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Vamos a comenzar un estudio en la Palabra de Dios en esta noche, en Mateo capítulo 5 y quiero hablarle del tema, de la clave de la felicidad. El único camino a la felicidad. Mateo capítulo 5. Al llegar a Mateo 5 llegamos a un pasaje conocido de las Escrituras llamado las bienaventuranzas. Notará usted comenzando en el versículo 3 la palabra bienaventurados, es usada hasta el versículo 11. Estas son las bienaventuranzas, estas son las afirmaciones de bendición. Y quiero comenzar en esta noche, simplemente al darle una especie de panorama. Y después comenzando el próximo día del Señor veremos con mayor detalle a cada una de estas bienaventuranzas. Pero necesitamos tener el panorama de todo esto conforme se presenta frente a nosotros.

Y para comenzar, reconocemos el hecho de que Jesús está comprometido con proveer la felicidad verdadera. Eso realmente es el punto aquí. El Señor Jesucristo ha venido al mundo para proveerle a hombres y mujeres felicidad real, felicidad duradera. Tristemente, no obstante, no todo mundo sabe eso, y ciertamente no todo mundo cree eso. Ni siquiera todo mundo en su reino ha disfrutado la realidad de esa provisión de felicidad. Pero la felicidad es su preocupación, es la preocupación de Dios, es la preocupación de Cristo. Y eso se vuelve muy evidente a partir del hecho de que aquí tenemos en Mateo capítulo 5, el primer sermón registrado de Jesús en el Nuevo Testamento, el primer sermón que tenemos registrado y es un sermón que comienza con el asunto de la felicidad. ¿Por qué digo eso? porque la palabra ‘bienaventurado’ significa eso.

Hay nueve bienaventuranzas comenzando en el versículo 3 y llegando hasta los versículos de apertura de este gran capítulo. La palabra ‘bienaventurado’ realmente puede traducirse con frecuencia en las Escrituras, es traducida por la palabra ‘feliz’. Y quiero presentarle esto a usted en los términos más amplios posibles, viéndola desde varios ángulos diferentes. Comencemos explicando el panorama un poco, el escenario un poco, al ver el contexto bíblico. ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de bienaventuranza? La palabra griega es ‘makarios’ y es una palabra conocida, es un adjetivo. Como dije, aparece nueve veces aquí en la introducción al sermón del monte, que conocemos como las bienaventuranzas. Pero también aparece en una u otra forma, en una forma cognada, por los menos cincuenta veces en el Nuevo Testamento. Y lo mejor que puede ser dicho de la palabra bienaventurado es que describe la condición feliz del alma, la condición contenta del alma. Quizás es parecida la palabra ‘makar’ en el griego, la cual significa ‘feliz’. También puede ser traducida, ‘gozoso’. Y eso es exactamente lo que la palabra intenta expresar.

Homero, en los escritos griegos antiguos, usó la palabra para describir un hombre rico que estaba satisfecho con todo lo que tenía. Platón la usó para describir a un hombre próspero. Tanto Homero como Hesíodo, otro escritor griego, hablaron de los dioses griegos como siendo bienaventurados en sí mismos, esto es que estaban en un estado de contentamiento perfecto, estaban felices con su condición. No afectados, él dijo, por el mundo de los hombres que estaban sujetos a pobreza, y debilidad y muerte. Entonces, estamos hablando aquí de contentamiento. Estamos hablando aquí de satisfacción. Estamos hablando aquí de lo que tendemos a llamar felicidad. Felicidad interna, una condición de gozo, que no es ni el resultado de circunstancias externas, ni es el resultado de alguna influencia externa sujeta a cambio.

La mayoría de la gente en el mundo experimentan un poco de felicidad, cuando tienen emociones internas que son positivas, o cuando tienen circunstancias externas que por el momento son positivas, pero ambas cosas son pasajeras. El significado básico, del Nuevo Testamento que estamos viendo, es un estado continuo de felicidad. Un estado de gozo, un estado de bienaventuranza, un estado de bienestar en el que una persona encuentra satisfacción y contentamiento. Ahora, la palabra también indica virtud, está conectada a los creyentes, y queremos que esto quede muy claro desde el principio. Es usada para describir aquellos que son creyentes, no es usada para describir en ningún lugar en las Escrituras a alguien que no es creyente.

Entonces, un estado permanente de felicidad, gozo verdadero y contentamiento, satisfacción, le pertenece únicamente a aquellos que conocen a Dios. De hecho, yendo inclusive a más allá de eso, es una palabra para describir a Dios mismo. Salmo 68:35 dice: “Bendito sea Dios”. Salmo 72:18, “Bendito sea Jehová Dios”, Salmo 119:12, “Bendito eres tú oh Jehová”. En 1 Timoteo 1:11 Pablo habla del “evangelio glorioso del Dios bendito”. Y después al final de esa epístola, capitulo 6, versículo 15, él llama a Dios el bienaventurado y solo soberano, el Rey de reyes y Señor de señores, refiriéndose claro a Dios en la forma de Jesucristo.

