 3, ‘porque tu misericordia es mejor que la vida, mis labios te alabaran, te bendeciré mientras viva, levantaré mis manos en tu nombre, mi alma está satisfecha como con grosura’. En otras palabras, es la satisfacción de mi alma como comer una gran comida. ‘Cuando yo’, en el versículo 6, ‘medito en mi cama y me acuerdo de ti, y medito en ti en las vigilias de la noche, porque tú has sido mi ayuda, en la sombra de tus alas cantaré de gozo, mi alma de aferra a ti’.

Este es un hombre que anhela comunión, que ama la adoración, que busca la comunión, que se encuentra atraído al lugar de la oración, atraído a la intimidad de la presencia de Dios. Yo me hallo atraído a conocer a Dios, me hallo de manera irresistible atraído a libros y artículos que son escritos para decirme más acerca de mi Dios, no importa cuánto haya aprendido y cuanto pueda conocer, y cuanto halla llenado o archivado en mi computadora mental, cuanto halla enseñado a lo largo de los años, nunca estoy satisfecho, siempre quiero conocer más de mi Dios, siempre quiero conocerlo mejor. Quiero descubrir algún otro detalle, alguna otra riqueza, alguna otra verdad acerca de Él, quiero conocer la plenitud de la comunión con Él.

Y eso usted lo encuentra a lo largo de los Salmos, digo, podríamos pasar mucho tiempo hablando de estas cosas. Salmo 84:2 comenzando en el versículo 1, ‘cuan hermosas son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos, mi alma anheló inclusive, buscó los patios del Señor’. Aquí está el salmista de nuevo diciendo, simplemente tengo que estar en tu casa, simplemente tengo que estar en tu presencia, en la presencia de tu pueblo, alabándote y glorificándote, él dice, ‘es mi corazón y mi carne, la que está cantando de gozo al Dios vivo’, él dice, ‘como un ave que halló una casa, y un pajarillo que encontró un nido para sí, en donde pueda colocar a sus pequeños, mi nido y mi lugar es tu altar, oh Jehová de los ejércitos, mi Señor, mi rey y mi Dios, cuan bienaventurados son aquellos que moran en tu casa, siempre te están alabando’.

Simplemente quiero estar donde tu estas, simplemente quiero estar en medio de ti, quiero estar ahí para alabarte y tener intimidad contigo, y orar y tener comunión contigo, tener comunión contigo, esto es amar a Dios, es amar a Dios los que buscan comunión con Dios. Salmo 143:7, ‘no escondas tu rostro de mí, no sea que me vuelva como aquellos que van al pozo’, moriré Señor si no tengo comunión contigo, no es algo que puede usted tomar o dejar. Además, es un amor, es un amor que asegura la paz del alma. No quiero volverme demasiado místico en esto, pero cuando usted tiene una relación de amor con alguien, hay cierta paz en ese amor.

Cuando usted sabe que ese amor es real, y usted sabe que ese amor es genuino, y usted sabe que ese amor es fiel, hay una tranquilidad tremenda que viene sobre su alma. Algunos de ustedes supongo, desde el punto de vista humano, pueden mirar atrás y recordar cuando pensaron en que amaban a alguien, o quizás amaron a alguien y no podían convencer a ese alguien que los amará a ustedes, y conocieron la agitación y la ansiedad, y la depresión abrumadora tremenda, y el estrés de este amor que no era correspondido. Por otro lado, cuando usted le dio su amor a alguien, y ese alguien le correspondió en una vida de compromiso, y continúa demostrando la fidelidad de ese amor a usted, había una paz abrumadora, y un sentido de tranquilidad y reposo que viene con ese amor.

Salmo 119:165, ‘aquellos que te aman y tu ley, tienen gran paz y nada los hace tropezar’. No importa lo que salga mal, usted sabe que es amado. No importa lo que cambia, usted sabe que es amado y usted está seguro en ese amor. Entonces amar a Dios es básicamente definido como una actitud hacia Dios, que medita en su gloria, que confía en su poder, que busca comunión íntima con Él, y eso asegura la paz del alma, ¿tiene usted ese tipo de amor hacia Dios, que le da a usted reposo? Además, es un amor que es sensible a los sentimientos de Dios, es un amor que es sensible a los sentimientos de Dios, ¿Qué quiero decir con eso? bueno el Salmo 69:9 es un versículo conocido, he hablado de él muchas veces a lo largo de los años, pero es uno muy importante, escuche lo que dice.

