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En esta noche conforme continuamos en nuestro estudio de las bienaventuranzas, regresamos a Mateo capítulo 5, en esta porción maravillosamente rica de las Escrituras, y aunque estas son afirmaciones muy cortas y versículos muy cortos, me hallo con la dificultad de cubrir en un solo mensaje todo lo que viene a la mente, conforme las consideramos. En Mateo capítulo 5 Jesús predica un gran sermón y llega hasta el fin del capítulo 7, es un sermón más bien largo. Mateo recordará usted, presenta a Jesús como Rey, y en este sermón encontramos el manifiesto del rey, o los principios de su reino.

El meollo es que Jesús le ofreció a la gente un reino de felicidad. La palabra bienaventurados básicamente significa feliz, satisfecho. Él está ofreciendo bendición, él está ofreciendo felicidad real, pero la estaba ofreciendo en términos muy diferentes de lo que los judíos podrían haber esperado. Cada una de las bienaventuranzas expresa condiciones y/o características que le pertenecen a aquellos que entran a Su reino. Cristo, como usted recordará vino como Rey. Mateo señala eso. Su reino es un reino espiritual, él gobierna sobre los corazones y vidas de aquellos que creen en Él.

Este reino tiene ciertas características, y las características están bosquejadas en las bienaventuradas. Este reino está constituido por personas que son pobres en espíritu, que lloran, que son gentiles o mansas, que tienen hambre y sed de justicia, que son misericordiosas, puras de corazón, pacificadores y que han sido perseguidas, insultadas, y en contra de quien todo tipo de maldad ha sido hablado falsamente. Esas son las cosas que caracterizan a aquellos que están en el reino del Señor. Pero a pesar de todo eso, lo cual parece todo menos una lista de felicidad, digo, pobres en espíritu, llorar, manso, hambriento, sediento, inclusive sufriendo.

A pesar de eso, señalamos que eso apunta a que cada bienaventuranza es la palabra bendito, feliz. En su reino hay felicidad verdadera, satisfacción verdadera. La gente del reino está feliz y están felices porque están caracterizadas por estas condiciones. Ahora, llegamos en esta noche al versículo 6, la cuarta en esta lista de las bienaventuranzas. Bienaventuradas refiriéndose a afirmaciones de bendición. El versículo 6 dice, ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.’ O ellos serán satisfechos. Esta bienaventuranza habla de un deseo fuerte, habla de una pasión consumidora, de una ambición consumidora. Aquellos que están teniendo hambre y sed de justicia. El hambre y la sed aquí nos comunican algo de una necesidad profundamente sentida. Ese es exactamente el punto que nuestro Señor nos está presentando.

La gente que entra a Su reino, y la gente que vive en Su reino, están caracterizadas por cierto tipo de hambre y sed. Tienen un deseo fuerte. Son motivados por una ambición apasionada. Están en una búsqueda muy intensa. Esto no es raro para la humanidad, el ser intenso, el ser apasionado, el estar buscando. De hecho, la mayoría de la gente pasa su vida entera buscando la cosa equivocada. Muchas personas, claro, tienen ambiciones pervertidas, pero, inclusive aquellas que tienen ambiciones por las que a un nivel humano podría ser nobles, se hayan a sí mismas al final de su vida, o habiendo nunca alcanzado lo que buscaron o habiéndolo alcanzado y descubrieron que no era todo lo que parecía ser.  

Es fácil pasar su vida entera buscando lo equivocado. Hay muchas ilustraciones en la Biblia de aquellos que buscaron la cosa equivocada. Pienso en primer lugar en Lucifer, por ejemplo, quien ya era la creación más gloriosa de Dios, quien ya era el ángel supremo entre los ángeles. Sin embargo, él fue motivado por una ambición apasionada, un deseo fuerte, una búsqueda consumidora. Él tenía una devoción determinada de ser como Dios, según Isaías 14:13-14, él dijo, ‘Seré como Dios’. Tenía hambre de poder, él tenía hambre de una gloria mayor. Y Dios reaccionó, recordará usted, al expulsarlo del cielo. De hecho, dice, en Isaías 14 y 15, Dios dice, ‘Serás derribado’.

Otro que fue muy ambicioso, quien buscó con una pasión las metas de la vida, que él mismo había determinado, fue Nabucodonosor, el gran rey de Babilonia. El más grande de los imperios del mundo antiguo, como es indicado por Daniel. Realmente, el imperio más glorioso en la historia humana. Él tuvo un deseo fuerte por tener gloria, él quería toda la gloria para él mismo. Esa claro, es la razón por la que quería que todo mundo se postrara y lo adorara, y no le orara a ningún otro Dios. Y claro, todo eso terminó haciendo que los amigos de Daniel fueran arrojados en un horno de fuego, cuando desobedecieron el deseo del rey.

Pero en Daniel 4 y el versículo 30, el rey reflexionó y dijo, ‘No esta Babilonia, la grande, la cual yo mismo he construido como una residencia real, por el poder de mi fuerza, y para la gloria de mi majestad. Aquí estaba un individuo que tenía hambre de gloria, que tenía hambre de alabanza. Y claro, Dios reaccionó a él como usted recordará, al expulsarlo del palacio, al campo, en donde él vivió como un animal durante siete años. En esa situación su cabello creció, dice, como plumas de águila, y sus uñas como garra de ave. Él perdió su mente, él fue privado de sus sentidos y se volvió un loco durante los siguientes siete años, cuando Dios lo castigó por su ambición pervertida.

Recuerdo en el Nuevo Testamento alguien más que tuvo una gran búsqueda en mente. Jesús cuenta la historia, de uno quien generalmente es llamado ‘el rico insensato’. La historia está en Lucas capítulo 12, y merece por lo menos un comentario. Lucas 12:17, Lucas 12:17 este cierto hombre rico, quien era muy productivo. Él comenzó a razonar consigo mismo diciendo, ‘¿qué haré, debido a que no tengo lugar para almacenar mis cultivos?’ El pensamiento de dárselas a alguien más nunca entró en su mente. Él dijo, ‘Esto es lo que haré. Derribaré mis graneros y construiré unos más grandes, y ahí almacenaré todos mis granos y mis bienes.’ La idea era, voy a consumirlo en mí mismo y nadie más. Y únicamente voy a construir graneros más grandes para contenerlo. Y diré a mi alma, ‘Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años. Come, bebe, regocíjate, y descansa.’

