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Ahora, la pregunta en esta noche, como usted sabe, la serie entera del cielo ha sido básicamente diseñada en torno a una serie de preguntas, y hemos presentado algunas preguntas básicas, y hemos tratado de responderlas a partir de la Palabra de Dios. Realmente no es un sermón, realmente es una especia de estudio bíblico y eso será en esta noche. Únicamente estaremos viendo juntos la Palabra de Dios para ver cuál es la respuesta. Pero la pregunta para esta noche, es: ¿Qué harán los redimidos en el cielo? ¿Qué harán los redimidos en el cielo?

Es interesante leer, como he leído seis u ocho libros diferentes del cielo, y he consultado diferentes artículos, he leído varias publicaciones, artículos y he estado buscando un poco en un archivo que tengo acerca de cosas del cielo que he recolectado a lo largo de los años. Y es curioso ver lo que la gente piensa que es el cielo. Es curioso ver lo que la gente piensa que vamos a hacer ahí. Algunas sugerencias han venido y que lo que vamos a hacer en el cielo es sentarnos en el borde de una nube y tocar un arpa. Y usted ha visto eso retratado en una especie de caricatura.

Otros han sugerido que algunos de nosotros vamos a pulir las piedras en los cimientos de la Nueva Jerusalén. Y muchos tipos de cosas raras como esas. Algunos han sugerido que no haremos nada en absoluto, que simplemente nos vamos a ir al cielo y básicamente no vamos a hacer nada. Simplemente va a ser descanso para siempre. No hacer absolutamente nada, por los siglos de los siglos, lo cual me parece como el infierno, no el cielo. No obstante, hay algunos que creen que así va a ser, simplemente ir ahí y no hacer nada para siempre. No puedo hacer nada por treinta minutos, mucho menos para siempre. No obstante, ese tipo de concepto es retratado un poco en los escritos de Rudyard Kipling, no es un gran teólogo quien escribió: “Cuando el último retrato de la tierra sea pintado, y los tubos estén torcidos y secos. Cuando los colores más antiguos se hayan desvanecido, y el crítico más joven se haya muerto, descansaremos y necesitaremos fe. Acostados por una época o dos, hasta que el Maestro de todo buen artesano, nos volverá a hacer trabajar.”

Bueno, él llega al trabajo tarde o temprano, pero las épocas o dos de no hacer absolutamente nada, me molesta. Una especie de postura del cielo de Rip Van Winkle, me imagino. 

¿Qué es lo que haremos en el cielo? ¿Acaso será un nada eterno? En cierta manera ¿estaremos ahí en el cielo, caminando y paseando para siempre?, ¿o será que tendremos algo que hacer, algo que planear, alguna responsabilidad, alguna meta, y objetivo que va a demandar todas nuestras capacidades siendo implementadas para alcanzarlo? Ahora, esas son las preguntas que queremos responder. Y creo, que parte de entender lo que haremos en el cielo, en primer lugar, es entender lo que no haremos en el cielo.

¿Está listo para esto? No haremos nada mal, y eso va a eliminar a muchos problemas.

No haremos nada mal, no pecaremos. Ninguno de nosotros jamás pecaremos en ningún momento, nunca tendremos que confesar nuestro pecado. Nunca tendremos que luchar con el pecado, nunca tendremos que disculparnos por nada, con nadie, para siempre. ¿No es eso maravilloso? Nunca tendremos culpabilidad. Nunca nos sentiremos mal por algo. Nunca tendremos que corregir algo. Nunca tendremos que escribir una carta para corregir lo que dijimos o hicimos. Nunca tendremos que aclarar nada, nunca tendremos que hablarle a alguien para explicar lo que realmente quisimos decir. Nunca tendremos que corregir algo que sea confuso porque nada jamás será confuso, y nada jamás estará mal.

Entonces, nada tendrá que ser corregido. Nunca tendremos que arreglar nada, nunca tendremos que reparar nada, nunca tendremos que ajustar nada, nunca nada estará fuera de ajuste. Nunca tendremos que reemplazar algo, nada en ningún momento se desgastará. Nada en ningún momento va a funcionar mal. Nunca tendremos que ayudarle a alguien porque nadie jamás va a necesitar ningún tipo de ayuda. Nunca tendremos que tratar con Satanás, nunca tendremos que tratar con los demonios, nunca tendremos que tratar con pecadores, nunca tendremos que defendernos en contra de algún ataque. Nunca seremos atacados. Nunca estaremos tristes, nunca lloraremos, nunca estaremos solos, nunca seremos lastimados emocionalmente. Nunca seremos lastimados físicamente.

No necesitaremos ser curados. Nunca necesitaremos ser aconsejados. Nunca necesitaremos ser apapachados. Nunca necesitaremos ser entretenidos. Nunca estaremos menos que llenos de manera total, de gozo absoluto. Nunca tendremos que hacer algo especial para alguien en cualquier momento, porque todo lo que haremos será especial para todo mundo en todo momento. Nunca estaremos tristes. Nunca perderemos a alguien, ni perderemos nada, ni extrañaremos a nadie. Nunca necesitaremos ser cuidadosos, porque de cualquier manera nunca podríamos cometer un error. Nunca tendremos que planear para contingencias o emergencias. Nunca habrá un plan B. Nunca necesitaremos evitar el peligro, no habrá peligro. Es increíble pensar en todo eso, ¿no es cierto?

Sólo me senté con mi pluma y empecé a escribir todo eso. Unos diez minutos después terminé con lo que le acabo de dar. Y eso es simplemente un comienzo. Lo que hemos estado diciendo al resumir la esencia del cielo, es que es bendición santa, perfecta, con un gozo no mezclado, interminable, en cuerpo y alma perfeccionados, viviendo con el Cordero y con Dios en comunión íntima y visión para siempre. Eso es el cielo. ¿Pero que haremos? No haremos estas cosas, pero, ¿qué haremos? Bueno, no quiero decepcionarlo, pero no puedo ser especifico acerca de lo que usted hará, y no puedo ni siquiera ser especifico acerca de lo que yo haré, porque el Señor no ha escogido revelarnos eso. Pero en general, podemos ser algo específico acerca de lo que todos haremos de manera categórica.