David dice esto, ‘el celo por tu casa me ha consumido’. En otras palabras, David dice, estoy tan preocupado de manera tan apasionada por tu amor, tu honra, tu gloria, tu majestad, tu templo, me preocupa tanto que la adoración sea verdadera y pura y santa, que me está consumiendo. ¿Por qué? porque no fue eso, la adoración no fue lo que debería ser. Hubo profanación de Dios en el templo, y simplemente estaba destrozando al salmista. De hecho, él dice en el mismo versículo, ‘los vituperios de los que te vituperaban han caído sobre mí. En otras palabras, cuando la gente habla mal de ti, siento el dolor, y por cierto Jesús mismo cumplió ese pasaje. En Juan 2, cuando Él hizo un látigo y limpia el templo.

Cuando Dios es deshonrado, él sintió el dolor. Y usted sabe que realmente ama a Dios cuando lo que deshonra a Dios le causa a usted dolor. Ese es un gran indicador de su amor hacia Él. Usted debería sentir algo de ira santa, usted debería sentir cierta indignación santa, usted no debería molestarse o enojarse, o sentirse hostil por lo que le sucede a usted, sino que ciertamente debería estar preocupado por lo que sucede para deshonrar al nombre de Dios. Si usted lo ama usted va a ser sensible hacia esas cosas que lo deshonran, y usted va a sentir el dolor. Si usted realmente ama a alguien cuando son lastimados usted siente el dolor ¿no es verdad?

¿Acaso una madre siente el dolor de su hijo? ¿acaso un cónyuge en un matrimonio, siente ese dolor por su cónyuge? ¿acaso un niño siente ese dolor por un padre? Claro. Amigo, amigo y así es con nosotros y Dios. Además, este amor hacia a Dios que define un cristiano, es un amor que ama lo que Dios ama, es un amor que ama lo que Dios ama, no me diga usted que ama a Dios, si usted está lleno del amor del mundo. 1ra de Juan dice de manera simple, si el amor del mundo está en usted, el amor de Dios no está en usted ¿verdad? Santiago lo dijo de esta manera, la amistad con el mundo es enemistad con Dios. Si usted ama a Dios, entonces va a amar lo que Dios ama.

Salmo 119:97 ‘oh cuanto amo yo tu ley, todo el día es ella mi meditación’, él ama la ley de Dios porque Dios ama su ley, él ama lo que es santo, lo que es sagrado. ‘cuan dulce son tus palabras a mi paladar’, versículo 103, ‘más dulce que la miel a mi boca’. Job dijo que su amor hacia la palabra de Dios, era un deseo más fuerte que su deseo por su alimento. Si usted ama a Dios, usted va a amar lo que Dios ama, y lo que Dios ama predominantemente es la verdad, la verdad, y la virtud viene tras ella. Entonces usted dice que ama a Dios, entonces usted medita en su gloria, usted confía en su poder, usted busca comunión con Él, usted disfruta paz en su alma, y esa relación eterna estable.

Usted siente el dolor cuando Él es deshonrado y usted ama las cosas que Él ama. Y entonces no es algún tipo de, un salto no natural para usted el concentrarse en las cosas de arriba y no en las cosas de la tierra. Le recuerdo de nuevo 1ra de Juan 2, si usted es dominado por el amor del mundo, el amor del Padre no está en usted. Además, amar a Dios significa amar a quien Dios ama. no solo amar lo que Dios ama, en términos de verdad y virtud, sino amar a quien Dios ama, y eso simplemente significa que, si usted realmente ama a Dios, entonces usted ama al pueblo de Dios. La gente dice, bueno, soy cristiano, pero no voy a la iglesia, realmente no tengo interés alguno en la iglesia. Usted tiene un problema, amigo mío.

