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Abra su Biblia en Mateo capítulo 5 si es tan amable, en nuestro estudio continuo de las bienaventuranzas del sermón del monte, Mateo capítulo 5. Llegamos a esa segunda bienaventuranza en el versículo 4, ‘Bienaventurados los que lloran porque ellos recibirán consolación.’ En uno de los grandes salmos de David, él recita las profundidades del dolor que el corazón conoce en las decepciones y tristezas de la vida. Es el Salmo 55, y él clama, ‘Oh que tuviera alas como una paloma. Porque entonces volaría y estaría en reposo. Entonces me alejaría y permanecería en el desierto, apresuraría mi escape del viento fuerte y la tempestad.’ Ese es el clamor de un hombre que quiere escapar del dolor y la tristeza de la vida.

Y David en ese Salmo hace un eco del deseo de la humanidad caída. Un clamor por libertad, por una vida en alas, un clamor pronunciado por todos los que anhelan consuelo en una vida de dolor, por descanso en una vida de tristeza, decepción y amargura. La gente anhela alejarse, mirar hacia otro lado, huir para encontrar el lugar en donde la tristeza no existe, donde el dolor no está presente. El lugar de calma perfecta y paz, y consuelo. Un lugar que esté escondido y no se encuentra. Ello nos lleva a la paradoja de esta afirmación hecha por nuestro Señor Jesús, ‘Bienaventurado los que lloran, porque ellos recibirán consolación’. Lo que él está diciendo aquí es que los tristes se convierten en los felices. Son los que lloran los que disfrutan de consuelo. Felices son los que lloran, porque ellos serán consolados.

Ahora eso es contrario a la estructura entera de la expectativa humana. De hecho, el esfuerzo entero de la vida humana, la locura por el placer, la motivación por lo que entretiene, las emociones, la manía que busca la siguiente experiencia, el dinero, la energía, el entusiasmo invertido en disfrutar de la vida. Todas esas cosas son una expresión de la búsqueda del mundo por evitar el lloro. Sin embargo, Jesús dijo, ‘Felices son aquellos que lloran’. De hecho, en Lucas 6:25 Jesús dijo, ‘Hay de vosotros que reís ahora, porque lloraréis’.

Ahora, ésta realmente es una nueva manera de abordar la vida, condena la risa superficial, la felicidad frívola del mundo, y pronuncia verdadera bendición y felicidad verdadera, y gozo verdadero, y consuelo verdadero y paz verdadera sobre aquellos que lloran. Esto es contario a toda expectativa. Así como la primera bienaventuranza, ‘Bienaventurado los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos’. Eso fue en contra de todas las expectativas de los judíos religiosos de la época, que asumieron que el reino de los cielos le pertenecían a aquellos que habían alcanzado la grandeza, por sus propios esfuerzos espiritualmente.

Jesús dijo, hasta que lleguen al punto de que reconozcan su bancarrota total, que no han alcanzado nada, nunca entraran al reino de los cielos. En ese mismo tipo de paradoja, Jesús aquí dice, ‘las únicas personas que verdaderamente están felices son aquellas que lloran.’ Y queremos hacer una serie de preguntas, conforme vemos esta afirmación, para que podamos discernir su significado. Primera pregunta, ¿qué significa esto? ¿qué significa felices son los que lloran? ¿qué está diciendo aquí Jesús? Bueno, podríamos estar de acuerdo todos en que hay mucho lloro y mucha tristeza en la vida. De hecho, eso no solo es verdad ahora, sino que fue verdad en tiempos bíblicos.

Hay nueve diferentes palabras griegas usadas en el Nuevo Testamento para referirse a la tristeza de alguna manera. Nueve verbos diferentes en griego son usados para describir la tristeza. Necesitan haber muchas palabras, porque la tristeza es gran parte de la vida. Y la historia entera del hombre, es la historia de las lágrimas, la historia de las tristezas y es triste decirlo, no va a mejorar conforme avanza la historia. De hecho, va a empeorar. En Mateo capítulo 24 nuestro Señor dice en los versículos 4 en adelante, ‘Mirad que nadie os engañe, muchos vendrán en mi nombre diciendo yo soy el Cristo, y engañarán a muchos, y oirán de guerras y rumores de guerras, mirad que no os atemoricéis porque esas cosas deben suceder pero ese no es el fin. Y nación se levantará contra nación, reino contra reino y en diferentes lugares habrá hambres y terremotos’. Pero todas estas cosas son meramente principio de dolores. El principio de dolores o principio de dolores de parto. No hemos visto nada aún comparada con la tristeza que le espera al mundo impío.

Ahora, ¿Qué tipo de tristeza es lo que trae este lloro? ¿Qué tipo de tristeza da a lugar a bienaventuranza y consuelo? Bueno, las Escrituras hablan de diferentes tipos de lloros, diferentes tipos de tristezas. Permítame tan solo explicarle un poco de esto. En primer lugar, hay una tristeza apropiada en la vida. Hay una tristeza que se espera en la vida, una tristeza en relación a la vida terrenal que es razonable, inclusive útil. Llorar, estar triste, estar en duelo, es parte de la vida humana en general. De hecho, es un regalo de Dios, es correcto, es un regalo de Dios. Cuando algo trágico ocurre en su vida, o en su familia, cuando algo ocurre que es profundamente doloroso, Dios ha diseñado que las lágrimas y la tristeza y el duelo liberen ese dolor y sea parte de un proceso de curación. Cuando el dolor es encerrado y mantenido en el interior puede envenenar el sistema emocional, y el lloro y la tristeza libera ese veneno.

Expresamos esa tristeza, y esa es una manera en la que Dios nos ha concedido liberar el dolor que de otra manera es continuo. Es algo muy natural llorar por ciertas cosas. Abraham lloró de manera justificada cuando su esposa murió. En el Salmo 42, versículos 1 al 3 oímos al salmista llorando, él dice esto, ‘Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así mi alma tiene sed de ti o Dios. Mi alma tiene sed de Ti, por el Dios Vivo, ¿Cuándo vendré y me apareceré delante de Ti, Dios mío? Mis lágrimas han sido mi alimento día y noche, mientras que continuamente me dicen, ¿Dónde está tu Dios?’. Y aquí está el salmista en agonía y lágrimas, porque Dios no ha aparecido en el medio de su sufrimiento y soledad amarga. Dejado por Dios, parecía perseguido por sus enemigos, objeto de burla. ¿Y dónde estaba Dios en el momento de su dolor? Las lágrimas fueron una parte muy normal, de la tristeza y amargura de este corazón solo.