Aquí está un hombre que estaba buscando las posesiones, que estaba buscando el placer. Él nunca tuvo lo suficiente, él simplemente quería más, y más, y más. Y Jesús básicamente lo condenó en el versículo 20, diciendo que él era un insensato. Dios le dijo, ‘Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma, y lo que tú has guardado, ¿de quién será? Así es el hombre que hace tesoro para sí mismo y no es rico para con Dios.’ Pero así es en el mundo, así es la vida en el mundo, la gente en el mundo busca la fama y la fortuna y la gloria y las posesiones. Méritos que les va a traer cierta cantidad de poder, o cierta cantidad de alabanza, o cierta cantidad de comodidad, o cierta cantidad de placer.

Y algunas veces, debido a todas estas ambiciones equivocadas, la ambición en sí misma de alguna manera es menospreciada, pero la ambición es una cosa maravillosa, si la ambición es dirigida en el camino correcto. De hecho, eso es precisamente de lo que este pasaje está hablando. El apóstol Pablo, recuerda, le dijo a los corintios que él tenía una ambición, y su ambición era, ser agradable a Dios. No hay nada de malo con ser motivado con una pasión. No hay nada de malo con buscar una meta, y esa es la implicación aquí en Mateo capítulo 5, que la gente que entra al reino, y la gente que vive en el reino, es gente apasionada. Están muy conscientes de lo que no tienen y cuan desesperadamente lo quieren. Y eso es retratado en el lenguaje de tener hambre y sed.

La gente en el reino tiene una pasión por algo, tienen un deseo fuerte. Están buscándolo de manera ambiciosa, no es una cosa material, no es gloria mundana, u honra, o posesiones, es justicia. Y la justicia es para el ciudadano del reino, lo que el alimento y el agua es para la persona natural. Esa es la razón por la que el paralelo es tan bueno. El agua y el alimento son necesidades, no lujos. Y así lo es la justicia. La gente, usted y yo sabemos que no puede vivir sin alimento, y no puede vivir sin agua. Es imposible vivir sin ello. Así también, es imposible vivir en el reino de Dios sin justicia. Nuestra vida física depende del agua y el alimento, nuestra vida espiritual depende de la justicia.

Por cierto, la gente en los tiempos bíblicos conoció mucho más de hambre y sed de lo que nosotros lo conocemos, es raro que nosotros lleguemos a tener hambre y sed. Tenemos un acceso rápido a comida instantánea y bebida en cualquier momento. Pero la gente en el mundo antiguo no tuvo esa ventaja maravillosa, y el hambre era muy común, y así también la sequía. Recordará que fue un hambre lo que llevó a los hermanos de José a Egipto, como es registrado en el libro de Génesis. Y desde esa primera hambre registrada, el hombre ha enfrentado hambre a lo largo de los siglos, y en el medio oriente ha sido algo así como una experiencia común. Hambre y sed, hambre, sequía. Hambre, por ejemplo, un hambre llegó a Roma en el año 436 BC y causó literalmente que decenas de miles de personas, se arrojaran a sí mismas al río Tíber, y terminaran con sus vidas porque no podían enfrentar el hecho de que no tenían alimento.

El hambre azotó a Inglaterra en el año 1005. Y toda Europa sufrió en el 879, 1016, y 1162, toda Europa de un hambre. Inclusive en siglo XIX con sus grandes avances y tecnologías, el hambre ha azotado muchos países y conocemos eso, países como Rusia, China, India, inclusive Irlanda hace unos años atrás, y muchos murieron. Hoy día todavía es verdad, aunque parece haber sido reducido en algunos años recientes, hay mucha hambre en la India. Miles mueren de malnutrición y sus enfermedades que la acompañan. Y cientos más perecen en Latinoamérica y en lugares oscuros en países del tercer mundo, alrededor del mundo. El hambre siempre ha sido un vecino cercano para la raza humana, y esta hambre física del hombre que se convierte en una cosa tan desesperada, únicamente es una especie de símbolo pequeño del hambre más profunda y más seria del corazón, que es identificada aquí. El hambre que es un hambre espiritual.

Los paralelos deben ser trazados para que usted entienda esto. Cuando decimos que alguien tiene hambre y sed, probablemente nos referimos a que no comieron más que quince minutos más tarde, o se perdieron la comida por media hora. Pero, cuando la Biblia habla de hambre y sed está hablando de una demanda por aquello que no hay una solución inmediata. Está hablando de cierto nivel de desesperación. Y la gente que entra al reino de Dios entra porque tiene una desesperación. La persona no salva, cuyo corazón es movido, que oye y entiende el mensaje del evangelio, ha sido despertado en él por la obra del Espíritu de Dios, un hambre inmensa hacia la justicia, que nada más puede satisfacer. En el corazón del incrédulo hay un hambre de pecar, pero Dios en su gran poder alcanza ese corazón en el punto de la convicción y quita esa hambre de pecar y la reemplaza por un hambre de justicia. Y la persona deja de buscar aquello que no es pan, y busca el verdadero pan de vida.

O como Jeremías lo dice de manera muy vivida en Jeremías 2:13, ‘Me han dejado las fuentes de aguas vivas, y han cavado para sí mismos cisternas, cisternas rotas que no pueden contener agua.’ Tienen sed, muy bien, pero le dan la espalda al agua verdadera. Tienen hambre, pero la dan la espalda al pan verdadero. Pero vivimos en un mundo de gente que tiene hambre y sed, gente motivada, que está buscando, gente que está buscando algo, y están corriendo como si estuvieran muriéndose de hambre, corriendo como si estuvieran pereciendo, con sed, buscando lo que piensan que va a satisfacerlos y no es así. Pero la gente en el reino también es ambiciosa, están motivadas, son apasionadas, pero es por justicia.

Pienso en el hijo pródigo, el hijo pródigo, Lucas 15. Él tuvo muchas pasiones, en esa pequeña historia usted las ve de manera repetida. En primer lugar, él tuvo un deseo consumidor por el dinero, por el tesoro terrenal. Él tuvo un deseo consumidor por aquello que podía comprar a manera de posesiones y placer. Él tuvo una pasión por la iniquidad, y debido a su hambre de pecar, y su hambre de placer, y su hambre de posesiones y su hambre de cosas materiales, él fue a su padre y básicamente demandó su herencia. Y después él tomó su herencia, recordará usted la historia en Lucas 15, y salió y simplemente la desperdició en todas esas cosas que él deseó de manera apasionada. Y él terminó satisfecho. ¿Es correcto? No, él terminó vacío.