Porque aparentemente usted no tiene, ningún afecto motivador fuerte hacia el pueblo de Dios. 1ra de Juan 5 de nuevo, ‘todo aquel que ama al Padre, ama al Hijo engendrado por Él’. Si usted ama al Padre, usted va a amar a sus hijos. Cuando usted escoge amar a alguien usted ama a aquellos que le pertenecen a ese alguien. Entonces este es un amor que ama lo que Dios ama en términos de verdad y virtud, y es un amor que ama a quien Dios ama en términos de personas. De hecho, 1ra de Juan 2 dice, ‘si dice usted que está en la luz, y usted odia o aborrece a su hermano’, ¿usted está en qué?, realmente usted está en las tinieblas, porque usted amaría a los creyentes, no es un tipo de deber para mí estar con la gente cristiano, son a quien yo amo y yo los amo, porque Cristo está en ellos y le pertenecen a Él.

Volteemos la situación y podemos añadir algo más, es un amor que odia lo que Dios odia, es un amor que odia lo que Dios odia. Si usted dice que es uno de aquellos que ama a Dios, entonces usted va a odiar las cosas que Él odia, porque su devoción y afecto hacia Él va a colorear toda la vida. Génesis 39:9 la historia de José, ‘no hay alguien mayor en esta casa que yo, y él no me ha retenido nada excepto tú, porque tú eres su esposa, como entonces podría, yo cometer esta gran maldad y pecar contra Dios’, no puedo hacer esto, porque Dios lo aborrece, y no quiero hacer nada que Dios aborrece. Ese es un principio muy, muy elemental básico de amar a Dios, usted ama a Dios, usted odia lo que Dios odia.

Creo que es el Salmo 97:10 ‘aborreced el mal, vosotros los que amáis al Señor’. Él lo aborrece ¿no es cierto? Si usted realmente lo ama, usted va a odiar lo que Él odia. Permítame dar un paso más en esa dirección, si usted ama a Dios, usted va a estar triste por el pecado, usted va a estar triste por el pecado, y hemos hecho referencia a eso cuando hablamos del hecho de que, que usted siente el dolor cuando Él es deshonrado, pero simplemente refinándolo un poco, usted va a estar triste por el pecado si usted ama a Dios porque el pecado deshonra a Dios. Piense en Mateo 26:75 ahí está el gallo canta, a Pedro se le dijo cuándo el gallo cante, tú me vas a negar tres veces, eso es exactamente lo que él hizo.

Él oyó ese gallo cantar, y él supo que la profecía se había cumplido, y él salió y lloró amargamente, y eso es exactamente lo que él debería haber hecho. Si usted ama a Dios usted va a estar triste por su pecado, usted va a tener dificultades en vivir una vida de pecado repetido, porque usted tiene que estar reciclando continuamente la tristeza, a la cual en cierta manera quita el atractivo del pecado. Permítame añadir un par más, si usted ama al Señor, usted lo amará con un amor que rechaza al mundo, con un amor que rechaza al mundo, usted va a aborrecer lo que Él aborrece y eso significa el mundo, el cual es el reino de las tinieblas, el cual es operado por el príncipe de la potestad del aire, quien es Satanás mismo.

Usted va a despreciar todo eso, usted no va a tener interés alguno en la esfera de las tinieblas, usted no va a profanar de esa manera el nombre del Señor. 1ra de Juan 2:15, usted no va amar el mundo. Y voy a añadir una última cosa, es un amor que anhela el regreso de Cristo. Digo eso es bastante básico para el amor, creo que el amor busca la honra de su objeto, inclusive el amor humano. Creo que el amor confía, creo que el amor busca comunión íntima. El amor asegura el alma con una paz maravillosa, el amor produce sensibilidades hacia los sentimientos del que es amado, el amor tiende a amar lo que el otro ama, y aborrece lo que el otro aborrece.

Y el amor tiende a abrazar lo que edifica, y resiente lo que derriba. El amor rechaza cualquier cosa que pudiera interferir en su esfera, y el amor anhela la intimidad, anhela la comunión más cercana, más dulce. Y esa es la razón por la que alguien que verdaderamente ama al Señor, anhela su regreso. En 2da de Timoteo 4:8 dice, ‘por lo demás me espera la corona de justicia, esa es la corona que es la justicia eterna consumada, la cual el Señor el Juez Justo, me dará en aquel día, y no solo a mí, sino a todos aquellos que han amado su aparición’. Si usted lo ama, usted va a amar el pensamiento de su venida, esa es la razón por la que el apóstol Juan dijo ‘Amén, ven Señor Jesús’.