Entonces, Dios por naturaleza está feliz, contento, satisfecho, lleno de gozo y bienaventurado, y aquellos que le pertenecen a Dios comparten ese mismo gozo. Es una palabra entonces, usada de Dios, usada de Cristo, escuche con atención, para describir la naturaleza divina. Y debido a que nosotros como creyentes, según 2 Pedro 1, versículo 4, somos participantes de la naturaleza divina, entonces se nos puede decir que somos bienaventurados. Somos bienaventurados porque poseemos la vida de Dios, por su gracia concedida a nosotros en Cristo. Compartimos en el gozo de Dios. Compartimos en el gozo, y satisfacción y felicidad que Dios mismo experimenta. Nadie puede conocer la felicidad verdadera, sino es un participante de la naturaleza divina.

Entonces, todo lo que vamos a aprender aquí en esta porción de las Escrituras, es para cristianos, es para aquellos que creen en el Señor Dios. Es para aquellos que han venido a Dios mediante la fe en Jesucristo, es para aquellos que han venido a la cruz para obtener perdón por el pecado, para recibir el regalo no solo de la justicia imputada, sino el regalo de una nueva naturaleza, la naturaleza divina y por lo tanto pueden entrar en la felicidad verdadera y divina. Una vez que una persona llega a conocer a Dios mediante Cristo, entonces viene esta felicidad.

Entonces, para comenzar viéndola en el contexto más amplio posible Jesús está hablando de virtud interna, no está hablando de algo conectado a una emoción momentánea o a un acontecimiento externo sujeto al cambio. Él está hablando de algo que es característico de gente que le pertenece a Dios. Ahora, todo esto es dado en un momento muy crucial por parte de nuestro Señor, conforme él inicia el amanecer de una nueva época del Nuevo Pacto, la nueva época. Este es un punto muy importante claro, en la historia redentora, conforme el Mesías viene a presentar, a introducir el nuevo pacto, a proveer el nuevo pacto, a proveer el sacrificio del nuevo pacto en su muerte y resurrección, la bienaventuranza verdadera entonces, está en línea con la provisión de este nuevo pacto.

El Antiguo Testamento, por ejemplo, es el libro de Adán y su historia. Comenzando en Génesis, Adán fue el primer rey en la historia. De acuerdo con Génesis 1:28 se le dio autoridad sobre toda la creación, no obstante, él fracasó como un rey, y hundió a la raza entera en una mar de pecado y depravación. Y el Antiguo Testamento comienza por así decirlo con pecado y termina con una maldición. El Antiguo Testamento termina con estas palabras, Malaquías 4:6, “pero yo vengo y hiero la tierra con una maldición”. El libro acerca de Adán termina con una maldición. 

El Nuevo Testamento es un libro acerca del nuevo Adán, Jesucristo, y comienza con una bendición. Y esa bendición está conectada al Nuevo Pacto. El Nuevo Testamento abre con un contraste asombroso, emocionante conforme conocemos al nuevo rey, un rey que no va a fracasar en la esfera de su gobierno. Y todo es diferente, y el mensaje es bienaventuranza. El primer Adán fue probado en un huerto hermoso y fracasó, el postrer Adán fue probado en un desierto peligroso y triunfó. El primer Adán fue un ladrón y él fue expulsado del paraíso, el postrer Adán se volvió a un ladrón en la cruz y le dijo, “hoy estarás conmigo en el paraíso’.

El libro de las generaciones de Adán termina con una maldición, pero el libro de las generaciones de Jesucristo, la cual es la manera en la que Mateo comienza, termina con una promesa, Apocalipsis 22:3: “no habrá más maldición”. El Antiguo Testamento dio la ley para mostrarle al hombre su miseria, el Nuevo Testamento da la vida de Cristo para mostrarle al hombre la felicidad verdadera. Entonces Mateo presenta al rey, quien revierte la tragedia de la caída de Adán, y nos hace súbditos de su reino glorioso. Apocalipsis 1:5-6 lo expresa de esta manera: “Al que nos amó y lavó de nuestros pecados en su propia sangre, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios su Padre”.

Entonces, el Nuevo Testamento está centrado en bienaventuranza, está centrado en felicidad, está centrado en satisfacción, está centrado en satisfacción. No obstante, únicamente es para el pueblo del rey. Esta felicidad está reservada para aquellos que son participantes de la naturaleza divina, quienes comparten la felicidad misma de Dios. Ese es el contexto bíblico general de la palabra bienaventurado. Permítame hablar del contexto en el libro de Mateo mismo. Mateo trata de la llegada del rey, conforme el Nuevo Testamento abre, Mateo se concentra en Cristo el rey habiendo llegado. Y la felicidad real es la preocupación del rey. Él ha venido para traer felicidad. Él ha venido para traer felicidad a los súbditos de su reino, aquellos sobre quienes Él reina. Ese es su propósito, traerles felicidad.

Tengo que decir, no obstante, en este punto que inclusive en medio de esta felicidad, hay un retrato paradójico de la miseria. Todas las cualidades que constituyen la vida de felicidad real, involucran algo de dolor, involucran algo de miseria, como lo veremos conforme avancemos a lo largo del estudio. Para la mayoría de la gente, no obstante, esto podría no tener sentido. Supongo que el mundo asume que la felicidad verdadera significa la ausencia de miseria y la ausencia de dolor. Mientras que los creyentes entienden que la felicidad verdadera se encuentra en medio del dolor, en medio de la miseria.