Permítame darle algunas sugerencias. Número uno, adoraremos a Dios y a Cristo. Pasaremos la eternidad adorando a Dios y a Cristo. Llamemos a eso adoración. Adoración. El cielo será el lugar de adoración eterna, amorosa, y alabanza por los siglos de los siglos, de los siglos, a lo largo de toda la eternidad, sin interrupción o descanso. Siempre estaremos de manera continua, alabando a Dios. Nunca habrá una interrupción para eso. No habrá un lugar al que usted pueda ir para hacer eso, porque el tiempo será el cielo, y Dios será el todo y en todos. Y entonces, no habrá un lugar para que usted haga eso, usted hará eso todo el tiempo sin interrupción.

De hecho, el propósito de Dios en la salvación, como es delineado claramente en las Escrituras, fue crear un grupo eterno de adoradores. En Juan, su evangelio, capitulo 4, nuestro Señor dice eso al hablarle a la mujer samaritana. Él dice en Juan 4 que el Padre busca a verdaderos adoradores. La salvación es un medio para alcanzar un fin. Y el fin es que haya hombres y mujeres que pasarán adorando y alabando a Dios por toda la eternidad. El propósito de Dios en la salvación fue escoger un grupo de adoradores. Filipenses 3:3 somos aquellos que adoramos a Dios en el espíritu. Nos regocijamos en Cristo Jesús, y no tenemos confianza en la carne. Somos los verdaderos adoradores.

Entonces, cuando vayamos al cielo, adoraremos. Alabaremos a Dios, tendremos como ya lo hemos señalado, conocimiento perfecto, esto es tan perfecto como el conocimiento de los seres redimidos pueden ser. Y tendremos conocimiento perfeccionado, y por lo tanto conoceremos de Dios cosas que no conocemos acerca de Él, y conoceremos acerca de Sus obras, cosas que no conocemos. Y en esa totalidad de conocimiento de Sus atributos, y Su totalidad de conocimiento de Sus obras, y totalidad de Su presencia, y eso motivará en nosotros alabanza interminable, sin interrupciones, sin mezclas.

Y lo que me emociona de esto es que será alabanza perfecta. Yo conozco mi propio corazón, y usted conoce también el suyo. Y hay muchas veces cuando con todo mi corazón quiero alabar a Dios, pero mi alabanza es afectada con el resto de las cosas que la estorban. ¿Alguna vez ha estado usted alabando a Dios y algún pensamiento malo entra en su mente, o algún pensamiento trivial, o alguna noción torpe entra en su mente, e interrumpe su alabanza y le muestra lo concentrado que realmente está usted en la tierra? Que cosa tan desagradable y nauseabunda es enfrentar eso.

Bueno, imagínese alabando a Dios para siempre, de manera no interrumpida, sin que usted jamás tenga un motivo impuro, sin que usted jamás tenga una distracción. ¿Se puede imaginar eso? Tenemos reuniones varias veces a lo largo de la semana. Los lunes tengo un tiempo de oración en la Universidad, nos ponemos de rodillas para un tiempo prolongado de oración. Generalmente ese tiempo de oración involucra algún tipo de alabanza. Nos gusta leer a lo largo de un Salmo y después ofrecer alabanza al Señor. Inclusive, en los momentos breves de estar en mis rodillas ofreciéndole alabanza a Dios, me doy cuenta que, al tratar de ofrecer alabanza no interrumpida a Dios, a partir de mi corazón, esa alabanza siempre está siendo interrumpida por otros pensamientos. Simplemente parece que no me puedo concentrar en eso. Mi mente se distrae tanto, y algunas veces, después de haber dirigido mi atención para pasar mi tiempo alabando a Dios, me voy sintiéndome culpable porque mi alabanza fue tan afectada por mis propias preocupaciones. El tiempo vendrá en el cielo, cuando su alabanza siempre vendrá y de manera no interrumpida, de un corazón puro y un motivo puro y sin distracciones. Que pensamiento tan increíble.

Para realmente entender la realidad del propósito de la alabanza en el cielo, necesitamos ver el libro de Apocalipsis. Entonces, vaya a ese último libro en su Biblia, y vea conmigo el capítulo 14, versículo 6 y 7, y le voy a dar una especie de panorama rápido a lo largo de Apocalipsis, para poder entender esta verdad. Pero en Apocalipsis 14:6-7 tenemos lo que es una especie de base en este libro profético, maravilloso, maravilloso. Juan escribe, “Vi volar por el medio del cielo a otro ángel, que tenía el evangelio eterno para predicarlo a los moradores de la tierra, a toda nación, tribu, lengua, y pueblo, diciendo a gran voz: “Temed a Dios y dadle gloria, porque la hora de su juicio ha llegado; y adorad a aquel que hizo el cielo y la tierra, el mar y las fuentes de las aguas.”

Ahora, aquí está un ángel, este ángel está proclamando el evangelio eterno. Las buenas noticias eternas, y que son: teman a Dios, denle gloria, adórenlo. Ese es el mensaje eterno. Ese es el evangelio. El ángel está proclamando ese mensaje universal, teman a Dios, denle gloria. Temor significa reverencia, sean reverentes hacia Dios, glorifiquen a Dios, adoren a Dios, eso es lo que Dios está llamando a los hombres a hacer. Y ese ángel está proclamando ese mensaje. Entonces, ese es el evangelio. Es el evangelio que llama a alabar a Dios.

Ahora, con eso en mente, regresemos al principio del libro de Apocalipsis, y veamos el énfasis en la adoración en el cielo. Capítulo 4, versículo 10, “Los veinticuatro ancianos,” y aquí la escena está en el cielo, vemos eso en el versículo 1, una puerta abierta en el cielo y se le dice que suba y vea las cosas que están pasando. Entonces, la visión es del cielo. Y dice, “Los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.”