En 2da de Timoteo, capítulo 1, versículos 3 y 4, Pablo le dijo a Timoteo, ‘Doy gracias a Dios a quien sirvo desde mis ancestros, con una conciencia limpia. Porque sin cesar te recuerdo en mis oraciones, noche y día, deseando mucho verte, y recordando tus lágrimas para que seas lleno de gozo.’ El salmista estaba experimentando las lágrimas de soledad, y aquí Pablo estaba de Timoteo llorando por las lágrimas de desánimo y derrota. Algunas veces, las derrotas de la vida, las batallas perdidas se convierten en la fuente de gran tristeza y grandes lágrimas. En Jeremías, capítulo 9 el profeta había sido llamado por Dios a predicarle a Israel y a decirle a Israel que el juicio estaba por venir. Y el mensaje mismo de Dios, simplemente causó que el profeta irrumpiera en lágrimas.

En Jeremías 9:1 el profeta Jeremías dice, ‘Oh, que mi cabeza fueran aguas y mis ojos fueran una fuente de lágrimas para que pudiera llorar día y noche por la muerte de la hija de mi pueblo.’ Había tanta tristeza en él que no podía llorar lo suficiente para sacarlo. Él habría deseado que su cabeza entera hubiera sido una fuente de aguas, para que hubiera una liberación completa. El salmista estuvo triste por la soledad. Timoteo estuvo triste por el desánimo. Y Jeremías estaba triste por el juicio que venía de Dios, sobre el pueblo que él amaba. En Marcos capítulo 9, corrieron las lágrimas en el rostro de un padre, que trajo a su hijo poseído por un demonio, a Jesús. Usted recuerda lo que dice en Marcos 9:23-24, el hombre dijo, ‘¿Puedes hacer algo por mi hijo? Y Jesús dijo, ‘Si crees todas las cosas son posibles para el que cree.’ Inmediatamente el padre del hijo, clamó y dijo con lágrimas, ‘Señor creo. Ayuda mi incredulidad.’ Estas fueron las lágrimas de amor apasionado, compartidas desde el corazón de un padre por su hijo amado.

En Lucas capítulo 7, una mujer vino a la casa de un fariseo en donde Jesús estaba reclinado. Y ella trajo un contenedor de perfume. Usted recordará, y ella estuvo a sus pies y comenzó a lavar Sus pies con las lágrimas que salieron de sus propios ojos, y él los lavó con su cabello. Los fariseos cuestionaron porque Jesús permitía que esta mujer hiciera eso, porque ella era una pecadora conocida. Él dijo que eso era porque a ella se le había perdonado mucho, y ella amaba mucho. Y esas eran lágrimas de adoración, esas fueron lágrimas de devoción. Todos estos tipos de lágrimas, sean lágrimas de soledad o desanimo o lágrimas de amor por alguien que está a punto de ser juzgado por Dios, o lágrimas de ansiedad y preocupación, o lágrimas de un amor apasionado de un padre hacia un hijo, lágrimas de adoración, lágrimas de devoción. Todas son un regalo de Dios para liberar la tristeza del corazón.

Jesús mismo, recordará usted, lloró por la ciudad de Jerusalén. Jesús mismo derramó lágrimas cuando llegó a la tumba de Lázaro y vio el efecto agonizante de la muerte, en el pueblo que él amaba, en la gente que él amaba. Esas fueron lágrimas de compasión, lágrimas de amor. María Magdalena, recordará usted, cuando Jesús fue crucificado lloró. Esas fueron lágrimas de perdida, lágrimas por la muerte. Y nos identificamos con todas esas categorías, las lágrimas son parte de la vida humana, la tristeza es parte de la vida humana, y la tristeza es un regalo de Dios para liberar el dolor de la tristeza interna, para que no nos envenene.

Eclesiastés 3 dice, ‘Hay tiempo para todo, un tiempo para todo propósito bajo el cielo. Tiempo para nacer, tiempo para morir. Un tiempo para llorar.’ Pero también hay un tipo de tristeza impropia o ilícita. Es posible que los humanos estén tristes de una manera necia. Cuando un hombre llora porque no puede satisfacer su lujuria impura. Y así lo hizo, usted recordará Amnón, en 2da Samuel 13, lloró y se enfermó hasta que él pudo expresar su lujuria hacia su hermana Tamar. Una tristeza enferma y perversa. Acab, lo mismo. Las Escrituras dicen que él lloró porque él codició la viña de Nabot, dice en 1ro de Reyes 21:4, que él simplemente se fue a su cama y él simplemente se acostó en su cama, volvió su rostro en lloro y ni siquiera comía. Eso es lloro egoísta. Llorar por la insatisfacción de su propio deseo codicioso.

Tristeza basada en egoísmo abrumador. Esa es la tristeza deprimente, de uno que se ha convertido el centro de su mundo entero. Esto puede manifestarse en muchas maneras, lo he visto inclusive manifestarse en la pérdida de un conyugue, en donde una tristeza normal por la pérdida de un conyugue se convierte en una preocupación anormal con lo que uno está teniendo que enfrentar en esa perdida, que se convierte en una especie de paranoia. Algunas veces, la tristeza impropia es un resultado no solo de codicia, y deseo insatisfecho sino de culpabilidad. Algunas personas están tristes de una manera normal, como una especie de expiar como el pecado. Algunas veces cuando veo esto en una relación, alguien en una relación muere y la tristeza de alguien sigue y sigue y sigue y sigue de una manera anormal. Me pregunto si eso no es algún tipo de esfuerzo personal, monástico, por hacer expiación, algún acto de penitencia por la culpabilidad, por un maltrato serio de esa persona cuando todavía estaban aquí.