Cuando él había acabado de alcanzar todo lo que estaba buscando, cuando él había terminado de alcanzar todas sus metas, cuando él había acabado de experimentar todas esas ambiciones, él estaba vacío. Y él pensó, ‘¿cuántos siervos contratados, esclavos en la casa de mi padre, tienen suficiente pan, y de sobra?’. Él tenía absolutamente nada. Terminó trabajando para algunos gentiles, sin dudad alguna, en una granja de cerdos, cuidando cerdos, y comiendo alimentos para cerdos, cuando él decidió que sería mejor ir a casa, a su padre.

Y en ese punto, la parábola está diciendo que su hambre cambió. Primero él tenía hambre de dinero y tesoro terrenal para que pudiera satisfacer sus deseos pecaminosos, después él tuvo hambre simplemente para quedar satisfecho con alimento para cerdos. Finalmente, tuvo la suficiente hambre como para regresar a toda la riqueza que su padre tenía. Ese es retrato de tener hambre y sed de justicia. Cuando usted ha tenido todo lo que pensaba que lo satisfacería a usted, simplemente es alimento para cerdos. Usted regresa, reexamina su corazón, y si el espíritu de Dios lo va a motivar a usted una nueva hambre por justicia emerge.

1ra de Juan 2:15-17 un pasaje muy conocido, nos recuerda que los apetitos nunca pueden ser satisfechos por lo que este mundo ofrece. ‘No améis al mundo ni a las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida no vienen del Padre sino del mundo. Y el mundo pasa y sus deseos.’ Todo es un vapor, todo es un sueño, todo es una fantasía, no provee satisfacción en absoluto, en absoluto.

Entonces, es el comienzo al ver a esta bienaventuranza de regreso a Mateo capítulo 5, usted se puede hacer la pregunta, ‘¿de qué es lo que realmente tengo hambre?’ porque los resultados de esa pregunta, la respuesta a esa pregunta le dirá si usted es un ciudadano del reino o no. Digo, ¿Cuál es la ambición que motiva su vida? ¿Cuál es el deseo motivador de su corazón? ¿Qué es lo que usted realmente anhela, que es lo que usted realmente quiere? La gente que está entrando mi reino, y viviendo en mi reino, aquellos que están viniendo a mi reino, aquellos que son miembros de mi reino tienen hambre y sed de justicia.

Ahora, para desarrollar un poco más esta bienaventuranza, hemos estado haciendo preguntas en cada caso. Y voy a hacer algunas preguntas y después responderlas en esta noche. Nos ayuda como una manera de llevarnos a lo largo de los elementos. Pregunta número uno, ¿Cómo es que esta bienaventuranza encaja con las otras? ¿Cómo es que esta en cierta manera encaja? La primera, bienaventurados los pobres en espíritu porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. ¿Cómo es que esta en cierta manera encaja? Bueno, recuerde ahora, pobre en espíritu significa moralmente en bancarrota.

La gente que entra al reino, la gente que son ciudadanos del reino, reconocen su propia bancarrota moral, reconocen sus propias incapacidades, su propia impiedad, su propia pecaminosidad, reconocen que no tienen nada que ofrecerle al Señor, en absoluto, mediante lo cual, él les concede a ellos salvación. No proveen merito, no pueden hacer nada para ganarse su gracia, y entonces hay una pobreza de espíritu, hay una bancarrota de espíritu, eso produce en la segunda bienaventuranza, lloro. Lloran por esa condición pecaminosa, y esa tristeza por esa condición pecaminosa produce mansedumbre. Eso quiere decir que cuando usted se da cuenta de cuan moralmente en bancarrota está usted, y cuando usted está verdaderamente quebrantado por eso, usted va a tomar el lugar más bajo ante un Dios Santo. Pero en lugar de tan solo quedarse en esa especie de condición, la bienaventuranza que estamos viendo en esta noche nos dice a donde va usted, desde ahí. Usted comienza a tener hambre y sed de justicia. Habiendo reconocido que usted no tiene nada de justicia, usted sabe que la necesita. Cuando en mansedumbre y lloro y quebrantamiento usted ve su verdadera condición pecaminosa y comienza a tener hambre y sed de justicia, la cual usted sabe que necesita pero no puede ganarse, lo cual usted sabe que necesita pero no tiene, usted está dando evidencia de ser un ciudadano del reino.

Entonces, como puede ver hay una secuencia aquí, el flujo es muy obvio, muy obvio. Vivimos en medio de una sociedad que está buscando todas las cosas equivocadas, inclusive religiosa. Gente que piensa que es lo suficientemente buena, que es lo suficientemente amable, que es lo suficientemente decente, son lo suficientemente religiosas, y no están en bancarrota, no reconocen su bancarrota total. No estamos hablando aquí de necesidad percibida, no estamos hablando aquí de bueno, las cosas no están saliendo bien en mi trabajo, las cosas en cierta manera han salido mal en mi matrimonio, realmente no estoy feliz con la carrera que tengo, tengo mucha culpabilidad y mucha vergüenza en mi vida, o he sido muy abusado como niño y tengo que superar esto y necesito una especie de motivación psicológica.

No estamos hablando de eso, estamos hablando de un peso tan abrumador de convicción por su pecado que usted se vuelve en lloro y usted queda viéndose a sí mismo en el más bajo de los lugares. Jesús dice, ‘Esas son las personas mismas, quienes en esa condición van a reconocer que lo que necesitan de manera desesperada es justicia y lo que no tienen es justicia, entonces tienen hambre y sed de ella. Así es como esta bienaventuranza en cierta manera encaja con el resto, felices son los que están moralmente en bancarrota. Felices son los que lloran, felices son los mansos, y felices son los hambrientos.

Y quiero enfatizar a lo largo de esta pequeña serie, que estas son condiciones de entrada al reino y características constantes de gente del reino. Usted no deja de reconocer su bancarrota moral después de que usted entra al reino. Probablemente tiene un mejor entendimiento de ella ahora de lo que usted tuvo cuando fue convertido. Usted no deja de llorar por su pecado, probablemente llora ahora más de lo que lloró en ese entonces, porque ahora conoce mucho más de su pecado y como Dios lo ve a partir del conocimiento incrementado de las Escrituras y debido a la batalla que se ha incrementado en contra de la carne. Usted no se siente más orgulloso, entre más tiempo ha estado usted en el reino, usted se siente más humilde entre más ha estado usted en el reino, porque entre más usted está cerca del Señor, el Rey, más de Su gloria ve usted, y más de Su gloria ve usted, y más reconoce que usted no es nada.