Y ahí usted tiene una escena en el cielo dónde hay adoración. En el capítulo 5, de nuevo la escena es todavía en el cielo, y llegamos al versículo 8, “Él había tomado el libro,” el Cordero mencionado en el versículo 6, “y los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron delante del Cordero; todos tenían arpas, y copas de oro llenas de incienso, que son las oraciones de los santos; y cantaban un nuevo cántico.” Capítulo 4, están adorando a Dios, capítulo 5, están adorando al Cordero, diciendo en este nuevo cántico: “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación; y nos has hecho para nuestro Dios reyes y sacerdotes, y reinaremos sobre la tierra. Y miré, y oí la voz de muchos ángeles alrededor del trono, y de los seres vivientes, y de los ancianos; y su número era millones de millones.” Eso casi expresa la idea de números incontables, y miles de miles, “que decían a gran voz es digno de tomar el poder, las riquezas, la sabiduría, la fortaleza, la honra, la gloria y la alabanza. Y a todo lo creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y en el mar, y a todas las cosas que en ellos hay, y oí decir: Al que está sentado en el trono, y al Cordero, sea la alabanza, la honra, la gloria y el poder, por los siglos de los siglos. Los cuatro seres vivientes decían: Amén;” lo cual significa, ‘Así sea’, “y los veinticuatro ancianos se postraron sobre sus rostros y adoraron.” 

Capítulo 7, versículo 9, después de esto miré y he aquí una gran multitud la cual nadie podía contar, de todas naciones y tribus y pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas, y con palmas en las manos; y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero. Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono, y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se postraron sobre sus rostros delante del trono, y adoraron a Dios, diciendo: Amén. La bendición y la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén.

Eso es el cielo, eso es lo que está pasando ahí.

Capítulo 11, versículo 15, “El séptimo ángel tocó la trompeta, y hubo grandes voces en el cielo,” ¿qué están haciendo? “que decían: Los reinos del mundo han venido a ser de nuestro Señor y de su Cristo; y él reinará por los siglos de los siglos. Y los veinticuatro ancianos que estaban sentados delante de Dios en sus tronos, se postraron sobre sus rostros, y adoraron a Dios, diciendo: Te damos gracias, Señor Dios Todopoderoso, el que eres y que eras y que has de venir, porque has tomado tu gran poder, y has reinado. Ahí de nuevo vemos la visión de alabanza en el cielo.

En el capítulo 15, versículo 2, “Vi también como un mar de vidrio mezclado con fuego; y a los que habían alcanzado la victoria sobre la bestia y su imagen, y su marca y el número de su nombre, en pie sobre el mar de vidrio, con las arpas de Dios. Y cantan el cantico de Moisés siervo de Dios, y el cántico del Cordero diciendo: Grandes y maravillosas son tus obras, Señor Dios Todopoderoso; justos y verdaderos son tus caminos, Rey de los santos. ¿Quién no te temerá, oh Señor, y glorificará tu nombre? Pues solo tú eres santo; por lo cual todas las naciones vendrán y te adorarán, porque tus juicios se han manifestado.” Eso también es una señal, versículo 1 dice, en el cielo.

Y ahí en el capítulo 19, descubrimos que el capítulo comienza con una gran multitud en el cielo, hablando a gran voz. Y, ¿qué es lo que dicen? “¡Aleluya!,” capítulo 19, versículo 1, “Salvación y honra y gloria y poder son del Señor Dios nuestro; porque sus juicios son verdaderos y justos; pues ha juzgado a la gran ramera que ha corrompido a la tierra con su fornicación, y ha vengado la sangre de sus siervos de la mano de ella. Otra vez dijeron: ¡Aleluya! Y el humo de ella sube por los siglos de los siglos.” Por cierto, están alabando aquí, por juicio. Alabaremos a Dios eternamente, no solo por Su gracia sino por Su juicio.

“Y los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaban sentado en el trono y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis así pequeños como grandes. Y oí como la voz de una gran multitud como el estruendo de muchas aguas, y como la voz de grandes truenos, que decía: ¡Aleluya, porque el Señor nuestro Dios Todopoderoso reina!” Eso es lo que hacemos en el cielo. Estamos preocupados con la alabanza. Un énfasis abrumador conforme vemos esas escenas en el cielo, es colocado en alabanza.

Por cierto, no vemos indicación alguna de que habrá alguna oración en el cielo, porque no habrá nada porque orar. Esto es, la oración en el sentido de petición. Pero habrá bastante alabanza, entonces más valen que usted practique ahora, porque va a pasar la eternidad haciéndolo. El que adora a Dios aquí, va a adorar a Dios allá. El que adora a Dios aquí, en imperfección, va a adorar a Dios ahí, en perfección absoluta. Será nuestro deleite, será la expresión más elevada, más noble de nuestro ser perfeccionado. Reconoceremos el esplendor de Dios, veremos claramente la majestad de Dios, comprenderemos la gloria de Dios. entenderemos la perfección de Dios. Y cuando todo eso sea mostrado eternamente frente a nosotros, nos veremos motivados a adorar sin refreno, sin interrupciones, de manera amorosa y reverente, será nuestro deleite.

Agustín escribiendo en “La Ciudad de Dios” escribió esto: “Cuan grande será esa felicidad o ese gozo cuando no habrá maldad, cuando ningún bien será retenido, cuando habrá deleites por las alabanzas de Dios quien será todo en todos. ¿Qué otra ocupación podría haber en un estado en dónde no habrá inactividad, ni pereza, y al mismo tiempo no habrá esfuerzo refrenado por la necesidad? No puedo pensar en algo.” Literalmente, pasaremos la eternidad haciendo lo que más queremos hacer, lo cual será alabar a Dios.