David es una ilustración de este tipo de tristeza anormal. Absalón, recordará usted trató de derrocar a su padre. Absalón fue un hijo impío. Él fue un hijo que trató literalmente de darle un golpe de estado a su padre para quitarle el trono. Absalón fue soberbio, Absalón fue egoísta. Absalón odiaba a su padre. Él fue egoísta con respecto a su apariencia, él estaba enamorado de su cabello, según 2do de Samuel 14. Él estaba enamorado de su cabello. Él tramó en contra de David, lo expulsó de Jerusalén, se apoderó del palacio y planeó eliminar a los amigos y fuerzas de su padre. Pero en lugar de esto, David ganó, el golpe de estado no funcionó. David ganó y Absalón, recordará usted estaba corriendo por el bosque se le atoró su cabello en un árbol y fue matado.

David les había dicho a sus soldados antes de la batalla traten gentilmente por causa de mí, al joven, inclusive Absalón. Cuando David oyó que él estaba muerto, David comenzó a llorar, a estar en duelo ‘¡Oh mi hijo Absalón, mi hijo! ¡Mi hijo, Absalón! ¡Oh, que Dios hubiera permitido que muriera por ti! ¡Oh, Absalón hijo mío, hijo mío! Por favor, lo mejor que jamás te pasó fue la muerte de Absalón. Esto es ridículo. Entiendo el sentimiento, pero la idea es bastante torpe. La nación te necesita a ti David, no Absalón. ¿Qué quieres decir, que Dios hubiera permitido que muriera? ¿quieres que Absalón sea su rey? ¿quieres a un rebelde, pecaminoso, impío, soberbio, que gobierne? ¿Qué estaba haciendo?

Creo que en parte él tenía este tipo de tristeza anormal que viene cuando un hombre sabe que él ha fracasado de manera miserable, en ser lo que debería haber sido en la vida de su hijo. Y esta es algún tipo de ‘catarsis’ intentada mediante la cual él podía expiar por la culpabilidad de los fracasos que él había experimentado como un padre. Sin duda alguna, la muerte de Absalón fue parte del pago por el pecado con Betsabé, esa relación adúltera que David tuvo. Dios le dijo que él pagaría cuádruple por su pecado. Mientras viva Jehová, el hombre que ha hecho esto ciertamente morirá, y el restaurará el cordero cuádruple. Y lo hizo, cuádruple.

El bebé de su unión murió, su hija Tamar fue violada de manera incestuosa, su hijo Amnón fue matado, Absalón fue matado. ¿Por qué esta entonces llorando por este hijo sin valor? Bueno, creo que fue una especie de expresión de la profunda culpabilidad de David. 2do de Samuel 19 nos dice, que los soldados de hecho estaban avergonzados de su victoria, porque trajo tal tristeza al rey. Los soldados estaban avergonzados porque habían derrotado a la rebelión. Joab, quien fue el general del ejército dijo, ‘Percibo que, si Absalón hubiera vivido y todos hubiéramos muerto en este día, te habría agradado.’ Él le dijo eso a David, habrías estado mucho feliz si Absalón estuviera vivo y todos nosotros estuviéramos muertos. 2do Samuel 19:6, esa es una tristeza fuera de lugar, necia, tristeza por culpabilidad, tristeza de un padre que fracasó.

Bueno, esas son algunas ilustraciones de un tipo normal de lloro, categorías en las que el lloro y la tristeza es normal, conforme liberes emoción. Y algunos que son impropios, la tristeza fuera de lugar, no natural, prolongada, de aquellos que tienen problema deshaciéndose de su culpabilidad. Ahora, algunas personas han llegado a esta bienaventuranza y han pensado que de eso está hablando. Simplemente está hablando de tristeza general. Bienaventurados son ustedes, y simplemente tienen tristeza, y cualquiera que tiene tristeza va a ser consolado. Los poetas han acampado en esa idea. Caminé una milla con el placer, ella me platicó a lo largo de todo el camino, pero ella no me dejó más sabio por todo lo que ella tuvo que decir. Caminé una milla con la tristeza y no me dijo ni una palabra, pero, ¡oh, las cosas que aprendí cuando la tristeza caminó conmigo!

Bueno, eso es bonito, me da gusto por ti. Y hay un proverbio árabe antiguo que dice, ‘Todos los rayos del sol producen un desierto, y si no recibimos algo de tristeza no podemos obtener algo de consuelo.’ Bueno, ciertamente hay algo más aquí que eso. La tristeza nos enseña, nos enriquece, en un sentimiento agradable, es mucho más agradable sentimentalizarlo que lo que es estar en él. Pero, hay mucho más aquí, que simplemente algún tipo de tristeza genérica por la que podemos disfrutar algún consuelo de algún lugar. Estamos hablando de otro tipo de tristeza aquí. Estamos hablando del tipo de tristeza, al que Pablo se estaba refiriendo en ese libro maravilloso que estamos estudiando en la actualidad, 2da de Corintios en el capítulo 7, el cual llamó tristeza que es según Dios.

2da Corintios 7:10-13 tristeza que es según Dios. Ahora, ¿qué es la tristeza según Dios o la tristeza piadosa? ¿qué este lloro, aquí? Escuche con atención. No es la tristeza del mundo. 2da Corintios 7 dice, ‘La tristeza que es según el mundo, da lugar a la muerte. La tristeza que es según Dios, según 2da Corintios 7 produce algo diferente que la muerte, produce arrepentimiento. Escuche lo que él dice en el versículo 9, ‘Ahora me regocijo’, 2da Corintios 7:9, ‘no porque fuisteis contristados, sino que fuisteis contristados al punto de arrepentimiento. Versículo 10, ‘la tristeza que es según el mundo produce muerte’. Pero esta es tristeza que es según Dios dice él, y produce arrepentimiento. Y el arrepentimiento trae bendición y consuelo. Esa es la clave.

Estamos hablando aquí, no de simple tristeza genérica en la vida sino de tristeza piadosa que está ligada al arrepentimiento. La tristeza aquí no es llorar por las circunstancias humanas, es llorar por el pecado. Realmente, está ligada a la primera afirmación en el versículo 3, ‘Bienaventurado los pobres en espíritu’, eso significa, los que están en bancarrota espiritual, que ven su vida y no pueden encontrar nada de valor, nada de dignidad, nada por lo cual pueden recomendarse a sí mismos a Dios, nada por lo cual pueden reclamar justicia o ser aceptables para Dios. Están en bancarrota, están azotados por la pobreza, se ven a sí mismos y no encuentran absolutamente nada, un reconocimiento de que no tienen nada, no son nada, no han alcanzado nada, no son nada más que mendigos que se acobardan, se encojen, se avergüenzan. Que no tienen recurso ni capacidad de ayudarse a sí mismos, están absolutamente privados en términos espirituales, y únicamente pueden rogar por gracia, rogar por misericordia.