Todo cambió cuando Jesús trajo este tipo de felicidad. Como un escritor lo dijo, es como si Jesús se infiltró en el aparador grande de la vida, y cambió todas las etiquetas de precios. Todos los libros de la felicidad, es, no dicen esto, ni lo hicieron en el mundo del día de Jesús. La felicidad es el hombre exitoso, la felicidad es la persona rica, la felicidad es la persona enamorada, la felicidad es el que puede empujar a todo mundo, quitarlos de su camino y llegar a tener lo que él quiere, cuando él quiere, en donde él quiere, la felicidad es adquirir. Pero este no es el plan de Jesús, este no es el patrón de Jesús, este no es el tipo de felicidad que le pertenece a la naturaleza divina.

Él no dice, felices son los ricos aquí, él no dice, felices son los famosos, él no dice, felices son los nobles, él no dice, felices son los exitosos. Él dice, felices son los pobres en espíritu, felices son los que lloran, felices son los mansos, humildes, felices son los hambrientos y sedientos, felices son los misericordiosos, felices son los puros de corazón, felices son los pacificadores, felices son los que son perseguidos, felices son los que son insultados. Es algo paradójico ver este tipo de felicidad. Si usted está buscando el mismo tipo que el mundo diseñó, no está aquí, no está aquí.

El árbol de la felicidad que crece en la tierra maldita, no es en absoluto, nada como la felicidad que Dios nos ofrece en Cristo. Salomón ciertamente es una ilustración clásica de eso, si no es que es la más clásica. Su descendencia era de la línea real de David, y nadie pudo haber sido más noble que eso. Él fue el hijo de un rey que tuvo el derecho a reinar, su palacio literalmente, era el palacio de la tierra en la ciudad de Dios. Su riqueza imposible de medir con tesoros tan vastos, que la plata era tan común como las rocas. Su placer fue fabuloso, alimento, establos, caballos, edificios, siervos, viñedos, estanques de peces, jardines, por no decir nada de casi un grupo interminable de mujeres. Su inteligencia sin paralelos en el mundo de los hombres, él fue el más sabio de todos los hombres.

¿Pero acaso él encontró felicidad ahí? No, el encontró ahí vaciedad. Lea las reflexiones de Salomón en el libro de Eclesiastés, y todo era vacío e inútil, todo es vanidad él dijo una y otra vez. Y eso es debido a una verdad del Nuevo Testamento, la vida de un hombre no consiste en la abundancia de las cosas que él posee, esa no es la clave de la felicidad. Otra enseñanza del Nuevo Testamento es que, la que vive en placer está muerta mientras que vive. El placer no es el camino a la felicidad, las posesiones no son el camino a la felicidad. Es ridículo pasar su vida entera tratando de encontrar la felicidad en las cosas que van a terminar en la basura. La felicidad nunca se encuentra en la tierra maldita, y realmente nunca en últimas, y finalmente, se encuentra en el sistema malo.

¿Por qué? porque las cosas físicas no tocan el alma. Usted no puede satisfacer una necesidad espiritual con una sustancia física. Cualquier persona que tiene un anhelo profundo de felicidad verdadera está insatisfecha con cualquier cosa material, cosas que no pueden calmar el corazón. Cosas que no pueden traer paz al corazón, en una tormenta no pueden proveer ninguna felicidad verdadera duradera. Usted no puede poner aceite en un espíritu herido. Cuando Saúl estaba afligido, recuerde usted, todas las joyas de su corona no pudieron consolarlo ni por un momento. El rey Belsasar según el libro de Daniel, estaba disfrutando de la vida, bebiendo, él bebió vino dice en los vasos de oro del templo, pero cuando la figura de la mano de un hombre apareció y escribió MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN en la pared, ha sido pesado en la balanza y has hallado falto. Dice que su rostro cambió. Su vino se amargó, su alimento se corrompió en su estómago porque no hubo felicidad real en su alma.

Uno de los santos puritanos llamado Tomás Watson dijo, “Las cosas de este mundo no van a mantener sin aflicción de espíritu más que un pedazo de papel detendrá una bala. Los deleites mundanos tienen alas, pueden ser comparados a un grupo de aves en el jardín, que se quedan por un rato, pero cuando usted se acerca a ellos, vuelan. Entonces las riquezas se harán alas, se harán alas como un águila, Proverbios 23:5. Son como el meteoro que pasa, pero se gasta y se aniquila a sí mismo. Son como un castillo hecho de nieve, que está debajo de los rayos del sol.” Las cosas externas no traen consuelo permanente al alma.

Eclesiastés 5:3, escuche lo que Salomón dijo, “las riquezas se guardan para el daño de sus dueños”, son un combustible de soberbia, combustible para la lujuria, son una trampa, son un lazo en una trampa, ahogan la Palabra de Dios, despedazan nuestras almas, como las espinas despedazan nuestras ropas, pero las riquezas no traen felicidad verdadera. Y lo que Dios nos está diciendo mediante las palabras mismas de Jesús en este pasaje, es que usted no puede hallar felicidad verdadera en los caminos del mundo, en lo que ellos poseen o en su filosofía. Usted no puede buscar a los vivos entre los muertos. La felicidad no está aquí en este mundo, el mundo no la puede traer, no la puede ofrecer, no la puede proveer, es espiritual en su naturaleza, pertenece en esencia a la naturaleza de Dios y únicamente es disfrutada por aquellos que comparten su naturaleza.