El Dr. E. L. Mascall escribió, “La única justificación para alabar a Dios es que Dios es digno de alabanza. No alabamos a Dios porque nos hace bien, aunque sin duda eso pasa. Ni lo alabamos porque le hace bien a Él, porque de hecho no es así. La alabanza estrictamente, entonces, es estática, en el sentido que nos saca de manera total de nosotros mismos, es pura y totalmente dirigida a Dios. La alabanza está dirigida totalmente a Dios, quita nuestra atención de manera total de nosotros mismos, y la concentra de manera total en Él.” Ese es el valor de la alabanza. Y la alabanza estará emanando de un motivo puro, lo cual será amor puro, nuestro amor hacia Dios será perfeccionado, amaremos al Señor nuestro Dios con todo nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Lo amaremos de manera perfecta, en una adoración luminosa, transparente, manifiesta, emanando de la perfección del amor. Le proporcionaremos alabanza a Dios.

Carlos Gabriel lo escribió en el himno, “Cuando todas mis labores y pruebas se acaben, y esté seguro en esa costa hermosa. Simplemente estando cerca del querido Señor, adoraré a lo largo de la eternidad,” y después él lo suavizó, “y será gloria para mí.” Eso no será gloria para usted, eso será gloria ¿para quién? para Dios. Ese coro de ese himno siempre me ha molestado, “Oh, eso será gloria para mí.” Cuando era un niño pensaba que estaban cantando, cloroformo para mí. Eso habría sido mejor manera de decirlo, creo. Simplemente estar cerca del querido Señor que adoro, esa será gloria para Él. Será nuestro mayor gozo, darle gloria a Dios.

Entonces, adoraremos, adoraremos a Dios por toda eternidad, con toda nuestra capacidad. Lo adoraremos creo yo, mediante palabra hablada, lo adoraremos mediante canción, lo adoraremos colectivamente, lo adoraremos individualmente. Nos expresaremos mediante algunos medios colectivos, nos expresaremos mediante algunos medios muy íntimos y personales. Adoraremos a Dios con todas las capacidades encerradas en nuestra perfección, en toda manera posible en la que nosotros en cuerpo y alma perfeccionados, podamos adorar y alabar a Dios, haremos eso. Haremos eso en pensamiento, en palabra, en canción.

En segundo lugar, no solo pasaremos la eternidad adorando al Señor, sino que reinaremos con Él. Primero lo adoraremos, en segundo lugar, reinaremos con Él. Lo primero tiene que ver con adoración, lo segundo tiene que ver con autoridad, autoridad. Creo de manera clara que las Escrituras enseñan que reinaremos con Cristo, y lo que eso significa es que tendremos responsabilidad, tendremos supervisión, tendremos deberes con respecto a la operación continua del estado eterno.

Ahora, esta es una cosa sorprendente en que pensar, pero en esta vida aquí, el Señor nos ha dado una función en Su iglesia. Él nos ha dado responsabilidad, tenemos ciertos deberes en esta iglesia que debemos cumplir. Esos cargos que se nos han dado, esos dones espirituales que nos capacitan para ministrar en ciertas maneras, esas responsabilidades espirituales que Dios nos da, son cierta cantidad de autoridad que nos permite tener, por delegación, para representarlo en la obra continua de Su iglesia. Hacemos eso. No lo hacemos perfectamente, de hecho, lo hacemos de manera muy imperfecta, pero cuando lleguemos al cielo, creo que Él operará Su reino ahí, de manera muy parecida como Él ha operado el reino aquí. Y eso es, al delegar esa operación a los suyos. No obstante, ahí todos seremos perfectos, y nuestra operación dentro de esa autoridad delegada será perfecta también.

Y entonces, en ese tiempo, y en ese lugar, cuando vayamos a estar con Él, y vivamos para siempre en la eternidad, se nos dará una esfera de responsabilidad, una esfera de autoridad dentro de la operación continua de ese reino, por el cual seremos eternamente responsables. Y la cosa maravillosa de esto es que nunca dejaremos de cumplir nuestra responsabilidad. No seremos como Pedro quien continuamente recibió responsabilidad y continuamente enfrentó el hecho de que él fracasó. Y finalmente quería salirse de manera total del ministerio. Creo en parte, porque él no podía soportar su propio fracaso. Cada vez que a él se le dio una oportunidad para seguir adelante, él la echó a perder. No tendremos que enfrentar eso en la eternidad, como lo hacemos en la actualidad.

No sé cómo es usted, pero yo vivo con cierta cantidad de presión autoimpuesta, y también vivo con cierta cantidad de presión provista por Dios. Estoy seguro de que vivo con algún tipo de culpabilidad autoimpuesta, por no vivir al nivel de mi presión autoimpuesta. Pero también se que vivo con algo de culpabilidad real, porque no cumplo con lo que Dios quiere que haga. Siempre, siempre tengo este sentimiento de que estoy desperdiciando tiempo y energía, sin importar cuanto estoy haciendo. Porque me parece algo tan preciado el ser llamado a servir a Cristo en este mundo, y quiero hacer mi máximo esfuerzo, y me disciplino a mí mismo frecuentemente por fracasos, por no usar de manera sabia, o al máximo la energía y el tiempo que tengo. Será tan maravilloso estar en una situación algún día, en la que sea lo que sea que el Señor me dé que haga lo haré perfectamente. ¿No va a ser eso maravilloso? ¡Qué sentido de satisfacción! Yo intercambiaré el sentido de fracaso, con gusto, por el sentido de satisfacción.

No sé si usted sabe cómo me siento generalmente por el ministerio. Con frecuencia no hablo mucho de esto, pero yo diría, hablando en términos generales, usted trata de mantener en equilibrio el hecho de que Dios le da a usted éxito, y fracaso, permite que el fracaso venga. Él le da a usted del éxito y su parte es proveer el fracaso, realmente, eso es lo que pasa con la humanidad. Dios le da a usted éxito, y usted mete ahí el fracaso. Pero me parece, que en el ministerio sin importar cuánto éxito tenga usted, constantemente está bajo la carga del fracaso. Nunca es lo que usted quiere que sea. La iglesia nunca es lo que usted quiere que sea. Su mensaje nunca es todo lo que usted quiere que sea. El libro que usted escribe nunca es todo lo que usted quiere que sea. La clase que enseñe, sea lo que sea en lo que usted pone su mano para hacer, usted siempre está viviendo con este sentido de que bueno, es bueno y gracias a Dios por lo que Él hizo, pero pudo haber sido mucho más que eso, mucho más.