Esas son las personas de las que él está hablando, y esas son las personas que, en esa condición, lloran por esa condición. Y es un lloro por su situación pecaminosa. Esas son las únicas personas que entran al reino, que disfrutan el consuelo del reino. La entrada al reino comienza con un sentimiento abrumador de inutilidad, de pobreza espiritual y bancarrota del alma. Y amigos, eso nunca cambia. Usted nunca supera eso. De hecho, entre más tiempo pasa y usted es cristiano, usted siente con mayor profundidad esa realidad. Como una persona que ha sido cristiana por mucho tiempo, no veo mi vida ahora y digo, ‘bueno, cuando me convertí en cristiano, hombre, realmente no tenía nada que ofrecerle al Señor, no tenía nada que presentarle, pero en los años que han pasado, ciertamente he alcanzado mucho.

No es así. En los años que han pasado no he alcanzado nada, mediante lo cual me pueda salvar a mí mismo. Y tengo un mejor entendimiento ahora de mi bancarrota espiritual, y mi incapacidad en la carne de agradar a Dios, que inclusive lo tuve cuando fui convertido. Mientras que vivamos en esta tierra, como personas del reino, tendremos un sentido abrumador de pobreza espiritual, y diremos con Pablo, ‘en mi carne, no (¿qué?), no mora nada bueno. Oh con Isaías, ‘Toda mi justicia son trapos de inmundicia’. Estuvo ahí al comienzo, y todavía está ahí. Y si no estuvo ahí en el comienzo para usted, y no está ahí ahora, entonces hay una buena razón para preguntarse si realmente usted es cristiano. Dicha pobreza de espíritu lleva a llorar por el pecado. El lloro verdadero por el pecado, sale de esta bancarrota.

Los mendigos dicen, ‘ay de mí, que soy muerto’. Vea de nuevo a David, después de su pecado con Betsabé, él no solo vio su condición tan seria de bancarrota en la que estaba, como había sido azotado por la pobreza, sino que él estaba quebrantado de corazón y él fue movido tan profundamente en su alma. Y estaba tan conmocionado por su pecado hasta las profundidades mismas, que él escribió dos salmos, Salmo 32 y Salmo 51 en los cuales él derramó su corazón penitente. Vea a Job, él tenía a todo, él era tan rico que él lavaba el piso de la puerta de su casa con mantequilla. Pero al final, después que verdaderamente vio a Dios, él dijo, ‘Me aborrezco a mí mismo. Me arrepiento en polvo y cenizas’, Job 42:6.

Ahora, la palabra ‘lloran’ es la más fuerte de esos nueve verbos griegos. Está reservada para llorar por los muertos, la causa definitiva para la tristeza humana. Ese es el lamento apasionado por la pérdida, la pérdida permanente de uno amado profundamente. En la Septuaginta, esto es la traducción griega del Antiguo Testamento, es la palabra usada de la tristeza de Jacob cuando él creyó que José su hijo estaba muerto. Usted lo encuentra en Marcos 16:10; Apocalipsis 18, es usada tres veces, versículo 11, versículo 15 y versículo 19. Tiene que ver con tristeza por la muerte, la cual es la fuente definitiva de tristeza humana, de sufrimiento humano.

Y esa es la palabra que el Señor Jesús uso aquí, cuando él inspiró a Mateo para escribir esto. Mateo escribió esta palabra que significa, tristeza por la muerte, una tristeza profunda, duradera, interna. No solo algún tipo de lloro o gemido exterior, como otras palabras lo reflejan, sino una tristeza profunda en el interior. Fue esa tristeza misma que salió del corazón de David, cuando en el Salmo 32, simplemente un par de versículos, él dice en el versículo 3, ‘Cuando guardé silencio por mi pecado, se desgastó mi cuerpo en mi gemir todo el día’. En otras palabras, él estuvo en agonía profunda hasta que confesó su pecado, su cuerpo le estaba fallando. ‘Día y noche, Tu mano estuvo pesada sobre mí, mi vitalidad fue secada como el calor del verano.’

La vitalidad literalmente, en el hebreo, son jugos de la vida, la saliva, el fluido que opera en el sistema nervioso, su sangre, todo el flujo de sus jugos vitales se vieron afectados por el hecho de que él no se arrepentía de su pecado. Y la culpabilidad consecuente, literalmente lo estaba secando y su cuerpo se estaba desgastando hasta que, versículo 5, ‘Reconocí mi pecado a Ti, mi iniquidad no escondí. Dije, confesaré mi transgresión al Señor, y Tú me perdonaste la culpabilidad de mi pecado.’ David tuvo que liberar esa tristeza profunda por su pecado, y cuando él lo hizo, él disfrutó la libertad del perdón, que viene de Dios.

En el salmo 51, usted tiene exactamente lo mismo, dice, ‘Conforme a la grandeza de tu compasión borra mi transgresión, lávame de mi iniquidad, límpiame de mi pecado, porque conozco mi transgresión y mi pecado está siempre delante de ti. Contra ti, contra ti solo he pecado, y he hecho lo malo a tus ojos. En otras palabras, él no podía deshacerse de él, estaba siempre delante de él. Él no podía sacarse esto de su mente, estaba en su mente consciente todo el tiempo, y causándole una tristeza tan profunda, hasta que lo descargó en la confesión, el arrepentimiento que es expresado ahí. Y David entonces dijo, ‘Bienaventurado es el hombre cuya transgresión es perdonada, cuyo pecado es cubierto. Bienaventurado el hombre a quien Jehová no le imputa iniquidad.’