Todo eso es importante, pero hay una más, un asunto que es aún más contundente que realmente lo resume y aquí está, amar al Señor significa obedecer sus mandatos, eso realmente es el resumen de todo. Amar al Señor significa obedecer sus mandatos, así es como usted sabe si usted lo ama, si usted tiene un deseo de obedecer su palabra. Escuche Juan 14:21, ‘el que tiene mis mandamientos y los guarda él es el que me ama, claro y simple. ¿Cómo sabe usted si lo ama? usted tiene sus mandamientos, los obedece. Él ha mandado a usted que lo honre y lo adore, Él le ha mandado a usted que lo honre y lo adore, Él le ha mandado a usted que sea virtuoso y que busque la justicia y evite el pecado.

Él le ha mandado a usted que estudie su Palabra y la aprenda y la viva, Él le ha mandado a usted que, de testimonio, y le ha mandado a usted a orar, Él le ha mandado a usted que se preocupe por otros, que use sus dones para servir, y cuando usted obedece sus mandamientos, usted da obediencia de ser el que lo ama. ‘El que me ama a mí’, mismo versículo, ‘será amado por mi Padre y yo lo amaré’. Dicho de manera simple, entonces, en resumen, los cristianos verdaderos son amantes de Dios, aquellos cuyo deseo de corazón es hacia Dios, buscan su gloria, confían en su poder, anhelan la comunión dulce e íntima con Él, disfrutan la paz y el reposo, y tranquilidad de alma.

Debido a la relación no quebrantada que tienen con Él, no están agitados y turbados, sienten el dolor cuando Él es deshonrado, aman las cosas que Él ama, aman a la gente que Él ama, aborrecen lo que Él aborrece, se entristecen por el pecado, rechazan al mundo, anhelan su venida, y, en resumen, obedecen su Palabra. Ahora, ¿puede un hombre generar ese tipo de amor por sí mismo? ¿Acaso yo puedo simplemente decidir un día que he estado odiando a Dios toda mi vida, y simplemente, creo que es algo mucho más inteligente comenzar a amarlo? Francamente, no tengo esa capacidad, no hay manera en mi condición de muerte espiritual y separación de Dios, que yo en algún punto pudiera yo producir eso, no podría ser hecho.

Yo pertenezco a la categoría de Éxodo 25, versículo 5, yo soy una de esas generaciones de aquellos que aborrecen a Dios, y soy desesperadamente impío e incapaz de hacer algo acerca de eso. ¿Cómo puedo entonces llegar al punto en el que amo a Dios, en donde hay un giro total, y dejo de ser alguien que aborrece a Dios, y me convierto en alguien que ama a Dios? Eso nos lleva a la segunda parte del versículo, regrese a Romanos 8:28. Solo puede suceder de una manera, solo de una manera, y esto es profundo lo que vemos aquí, versículo 28, ‘y a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es a los que ¿qué? conforme a su propósito son llamados’.

La única razón por la que aman a Dios, es porque son ¿qué? son llamados. Este es el amor divino que inicia nuestro amor, nosotros le amamos a Él, 1ra de Juan 4:19, porque Él nos amó primero. La palabra ‘llamados’ nunca es usada en el Nuevo Testamento, en las epístolas del Nuevo Testamento, para referirse a alguna invitación externa, siempre significa lo que los teólogos han llamado, ‘un llamado eficaz’, o un llamado salvador. Literalmente significa ser traído a la salvación. El versículo 30 explica eso, ‘y a los que predestinó, a estos también llamó, y a los que llamó, a estos también ¿qué? justificó. Entonces aquí estamos hablando del acto divino que inicia la salvación, y la cumple.