Entonces, estas condiciones de entrada al reino, también son características de aquellos que son gente del reino. Ahora, el versículo 6 también es una transición, no solo por lo que vino antes, sino por lo que viene después. Si usted nota, el versículo 7 dice, ‘Bienaventurados los misericordiosos, bienaventurados los limpios de corazón, bienaventurados los pacificadores’, escuche, es lo que sigue a esta cuarta bienaventuranza hasta que usted ha tenido hambre y sed de justicia, y ha sido satisfecho, usted no puede ser misericordioso, limpio de corazón y un pacificador. Entonces, las primeras tres bienaventuranzas fluyen en esta, y las siguientes tres bienaventuranzas fluyen de ella, en donde hay un sentido de bancarrota moral, lloro por el pecado y mansedumbre, el corazón clama por justicia. Cuando ese corazón recibe esa justicia, ese individuo entonces, que ha recibido misericordia se vuelve misericordioso, limpio de corazón, y un pacificador. Las bienaventuranzas tienen una secuencia maravillosa y bendita.

Muy bien, una segunda pregunta entonces, conforme consideramos esta bienaventuranza maravillosa. ¿Qué significa tener hambre y sed? Bueno, ya le dije que es la idea de un deseo intenso. ¿De qué estamos hablando realmente aquí?  Veamos un poco más de cerca esto. La fuerza de las palabras de Cristo, de nuevo, quizás no sean claras para nosotros, porque no conocemos lo que es tener hambre y sed. En el mundo antiguo estaban lidiando con ingreso bajo, estaban lidiando con alimento escaso, no había lugares de comida rápida, no había alimento accesible. La batalla por el pan, básicamente era consumidora, tomaba todas las horas, todas las horas conscientes del día y todos los momentos de planeación de la noche.

Y había tormentas de viento que destruían cultivos, vientos fuertes en el medio oriente, habían sequias. En ese contexto es que Cristo habla, la gente en mi reino es gente que busca justicia. Eso es lo que quieren. No están buscando prosperidad, no están buscando prosperidad material, no están buscando sanidades, no están buscando riquezas, no están éxito, no están buscando salud, no están buscando que su matrimonio sea arreglado. No están buscando tener un ambiente más feliz, un mejor trabajo. No están pidiéndole a Dios que simplemente arregle su vida un poquito, y arregle algunas cosas que no les gustan. Hay una desesperación en sus vidas, pero no tienen nada que ver con esos asuntos temporales. Por lo que están desesperados, por lo que tienen hambre y sed va mucho más allá de lo que este mundo puede proveer. Quieren justicia, tanto como un hombre hambriento que teme la muerte y quiere alimento, y un hombre sediento que teme la muerte y quiere agua.

La desesperación es la idea clave. En un libro llamado ‘La última cruzada’, por el Mayor Gilbert, se presenta un relato, creo que es un relato fascinante de parte de la liberación inglesa de Palestina en la primera guerra mundial. Recordará usted que los ingleses liberaron a Palestina, y realmente permitieron que Palestina se convirtiera en un estado por sí mismo. El Dr. E. M. Blalock cuenta la historia de la última cruzada en el libro, en estas palabras. Expulsados de Beersheva, la cual está en el sur, una fuerza combinada de ingleses, australianos, y gente de Nueva Zelanda estaban empujando en la parte trasera de la retirada turca en el desierto árido. Los turcos, recordará usted, habían ocupado ese lugar hasta que fueron liberados por los ingleses.

El ataque se distanció de la caravana de camellos que llevaban el agua. En otras palabras, los soldados estaban muy lejos de su provisión de agua. Las botellas de agua estaban vacías, el sol resplandecía sin misericordia en un cielo en donde las aves de rapiña daban vuelta con expectativa. Nuestras cabezas nos dolían, escribe Gilbert, nuestros ojos estaban rojos, irritados, nuestros ojos estaban rojos y no veían bien en medio del resplandor enceguecedor. Nuestras lenguas comenzaron a hincharse, nuestros labios adquirieron un color morado, negro, y se partieron. Aquellos que se salieron de la columna, nunca volvieron a ser vistos, pero las fuerzas desesperadas lucharon hasta Sherria. Había pozos en Sherria, y no habían podido tomar el lugar para cuando cayó la noche, miles estaban condenados a morir de sed. Tenían que esforzarse por llegar adonde había algo de agua, o morir.

Peleamos ese día, escribe Gilbert, conforme a nuestros hombres pelearon por sus vidas. Entramos a la estación de Sharia, apenas pisando los talones de los turcos que estaban retirándose. Los primeros objetos que vimos fueron las grandes cisternas de agua llenas de agua fría, cristalina que podíamos tomar, y el aire de la noche tranquila. El sonido de agua entrando en los tanques podía ser oído de manera distintiva, enloqueciendo en su cercanía. Sin embargo, ningún hombre murmuró cuando se dieron las órdenes para que el batallón se detuviera frente a las cisternas.

Él describe las prioridades estrictas, los heridos, aquellos que tenían el deber de vigilar, entonces, compañía por compañía, ese fue el orden. Tomo cuatro horas antes de que el último hombre tomara su último trago de agua. En todo ese tiempo habían estado de pie a unos metros de un muro de piedra, bajo del otro lado del cual había miles de galones de agua. Creo yo, el Mayor Gilbert concluye, que todos aprendimos nuestra primera lección real de la Biblia, en la marcha de Beersheva hasta los pozos de Sherria. Si así fuera nuestra fe por Dios, escribió él, por la justicia, por su voluntad en nuestra vida, un deseo consumidor que absorbe todo, cuán ricos en el fruto del Espíritu seríamos. Y eso es exactamente lo que es.

Inclusive, los términos griegos apoyan esta idea intensa. Observe la palabra ‘hambre’, peinantes, del verbo peino. Tener sed, sufrir, padecer necesidad, estar en necesidad. Después la palabra ‘sed’, dipsao’ Jesús la usó cuando él dijo, ‘Tengo sed’. Sufrir sed, dipsantes, en este caso, dos participios. Los impulsos más fuertes en la esfera natural, la necesidad de alimento y la necesidad de agua. Ambos, por cierto, son participios de tiempo presente, acción continua, mostrando que este es un estilo de vida. Un hambre constante, una sed constante de justicia.