Feliz es el hombre que confiesa su pecado, feliz es el hombre que se arrepiente. Ese es el consuelo del que está hablando, es el consuelo, escuche, que viene en el perdón. Cuando el pecador llega al punto de reconocer bancarrota espiritual, cuando el pecador llega al lugar de la tristeza, tristeza profunda por el pecado, y viene delante de Dios en penitencia y pide misericordia y gracia, él recibe el consuelo del perdón, el consuelo del perdón. En la vida hay lágrimas de soledad, en la vida hay lágrimas de rechazo y frustración e insatisfacción y derrota, pero nada rompe el corazón como el pecado.

El corazón de David, literalmente, estaba quebrantado. Y Jesús dice, ‘Ahí es a donde necesitamos venir, al lugar en donde lloramos por nuestro pecado. Algunas veces la gente viene, oye el evangelio, hace una profesión de fe y después desaparece. Y la gente me pregunta, ¿qué piensas que fue la causa de eso? Inevitablemente si estoy respondiendo como a mí me gustaría responder, la respuesta es, ‘Bueno, aparentemente, no hubo una tristeza verdadera por su pecado.’ Cualquier cosa que queda corta de eso, puede hacer que la experiencia sea superficial y ningún fruto sale de ese suelo superficial.’ Felices son los tristes que están tristes por su pecado.

Existe entonces, una especie de tristeza continua en la vida cristiana, ¿no es cierto? Y entre más tiempo ha sido usted cristiano, más triste usted está por su pecado. Y lo que lo hace estar más triste de lo que solía estar usted, es que usted sigue asumiendo que usted debe crecer y salir de esto. Hay un lugar en la vida para la diversión y a un lugar para el gozo, y el Señor quiere que nos regocijemos, todo eso. Pero siempre existe esa realidad molesta en la vida de un cristiano verdadero, esa tristeza que se siente profundamente por el pecado, hasta que uno se arrepiente de él.

Santiago, en palabras muy directas dice, ‘Acercaos a Dios’, Santiago 4:8, ‘que Él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, pecadores, y purificad vuestros corazones, vosotros los de doble ánimo. Sed miserables y llorad, vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. Guau, es momento de dejar de reírse, es momento de apagar la frivolidad y la necedad y la torpeza del mundo, y mirar seriamente. Hay cierto quebrantamiento continuo en la vida de un cristiano. Ezequiel lo dijo en Ezequiel 21:9-10, ‘Una espada está afilada y también está sacada de la funda’. Debemos entonces (hacer mirrático?). ¿Entiende usted la seriedad de los tiempos? Dios ha sacado su espada y está a punto de venir en contra de Judá en juicio. ¿Es este un tiempo para reírse? ¿Entendemos la naturaleza de las cosas? ¿Entendemos el juicio inevitable de Dios sobre nuestra propia sociedad? ¿Entendemos la instrucción?

Isaías 22:12, ‘Por tanto en aquel día, Jehová el Dios de los Ejércitos, os ha llamado a llorar, a rasurarse la cabeza, a usar cilicio. En lugar de eso hay gusto, matanza de rebaños y matanza de ovejas y comer alimento y beber vino. Comamos y bebamos, porque mañana moriremos. Pero Jehová de los Ejércitos se reveló a Sí mismo a mí. Ciertamente esta iniquidad no será perdonada hasta que muráis, dijo Dios Jehová de los Ejércitos.’ Dios dice, ‘no voy a perdonarlos por ser frívolos en un tiempo de juicio. Hay gente, según Proverbios 2:14, que se deleita en la perversidad de la maldad. De acuerdo con 2da Tesalonicenses 2:12, hay aquellos que se regocijan en la iniquidad y me temo que inclusive en la iglesia en la actualidad, y entre muchas personas cristianas hay un entendimiento defectuoso de pecado y una frivolidad y trivialidad que no es coherente con la Palabra de Dios. Podemos ser muy afectados por el mundo que nos rodea.

Estamos hablando aquí, del tipo de tristeza que viene en primer lugar por nuestro pecado. Este es el camino a la bienaventuranza. Es como usted entra al reino, y así es como usted mantiene la felicidad en el reino. Permítame decirle esto, es tan simple. Cuando usted ya no llora por su pecado, usted ya no se arrepiente. Cuando usted ya no se arrepiente, usted ya no confiesa. Y cuando usted no confiesa, usted va a levantar barreras entre usted y Dios, y usted va a perder su bendición, ¿verdad? Usted quiere ser feliz, arrepiéntase de la tristeza a la felicidad verdadera, es llorar por el pecado, eso lava el alma, y eso suelta la bienaventuranza.

Ahora, cuando usted enfrenta su bancarrota espiritual, usted podría responder en varias maneras. Los fariseos la negaban y levantaban una fachada falsa y vivían una vida de engaño. Algunas personas hacen eso, oímos testimonios acerca de eso todo el tiempo. Simplemente vienen a la iglesia y siguen a la multitud, y hacen lo que todo mundo espera que hagan para buscar la aprobación de los padres, la afirmación de sus amigos. Viven una vida de engaño. Eso es lo que los fariseos hacían. Oh, cuando usted llega a reconocer su bancarrota espiritual y la realidad del pecado usted puede admitirla. Y simplemente tomar decisiones para tratar de arreglar su vida. En cierta manera usted endurece su espalda y aprieta sus dientes si se arregla a sí mismo. Oh, estoy seguro de que hubo personas así durante, probablemente el tiempo de Jesús, que oyeron su enseñanza y pensaron, ‘¿sabes una cosa? tengo que ir a casa y arreglarme a mí mismo’.

Oh usted puede ser como Judas. Usted puede ver el pecado en su vida, y llegar a tal desesperanza por su pecado, que su desesperanza lo lleva al suicidio. Esa es la tristeza del mundo que lleva a la muerte. Pero la respuesta correcta no es admitirlo y cubrirlo, no es admitirlo y tratar de cambiarse a sí mismo. No admitirlo y llegar a la desesperanza al punto en el que usted muere, sino admitirlo y venir a Dios, por la gracia y misericordia que él promete dar. El hijo pródigo en Lucas 15, él lo hizo bien, ¿verdad? Él salió ahí, gastó todo lo que tenía, desperdició toda su oportunidad espiritual, terminó trabajando como alguien que alimentaba cerdos, y debido a que él no tenía alimentos, comía lo que los cerdos comían.