Hemos sido llamados, no según nuestro propio propósito, no según nuestro propio plan, no conforme a nuestra propia sabiduría o nuestra propia decisión. Hemos sido llamados para ser salvos debido al propósito de Dios eterno, redentor, y es debido al llamado de Dios que somos transformados, y hechos capaces de amarlo. En 1ra de Corintios 1:2 dice, ‘la iglesia, son aquellos que han sido apartados en Cristo Jesús, hechos santos por llamado’, ese es el llamado de Dios, el llamado de Dios. De hecho, en el versículo 4 de 1ra de Corintios 1, los creyentes son los llamados, somos los llamados, y ésta de nuevo no es una invitación general que puede ser aceptada o rechazada, este es un llamado eficaz.

Y cada vez que el término es usado en las epístolas del Nuevo Testamento tiene ese significado, somos los llamados, y hemos sido llamados, porque hemos sido predestinados, y debido a que hemos sido llamados y predestinados, hemos sido justificados. Efesios 1:11, ‘hemos obtenido una herencia, habiendo sido predestinados según su propósito’. Dios tuvo un propósito al redimirnos, Él nos predestinó antes de que el tiempo comenzara, escribió nuestros nombres en el libro de la vida del cordero, y nos llama a esa salvación para la cual fuimos predestinados, esa es una verdad tremenda, verdad tremenda. Hemos sido llamados al propósito de Dios.

2da de Timoteo 1:9, ‘quien nos salvó y nos llamó con un llamamiento santo, un llamado apartado, no según nuestras obras, sino según su propio propósito y gracia que nos fue concedida en Cristo Jesús’, escuche esto, ‘desde antes que el tiempo comenzara’, antes de que el tiempo comenzara Dios estableció su propósito por así decirlo en su lugar. Y su propósito involucró nuestro llamado a la salvación, esta es la gran doctrina gloriosa de la elección. Judas comienza su pequeña epístola, Judas siervo de Jesucristo y hermano de Santiago, Jacobo, a aquellos que son los llamados, amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo’, ¡guau!, que afirmación.

Amados en Dios Padre y guardados para Jesucristo, somos los llamados, somos los llamados. 1ra de Pedro 5:10 dice, ‘Dios, el Dios de toda gracia nos ha llamado a su gloria eterna en Cristo’. Como Martin Lloyd Jones solía decir, “la única razón por la que usted ama a Dios, es porque Dios interfirió con la vida de usted”. Primero vino la convicción de pecado, después una humillación y quebrantamiento subsecuentes, seguidos por un hambre por salvación, seguidas por la predicación del evangelio, seguidas por el regalo de la fe, mezclada con el oír el evangelio y por la Palabra, y por el Espíritu usted fue llamado a la justificación.

Amamos a Dios porque Él nos amó primero, lo amamos porque Él nos llamó, Él nos llamó cuando le aborrecíamos, nos llamó cuando éramos enemigos, nos llamó de las tinieblas. ¿Para quién es esta promesa, de que Dios hace que todas las cosas funcionen para bien? ¿Para quién es la promesa de bondad eterna, de gloria eterna? Es para aquellos que aman a Dios, ¿quiénes son aquellos que aman a Dios? son los llamados según su propósito divino eterno. Y eso nos lleva al tercer punto, la fuente de la seguridad. La fuente de esta seguridad entera es el propósito de Dios, todo emana del plan de Dios, todo fue determinado desde antes de la fundación del mundo, Él nos escogió en Él, desde antes de la fundación del mundo.

Efesios 1:4 dice, ‘para que fuéramos santos e irreprensibles delante de Él, en amor Él nos predestinó para ser adoptados como sus hijos por medio de Jesucristo para sí mismo, y todo fue según el beneplácito de su voluntad’, su voluntad, su propósito, su plan. La fuente de esta seguridad se encuentra encerrada en su totalidad en Dios mismo, somos los elegidos de Dios, ¿sabe usted por que ama a Dios? porque Él planeo que usted lo hiciera, usted lo ama porque Él planeó que usted lo amara, usted lo ama porque Él determinó colocar su amor sobre usted. Escuche Deuteronomio 7, esto no es nada nuevo con nosotros, escuche Deuteronomio, esto fue escrito para Israel ‘vosotros sois un pueblo santo para el Señor su Dios’, ¿cómo sucedió eso? ‘el Señor vuestro Dios os ha elegido para que seáis un pueblo, de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.

