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Esta noche regresamos a nuestro estudio de las bienaventuranzas en Mateo capítulo 5, y quiero llevarlo a Mateo capítulo 5, el evangelio de Mateo, y el versículo 8. “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Con esta afirmación de nuestro Señor, enfrentamos una de las más grandes afirmaciones en todas las Escrituras. Y claro, nunca podríamos agotar este versículo, se extiende a tantos temas y a tantas realidades. Únicamente en esta noche vamos a tratar de descubrir su significado central, muy lejos de agotar las riquezas que están aquí. Le recomendaría a usted que realizara un estudio más amplio de esta gran afirmación.

Como lo hemos hecho a lo largo del estudio de las bienaventuranzas, estamos haciendo preguntas y respondiendo a preguntas clave, que nos permiten llegar al corazón de lo que nuestro Señor está diciendo. Cuando usted tiene una información muy simple como esta, realmente es innecesario desarrollar un bosquejo complicado. Cuando yo estudio la Biblia siempre hago una serie de preguntas y encuentro en este tipo de contexto en donde usted está tratando con una afirmación muy simple y muy directa, que la mejor manera de abordarla es hacer y responder algunas preguntas.

La primera pregunta que siempre viene a la mente del estudiante de la Biblia es esta, ¿cuál es el contexto de estas palabras? Palabras como estas no son creadas a partir de un vacío, no cayeron de manera de obtusa de alguna circunstancia que existía ahí en el escenario, sino que más bien emergen a partir de un contexto histórico y religioso y espiritual. Ese es precisamente el caso en estas palabras que nuestro Señor habló ese día en el monte, en Israel. Permítame darle un poco del trasfondo, un poco del contexto de estas palabras tan importantes.

En primer lugar, en el momento en la venida de Jesucristo al mundo, Israel estaba en una condición desesperada. Políticamente Israel había perdido su libertad, y estaba bajo el dominio del imperio romano. Económicamente Israel estaba luchando porque los romanos demandaban impuestos exorbitantes, de hecho, criminales del pueblo, de tal manera que el pueblo estaba teniendo que entregar gran parte de lo que estaban trabajando duro por ganarse, ante el impuesto injusto. No obstante, espiritualmente Israel también estaba en grandes problemas. Queremos enfocarnos aquí en el elemento espiritual, que eso es lo que la bienaventuranza aborda.

Desde el punto de vista espiritual el pueblo de Israel estaba cargado por la autoridad opresiva de los fariseos. Los fariseos eran los religiosos dominantes de la época, eran los que habían malinterpretado la ley de Moisés, como algo que en sí mismo era un código legal mediante el cual podían ganarse la salvación. además de la ley de Moisés habían añadido muchas otras leyes y reglas y ordenanzas que realmente constituían y después imponían un sistema incansable, rígido de deberes del pueblo que realmente eran imposibles de cumplir. Como consecuencia el pueblo no podía vivir al nivel de las demandas religiosas existentes de la época. Eso los dejó sintiéndose oprimidos, eso los dejó sintiéndose frustrados, y los dejó sintiéndose culpables.

Quizás, la razón por la que Juan el Bautista tuvo una respuesta tan amplia y fenomenal a su ministerio, recordará usted que todo Israel estaba saliendo al rio Jordán para oírlo. Él no tuvo un representante de relaciones públicas, él no tuvo un proceso mediante el cual podía publicar anuncios. Él no tuvo que realizar algún tipo de campaña por radio o televisión. Sin embargo, la nación entera salió a oír a Juan el Bautista. Y en parte bien pudo haber sido debido al hecho de que él estaba predicando acerca de pecado. Él estaba predicando arrepentimiento, y la gente que se estaba sintiendo culpable por su incapacidad de guardar el sistema legal que se había impuesto sobre ellos, tenían miedo y estaban temerosos porque debido a su incapacidad de guardar la ley, por lo tanto, habrían pensado que se habrían quedado afuera del reino. Temían el ser excluidos del reino de Dios.