Jesús vino como el rey, para presentar esta verdad tremenda. Él vino para presentar los principios de su reino, los cuales eran internos y espirituales. El problema con eso fue, como lo hemos visto con frecuencia en nuestros estudios del Nuevo Testamento, los judíos estaban buscando un reino político. Estaban buscando un reino material, realmente se vieron atraídos a él cuando él creó alimento para ellos. Estaban muy atraídos a él cuando él curó sus enfermedades y echó demonios fuera de ellos, cuando él incrementó el estado de su bienestar físico, su condición terrenal. Pero cuando él comenzó a penetrar sus corazones y hablar del hecho de que eran pecaminosos, y estaban aislados de la vida de Dios y que necesitaban recibir la bendición que Dios da a aquellos que comparten su naturaleza, al reconocer sus pecados y arrepentirse delante de él, ellos no recibieron eso con gusto.

De hecho, en el Sermón del Monte aquí, el gran sermón de Jesús que va del capítulo 5 hasta el final del capítulo 7, no hay ni siquiera una referencia que sea hace un asunto social, no se hace ni una referencia a aspectos políticos del reino, los judíos estaban tan preocupados por eso, Jesús no. El énfasis está en ser, no en hacer. Está en ser. El énfasis del Sermón del Monte es lo que un hombre es, y no lo que un hombre hace, o lo que un hombre tiene, o lo que un hombre alcanza. Y todo eso fue verdad a lo largo del ministerio del rey. Todos estaban queriendo oír acerca de lo que un hombre puede tener, y lo que un hombre puede volverse. Y lo que un hombre puede poseer, y Jesús únicamente quería hablar de lo que él es. 

Esa es la razón por la que él dijo, mi reino no es de este mundo. Entonces, la posición de los bienaventurados es la posición más exaltada, en la cual usted comparte la naturaleza misma de Dios, y participa en su bienaventuranza. Pero es absolutamente antitética a todo en este mundo. Nada en absoluto en este mundo encaja en esa categoría, este es un mundo material, terrenal, pasajero, y el Suyo es un reino espiritual eterno. Ahora, el escenario religioso en cierta manera acentuaba el problema porque Jesús estaba confrontando una sociedad de gente religiosa, que pensaba que estaba bien en el interior. Muy bien, Jesús quiere hablar del interior, estamos bien en el interior. Habían llegado a la convicción de que estaban viviendo la vida como Dios quería que la vivieran y que las cosas estaban bien con ellos.

Ahora, la vida religiosa de Israel era bastante diversa, supongo que usted podía dividirla en muchos grupos diferentes. Es sorprendente ver que eso está sucediendo en la actualidad. En 1948 cuando Israel se volvió una nación, la gran visión de David Ben Gurion y otros arquitectos del estado moderno de Israel, fue que existiría este pueblo único, grande, glorioso, y que todos vendrían ahí, todo judío sobre la faz de la tierra encontraría un lugar en Israel y vendrían de todos lados, vendrían de Rusia, vendrían de Europa Oriental y Europa Occidental, vendrían de Sudamérica, vendrían del continente americano aquí en el hemisferio occidental, vendrían de todos lados del globo a ese lugar, y todos vivirían en armonía y gozo con sus brazos unos sobre otros en torno al mismo gran amor por su nación, la misma gran devoción nacional y ética.

Y la realidad del asunto es que aquí estamos, en 1988 y hay facciones que no se pueden ni contar, y están buscando matarse el uno al otro, y la nación entera está en caos. Y en cierta manera así fue inclusive en el tiempo de Jesús, había caos entre el pueblo judío porque estaban divididos en tantos grupos. Los grupos mejor conocidos fueron los fariseos, los saduceos, los esenios y los zelotes. Los fariseos que creían que la felicidad se encontraba en la tradición y el legalismo. Los saduceos que creían que la felicidad se encontraba en el liberalismo y la filosofía. Los esenios que creían que la felicidad se encontraba en la negación personal, y la separación del mundo, eran los monjes, vivían en una especie de condiciones mínimas, a la orilla del desierto en las cuevas. Los zelotes eran los que asesinaban a los romanos cada vez que podían. Algunos de ellos llevaban dagas adonde quiera que iban y cuando veían a un soldado romano, le cortaban la garganta. Los zelotes creían que la felicidad se encontraba en derrocar a Roma.