Me recuerda a Moisés a quien se le había dado la ley de Dios. Moisés, quien había visto la gloria de Dios, en obediencia recordará usted al mandato de Dios, él levantó el tabernáculo. Y cuando el tabernáculo fue terminado, él entró al tabernáculo y la presencia de Dios al mismo tiempo. Y ahí él hizo una petición que revela lo que realmente estaba en su corazón. Éxodo 33:13 él dice, ‘Muéstrame ahora tu camino, para que te conozca.’ Y en el versículo 18, él dice, ‘Te ruego oh Dios, muéstrame Tu gloria’. ¿Cuál es el punto? Todo lo que Dios ya le había mostrado, solo fue suficiente para crear un apetito mayor para más. Él no hizo una oración de gratitud habiendo visto la gloria de Dios, habiendo visto la mano de Dios en las maneras maravillosas que Dios se había revelado a Sí mismo hasta ese punto. Él no dijo, ‘es suficiente, muchas gracias’, él dijo, ‘Muéstrame más’.

David caminó en una comunión tan cercana con Dios que él escribió Salmos acerca de la presencia de Dios. Muchos de ellos, muchos de los Salmos hablan de como Dios disfrutó y se regocijó en la presencia del Señor. Y como él mismo fue consolado y como su pueblo fue consolado por la presencia del Señor. Fue David quien dijo, ‘Jehová es mi pastor, nada me faltará’. Sin embargo, en el Salmo 63:1-2 David dice, ‘Oh Dios, tu eres mi Dios, de mañana te buscaré, mi alma tiene sed de Ti, mi carne te anhela. En tierra seca y árida en donde no hay agua, para ver tu poder y tu gloria.’ Siempre queriendo más, siempre teniendo hambre, siempre teniendo sed.

Y fue el amado Pablo, en Filipenses capítulo 3 diciendo, ‘A fin de conocerle’. Y diríamos, ‘Pablo tú lo conoces mejor que cualquier otra persona lo conoce’. ‘Pero no lo conozco lo suficientemente bien y lo único que sé de Él, únicamente eleva mi deseo por conocerlo más, conocerlo como lo conozco no es suficiente’. Pero dijo, ‘Creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo’.  Y entendemos eso. Yo creo, y he dicho esto a lo largo de los años, pero yo creo que la gente se vuelve cristiana cuando llegan a este nivel de desesperación. Mucha persona viene y se va de la iglesia, y hace algún tipo de compromiso momentáneo con Jesucristo, son como ese suelo rocoso de Mateo 13, o como esos suelos con arbustos, vienen por un rato y hay una especie de muestra de respuesta y después desaparecen.

Y el asunto real. Lo que realmente estaba mal es que el nivel de desesperación no era lo suficientemente elevado. Oh, pudieron haber estado desesperados por un problema matrimonial, pudieron haber estado desesperados por un problema económico, pudieron haber estado desesperados por un problema físico, una enfermedad, algún tipo de diagnóstico trágico de alguna enfermedad. Pudieron haber estado desesperados por hijos desviados o abuso que se está llevando a cabo en su vida en algún punto, lo que puede ser algún trauma terrible, alguna gran tristeza. Ese no es el punto. Lo que impulsa de manera legítima a la gente a Dios, no es un hambre y sed por una mejor vida, prosperidad, felicidad, gozo, etc., etc. Lo que lleva a la gente, lo que impulsa a la gente es un hambre y sed de justicia, es cuando ellos se dan cuenta de su bancarrota moral. Ese es el punto. Eso es lo que debe estar en el corazón de uno que viene al reino.

J. N. Darby muchos años atrás escribió, “Tener hambre no es suficiente, debo estar muriéndome de hambre por saber que hay en su corazón hacia mí. Cuando el hijo prodigo tuvo hambre él fue a alimentarse de la comida de los cerdos. Pero cuando él estaba muriéndose de hambre, él fue a su padre. Significa estar lo suficientemente desesperado como para buscar a Dios, quien de acuerdo a Lucas 1:53 ‘Ha llenado a los hambrientos con cosas buenas, y siempre lo hará’”. ¿Qué significa tener hambre y sed? Significa estar desesperado, significa querer una cosa y sola una cosa, y eso es justicia, porque usted literalmente está abrumado por su pecado. Usted debe mantener esto en mente, cuando usted le está hablando a la gente acerca de venir a Cristo, que entiendan que lo que trae o lo que es inherente en una conversión verdadera es este anhelo por la justicia.

Ahora, la tercera pregunta entonces sería, ¿Cuál es el objetivo de este deseo? Bueno el objetivo es recibir justicia. Él no dice, recibir felicidad. No tienen hambre y sed de felicidad, están teniendo hambre y sed de justicia y hace es la razón por la que están felices. Usted no busca la felicidad de manera directa, Dios la da. Él bendice a aquellos que están abrumados por su bancarrota moral, que están abrumados por su pecado, y llorando, que son mansos y humildes, y bajos, que están buscando de manera apasionada y desesperada la justicia. No están buscando la felicidad, simplemente la reciben de Dios. El que busca la felicidad, generalmente está condenado a la miseria.

La gente que viene a la iglesia, y escucha el evangelio y hace algún movimiento hacia Cristo porque quieren que Jesús los haga felices, no entienden el punto. Serían como el hombre con una enfermedad mortal que quiere ir al anestesiólogo y simplemente pedirle que le dé una inyección para que no sienta dolor alguno. Pero si el hombre únicamente está preocupado por el alivio de su dolor, él es un necio. Algo mucho más importante necesita ser hecho, él necesita ser curado en el punto de su enfermedad mortal. La gente viene todo el tiempo a la iglesia en base a esto. Viene todo el tiempo porque algo está mal en su vida, o están molestos o han entrado en su vida una ausencia de satisfacción, o han estado viviendo mucho tiempo y todas sus metas se han desvanecido, y todas sus relaciones se han desintegrado, y sus hijos se han vuelto una decepción, y etc., etc., etc.