Entonces, el tiempo vendrá, y se nos dará una esfera de autoridad. Esto es, reinaremos con Cristo en alguna dimensión. Ahora, examinemos eso por un minuto. Observe en 1 Pedro capítulo 1. Ahora, vamos a explorar de manera general este pensamiento. No puedo ser demasiado explícito en esto, porque no estoy seguro que el Señor nos ha dado lo suficiente revelación para trazar algunos principios claros, y firmes. Pero permítame darle una sugerencia aquí, 1 Pedro 1:3, “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos.”

Versículo 4, “Para una herencia,” para obtener es la idea, una herencia. Muy bien, hemos sido salvados para obtener una herencia que es “incorruptible, incontaminada, e inmarcesible reservado en los cielos para vosotros.” Entonces, tenemos una herencia en el cielo en este momento, está ahí, los está esperando, está reservada para nosotros, es incorruptible, es nuestra herencia. ¿Qué es eso? ¿Alguna vez ha pensado en eso? He estado pensando en eso mucho. ¿Qué es eso? Bueno, creo que podría ser que nuestra herencia tiene que ver con la esfera de nuestra autoridad. Muy bien. El rango de que reinemos junto con Cristo. Me parece que eso es básicamente lo que una herencia es, una herencia es algo que usted recibe de alguien más. Algunos la ven desde el punto de vista de un primogénito, él hereda lo que su padre dejó, él entraba en la herencia de su padre. Parece mejor en el contexto judío, ver la herencia como esa esfera de responsabilidad, esa esfera de gobierno, aquello sobre lo cual tengo responsabilidad y por lo que tengo autoridad. Mi herencia es lo que mi padre me delegó. Esa es mi esfera de responsabilidad. Por eso soy responsable, por eso debo ser un administrador.

Y entonces, la herencia bien podría ser la esfera de nuestra autoridad. Ciertamente incluiría eso, si hay un sentido en el que nuestra herencia incluye vida eterna, y nuestra herencia incluye el cielo, e incluye santidad, e incluye gozo y paz, y la presencia de Dios, y todo eso, pero, en Romanos 4:13, dice que somos “herederos del mundo.” Y en Romanos 8:17 dice que somos coherederos con Cristo. Ahora, Cristo no fue un heredero de la vida eterna, Él tenía vida eterna. Él no fue un heredero del gozo, Él tenía gozo. Él no fue un heredero de la paz, Él tuvo paz. Él no fue un heredero de la santidad, Él tenía santidad. Él no fue un heredero del cielo, el cielo fue de dónde Él vino. De lo que Él fue un heredero, fue, de este mundo. Él fue heredero de una esfera de gobierno, Él fue un heredero de este mundo.

Para mantener eso en perspectiva, Salmo 2, versículo 8, “Pídeme y te daré las naciones, como tú herencia.” Ese es el Padre hablándole al Hijo. La herencia de Cristo no fue el cielo, no fue santidad, no fue paz, no fue gozo, Él tenía todo eso, Su herencia fue una esfera de autoridad, gobierno sobre las naciones, gobierno sobre el mundo, gobierno sobre los ángeles, demonios caídos, ángeles santos. Y yo creo que la idea de que soy coheredero con Cristo, entonces, enfatiza que hay una esfera de autoridad, de gobierno, de responsabilidad para mí.

Ahí en Apocalipsis, también simplemente para seguir ese pensamiento un poco más. Apocalipsis capítulo 5, “Y vi en la mano derecha del que estaba sentado en el trono un libro escrito por dentro y por fuera, sellado con siete sellos.” El título de propiedad de la tierra. “Y vi un ángel fuerte que pregonaba a gran voz: ¿Quién es digno de abrir el libro y desatar sus sellos? Y ninguno, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el libro, ni aun mirarlo.” Este es el título de propiedad de la tierra.

Entonces, Cristo tenía el derecho de romper los siete sellos. Esa es la razón por la que usted tiene en el desarrollo de los juicios en la tribulación, siete sellos. Es la apertura de ese rollo que le da el título de propiedad de la tierra. Entonces, la herencia de Cristo, de nuevo, es el título de propiedad de la tierra. Cuando nadie se halla que pueda abrirlo, versículo 4, “Y lloraba yo mucho,” escribe Juan, “porque no se había hallado a ninguno digno de abrir el libro, ni de leerlo, ni de mirarlo. Y uno de los ancianos me dijo: No llores. He aquí que el León de la tribu de Judá, la raíz de David, ha vencido para abrir el libro y desatar sus siete sellos.” Y después, en el versículo 6, el Cordero está ahí, y el Cordero está listo para hacer eso.

Entonces, Cristo desenrolla el rollo, que es el título de propiedad de la tierra. Cristo no fue un heredero de vida eterna, Él no fue un heredero del cielo, sino que Él fue un heredero de las naciones. Él fue un heredero de la tierra. Entonces, yo creo que reinaremos con Cristo, sobre las naciones, reinaremos con Cristo sobre la tierra, en el estado eterno. Ahora, no se específicamente como eso funciona para todo individuo, o cuales serán nuestros deberes, pero tendremos autoridad.

En Apocalipsis 22:5 habla de aquellos de nosotros que estamos en el cielo, y dice, “Y no tienen necesidad de luz de lámpara, ni de luz del sol, porque Dios el Señor los iluminará y reinarán por los siglos de los siglos.” Reinarán por los siglos de los siglos. Reinaremos, tendremos una herencia. Y creo que, si usted quiere ser más específico, aunque usted podría adoptar la postura general y creo que usted no estaría mal, y decir que nuestra herencia es todo lo que el cielo es. Creo que, de manera más específica, nuestra herencia podría concentrarse en esa esfera de autoridad, de dominio, de gobierno, de responsabilidad. Esa administración sobre la cual somos el líder, el gobernante, la autoridad. Eso es maravilloso.