Y eso pudo haber contribuido a su prontitud a oír este hombre, quien estaba predicando acerca del pecado y del arrepentimiento. Ciertamente no hay dudas de que estaban muy ansiosos y emocionados por buscar un redentor, por buscar un libertador que no solo sería un libertador político y liberarlos de Roma, ciertamente muchos de ellos buscaban eso, y no solo sería un libertador económico que los liberaría de su pobreza, también esperaban de Jesús especialmente después que él había alimentado a tantos miles de ellos y creado alimentos para ellos, sino que también creo yo querían alguien que fuera un libertador en el sentido espiritual y les trajera algo de paz y algo de satisfacción para su alma, y aliviara su culpabilidad y su vergüenza y el remordimiento que tenían. La ausencia de paz que parecía turbar sus almas.

Estaban clamando por un redentor en cada una de esas áreas. Y Dios mucho antes les había prometido un redentor, la esperanza se había atesorado en sus corazones, de que ese redentor vendría. Finalmente, Juan el Bautista, quien fue el precursor del Mesías, el profeta, el último de los profetas del Antiguo Testamento vino y comenzó a predicar que el Mesías estaba por venir. Y era momento de preparar tu corazón para que no te quedaras afuera de su reino. El Mesías venía y era momento de reconocer tu pecado y arrepentirte de tu pecado y recibir un perdón disponible y preparar tu corazón para el redentor y para su reino.

La gente no quería quedarse afuera del reino, no quería quedarse sin vida eterna, no querían perderse todo lo que Dios le había preparado a Su pueblo mediante el Mesías. Y entonces estaban buscando a alguien que les ayudara a enfrentar su culpabilidad y su pecado. De hecho, esto se vuelve evidente. Conforme usted estudia los evangelios, aunque había una preocupación por la liberación política de Roma y había una preocupación por la estabilidad y la prosperidad económicas. También había un asunto clave que estaba sosteniendo los corazones del pueblo judío, y era este asunto espiritual.

Por ejemplo, Nicodemo quien era ‘el maestro en Israel’, según Juan capítulo 3, este hombre, un fariseo también era un líder de los judíos, un hombre de gran estatura, vino a Jesús de noche y le dijo, ‘Rabí, sabemos que has venido de Dios, como Maestro, porque nadie puede hacer estas cosas que tú haces, al menos de que Dios esté con él.’ Jesús respondió y le dijo, y es interesante que Jesús respondió, pero no había hecho una pregunta. Jesús le dijo, ‘De cierto, de cierto te digo, a menos de que uno nazca de nuevo, no puede ver el reino de Dios.’ ¿Por qué le dijo esto a él?  porque él podía leer su corazón. ¿Y cuál fue la pregunta de Nicodemo? La pregunta de Nicodemo debió haber sido, ¿cómo me aseguro de que no me pierdo el reino? ¿cómo me aseguro de que entro al reino? Nicodemo vino a Jesús consciente de su pecado, consciente de su culpabilidad, consciente de su indignidad, y temiendo de que él podría perderse el reino.

Y esa pregunta que molestaba el corazón de Nicodemo, ¿cuál es el estándar justo para la salvación? ¿qué debo hacer para ser salvo? Para decirlo en el lenguaje tomado de otro, ¿cómo puedo estar bien con Dios? ¿cómo puedo ser aceptado por Dios? eso era lo que estaba en el corazón de este hombre. No creo que estaba solo. Creo que muchos de los judíos se estaban preguntando eso. Más adelante Jesús estaba dirigiéndose a una multitud en el sexto capítulo, esa multitud a la que él alimentó, y dice en el versículo 28 que la multitud le dijo, ‘¿Qué haremos para que hagamos las obras de Dios? Ahí de nuevo estaba esa misma realidad molesta de que algo está mal en nuestras vidas. Hay pecado, hay culpabilidad, hay una herida que nuestra conciencia nos presenta, tememos que nuestro pecado nos pueda separar de Dios, tememos que no estemos haciendo las obras de Dios, que de alguna manera no lleguemos al reino.