Y ahí estaba él, el hijo de un padre prominente y rico, comiendo alimentos para cerdos. Habiendo vivido una vida de disipación, de iniquidad, pero él hizo lo correcto. Él lo admitió, él fue a casa, le dijo a su padre, ‘he pecado contra ti, y ni siquiera soy digno de ser llamado tu hijo.’ Él regresó en bancarrota de espíritu, él regresó en pobreza espiritual, él regresó penitente. El padre lo abrazó, lo recibió, y lo bendijo. No estamos hablando de revolcarse en compasión personal. No hay lugar para eso. Eso es egoísta, egocéntrico. La gente se revuelca en compasión de sí mismos, porque quieren atención de otras personas, porque quieren que todo mundo se enfoque en ellos. No estamos hablando de eso, estamos hablando de tristeza piadosa, en donde usted ve su pecado, usted enfrenta su pecado, usted le entrega su pecado al Señor, usted le pide que le dé la fortaleza de dejarlo, y usted recibe el perdón completo y gozo que Dios en su gracia da.

Salmos 51:17, David lo dijo en ese salmo mismo, ‘El corazón contrito y humillado no despreciarás, oh Dios’. Dios nunca rechaza a la persona que viene así. Así es como usted entra al reino, cuando usted está listo para llorar por su pecado, y buscar a Dios y recibir el perdón que le ofrece. Y después usted vive su vida cristiana de esa manera. Pablo está llorando en Romanos 7. Ya me refería Romanos 7, pero usted podría verlo por tan solo un momento. A lo largo de Romanos 7, Pablo está llorando. Versículo 14, ‘Sabemos que la ley es espiritual, pero yo soy de la carne, vendido en esclavitud al pecado, porque lo que hago no lo entiendo, y no estoy practicando lo que me gustaría hacer. Hago lo que aborrezco.’ Versículo 18, ‘Porque yo sé que en mí no mora nada bueno. Esto es en mi carne.’ Versículo 19, ‘El bien que quiero hacer no lo hago. Practico la maldad misma que no quiero.’ Él sigue diciendo esas cosas hasta el versículo 24, ‘Miserable de mí’. Esa es una forma de lloro. Soy miserable, dice él. Ahora, esta no es una fase momentánea en la vida de Pablo, este es un estilo de vida. El estaba cansado por esta batalla incesante.

Esa es la razón por la que en el capítulo 8 de Romanos, versículo 23, él dijo que él está esperando la adopción, la redención de su cuerpo. Él estaba cansado de la batalla. Para nosotros, esto realmente se convierte en un estilo de vida. Usted viene al reino llorando por su pecado, y para el resto del tiempo usted está llorando. En 2da Corintios 5:2 él dice, ‘En esta casa gemimos, gemimos’. Si usted no está llorando por su pecado, si usted no está dejando continuamente su pecado, hay razón para preguntar si usted es realmente un ciudadano del reino. Usted podría estar engañado. El verbo aquí es ‘pentheo’. Comentamos de eso esta mañana. Fue usado también por Pablo en 2da Corintios 12, caracteriza la tristeza profunda. La tristeza profunda interna que aquí está en el tiempo presente continuo.

Y creo que, si usted es un creyente verdadero, usted entiende el cansancio de esa tristeza. Creo que más que cualquier otra cosa, eso es lo que hace que el cielo sea tan atractivo para mí. Me canso por la tristeza interna, por los fracasos constantes. Lutero en sus 95 tesis, las cuales en muchas maneras dieron lugar a la Reforma, dijo que nuestra vida entera es un arrepentimiento continuo y contrición. Y él tuvo razón, y podemos hacer eco de las palabras de David, en el Salmo 38, versículo 4 quien dijo, ‘Mis iniquidades han sobrepasado mi cabeza, son una carga demasiado pesada de llevar para mí. Simplemente, no lo puedo tolerar, es demasiado’.

Inclusive Jesús teniendo que enfrentar con todo este pecado que le rodeaba, aunque él mismo fue sin pecado, fue llamado varón de dolores, experimentado en quebrantos. Y no hay registro en ningún lugar en el Nuevo Testamento de que Jesús se rio. Él estuvo enojado, tuvo hambre, tuvo sed, pero en ningún lugar dice jamás que él se rio. Pero él lloró. Y debió haber sido una tristeza más bien constante en su caso. Los judíos le dijeron en Juan 8:57, ‘Todavía no tienes cincuenta años de edad, y ¿has visto a Abraham? ¿Por qué dirían eso? Él era joven en ese momento, él estaba en sus treintas. ¿Por qué dijeron, todavía no tienes cincuenta? Bueno quizás su tristeza hizo que envejeciera.

¿Cuál es el resultado de este tipo de tristeza, este tipo de lloro? Esa es la segunda pregunta, ¿qué produce? Bueno, regresemos a nuestro texto y veámoslo. Jesús dijo, ‘Si lloras de esta manera, recibirás consolación.’ Los que lloran no están felices porque lloran. Están felices porque su lloro es consolado. No hay felicidad en la tristeza del mundo, siga esto con atención, lloran, lloran, lloran, lloran, pero nunca hay consuelo real, porque el consuelo del que estamos hablando aquí amados, es perdón. Perdón. Eso es lo más consolador para mí, ¿no lo es para usted? Salir de la presencia del Señor, habiendo confesado su pecado y saber que hay perdón completo y total.

Podría añadir para su instrucción en el versículo 4, que el texto griego dice así, ‘Bienaventurados son aquellos que lloran, porque únicamente ellos, o únicamente, solo ellos serán consolados.’ El uso enfático, aquí, del pronombre, para enfatizar que son los únicos que serán consolados, solo aquellos que lloran por el pecado, conocen el perdón verdadero. Y le voy a decir que la realidad más consoladora, de todas las realidades, es que todos sus pecados son perdonados en Cristo, ¿verdad? Y que no hay nada entre usted y Dios, y usted tiene la libertad de disfrutar la totalidad de su bendición. No hay consuelo en el mundo. No hay alguien que seque sus lágrimas porque no son lágrimas de penitencia. Pero nosotros, los que lloramos con lágrimas de penitencia, somos consolados por el perdón.