Creo que, en la eternidad, ahora, escúchelo de esta manera, tendremos responsabilidad continua y eterna, por alguna porción del reino eterno de Dios. Esa es la esencia, quizás, de nuestra herencia. 1 Corintios 6, se acuerda usted que lo vimos antes, y nos habla de otra dimensión de esa autoridad. Dice en el versículo 3, “¿O no sabéis que hemos de juzgar a los ángeles? ¿Cuánto más las cosas de esta vida?” Vamos a tener alguna autoridad sobre los ángeles, vamos a tener alguna responsabilidad sobre ellos. Cada uno de nosotros va a recibir ese tipo de responsabilidad.

En Mateo, un par de cosas que le quiero mostrar. Pase a Mateo, quizás no vayamos más allá de esto, pero quiero tomar un momento para mostrarle. Mateo tiene varias cosas para decir, versículo 28, del capítulo 19, “Y Jesús les dijo: De cierto os digo,” vosotros que me habéis seguido, esto es lo que son mis discípulos que creen en mí, “en la regeneración,” esto es en el renacimiento del reino, creo que a eso se refiere, “cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria, vosotros que me habéis seguido también os sentareis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.”

Ahora, las únicas personas que puede encontrar en las Escrituras, que de manera explícita reciben la herencia asignada, o la esfera de autoridad en el cielo, son esos doce. A los apóstoles se les dice que reinarán sobre las doce tribus. Tienen su posición definida, al resto de nosotros, simplemente se nos dice que tenemos una herencia, habrá una esfera de responsabilidad, una esfera de gobierno en la que reinaremos junto con Cristo, por los siglos de los siglos.

Entonces, cuando usted ve el cielo, pasaremos los siglos de los siglos alabando al Señor, también tendremos algún área de responsabilidad sobre la cual tendremos autoridad, y por la cual cumpliremos un deber. Gobernaremos de manera perfecta, no fallaremos en la responsabilidad, la cumpliremos de manera perfecta. En cierta manera, para llenar nuestro entendimiento de esto, hay un par de pasajes que deberíamos ver. Mateo capítulo 25. Y estoy tratando de tocar de manera ligera estas cosas, pero en cierta manera queremos que entienda usted esto.

Mateo 25, es la parábola conocida comenzando en el versículo 14, acerca del hombre que se fue en un viaje y dejó talentos. Le dejó cinco talentos a un siervo, dos a otro, y uno al último. Y simplemente observe en el versículo 21, el amo regresa y encuentra al primer hombre que ha usado su talento y lo multiplicó. El segundo hombre lo usó y lo multiplicó. Y el tercer hombre lo desperdició. Pero en el versículo 21, su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel,” observe esto, “sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu Señor. Ahora, yo creo que en gran medida lo que usted tiene ahí es un retrato del cielo. El cielo, para la persona fiel que aprovechó al máximo su privilegio del evangelio, que respondió a la oportunidad de venir a Cristo, quién abrazó la verdad, la promesa para él es que él será colocado a cargo de muchas cosas. Entra en el gozo de tu señor.

El cielo es gozo interminable, gozo sin mezclas, pero el cielo también es ser colocado a cargo de muchas cosas. Una posición de gobierno, observe esto por favor, es en proporción a la dimensión espiritual de esta vida. Ahora, siga ese pensamiento. Entre más fiel es usted en esta vida, entre más responsabilidad se le dio a usted, y cumplió en esta vida, más en la vida venidera. De alguna manera nuestra posición de gobernar en el cielo, es en proporción a la fidelidad en esta vida. Ahora, eso significa, dice usted, “Bueno, ¿qué si Dios solo te dio cinco, lo duplicaste y Dios solo te dio dos y lo duplicaste, como es eso diferente?” Bueno, Dios es justo y Dios es equitativo, pero también Dios es soberano. Y Dios ha escogido en esta vida darle a personas un mayor privilegio del evangelio, un mayor ministerio que otros por su decisión soberana, y en la eternidad Dios hará lo mismo, y ese es su propósito soberano. No habrá un sentido de perdida, ni un sentido de comparación relativa, ya que todos nosotros seremos perfectos y la gente perfecta nunca jamás será celosa, envidiosa, soberbia, envidiosa o ninguna de esas cosas.

Entonces aquí tenemos privilegios que no son iguales, tenemos oportunidades que no son iguales. Escuche, algunas personas oyeron el evangelio cuando tenían 6 o 7 años de edad, y han amado a Cristo, han caminado con Cristo durante años, años y años. Algunas personas vinieron a Cristo una semana antes de que murieran. Y usted puede hacer la misma pregunta. ¿Fue Dios justo en dejar que esa persona viviera una vida entera en pecado, y en la carne y corrupción, antes de salvarlos al final? Esa no es la pregunta. La pregunta es que Dios es soberano, y Él tiene un derecho de hacer lo que Él quiere hacer, y no debemos preguntar cosas como esas. El alfarero hace lo que el alfarero quiere hacer. El barro no hace las preguntas.

Entonces, Dios al dar en términos de privilegio, de alguna manera, por lo menos desde nuestra perspectiva, privilegios que no son iguales aquí, el cumplir con ese privilegio, nos hayamos en áreas que no son iguales de responsabilidad aquí, no nos debe sorprender que lo mismo va a pasar en la eternidad. Yo no voy a gobernar sobre ninguna tribu en Israel, yo no voy a tener una esfera grande de influencia, pero los doce apóstoles sí. No es cuestión de mejor o peor, es cuestión del diseño de Dios para cada uno de nosotros. Todos tenemos diferentes capacidades, y Dios va a cumplir esas capacidades de acuerdo con su plan determinado, creador, redentor, para nosotros. Lo que usted será es exactamente lo que Dios quiso que usted fuera, en perfección absoluta, y semejanza a Cristo. Lo que usted hará será exactamente aquello para lo que Dios creó que usted fuera y lo recreó a usted para fuera en perfección exacta. Usted será el cumplimiento de todo lo que Dios planeó para usted. Y de cualquier manera, eso es todo lo que usted quiso ser.