En Lucas capítulo 10, encontramos esta misma preocupación de nuevo, saliendo a la superficie. Cierto interprete de la ley habló con Jesús, buscando tentarlo y él dijo, ‘¿Maestro, que haré para heredar la vida eterna?’ Una pregunta muy importante. ¿Cómo puedo estar bien con Dios? ¿Cómo puedo conocer a Dios? ¿Cómo puedo recibir vida eterna? En Lucas capítulo 18, el versículo 18 leemos lo mismo de nuevo. Cierto líder cuestionó a Jesús diciendo, ‘Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Aquí está esta misma pregunta básica. Diferentes escenarios, pero la misma pregunta. Dios es Santo, ellos sabían eso. Dios es Justo, Dios ha establecido un estándar justo, Su ley. Y la violamos, y por mucho que tratemos, no podemos guardarla. ¿Cuál es la condición que debemos alcanzar para entrar a la presencia del Dios Santo? ¿Cómo podemos ser salvos de nuestro pecado? ¿Cómo podemos estar seguros de la vida eterna? ¿Cómo podemos entrar al reino de Dios?

Y créanme, esta es la pregunta que estaría con mayor frecuencia en las mentes de la multitud ahí en el monte galileo, conforme Jesús enseñó estas bienaventuranzas en el Sermón del Monte en Mateo capítulo 5. Esta sería la pregunta que los molestaría, que estaría en las mentes de sus oyentes. Él había ido por toda Galilea ahora, y ya para este momento enseñando en las sinagogas, él había estado predicando el evangelio del reino, él había estado curando todo tipo de enfermedades, su fama se había esparcido por todos lados, y finalmente esta multitud masiva se congrega, y sus corazones básicamente están cargados con esta gran pregunta, ¿qué tipo de justicia debemos tener para ser aceptados en el reino de Dios? ¿qué tipo de justicia debemos alcanzar para entrar al cielo eterno de Dios? Eso estaba en sus corazones, ¿qué demanda Dios de nosotros? Y es esa pregunta del corazón que Jesús responde en la bienaventuranza, ¿qué tan bueno debe ser un hombre? ¿qué es requerido? ¿cuál es el estándar?

Aquí está en el versículo 8. ‘Bienaventurado los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.’ ¿Qué es necesario para ver a Dios? lo cual realmente es otra manera de decir, para entrar a Su reino. Lo que es necesario es un corazón limpio. Eso fue algo poderoso. Eso francamente fue una afirmación que lo sacudió. Como puede ver, la gente en ese entonces como la gente en la actualidad, tiende a medirse a sí misma por los que lo rodean. Y especialmente a los fariseos les encantaba hacer esto, compararse a sí mismos con otros y de esta manera evaluarse a sí mismos como mejores que otros y por lo tanto tenían la esperanza de ser aceptables para Dios, de manera típica cuando alguien desea probar su virtud y ver su propia virtud, cuando alguien desea probar su ética, y probar su moralidad para elevar su soberbia y sentirse bien acerca de sí mismo y sentirse con confianza.

Inevitablemente se mide a sí mismo mediante otro, o junto a otro ser humano que es inferior, es inevitable. Él siempre puede encontrar a alguien más bajo que él o ella. Lo cual significa, si usted lo piensa que el estándar definitivo de virtud y el estándar definitivo de moralidad es finalmente la persona más vil e indigna que está viva. En cierta manera funciona así, usted se siente mejor que alguien que está debajo de usted. Y el que está debajo de usted va a encontrar a alguien que está debajo de él, para que él se sienta mejor por sí mismo. Y el que está debajo de él va a encontrar a alguien que está debajo de él, con quien compararse para que se sienta mejor de sí mismo. Y simplemente sigue descendiendo hasta que finalmente el estándar es la persona más pecaminosa del mundo. Él es el estándar definitivo y si usted es mejor que él, usted puede que esté bien.