Entonces, usted tenia a estos grupos diferentes, los fariseos creyeron que la felicidad se encontraba en el legalismo y la tradición. Los saduceos creyendo que se encontraba en el liberalismo, en siendo liberados de las leyes tradicionales antiguas y en la filosofía. Los esenios creyendo que la felicidad se encontraba mediante la negación personal, y la separación del mundo, entonces vivían en aislamiento como monjes. Y los zelotes que creían que la felicidad se encontraba en derrocar a Roma. Supongo que podríamos decir esto, para los fariseos la felicidad significaba ‘regresa’. Eran la gente de la nostalgia, querían regresar y aferrarse a las tradiciones. Para los saduceos, la felicidad significaba, ‘avanza’, ‘modernízate’ ‘aléjate del pasado’, liberalicémonos. Para los zelotes la felicidad era ‘sal, aislémonos’, y para los esenios, más bien era, ‘sal, aislémonos’. Para los zelotes era ‘ve en contra, rebelémonos, matemos”. Regresa, adelántate, sal, ve en contra.

En toda dirección a la que apuntaban, estaban tratando de encontrar felicidad verdadera. Los fariseos al regresar a la ley, y regresar a la tradición rechazaron el presente y sacrificaron la realidad espiritual para aferrarse al pasado. Mataron a su Mesías para aferrarse al pasado. Los saduceos al rechazar el pasado, y al ir únicamente con el presente y su futuro, ignoraron al Mesías, quien era el cumplimiento de todas las profecías y tipos pasados. Los esenios, en su deseo de vivir de manera santa, les preocupó mucho la geografía y para ellos la santidad tenía que ver en donde vivió usted, y el estilo de vida que usted vivía, no el corazón. Y los zelotes estaban enredados en la violencia, y también rechazaron el mensaje de Jesucristo.

El punto que estoy tratando de explicar, es que había todos estos diferentes grupos religiosos, y todos estaban buscando felicidad en alguna zona y nunca encontrándola, porque no está ahí. No está en la tradición, no está en la filosofía y en el pensamiento moderno, no está en la negación personal y en el aislamiento de la cultura, no está en el derrocamiento político. Y Jesús vino a la situación y dijo, ‘la felicidad es’, y dió a todos, una dirección nueva para la respuesta al anhelo del corazón del hombre. Él literalmente desmanteló a todos esos grupos, a los fariseos y a los saduceos, él los confrontó regularmente. Los esenios y los zelotes no son tanto un problema en el Nuevo Testamento, pero obviamente, los esenios desaparecieron en su aislamiento eventualmente dejaron de existir. Y los zelotes, quizás fueron en su mayoría matados por los romanos, en el 70 después de Cristo desaparecieron. Jesús trajo un camino totalmente diferente, él trajo un camino de felicidad que tenía que ver con el corazón y nada más.

Con eso veamos el versículo 1 por un momento, y veamos como comienza esto. ‘Viendo la multitud, subió al monte; y sentándose, vinieron a él sus discípulos. Y abriendo su boca les enseñaba, diciendo:’ Bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados, bienaventurados, y demás. Para dominar este sermón, para entender las bienaventuranzas, usted tiene que entender que Jesús estaba diciendo algo diferente de lo que esas personas estaban acostumbradas a oír, e inclusive, lo que los discípulos estaban esperando oír. Él estaba hablando de una felicidad interna, que solo Dios puede conceder, y Él se la concede a la gente menos probable que la tenga, aquellos que son pobres, tristes, mansos, hambrientos, sedientos, misericordiosos, puros de corazón y pacificadores, perseguidos e insultados.

Y nadie habría preparado una lista como esa y habría dicho, aquí está el camino a la felicidad, lo único que se necesita es un espíritu en bancarrota, tristeza, humildad, hambre y sed, misericordia, pureza, ser un pacificador, persecución y ser insultado. Ese es el camino a la felicidad real. Pero créame, Jesús fue en contra de la cultura en todo sentido. Dice en el versículo 1 que él vio a las multitudes, y él siempre se preocupaba por las multitudes, siempre llenaban su corazón de empatía y un deseo profundo de ayudarlos. Claro que él lloró más adelante en su ministerio, cuando él vio a las multitudes y las vio como ovejas sin pastor. No venían a él sin importar como él había tratado de congregarlas, él se preocupaba por ellas.

Cuando tuvieron hambre las alimentó, cuando estuvieron enfermos los sanó, cuando estuvieron poseídos por demonios los libró, se preocupó por ellos. Cuando fueron ignorantes se esforzó por enseñarles. Y había una atracción maravillosa en él que atraía a las multitudes, vinieron a él. De hecho, observe el final del capítulo 4, versículo 23, Jesús iba por toda Galilea enseñando en sus sinagogas, y proclamando el evangelio del reino, y sanando todo tipo de enfermedad y todo tipo de aflicción entre el pueblo. Y las noticias de él salieron por toda Siria al este, y le trajeron todos los que estaban enfermos, afligidos por varias enfermedades, y dolores, endemoniados, epilépticos, paralíticos, y él los sanó.

Y grandes multitudes lo seguían de Galilea y Decápolis, y Jerusalén, y Judea y más allá del Jordán. Realmente él estaba acumulando una multitud enorme de todo tipo de gente, de toda clase de personas. Había fariseos y publicanos, había ritualistas y legalistas junto con rameras y prostitutas. Había eruditos y estaban los analfabetos, estaban los refinados y estaban los degradados, estaban los ricos y los mendigos, estaban los que estaban bien y los que estaban enfermos. Había hombres y mujeres, él era el que atraía a todo hombre, y él les trajo el mensaje del evangelio del reino, las buenas nuevas de que Dios tenía un reino, y ellos podían entrar en ese reino. Era un reino espiritual, y ellos podían entrar en ese reino.