Y en el dolor de todo eso terminan entrando a la iglesia, y de manera típica, eso es exactamente lo que la iglesia piensa que debe hacer al encontrar estas personas. Y entonces el mensaje está dirigido a esas personas con sus necesidades percibidas, psicológicas, emocionales, sociales, económicas, físicas. Esa es la razón por la que hay tantas conversiones superficiales, por la que se planta tanta semilla sin fruto. Como puede ver, al mundo le gustaría eliminar el dolor, pero estamos aquí para eliminar el problema. Gran diferencia. Y el problema detrás del dolor es, ¿qué? pecado. Y no es sino hasta que una persona enfrenta el problema de pecado, usted debe ser muy cuidadoso cuando usted le testifica a la gente que viene a usted y le dice, ‘Oh, mi esposo me dejó, mi esposo me dejó’. ‘Jesús te va a arreglar, ese no es un problema.’ ¿Sabe lo que sucedió en muchos casos como ese, probablemente en la mayoría de los casos? La persona pudo haber hecho una oración, respondió a Jesús y el marido no regresó de cualquier manera, y quizás las cosas empeoraron desde el punto de vista matrimonial, o desde el punto de vista familiar.

Ese no es el enfoque, pero inclusive en la iglesia la gente está buscando experiencias para, entre comillas, una experiencia elevada, santa, me imagino. Algún éxtasis espiritual, algún gozo, algún alivio del dolor de su vida insatisfecha. Eso no va a servir, eso no lo va a llevar a usted al reino, es cuando usted tiene hambre y sed, ¿de qué? justicia. Dikaiosune, ¿qué significa? estar bien con Dios cuando lo que lo consume a usted es estar bien con Dios, cuando lo que lo consume a usted es su deseo de enfrentar el pecado, cuando lo que lo consume a usted es, que quiere perdón. Usted quiere entrar en comunión con Dios, usted quiere morar para siempre en Su cielo santo. Usted quiere que su pecado sea perdonado, usted quiere estar bien con Dios, ese es el punto.

Esa es la razón por la que usted no puede reducir el ministerio y el mensaje de la iglesia, simplemente a predicarle a las necesidades percibidas, psicológicas de la gente, esa es una promesa falsa, y produce muchas conversiones superficiales. Usted debe predicar que el problema es el pecado, usted debe llegar al reconocimiento de su bancarrota moralmente, y debe estar triste por su pecado, su bajeza lo motiva a usted entonces a clamar a Dios por una justicia que usted sabe que necesita y no tiene. Entonces, en primer lugar, tener hambre y sed de justicia tiene que ver con salvación, tiene que ver con salvación. Es un deseo por estar bien con Dios. Sea lo que sea que suceda en mi matrimonio, lo que suceda en mi trabajo, lo que suceda en mi carrera no es el problema. Lo que suceda con mis hijos, lo que suceda en los problemas de la vida, las tristezas de la vida, las malas noticias que he recibido, mi enfermedad, lo que sea, ese no es el problema. El problema es un asunto eterno, y tiene que ver con mi relación con el Dios eterno, tiene que ver con mi problema de pecado.

El hombre o mujer que tiene hambre y sed de justicia, ve ese pecado y rebelión, que eso lo han separado a él o ella de un Dios santo, y que esa separación tiene implicaciones inmensas en el tiempo, y de manera más notable en la eternidad, esto es, el castigo eterno en el infierno. Y la persona anhela terminar esa separación, anhela terminar esa rebelión, anhela ser perdonado de pecado para que puedan entrar a la bendición de Dios en el tiempo y el cielo de Dios en la eternidad. Ese es el problema. La gente no va a ser salva cuando buscan una vida feliz, van a venir al reino cuando busquen justicia.

Martin Lloyd-Jones escribió, “Tener hambre y sed de justicia es desear estar libre del egoísmo y el yo en todas sus manifestaciones horribles y en todas sus formas. Cuando consideramos al hombre que es manso, vimos que lo que eso realmente significa es que él está libre de sí mismo en toda forma, toda preocupación personal, toda soberbia, toda jactancia, toda protección personal, sensibilidad, siempre imaginando que la gente está en contra de él, y un deseo por protegerse a sí mismo y glorificarse a sí mismo. Eso es lo que lleva a pelearse entre individuos, eso es lo que lleva a peleas entre naciones, la afirmación personal. Pero el hombre que tiene hambre y sed de justicia es un hombre que anhela ser libre de todo eso. Él quiere ser librado de la preocupación personal en toda forma y manifestación.

Y sabe usted lo que es notable, él no lo dice, pero es verdad, lo que es notable es que él está abrumado porque la cosa que es más real acerca de sí mismo, más verdadera es que él es impío y pecaminoso, eso es lo que inicia la salvación. De hecho, en muchos pasajes del Antiguo Testamento, la justicia es sinónima de salvación. No va a tomar tiempo para desarrollar eso, pero puedo pensar por lo menos en media docena de veces en el libro de Isaías, en donde la justicia y la salvación son equiparadas. La salvación entonces, y eso es perdón de pecados y entrar al reino de Dios le pertenece a aquellos que tienen hambre y sed de una relación correcta con Dios y cuando oyen eso, esa relación correcta con Dios está disponible a través de Jesucristo, vienen abrazando a Cristo en desesperación. Saben que son incapaces de agradar a Dios en su propia carne, porque moralmente están en bancarrota.

Un hombre entonces, o mujer, debe desear justicia lo suficiente como abandonar toda esperanza de alcanzar la salvación por sus propios esfuerzos, toda esperanza de alcanzar la salvación por los esfuerzos de alguien más, algún intercesor terrenal o algún sistema religioso, y cuando la persona viene a ese punto y busca el perdón de pecados mediante Jesucristo y la justicia de Dios, entonces es imputada a ellos como la Biblia dice por la fe, cuando buscan esa justicia quedan satisfechos. Dios se las da. En primer lugar, es la justicia de salvación, salvación.

Pero, en segundo lugar, creo que podemos añadir a eso que también es la justicia de la santificación. Porque de que usted ha entrado al reino, porque usted está buscando justicia, usted no deja de buscarla. Usted continúa buscándola, no en el sentido imputado de justificación, sino en el sentido impartido, creo que podríamos decir, de santificación. Estoy seguro que es verdad de usted como un cristiano, usted no ha dejado de querer la justicia, o si? Es un estilo de vida, usted quiere lo que es correcto delante de Dios. usted odia su pecado, usted es como Romanos 7, odio lo que hago cuando deshonro a Dios, encuentro un principio operando en mí que me hace querer hacer lo que no quiero hacer, y no hacer lo que quiero hacer. Es esta carne miserable que todavía se aferra a mi espíritu redimido, de tal manera que el resto de la vida es cuestión de buscar la justicia.