Entonces si usted lo hace a nivel humano, el estándar más elevado es la peor persona. Y cuando usted se mide a sí mismo en contra de ese estándar, usted puede sobrevivir con su soberbia y autoestima intacta. Pero la realidad del asunto es que no es la persona más baja en el mundo quien es el estándar, es Dios, el ser más elevado en el universo. El más Alto, el más Santo, el Dios sin pecado, el Dios de las épocas es el estándar. Cuando Dios establece el estándar para virtud justa, él lo establece a Su propio nivel. Entonces el Señor responde a la pregunta de la gente al decir que únicamente los limpios de corazón verán el reino de Dios, únicamente los limpios de corazón conocerán a Dios, únicamente los limpios de corazón heredarán la vida eterna, únicamente los puros de corazón serán salvos, porque solo ellos alcanzan el estándar de Dios.

Realmente esta es la bienaventuranza clave. Alguien podría decir, ‘Bueno, si esta es la clave, ¿Por qué no vino primero? ¿Por qué tenemos todas estas bienaventuranzas preliminares, comenzando ahí en el versículo 3? Porque en cierta manera este es el pináculo, en cierta manera este es el centro de atención, esta es la joya primordial y usted llega hasta ahí. Usted comienza como lo ve en el versículo 3, con pobreza en espíritu, reconociendo su bancarrota espiritual. Y después usted llora por su condición. Y después usted es gentil, o mejor traducido manso y humilde, debido a esa condición. Y después usted está teniendo hambre y sed de justicia. Y después a usted se le concede misericordia para que entonces pueda convertirse limpio de corazón, lo cual es entonces haber recibido la justicia que Dios demanda.

Y como puede ver, los fariseos los peores de ellos, los legalistas entre ellos, pensaban que era suficiente mantener alguna pureza externa, alguna religión externa, pero aquí Jesús despedaza esa suposición falsa y dice, ‘Los únicos que verán a Dios, son los limpios de corazón’. Y sabe una cosa, inicialmente esto no habría aliviado la carga, esto simplemente la habría multiplicado porque de manera típica, los fariseos y los otros judíos que podrían haber sentido algo de culpabilidad, habrían estado sintiendo culpabilidad por su incapacidad de cumplir al nivel de la ley de Dios. Se habrían estado sintiendo culpables por el hecho de que no había vivido al nivel del estándar de Dios, habrían estado sintiéndose culpables por el hecho de que no podían vivir al nivel del estándar de Dios, que no podían alcanzar la obediencia perfecta a Su ley, y como consecuencia sentían culpabilidad y temor y ansiedad por no entrar al reino. En lugar de aliviar ese tipo de presión el Señor añade más presión al decir, ‘Bueno, por no decir nada de lo que están haciendo por fuera, hablemos de esto, nunca verán a Dios a menos de que sean absolutamente puros en el interior, lo cual multiplica, por los menos inicialmente, el temor.

Entonces la Palabra del Señor realmente encaja en el flujo de las bienaventuranzas, son los limpios de corazón entonces, los que se convierten en los pacificadores en el versículo 9. Son los limpios de corazón, entonces en el versículo 10, que son perseguidos. Son los limpios de corazón, versículo 11, que son insultados, perseguidos, y en contra de quienes se habla toda maldad de manera falsa. Son los limpios de corazón, versículo 13, que son la sal de la tierra. Son los limpios de corazón, versículo 14, que son la luz del mundo. Entonces realmente avanzamos a esta afirmación magnifica. Ahora, la palabra ‘bienaventurados’ aquí la hemos estado traduciendo como la palabra ‘feliz’ o ‘gozoso’, pero debemos definir lo que queremos decir con eso. No estamos hablando de algo que es superficial. Quizás una buena traducción de bienaventurados, para añadir a las otras que les he dado, es decir que es una condición de bienestar, de bienestar espiritual que resulta de la salvación. El bienestar es una buena manera de traducirla, prosperidad espiritual. ‘Prósperos son los limpios de corazón.’