Como Richard Wolfe dijo años atrás, ‘que raro que Dios escogiera a los judíos’, supongo que no tenía una rima tan buena, pero usted podría decir la misma pregunta si Él escogiera a alguien más. La razón por la que Israel tuvo una relación especial con Dios, fue porque Dios lo ordenó, después versículo 7, ‘el Señor no escogió amarlo ni los escogió a vosotros porque eran más en número que cualquiera de los otros pueblos, porque fueron los más pequeños de todos los pueblos. En otras palabras, no fue nada en ustedes que hizo que Él tomara la decisión, sino porque el Señor los amó y guardó el juramento que Él le juró a vuestros padres.

El Señor simplemente escogió amarlos, y Él por tanto es el Señor su Dios, Dios el Dios fiel que guarda su pacto, su misericordia hasta toda generación hacia aquellos que lo aman, Él los amó primero para que lo pudieran amar a Él de regreso. Yo amo a Dios porque Él planeó que yo lo amara. Aquí se encuentra la garantía suprema de mi seguridad, todo está encerrado en el propósito de Dios, yo no llegué en algún punto en mi vida y dije, voy a amar a Dios, si ese fuera el caso, yo podría llegar a otro punto en mi vida y decir, ya no lo amo más. Pero nacimos Juan 1:13 dice, ‘no de la voluntad de carne, ni la voluntad de hombre, sino de Dios’.

Alguien escribió, ‘¿por qué se me hizo oír su voz y entrara cuando hay miles que toman una decisión miserable y prefieren morirse de hambre que venir?, fue el mismo amor que preparó el festín que dulcemente nos forzó a entrar, de otra manera todavía habríamos rehusado gustar y hubiéramos perecido en nuestro pecado’. La salvación está basada en el propósito soberano de Dios, quien dijo Yo Soy el Señor y no cambio. No es sorprendente que el salmista dijo, ‘en paz me acostaré y dormiré porque tu Jehová, solo tú me haces morar en seguridad’. No es eso maravilloso, estamos seguros. Bueno último punto, la extensión de nuestra seguridad, los destinatarios de nuestra seguridad, aquellos que lo aman porque son llamados.

La fuente de nuestra seguridad, su propósito, la certeza de nuestra seguridad, como si no hubiéramos oído lo suficiente aquí está la palabra final, versículo 28, ‘y ¿qué, que dice? sabemos’, esa es la certeza, no una intuición mística, sino una cuestión de revelación divina, sabemos que Dios está haciendo que todas las cosas operen en conjunto para nuestro bien, lo cual significa nuestra gloria eterna, porque amamos a Dios, porque Él nos amó primero y determinó traernos a la gloria, que versículo tan tremendo. Padre te damos gracias por esta tarde maravillosa juntos, el tiempo en tu Palabra no tiene paralelos en términos de importancia y riqueza.

Y pedimos, oh Dios, que, en tu misericordia y tu gracia, tu llenes nuestros corazones de gratitud por lo que es provisto a nosotros en Cristo. Y Señor para aquellos que quizás estén aquí en esta noche que no conocen al Salvador, que no han entregado sus vidas a Él, que no tienen esta gran seguridad, esta ancla para el alma, oh Padre, que esta sea la noche cuando tú derramas, tu amor sobre ellos. Cuando tu propósito eterno con respecto a ellos es cumplir, tú los llamas a ti mismo, y los salvas de sus pecados. Padre te amamos, amamos al Señor Jesucristo, pero anhelamos amarte con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas, para eso necesitamos la obra constante del Espíritu en nosotros para que te podamos amar como debemos amarte.

Perdónanos por nuestros fracasos. Y que hagamos que ese amor sea manifiesto, no solo a ti, sino a todos los que nos rodean, para que nadie nunca necesite preguntar si te amamos o no. Y gracias por mantenernos seguros para la gloria eterna, de tal manera que todo en la vida opere en conjunto para ese bien definitivo. Que gran promesa es esta y como nos regocijamos en ella, y oramos por que sea una realidad en toda vida, Amén.

 

 

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