Usted desea, no solo la justicia que viene en la salvación, por el acto de Dios declarándolo justo a usted imputando la justicia misma de Cristo a usted, sino que usted desea la justicia que viene en la santificación, esto es la conformidad continua a Cristo. He recibido su justicia en la justificación, estoy buscando su justicia en la santificación. Su vida perfecta justa ha sido colocada en mi cuenta en la justificación, pero estoy esforzándome porque mi propia vida se conforme a su virtud en la santificación. No tengo un menor deseo por la justicia ahora, tengo un deseo mayor de lo que jamás he tenido, aún mayor del que tuve cuando me convertí en creyente, porque conozco mucho más ahora.

Ahora, de regreso al versículo 6, otra pequeña nota de lenguaje aquí, ‘Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia’. Permítame demostrarle esta verdad, que es una justicia total lo que está siendo buscado aquí, no es mínimo, no es nominal, no es marginal, no es algo pequeño, es total. Le voy a mostrar cómo podemos saber eso. En el idioma griego, normalmente cuando hay un verbo que es seguido por un nombre, o sustantivo en el caso genitivo, es expresado en inglés por la palabra ‘de’. Eso es lo que usted tiene aquí. El griego entonces diría, ‘Tengo hambre por, de alimento’, usando el caso genitivo. ‘Tengo sed por, de agua’. Y los eruditos griegos llaman a eso el genitivo partitivo. Eso quiere decir que tienen hambre de únicamente parte del objeto. Y si digo, ‘tengo hambre por alimento’, en inglés eso es indefinido, usted no sabe cuánto, podría tener hambre de todo el alimento en el mundo.

Pero en el griego si usted dice, tengo hambre por en el genitivo, no tenemos esos casos en el idioma inglés, entonces no podemos hacer que nuestro lenguaje diga esto, pero en griego usted puede. En el griego, tengo hambre por de alimento, lo que quiero decir es que, de toda la comida disponible, quiero algo de ella. Entonces usted tiene un partitivo genitivo que califica. Quiero parte del alimento en el mundo, y tengo sed por de agua, por algo del agua disponible, no toda. Ahora, esto es como normalmente sería expresado, normalmente sería expresado en una forma genitiva partitiva. Pero eso es abandonado aquí, y es muy interesante, ‘y justicia’ está en el acusativo, en donde no es partitivo, sino que lo abarca todo. Entonces lo que él está diciendo es, ‘no estoy teniendo hambre y sed por ‘de justicia’, sino que estoy teniendo hambre y sed ‘por justicia’. Eso habla realmente de todo, es un anhelo de justicia perfecta, es un anhelo por justicia completa.

Es lo que David quiso decir cuando él dijo, ‘Estaré satisfecho cuando despierte a tu semejanza.’ Y, por cierto, hay un artículo definido aquí en el griego, entonces está diciendo, ‘Aquellos que tienen hambre y sed por la justicia, la justicia de Dios’. Esto es lo que está en el corazón del que verdaderamente está arrepentido, justicia amplia, completa y total de Dios. Comienza con la salvación y continua con la santificación. Y el lenguaje aquí es tan rico, y esas verdades son tan importantes. Como usted sabe, en la salvación usted recibe la justificación, la justicia de Cristo es imputada a su cuenta. Eso quiere decir que Dios lo trata a usted como si usted hubiera vivido la vida de Cristo, aunque usted no la vivió. Él lo hace por la gracia, puramente mediante su fe. Pero en ese punto, no significa que usted por lo tanto puede decir, ‘soy una persona perfectamente justa, no necesito nada más’. No. La justicia de Cristo ha sido colocada en su cuenta, como si usted viviera su vida perfecta, aunque no la vivió. Y ahora, usted necesita alinear su vida con ese regalo maravilloso de gracia. Usted ha sido declarado justo, eso es salvación, justificación, y ahora usted necesita buscar la justicia en la santificación. Muy importante.

Y lo que eso significa es, si soy tan justo como Cristo en la justificación en la salvación, eso es exactamente lo que Pablo estaba diciendo cuando dijo, ‘Prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.’ ¿Cuál es el premio del supremo llamamiento? Bueno, cuando usted es llamado a lo alto, ¿cuál es el premio? Ser como Cristo. Pablo dice, ‘ese es el premio, y esa es la meta’, quiero ser como Cristo. Pablo le dijo a los Gálatas, ‘sufro dolores hasta que Cristo sea formado completamente en vosotros’. ¡Oh ser como Tú, querido Jesús! Mi ruego. Simplemente saber que tú estás formado de manera completa en mí, ese es el punto. De tal manera que, en su vida cristiana, usted continúa buscando la justicia manifiesta en Jesucristo. Y todos sabemos que no lo hemos alcanzado. Pablo dice, ‘No que lo haya alcanzado ya’, Filipenses 3, ‘sino que prosigo, la busco’.

Hay cierta ambivalencia en la que yo como creyente estoy totalmente satisfecho con mi justificación, y totalmente insatisfecho con mi santificación. ¿Entiende eso? Ahora, ¿Cuál es el resultado? Bueno, el resultado es dado en el versículo 6, ‘Ellos serán saciados y bendecidos’. La búsqueda de la justicia trae satisfacción, si usted la busca usted la recibe. Ellos serán saciados es una palabra literal para alimentar animales, para alimentarlos de tal manera que están llenos, satisfaciéndolos. Cuando usted viene a Dios, y usted busca toda su justicia, usted la recibe toda. Cuando usted únicamente va a ser satisfecho por su justicia, él la dará. El verbo ‘kortazo’ significa estar realmente satisfecho, totalmente lleno. Salmos 107:9 dice, ‘Porque él satisface el alma que anhela y llena al alma hambrienta de bondad.’ Salmos 34:10 dice, ‘Aquellos que buscan a Jehová no carecerán de ninguna cosa buena’.