Y claro, creo que los legalistas judíos estando de pie ese día, los legalistas farisaicos, y todos aquellos que seguían su línea, fueron el objetivo directo de las palabras de Jesús, porque como usted sabe, estaban trabajando duro y responder a la pregunta de, ¿cómo realizo algún acto externo? Y Jesús simplemente despedazó el sistema entero con esa afirmación. Él simplemente desmanteló cualquier enfoque externo de llegar a Dios al decir que las únicas personas que entrarán al reino de Dios, las únicas personas que experimentarán la vida eterna, las que verán a Dios, son aquellas que son limpias en el interior.  Eso debió haber entrado como una espada dividiendo el alma y espíritu como el escritor de Hebreos lo expresa.

Acaso los judíos, inclusive ellos, habían fallado en no reconocer las implicaciones y hechos del Antiguo Testamento, como el Salmo 51:6, ‘He aquí tú amas la verdad en lo íntimo’. O como cité esta mañana Oseas 6:6, ‘No me delito en sacrificios sino en lealtad u obediencia.’ Oh ‘El hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Dios mira el corazón.’ Ellos estaban haciendo lo imposible por concentrarse en lo externo, y no podían hacer nada por lo externo. En el Salmo 24, usted tiene un retrato hermoso de esta lucha. David es el salmista, y él se retrata a sí mismo como un peregrino y él va a una fiesta en Jerusalén. Este es un gran acontecimiento, su corazón está emocionado conforme él se acerca a la gran ciudad, conforme él se acerca al gran templo.

Pero conforme él se acerca en toda la euforia de la experiencia de celebrar esta fiesta en Jerusalén y estar en el templo, él es azotado con una realidad que lo humilla. Versículo 1, Salmo 24, ‘De Jehová es la tierra y todo lo que en ella hay, y el mundo y todos los que en el habitan. Porque él lo ha fundado sobre los mares y lo ha establecido sobre los ríos. Después el hace esta pregunta, ¿quién ascenderá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en pie en su lugar santo? Conforme él se mueve hacia Jerusalén, y conforme él espera el entrar en el templo, él es detenido por así decirlo, mentalmente, y él hace la pregunta, ¿cómo voy a ser digno de entrar a la presencia de Dios? ¿quién va a entrar ahí?

Y él responde a la pregunta, porque él conoce la respuesta. No alguien que ha guardado la ley de Dios perfectamente o alguien que ha cumplido todos los requisitos ceremoniales, sino que más bien, versículo 4, ‘el que tiene manos limpias y ¿qué? un corazón puro, que no ha levantado su alma a la mentira, y no ha jurado engañosamente. Él recibirá una bendición, ahí está la bienaventuranza. Una bendición del Señor, y justicia del Dios de su salvación. Ahí está la imputación, ahí está la justificación, el que Dios concede justicia divina al pecador, él recibe justicia, él recibe bendición, sus manos están limpias, y a él se le ha dado un corazón limpio. Usted tiene ahí justificación, y usted tiene ahí conversión, transformación.

¿Quién va a ver a Dios? ¿Quién tiene el derecho de ascender a su monte santo? ¿Quién tiene el derecho de entrar a su presencia? Aquellos a quienes se les ha dado su justicia, y han sido limpiados en el interior mediante la limpieza o el lavamiento de la regeneración, y la renovación del Espíritu de Dios. Creo que Isaías vio la misma realidad, en Isaías capítulo 59, simplemente unos cuantos versículos del capítulo, versículo 1, ‘He aquí la mano de Jehová no se ha cortado que no puede salvar, ni su oído no puede oír. Dios es un Dios salvador, Dios está dispuesto a salvar. El problema no es Dios, versículo 2, sino que vuestras iniquidades han hecho una separación entre vosotros y vuestro Dios. Y vuestros pecados han escondido Su rostro de vosotros, para que Él no oiga’.