Entonces, seremos todo lo que podamos ser en la gloria. Oigo eso todo el tiempo con el ejército, en el comercial en la televisión. “Sé todo lo que puedes ser.” Ahora, quiero que sepa algo. El ejército nunca podrá hacer eso. No pueden hacer de alguien, todo lo que pueden ser. Solo Dios puede hacer de usted todo lo que usted puede ser. Pero ese debería ser el comercial. “Sea todo lo que quiera ser, vaya al cielo.” Ahí es en donde usted puede ser todo lo que usted puede ser. Y yo creo que este es un retrato del cielo, por el comparativo, si usted va al final de la parábola. El hombre de un talento, cuando el Señor confronta a este hombre, versículo 30, él dice: “Y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera.” Eso es un retrato de ¿qué? el infierno. El contraste aquí es en dónde está uno en el infierno, y los otros dos están, en el cielo. El cielo es el lugar del gozo del Señor, y te voy a colocar sobre muchas cosas. Creo que tenemos un lugar de autoridad, un lugar de gobierno, un lugar de reinar en el cielo.

Lucas 19, aquí de nuevo, esta enseñanza de nuestro Señor se presenta mediante la parábola, “Un hombre noble se fue a un país lejano, para recibir un reino y volver. Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas,” y demás. Básicamente el mismo concepto. Usted pasa al versículo 15, “Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado dinero, para saber lo que había negociado cada uno. Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas.” En otras palabras, él multiplicó lo que se le había dado. Esto es, el uso su oportunidad del evangelio, respondió al llamado de Dios en su vida. Él, dicho de manera simple, se volvió un creyente y cumplió con su oportunidad, su privilegio espiritual. “Está bien,” versículo 17, “buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. “Vino otro,” y al que se le dio menos, el segundo vino y dijo, “Señor, tu mina ha producido cinco minas. Y también este dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades.” Y de nuevo, creo que esos son retratos del cielo, de que reinaremos sobre ciertas áreas de responsabilidad. Tendremos autoridad.

Entonces, así va a ser el cielo. Va a ser un lugar en dónde tendremos alabanza interminable, sin cesar, no mitigada, pura, emanando de corazones llenos de amor, un amor que es puro y que no está mezclado. Y junto con eso, reinaremos. Tendremos una responsabilidad de gobernar sobre cierta esfera. Observe en Apocalipsis 3:21. Esta es la última escritura que veremos. No voy a avanzar más esta noche, porque no quiero entrar en la siguiente sección, es demasiado rico, la voy a guardar para la próxima vez. No podríamos cubrirla.

Versículo 21, bueno, versículo 20, usted conoce la palabra, conocida aquí a la iglesia a Laodicea: “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo.”

Después, versículo 21, refiriéndose aquí a un creyente: “Al que venciere,” un creyente es un vencedor, 1 Juan nos dice eso, ¿quién es el que vence? Es el que cree. Aquello que vence es nuestra fe, Juan dice. Entonces, la persona creyente, es el vencedor. A él, dice, “le daré que se siente conmigo, en mí,” ¿qué? “trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Entonces, definitivamente hay un énfasis, un énfasis muy fuerte en este asunto de gobernar, de tener autoridad.

Ahora, permítame resumirlo amados. El cielo no va a ser un lugar en donde usted se sienta en la orilla de una nube y toca un arpa. El cielo no va a ser un lugar en dónde usted simplemente está caminando por todos lados, caminando por las calles de oro. No va a ser un jardín celestial enorme, en dónde usted simplemente está recogiendo flores por toda la eternidad. No va a ser eso. No va a ser nada como lo que usted piensa que va a ser, por lo menos como la mayoría de la gente piensa que va a ser. El cielo va a ser un lugar, ahora escuche este pensamiento, en dónde usted va a estar más ocupado de lo que jamás ha estado. Usted tendrá autoridad, usted tendrá responsabilidad, usted tendrá deber. Y la parte maravillosa de esto es que usted lo va a hacer de manera perfecta, escuche esto, y nunca se cansará. ¿No es eso maravilloso?

Usted nunca dormirá, usted nunca necesitará dormir. Usted no necesitará dormir porque su cuerpo no se está desgastando, su cuerpo nunca estará cansado. Usted nunca se irá a casa, a su lugar, en la casa del Padre y dirá, “que día tan duro” “me voy a tomar el día mañana. Nunca habrá días de descanso. Por los siglos usted gobernará esa esfera de autoridad, por los siglos usted cumplirá con esa herencia que Dios le ha dado a usted. Nunca estará cansado usted, usted descansará para siempre, pero usted descansará mientras que está haciendo aquello que Dios lo ha llamado a hacer.

Ahora, permítame decirle algo. Eso para mí es realmente atractivo. La gente algunas veces me dice, “Bueno, necesitas descansar.” Si usted quiere decir que necesito hacer nada, eso no me ayuda. Hacer nada es muy difícil, muy difícil. Ahora, si usted fuera a decir, “Necesitas hacer algo diferente,” eso es bueno. Cuando yo tomo unas vacaciones o descanso, no quiero hacer nada, quiero hacer algo diferente. Pero hay algo en mí, algo en la manera que creo que la gente es hecha, que hay una motivación en nosotros, por alcanzar, por hacer, por tener un sentido de una meta, y un objetivo y un propósito, y una esfera de responsabilidad. Y no decimos que uno de los placeres humanos más grandes es el sentido de satisfacción por un trabajo, ¿qué? bien hecho. Claro, y creo que lo que usted va a tener en el cielo, por toda la eternidad es simplemente cumplir con trabajos a la perfección, y usted va a poder sonreír en presencia misma de Dios, y saber que todo, cada cosa que usted hace en la esfera de su soberanía es autoridad delegada, es hecho al nivel de perfección absoluta. Y en un sentido, eso será una pequeña parte de lo que usted le ofrece a Dios en alabanza. ¿No es eso una gran cosa en que pensar?