Y que dijo el Salmista, ‘Jehová es mi Pastor’, ¿cuál es la siguiente línea? Nada me faltará. Y más adelante, ‘Mi copa está rebosando’. Jeremías 31:14, Jeremías dijo, ‘Mi pueblo será satisfecho con mi bondad, dijo Jehová’. Será bendecido, Efesios 1 ‘con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo Jesús’. Podrá usted hacer mucho más allá de lo que puede pedir o pensar. Usted tendrá toda la plenitud de Cristo morando en usted. Todas las riquezas y tesoros de la Deidad están en Él, y todo lo que Él es mora en usted. Eso es lo que significa estar satisfecho. Usted está buscando la justicia de Cristo, para que le sea imputada a usted en la salvación, usted la recibirá, usted está buscando ser conformado a la imagen de Cristo en la santificación, conforme usted busca eso, Dios en su gracia le concederá eso a usted hasta que un día cuando usted sea hecho como él, porque le verá tal como él es, 1ra de Juan 3:2, y ahí viene la felicidad.

Ahora, finalmente, una pregunta personal. ¿Cómo se si realmente estoy teniendo hambre y sed de justicia? ¿Cómo realizo aquí un pequeño inventario? Unas cuantas preguntas, usted las puede responder a sí mismo. Número uno, ¿está usted insatisfecho consigo mismo? ¿realmente usted es una persona que dice, miserable de mí? Romanos 7. ¿Siente que continuamente está quedándose corto, un dolor continuo porque siempre queda corto? ¿Está usted más triste porque usted sabe que Dios es deshonrado, más por eso que por saber que su conyugue está afligido por sus acciones o palabras o actitudes? ¿Está usted más preocupado por las implicaciones divinas de sus fracasos, más que por las humanas? La pregunta es, ¿está usted insatisfecho consigo mismo? Y alguien que realmente está buscando la justicia, alguien que es un hijo del reino va a responder, sí. Entiendo esa insatisfacción.

Y sabe, conforme crece como cristiano, usted va a tener una mayor hambre de justicia, porque entre más maduro usted se vuelve como creyente, más grande le parecerá su pecado a usted y más insatisfecho se volverá. Realmente es algo extraño en que vivir, entre más tiempo es usted un cristiano, entre más tiempo a usted caminado fielmente con el Señor, el pecado decrece más. Pero, aunque pueda haber menos pecado frecuente, es más terrible para usted porque usted ha cultivado anhelos tan sublimes.

Segunda pregunta. ¿Encuentra usted que las cosas externas no le satisfacen? ¿Encuentra usted más y más que las cosas tienen poca influencia en cómo se siente usted? ¿Hubo un tiempo en su vida en el que era muy importante tener ciertas cosas y alcanzar ciertas cosas, satisfacer ciertas metas, pero usted ha encontrado que conforme ha continuado buscando la justicia y teniendo hambre y sed de justicia las cosas tienen poca influencia? Si las cosas lo llenan a usted y lo satisfacen de tal manera que no tiene un apetito de justicia, usted puede estar en una condición seria. Si lo le lleva flores a un hombre hambriento, no le ayuda. Si le lleva un violín a un hombre hambriento, y le toca el violín, no ayuda. Si usted le platica algo agradable, no le ayuda. Nada lo va a llenar más que el alimento. Y un hombre sediento no quiere una melodía, y no quiere una rosa, él quiere algo de tomar. Usted tiene que hacerse la pregunta, ¿puedo estar satisfecho con cosas externas?

Tercera pregunta, ¿tengo un mayor apetito por la palabra? Creo que esa es una pregunta apropiada. Si usted quiere saber si está teniendo hambre y sed de justicia, ¿anhela estar en la Palabra? ¿ama la verdad de Dios, ama las Escrituras? ¿le encanta leer la Palabra de Dios, le encanta leer acerca de la Palabra de Dios? ¿tiene este anhelo por incrementar su conocimiento de Dios para que usted al conocerlo pueda imitarlo más? Otra pregunta, ¿acaso las cosas de Dios le son preciadas? ¿acaso usted prueba la gracia de Dios? ¿se encuentra a sí mismo habiendo probado que el Señor es bueno, como Pedro lo dijo, y no puede tener lo suficiente?

Otra pregunta, ¿acaso su hambre y sed es incondicional, absolutamente incondicional? Señor, simplemente quiero tu justicia, quiero tu virtud en mi vida, sea cual sea el precio. Salmos 119:20, ‘Mi alma está quebrantada por el anhelo que tiene por tus juicios’. Literalmente, simplemente me estoy despedazando por desesperación. Isaías dijo en el 26:9, ‘Con mi alma te he deseado en la noche, si con mi espíritu dentro de mí te buscaré temprano’. Salmos 63, la sed de David por Dios fue temprana. Simplemente hay una pasión, es algo contundente, esto es algo muy básico y es un lugar para realizar el inventario más estratégico y más esencial en su propio corazón.

Si hay alguna pregunta acerca de su anhelo de justicia, si usted se está encontrando a sí mismo diciendo no, cuando pregunta, ¿acaso realmente tengo hambre y sed de justicia? Bien podría ser que usted no es cristiano. Usted nunca realmente ha llegado al lugar en donde usted ha cumplido con este requisito para entrar, o podría ser que usted es un cristiano que se ha alejado tanto de las prioridades, está tan lejos de la calidez de la respuesta espiritual apropiada, usted se ha permitido estar enamorado con cosas perecederas. En cualquiera de los casos, un inventario es apropiado, para que examine su condición y arregle su vida delante de Dios, para que se vuelva misericordioso, limpio de corazón y un pacificador y por ello será perseguido, ese es el patrón. ¡Gracias al Señor! ¿verdad? Bueno, seguiremos en un par de domingos por la noche, por ahora.

Acompáñeme en oración. Continuamente estamos abrumados Dios nuestro, ante la inmensidad del tesoro de las Escrituras. Ni siquiera podemos tocar la superficie de todo lo que podría ser dicho acerca del concepto rico de tener hambre y sed de justicia y estar satisfecho. Señor, como oro porque lo que ha sido dicho haya sido claro, cautivador, que convenza de pecado y nos haya llevado a todos a una evaluación honesta, real de nuestros corazones. Señor, todos admitimos que estamos teniendo hambre de una justicia que sabemos que no tenemos, solo si tú nos concedes la justicia de Cristo en la justificación y si por tu espíritu nos conformas a su imagen en la santificación, el hambre puede ser satisfecha. Pero esos son anhelos santos, esas son aspiraciones justas que le pertenecen a gente del reino.

Padre, haz que esto sea claro en nuestras mentes, para que nos examinemos a nosotros mismos y para que podamos ayudar a otros a entender estas palabras penetrantes, profundas de nuestro salvador mismo, en cuyo nombre lo pedimos. Amén.   

 

 

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