Había un camino a la felicidad verdadera, había un camino para compartir la naturaleza misma de Dios. entonces la multitud estaba congregada. Pero en realidad eran una especie de audiencia secundaria, porque dice que él subió al monte, ese es un monte en algún lugar en la costa norte de Galilea. Hay un lugar tradicional que se cree que fue el lugar donde Jesús dio el Sermón del Monte, ese no es el lugar exacto. Ciertamente está cercano, yo he estado ahí en ese mismo lugar y he predicado el sermón del monte varias veces. Es un lugar hermoso, hermoso. La inclinación del cual está tan elevada por encima del mar de Galilea, que usted ve hacia abajo, hacia ese lago hermoso que está debajo de usted, y ve los campos que lo rodean a usted.

Y Jesús estuvo ahí en el monte. Pero dice, y sentándose, esa era la posición de enseñanza que los rabinos siempre adoptaban, se sentaban. Sus discípulos vinieron a él, y abriendo su boca les enseñaba diciendo. Y simplemente señalo eso, porque, aunque la multitud estaba ahí, los más cercanos a Jesús eran los discípulos, y la multitud únicamente oyó el sermón de una manera secundaria. Probablemente entre más alejados estaban de Jesús, esta cantidad enorme de personas menos lo oían, porque Jesús estaba sentado y él habría estado arriba de ellos y él estaba sentado en esa pendiente del monte, porque al haber estado sentado, inclusive la multitud habría estado abajo de él, porque la inclinación es así de severa.

Pero entre más distantes estaban, quizás ni siquiera habrán oído todo, pero los discípulos estaban cerca, y abrían oído cada palabra que él habló y esa fue su intención. Porque como le dije antes, esta felicidad de la que él estaba hablando, esta bienaventuranza que él ofreció le pertenecía únicamente a aquellos que le pertenecían a Dios, únicamente a aquellos que le pertenecían a Dios. Únicamente los hijos del reino podían entender esto, únicamente los hijos del reino podían tener esta felicidad. Entonces, conforme Jesús comienza a hablar de felicidad, él quiere que la gente entienda lo que él quiere decir, y él les habla a los suyos. Entonces, conforme Jesús comienza a hablar de felicidad, él les habla a las personas que van a entender lo que él quiere decir. Él les habla a los suyos, él les habla a sus discípulos.

Y más allá de ellos, ciertamente la multitud podría haber oído, y habría oído, y quizás no lo habría entendido de manera tan clara, si es que lo hubiera llegado a entender. Y entre más atrás estaban en la multitud, usted podría haber oído a la gente decir, ‘¿Qué dijo? ¿Qué está diciendo? Bueno no puedo oírlo, ¿Qué quiere decir?’. Y conforme se hablaban hacia atrás, no habría sido tan claro como él lo habló inicialmente. Pero los discípulos necesitaban oír el mensaje porque realmente era un mensaje diseñado para ellos. Él adoptó la posición oficial rabínica judía, se sentó, comenzó a enseñar.

El objetivo primordial, le vuelvo a recordar a usted, fue los discípulos. ¿Quiénes habrían sido? Bueno, habrían sido los doce para comenzar y después habrían sido los otros que lo estaban siguiendo en fe, creyentes verdaderos. Ellos son los mathetes, esa es la palabra usada aquí, seguidores. El mensaje es para todos en toda época, el mensaje es para todos, pero únicamente puede ser entendido y comprendido por aquellos en quienes Dios ha operado poderosamente y en su gracia para transformar sus corazones. Se reunieron en torno a Jesús, con corazones que creían, y oídos que oían y podían entender lo que él estaba diciendo. 

Y también los otros, pero no de manera tan clara hasta que Dios llevó a cabo su obra de manera maravillosa en sus corazones. Entonces, Jesús le habla, y también podían los otros, pero no también hasta que Dios llevó a cabo su obra de manera maravillosa en sus corazones. Entonces Jesús les habla primordialmente a las almas que son leales a su reino, para que ellos entiendan los principios de la felicidad verdadera. Dichos principios ya son una realidad en sus vidas, conforme ellos habían venido a creer la verdad tal como Cristo la predicó. Él le habla entonces, a almas leales primordialmente.

Y este entonces es un mensaje para nosotros que somos creyentes, para recordarnos del mensaje que el rey predica, para que podamos transmitirlo al resto. Se convertiría entonces en la responsabilidad de los discípulos de ir a esta multitud, conforme salieron de Cristo y salieron a predicar. Ellos habrían ido de regreso a esta multitud, en donde quiera que estuvieran y fuera cual fuera la ciudad o lugar, ellos predicarían lo que ellos habrían aprendido de los labios de Jesús. El Arzobispo McGee ya en sus últimos años, dijo en una ocasión en Inglaterra, una vez dijo que era imposible conducir los asuntos de la nación inglesa en base al sermón del monte, porque la nación no era leal al rey. Este gran sermón del monte en Mateo 5 al 7 únicamente se aplica a súbditos leales.