¿Qué significa la palabra consolación? Parakaleo, significa ser consolado. En términos técnicos significa venir al lado de alguien para ayudar. Para, al lado de, alguien viene al lado. Kaleo, llamado al lado para ayudar. Dios es llamado para venir a nuestro lado en nuestro lloro, y él nos ayuda. Él nos amonesta, y nos consuela, y muestra empatía y nos alienta y nos fortalece y nos restaura como una parte del perdón. Conforme nuestro lloro llega a él, su perdón sin paralelos fluye a nosotros, y ahí nos es concedido su cuidado y consuelo y fortaleza.

Esto no solo está hablando de algún acontecimiento futuro, no solo el reino mesiánico, como algunos han sugerido. De lo contrario, toda persona no será consolada sino hasta ese entonces. Algunas personas han tratado de colocar este sermón del monte en el reino milenario, lo cual nos deja, todos nosotros sin consuelo hasta que lleguemos ahí. Y la mayoría de nosotros, claro, cuando lleguemos ahí, estaremos en nuestro estado glorificado y no estaremos llorando por nada. Esa es una manera necia de interpretar esto. Dios es un Dios de consuelo ahora, 2da Corintios capítulo 1. Dios es llamado el Dios de toda consolación. Él es un Dios de consuelo ahora, y él provee consuelo ahora, a toda persona que llora en penitencia por el pecado, y clama por la provisión del perdón que Dios ha provisto en Jesucristo.

Algún día, Apocalipsis 21:4, cuando lleguemos al cielo, Él va a quitar toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ya no habrá lloro, ni duelo, ni dolor, porque las primeras cosas pasaron. Existe esa experiencia final, cuando todas las lágrimas sean quitadas, pero hasta entonces, inclusive ahora, Dios provee para nosotros consuelo continuo. Piense en Mateo 11:28-29, a la luz de esta misma idea. ‘Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os daré descanso. Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí porque soy manso y humilde de corazón. Y hallareis descanso para vuestras almas porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.’ El Señor aligera la carga al perdonarnos, quitando la mano de disciplina y colocándonos la mano de bendición.

Ahora, eso nos deja con un par de preguntas para cerrar. ¿Cómo me puedo volver alguien que llora? Si el lloro es el camino a ese perdón paternal, momento a momento continuo, el cual es el camino a la felicidad y la bendición. ¿Cómo puedo ser ese tipo de persona? Bueno, hay varias claves obvias y simples. Número 1, elimine los estorbos, elimine los estorbos. ¿Y cuáles son los estorbos para este tipo de lloro? Muy simples. Dureza de corazón, resistir al Espíritu Santo, un corazón de piedra. En la Biblia habla de todo eso. El escritor de Hebreos dice en Hebreos 3:7y8, ‘No endurezcáis vuestros corazones, un corazón de piedra no puede llorar, esta carente de toda gracia. La palabra no lo puede romper, simplemente atesora ira para el día de la ira. No deje que usted se vuelva alguien duro de corazón.

Ahora, ¿Qué causa la dureza de corazón? Le voy a dar varias sugerencias. Uno, amor por el pecado. Nada congela el corazón y lo hace más duro que el amor por el pecado. Esto es lo que hace que el corazón sea de piedra, el amor por la iniquidad. La segunda cosa que hace que el corazón se vuelva de piedra es, desesperanza. ¿Por qué digo eso? porque hay algunas personas que simplemente dicen, ‘Bueno, estoy más allá de la ayuda. Bueno, es demasiado malo. La vida es demasiado injusta. Literalmente subestiman el poder de Dios y minimizan el sacrificio de Jesucristo en la cruz.

Jeremías 18:12 dice, ‘Dijeron no hay esperanza, y caminaremos según nuestros deseos, y todos haremos la imaginación de su corazón malo’. Debido a que no hay esperanza no hay manera de salir, entonces, más que vale hagamos lo que queramos hacer, ese es el lenguaje de la desesperanza. La desesperanza esconde la misericordia detrás de una nube oscura. El Señor muestra gracia, pero la desesperanza no cree eso. Y la justicia es mejor que el pecado, pero el amor de la iniquidad no cree eso. Otra cosa que hace que el corazón se endurezca es el engaño o la arrogancia. Esto dice, ‘Bueno, realmente no estoy tan mal. Entonces no necesito ser penitente. Esto no es algo pequeño, Génesis 19:20. Doctor necio, un doctor necio que trata a una enfermedad mortal como si fuera un resfriado. Y así también el pecador que en engaño no quiere ver lo horrendo de su pecado, es un necio. Si costó la muerte de Jesucristo es serio.

Otra cosa que contribuye a un corazón de piedra es la presunción. La presunción es la idea de que soy lo suficientemente bueno. Y algún tipo de migaja aventado a Dios, alguna expresión de fe bajo la categoría de gracia barata, ciertamente es suficiente para mí. Soy un buen marido, soy un buen padre, soy una persona moral, etc., etc. Soy una persona religiosa y creo en Dios y eso debe ser suficiente, no necesito exagerar. No necesito escuchar al profeta Isaías que dijo, ‘Deje el impío su camino, y vuélvase a Jehová y el tendrá misericordia de él. y Él perdonará de manera abundante.’ No necesito ir tan lejos.

Otra cosa que contribuye a un corazón de piedra es, dejar para mañana lo que puedes hacer hoy. Hebreos 3, ‘Hoy, si oyes Su voz, no endurezcáis vuestros corazones’. Algunas personas simplemente lo empujan y lo empujan y lo empujan, y el corazón se endurece, y endurece y endurece, y endurece. La necedad de posponer el lloro por el pecado, para un tiempo conveniente que nunca se aparece. Entre más pronto el pecado es enfrentado más pronto el consuelo viene, y con él la felicidad. No sea un necio.

Otra cosa que contribuye a un corazón de piedra es la superficialidad. Algunas personas simplemente nunca quieren pensar con profundidad acerca de nada, mucho menos su pecado. Son pensadores superficiales, trivializan la vida en todo punto, todo es una fuente de risa para ellos. En Amós 6:5-6 habla de personas que improvisan al sonido del arpa y como David, componen canciones para sí mismos, y beben vino de contenedores sacrificiales, ungiéndose a sí mismos con lo mejor de los aceites. Y sin embargo no han llorado. Eso es típico del mundo. Digo, están en una fiesta, ¿Quién va a llorar en medio de una fiesta? Esa es la razón por la que Santiago 4:9 dice, ‘Vuestra risa se convierta en lloro.’