Usted no solo va estar ahí, sin hacer nada por toda la eternidad, usted no va a estar simplemente en recreación sin responsabilidad. Usted va a tener una esfera de responsabilidad que va a ocupar su mente perfecta hasta su límite, que va a demandar su capacidad mental hasta su máximo nivel. Su capacidad formular estrategias y pensar todo, será ejercido de manera perfecta. Lo mejor que usted, de manera posible, pueda ser, usted lo será. Y usted funcionará, operará para alcanzar tareas que usted nunca soñó que era posible hacer. Pero usted hará esas cosas con gran facilidad, usted las cumplirá en un sentido, descansando. Eso en cierta manera es paradójico, pero eso es lo que las Escrituras indican.

Entonces, cuando usted llega al cielo usted va a tener cierta responsabilidad. La medida de esa responsabilidad, creo yo, si usted mira con cuidado estas Escrituras, está de alguna manera relacionada a la medida de capacidad que Dios le ha dado a usted aquí, porque usted en un sentido es en parte lo que usted será en ese entonces. Y Dios nos ha dado diferentes capacidades. Algunos de ustedes han recibido capacidades de cierta manera aquí, de alguna manera en la eternidad, su esfera de influencia y responsabilidad estará relacionada con la manera en la que usted ha sido capacitado aquí. Eso es simplemente la manera en la que va a ser. También podría añadir el nivel de su fidelidad aquí, va a estar relacionado a la extensión de su autoridad allá.

Entonces lo que usted hace aquí, en un sentido, es recompensado allá por la naturaleza de la herencia que usted reciba. Usted realmente entonces, por la manera en la que usted vive, está usted haciéndose tesoro allá. En un sentido, en este momento, por la manera en la que usted vive como cristiano, está estableciendo lo que usted va a ser en la eternidad. Y no se usted, pero yo quiero hacer todo lo que puedo hacer a lo largo de la eternidad, por glorificar a Dios, y quiero asegurarme de que no desperdicie mi privilegio aquí, y no reciba la capacidad completa dada allá. Eso es lo que haremos en el cielo. Eso no es todo. ¿Creería en que no terminé este mensaje, ni me acerque a terminarlo? Claro que lo creería, porque eso es bastante rutinario. Pero me abruman estas cosas.

De hecho, sabe una cosa, alguien dijo, “Bueno, ¿cuántas notas tomas? Probablemente tenia unas seis paginas de notas, y cubrí dos, porque cuando comienzo a pensar en estas cosas, y comienzan a cautivar mi corazón, como lo han hecho en las ultimas dos semanas, me encuentro cautivado, esa es la aventura de la predicación. Como usted puede hablar por unos cincuenta o cincuenta y cinco minutos, de cinco oraciones. Pero es porque el Señor mete tanto esas cosas, simplemente disparan todos estos pensamientos maravillosos.

Vamos a descubrir otra dimensión la tarde del próximo día del Señor, vamos a adorar, vamos a reinar. La semana próxima le voy a mostrar algo acerca de lo que vamos a hacer en términos de servicio. Vamos a servir al Señor. Ahora, permítame darle una pequeña pista. Creo que la esfera de su reinado, está relacionada con la idea de su herencia, y también creo que su servicio, su servicio allá, está relacionado con su servicio aquí. En otras palabras, su recompensa en el cielo, su recompensa en el cielo, no una cosa literal que usted se coloca en su cabeza, o un escudo grande que usted lleva en su túnica eterna. Usted sabe, clase A, un moño azul. Su recompensa en el cielo, probablemente va a ser la categoría, naturaleza y extensión de su servicio, de tal manera que su recompensa será lo que usted hace al servir al Señor. Pero hay otra dimensión en esto, que ni siquiera le voy a decir, de que, se la voy a explicar la próxima vez. Y eso es lo que Cristo va a hacer por usted en el cielo.

Entonces, no se lo pierda. Oremos.

Cuando pensamos en estas cosas, Padre, simplemente nos suelta de nuestras preocupaciones en esta vida, y eso es bueno. Porque realmente ni siquiera queremos ser parte de este mundo, mas de lo que necesitamos ser. Tenemos el privilegio, sí, de poder proclamar tu verdad, de llamar a la gente de regreso, y dejar el pecado. Pero Señor, ciertamente nuestro deseo es estar contigo, entrar en la presencia del que amamos, del que servimos, recibir la herencia que está reservada para nosotros. Te damos gracias por esa esperanza maravillosa, por el conocimiento que tenemos de que la fidelidad en nuestra vida, provee para nosotros un peso eterno de gloria. Un peso eterno de gloria. ¡Que pensamiento tan maravilloso es ese!

Entonces, Señor, esperamos con gusto el tiempo en el que podamos adorarte con un corazón, mente, voz, cuerpo, sin estorbos. Esperamos el tiempo en el que entremos en la esfera de nuestra autoridad, nuestra responsabilidad, el área en la que reinaremos bajo autoridad delegada, junto contigo y bajo Cristo, y bajo Tu autoridad. Y como aprenderemos la próxima vez, Señor, anhelamos el tiempo en el que te serviremos en servicio perfecto, sin que fracasemos una vez, sin que fallemos jamás, sin que falte algo. Y lo haremos por los siglos de los siglos, nada más que sin el sentido de tiempo porque no habrá tiempo ahí, sino únicamente en gozo constante, abrumados por el privilegio de estar en tu presencia.

Padre, ayúdanos a vivir en los lugares celestiales, a poner nuestra mira ahí. Ayúdanos a anhelar lo que te agrada a Ti, por causa de Jesús. Amén.

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