Eso es algo interesante, porque si usted en la actualidad de manera típica habla con alguien en el mundo religioso que no es salvo, que no está convertido verdaderamente, pero está en el ambiente religioso, enseñan teología en una universidad o seminario, enseñan la Biblia, es un pastor preparado en términos liberales o lo que sea, pero no conoce al Señor, pero en cierta manera nombra Su nombre y están en el mundo cristiano, invariablemente regresan al sermón del monte y ciertamente acampan ahí y dicen: ‘bueno, ciertamente el sermón del monte lo proclamamos y lo creemos porque es este gran tratado ético”. La realidad es que no lo entienden en absoluto, por no ser súbditos leales al rey no pueden comprender el manifiesto del rey.

La gente ha tratado de aplicar el sermón del monte, inclusive las bienaventuranzas socialmente. Han tratado de aplicar esto en cierta manera externa, de una manera social, se ha convertido en una especie de evangelio social, pero ese esfuerzo está condenado al fracaso. Y creo que el evangelio social está bastante condenado al fracaso en la actualidad, no está teniendo mucho éxito. Este no es un evangelio social, este no es un mensaje ético, esto no es algo que está tratando de llamar a la gente a un nivel más elevado de devoción humana. Este es un mensaje que le dice a la gente como entrar en el reino de Dios, y les recuerda a los discípulos de la actitud que ellos tuvieron cuando vinieron a esta felicidad, y este es el mensaje que deben predicar.

Él dice, debes decirle a la gente que si quiere ser feliz tiene que ser pobre en espíritu. Si quiere ser feliz tiene que llorar, si quieren ser felices tienen que ser mansos o humildes, si quieren ser felices deben tener hambre y sed. Si quieren ser felices deben ser misericordiosos, puros de corazón, pacificadores, tienen que sufrir persecución e insulto. Extraño, pero algunos evangélicos han tomado el sermón del monte, y se han objetado a él porque dicen, ‘es demasiado difícil, es demasiado difícil’, dicen. Dicen, usted sabe, Mateo 5:48 Jesús dice, ‘sé pues vosotros perfecto como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto’, y ni siquiera le gustan las bienaventuranzas.

Hay muchos evangélicos, pensamos que las bienaventuranzas son demasiado difíciles, porque se oye como si, ‘oye si quieres entrar al reino, tienes que pasar por todos estos tipos de actitudes para recibir la bendición de Dios, que trae esta felicidad verdadera’. Y no nos gusta eso porque el ser salvo no debe ser difícil, no debe ser una experiencia tan molesta como esta. No debe haber una evaluación del alma como esta. No debe haber una pobreza de espíritu y un llore y mansedumbre y tener hambre y sed de justicia y todo eso. Eso se oye como obras pre salvación, y venir a Cristo debe ser algo fácil, cuando usted únicamente recibe el regalo.

Entonces hay evangélicos que dicen, ‘bueno, ni siquiera pensamos que el sermón del monte se aplica a nosotros en la actualidad. Simplemente lo vamos a tomar y lo vamos a empujar al reino milenario, y vamos a aplicarlo en el reino milenario. Pero el texto no dice eso, no está ahí, en ningún lugar en este sermón del monte, en ningún lugar en estas bienaventuranzas dice, ‘por cierto, señores, asegúrense de que la gente que viene detrás de ustedes sepan que esto no se aplica a ellos.’ De hecho, Jesús le habló a gente en un mundo real, así como nuestro mundo, y también el prometió persecución y no habrá persecución en el reino milenario. Mateo 5:44 dice, ‘vas a tener enemigos’, y va a haber persecución, eso no tiene sentido en el reino. No va a haber ninguna persecución en el reino. Vamos a reinar con Cristo, y la única persecución va a ser cuando el rey reine con vara de hierro en los impíos.

Además, todos los mismos principios que están en el sermón del monte y en las bienaventuranzas están también por todas las Escrituras y en particular también en el Nuevo Testamento. Esto no es algo que tiene que ser relegado a algún reino futuro en la tierra, simplemente es esto, Jesús está enseñando los patrones de vida de los creyentes verdaderos. De eso trata el sermón del monte, y comienza con las bienaventuranzas, las cuales nos muestran que Dios diseña que seamos felices y aquí está como entramos al reino, en donde mora la felicidad. Comienza con las bienaventuranzas, porque ese es el punto de entrada, y después sigue con el resto del sermón para discutir la vida entre los ciudadanos del reino. Simplemente es un sermón tremendo, tremendo.

No vamos a cubrir todo el sermón, únicamente por ahora las bienaventuranzas. Vamos a entrar un poco más una vez que entremos a nuestro estudio del evangelio de Lucas. Pero Jesús está diciendo, ‘felices son las personas que tienen las actitudes correctas’. ¿Puedo hacer que usted entienda eso? Y vamos a dejar eso en esta noche. Nuestro tiempo se acabó, es cuestión de actitudes. No es lo que usted posee, es pobreza de espíritu, llorar, gentileza, hambre y sed de justicia, misericordia, pureza, paz. Son actitudes lo que produce felicidad. Son actitudes que son semejantes a Dios, que literalmente vienen a nosotros debido a que Él comparte su naturaleza divina con nosotros.