Entonces, el primer gran estorbo es un corazón duro. Y los corazones duros son el resultado del amor al pecado, de la desesperanza, engaño, presunción, posponer, superficialidad. Una manera de ver más allá de eso, una manera de realizar un pequeño inventario es ver la cruz de Cristo. Si eso no puede quebrantar su corazón, no sé qué puede hacerlo.

Hace años atrás comencé a leer la poesía de Cristina Rosetti quien murió en 1894. Esta mujer escribió poesía profunda. Aquí está uno de mis favoritos, su título es, ‘Viernes Santo’. Ella hizo la pregunta, ‘¿Soy una piedra y no una oveja, que pueda estar de pie o Cristo, debajo de tu cruz, para contar gota a gota tu sangre lentamente, y sin embargo, no llorar? No lo hicieron así esas mujeres que te amaban con tristeza excesiva, te lamentaron a ti. No el Pedro caído, quien lloró amargamente, y tampoco el ladrón fue movido, tampoco el sol y la luna, que escondieron sus rostros en un cielo sin estrellas. Un horror de gran oscuridad a plena luz de mediodía. Yo, solo yo. Sin embargo, busca a tu oveja, verdadero pastor del rebaño, más grande que Moisés. Voltea y mira una vez más, y rompe esta roca.’ Ella tuvo razón, ver la cruz es un buen lugar para que su corazón sea roto. Quite los estorbos.

En segundo lugar, estudie la penitencia de las Escrituras. Creo que no hay nada mejor, y he tratado de hacer eso con usted en esta noche. Entender la penitencia, que ver a los penitentes en las Escrituras. David, Isaías, Jeremías, Pedro, Pablo, Job, etc., Ezequiel, escúchelos conforme dicen con David, mi pecado está siempre delante de mí. Entienda lo que ellos entendieron acerca del poder del pecado, que el pecado pisa la ley de Dios, que el pecado mata su amor, que el pecado entristece a su espíritu, que el pecado menosprecia su bendición, que el pecado nos afecta drásticamente, nos hace impuros, nos roba de gozo y recompensa, hecha a perder nuestra gloria, nos deja viles e inútiles. Y aunque hechos a imagen de Dios, los hombres sin Dios se vuelven como bestias que perecen, según el Salmo 49:20. Y elimine los estorbos y estudie la penitencia en las Escrituras.

En tercer lugar, ore por un corazón contrito. Creo que usted tiene que pedirle al Señor que quebrante su corazón duro. Si usted no es cristiano, ahí es donde usted tiene que comenzar. Señor, quebranta mi corazón, enséñame a como llorar por mi pecado. Muéstrame la bendición verdadera, la felicidad verdadera que viene mediante el consuelo que viene, porque tu perdonas el pecado por el que yo lloro. Bueno, usted puede hacer una pregunta final y terminaremos. ¿Cómo se si lloro? Muy simple. ¿Es usted sensible al pecado? O ¿usted encuentra placer en él? ¿Le entristece a usted? ¿Llora usted por los pecados de otros? ¿Llora usted por los pecados que usted ve en la gente que usted conoce, en la gente que usted no conoce? ¿Llora por el pecado que inunda al mundo? ¿Llora, primordialmente por su propio pecado? Y ¿su arrepentimiento es real? O ¿es usted como Saúl, el farsante que dijo, ‘He pecado’, pero no tuvo vergüenza? Porque él inmediatamente dijo, ‘hónrame ante los ancianos’, a Samuel.

¿Llora por el hecho de que el mundo del Padre ha sido contaminado por el pecado? ¿Llora por el hecho de que la iglesia de Cristo está contaminada por el pecado? Y sobre cualquier otra cosa, ¿llora por el hecho de que su propia vida está contaminada por él? Usted sabe que usted es alguien que llora por el pecado, si usted de manera genuina en su corazón está entristecido por su pecado y anhela volverse de él y buscar el perdón de Dios y la bendición que Él trae. En segundo lugar, usted puede saber que usted llora por el pecado si usted es consolado. ¿Conoce usted el gozo del perdón? ¿Tiene usted un corazón feliz a pesar de su lloro? ¿Está usted en esa especie de ambivalencia espiritual constante, en donde esta triste por su pecado y feliz por su perdón? Por un lado está contrito y quebrantado delante del Señor, y por otro lado está disfrutando la gracia ilimitada y misericordia que se le ha concedido a usted. ¿Está usted constantemente  entre la tristeza y el gozo que debe manifestarse en la humildad verdadera?

Bueno, al final creo que podemos resumirlo al decir, felices son los tristes, si su tristeza es el tipo correcto de tristeza. ¿Quién entra al reino? Aquellos que están en bancarrota espiritual y aquellos que lloran por su pecado. Y una vez que entran al reino, no cambia. Todos los creyentes continúan reconociendo su situación como una de bancarrota espiritual, y continuaran llorando por el pecado que hace que ellos pierdan el consuelo que produce la felicidad verdadera. Si ese no es usted, entonces usted no está en el reino. Pero Dios lo invita a usted a ser alguien que llora y que venga con un espíritu quebrantado, reconociendo que usted no trae nada. Sino, buscando la misericordia y gracia de Dios provista mediante el sacrificio de Jesucristo, quien pagó la paga por sus pecados. Tome el regalo, llorando por su pecado y disfrute de la felicidad que Dios provee. Esa es la invitación de Jesús, así es como él comenzó su ministerio de predicación, ofreciendo felicidad verdadera y duradera. Me regocijo, porque en su gracia, él consideró apto incluirme a mí. ¿Usted también? Amén.

Padre, gracias por nuestro tiempo en esta noche. Ha sido un gran día y una gran noche. Esta es una verdad tan rica, tan contundente. Ayúdanos a entenderla, a regocijarnos en ella. Gracias de nuevo por tu Palabra, séllala en nuestros corazones. Manifiéstala conforme vivimos nuestras vidas para tu gloria. En el nombre de Cristo. Amén.

 

 

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