Jesús estaba diciendo, ‘la felicidad entonces, comienza desde el interior y sale al exterior’. Inclusive en donde hay sufrimiento y tristeza, la felicidad no es cancelada, de hecho, generalmente es ayudada e incrementada. Bueno, hay mucho más que podría decir de eso, pero dejémoslo hasta ahí para esta noche. La secuencia se la voy a dar, y después comenzaremos la próxima semana. La secuencia lleva, del primer paso de entrar en una relación con Dios que produce felicidad, y esa es ser pobre en espíritu. Eso es simplemente admitir bancarrota espiritual, eso lleva a enfrentar mi actitud hacia mi bancarrota espiritual. La bancarrota espiritual simplemente significa estoy en pecado y nada más.

Y eso lleva a llorar, llorar por mi pecado, y la conciencia de mi pecado y la tristeza por mi pecado me lleva a la mansedumbre. Me siento pequeño, insignificante ante el rostro de un Dios Santo. Y eso lleva a un hambre y sed por una justicia que sé que necesito y no tengo. Y cuando esa justicia se manifiesta a sí misma a mí, se manifiesta a sí misma en misericordia, pureza y en ser un pacificador. Y en una disposición a sufrir persecución e insulto, ese es el flujo de estas bienaventuranzas, es una secuencia rica y profunda. No creo que hay nada más instructivo en toda la enseñanza de Jesús en el área del evangelismo, y la entrada al reino que estas bienaventuranzas.

Y con tanta frecuencia únicamente son hechas a un lado o presentadas como una especie de afirmaciones éticas o afirmaciones sociales, no lo son, son verdades orientadas a la salvación. Y vamos a ver cómo se desarrolla eso. Y una vez claro que entremos y tengamos esta bienaventuranza compartimos por así decirlo, la naturaleza divina. El versículo 13 dice, ‘nos volvemos la sal de la tierra.’ Versículo 14 dice, ‘nos volvemos la luz del mundo’. Entonces nos convertimos en lo que el mundo necesita, sal y luz. Entonces, no solo hay felicidad provista para nosotros aquí, sino gran utilidad. Es el estándar de Dios para vivir en su reino, para que podamos ser felices, y para que otros puedan ser influenciados para la gloria de Dios y su salvación, conforme vivimos como sal y luz.

Bueno, ese es el panorama general. La semana próxima comenzaremos con la bienaventuranza número uno, ‘bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.’

Padre Nuestro, de nuevo, el día de hoy ha sido un día rico y maravilloso y te agradecemos tanto por él. Ciertamente tu Palabra ha penetrado en nuestros corazones, y nos ha abierto de nuevo a un entendimiento fresco y nuevo de tu propia mente, tu naturaleza, tu voluntad, tu camino, el cual nos llama entonces a vivir de manera obediente, sumisa a esa revelación. Hemos recibido mucho, y tenemos la responsabilidad de responder en obediencia. Te damos gracias por la Palabra, la promesa que tú has venido para traer felicidad, bienaventuranza, gozo, pero que viene en el matriz más raro para la mente humana, de quebrantamiento, lloro, mansedumbre, hambre, sed, que es a partir de ese quebrantamiento y actitud de contrición llevada a cabo en nuestros corazones por la obra soberana, maravillosa del Espíritu Santo, que llegamos al lugar de arrepentimiento y abrazamos el evangelio, y entramos al reino, y de esta manera somos bendecidos. 

Te damos gracias por ese estado permanente de felicidad verdadera que existe en la profundidad de nuestra alma, porque compartimos tu naturaleza divina y podemos con Pablo decir, ‘regocijaos siempre, otra vez digo, regocijaos.’ Porque nuestro gozo no está conectado con ninguna emoción pasajera o circunstancia cambiante, sino en una relación permanente y eterna que tú has determinado establecer con nosotros por tu misericordia. Te agradecemos por ello, y oramos oh Dios porque nos ayudes a disfrutar la felicidad que es nuestra, a disfrutar la bendición de conocerte, a que eso no sea robado como el Salmista que clamó en medio de su pecado, ‘restáurame el gozo de tú salvación’.   

Señor, es tan fácil para nosotros, volvernos infelices, perder la bendición y el gozo de nuestra salvación debido al pecado. Oh Señor, ayúdanos a vivir con la plenitud de gozo conforme respondemos en obediencia a tú Palabra, la cual ha sido escrita para que nuestro gozo sea cumplido. Te agradecemos por el hecho de que tú deseas que seamos felices, que estemos contentos, satisfechos, que seamos bendecidos, y porque nos has llamado a esto por la gracia dulce que nos fue concedida a nosotros en Cristo, en el momento de nuestra conversión. Y ahora deseamos disfrutar eso, entrar en la plenitud de esto mediante la obediencia y la fidelidad.

Y Señor, también que aprendamos a partir del estudio de las bienaventuranzas a como proclamar esto a otros, para que los llamemos a una respuesta apropiada al evangelio, a su propia condición pecaminosa, para que de esta manera puedan entrar a esta felicidad que disfrutamos y disfruten para siempre. Te agradeceremos en el nombre de Cristo. Amén.

 

 

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