Y él sigue hablando acerca de esos pecados en los siguientes versículos, comenzando en el versículo 3, vaya al versículo 12. ‘Nuestras transgresiones están multiplicadas delante de ti, y nuestros pecados testifican contra nosotros, porque nuestras transgresiones están con nosotros y conocemos nuestras iniquidades.’ Versículo 16, ‘Y cuando él vio que no había hombre, y quedó sorprendido porque no había uno que intercediera, entonces su propio brazo le trajo salvación y su justicia lo sostuvo. Y él se vistió de justicia como una coraza, y un yelmo de salvación en su cabeza. Y se vistió de vestimenta de venganza por ropa, y se enredó de celo como un manto.’ Dios vio la situación del pecador, y Dios vio que no había hombre que librara al pecador, entonces Dios se armó a Sí mismo de salvación para venir y salvar. Versículo 20, ‘Y él vino, y un redentor vendrá Sion, ese redentor será Dios mismo, él vendrá a aquellos que se vuelven de la transgresión.

Isaías vio el problema, lo que era requerido era el arrepentimiento, lo que era requerida era justicia imputada, lo que era requerido era transformación del corazón, nueva creación, regeneración, y fuera de eso ningún hombre puede ver a Dios sin importa cuanta religión externa ese hombre pueda practicar. El profeta Ezequiel lo escribió de esta manera, Ezequiel 36:25, Dios está hablando, ‘Rociaré agua limpia en vosotros y seréis limpios’, Dios tiene que limpiar tu corazón. ‘Os limpiaré de toda vuestra inmundicia y de todos vuestros ídolos’. Además, iré más allá de eso, ‘Os daré un nuevo corazón y colocaré un nuevo espíritu dentro de vosotros y quitaré el corazón de piedra de vuestra carne, y os daré un corazón de carne.’ Esa es una promesa de regeneración del Nuevo Pacto. Eso es nuevo nacimiento, eso es transformación, eso es santificación. Colocaré mi espíritu dentro de vosotros y haré que caminéis y que tengáis cuidado de observar mis ordenanzas. Y viviréis en la tierra que di a vuestros ancestros, para que seáis mi pueblo y Yo seré vuestro Dios.’ Además, ‘Os salvaré de toda vuestra inmundicia; llamaré al grano y lo multiplicaré, y no traeré hambre sobre vosotros’. No más juicio.

Como puede ver, el juicio siempre le ha pertenecido a corazones que son limpios, siempre le ha pertenecido a aquellos que han sido limpiados, e inclusive en el cristianismo en nuestra época, no es diferente, tenemos esas personas que tienen una religión de cabeza, tenemos esas personas y usted oyó sus testimonios en el bautismo en esta noche, que han sido criados en una religión ceremonial, que tenían una culpabilidad que los molestaba, vergüenza, temor, duda, ansiedad. Usted oyó sus testimonios, ¿no es cierto? Fueron a sus diferentes iglesias, cumplieron con los diferentes rituales, querían saber cómo entrar al reino, querían saber lo que era requerido. Pensaban que quizás podrían alcanzarlo y vivieron con una culpabilidad por quedar cortos. Hasta que finalmente la misericordia de Dios y su gracia, Él los quebrantó bajo el peso de su propio pecado y clamaron a Él, pobres en espíritu y llorando, y mansos. Le hablaron de su hambre y sed de justicia, él derramó misericordia sobre ellos y purificó sus corazones para que pudieran verlo.

Dios llama a una religión de corazón. Un pecador en la condición en la que está, de manera natural es totalmente inaceptable para Dios, totalmente inepto para su reino sin importar cuan religioso sea él. No importa cuán filántropo sea él, no importa cuánto de la leche o de la bondad humana él de, no importa cuán moral sea, no importa cuán bueno sea humanamente, no importa cuán amable sea hasta que él tiene un corazón limpio, un corazón purificado y ha sido cubierto con el atuendo de justicia, él nunca verá a Dios. Dios demanda santidad. 1ra de Pedro 1:16 dice, ‘Seréis santos porque yo soy santo.’ Ahí está el estándar, nadie cumple con el estándar. ¿Qué hace con esto? 1ra de Pedro 1 de nuevo, tiene un problema, necesita un redentor. Necesita una justicia que no es de usted, necesita una pureza que no es de usted, necesita un Dios que le concederá a usted justicia que le pertenece a Él y después le dé a usted un corazón nuevo.

Y entonces, 1ra de Pedro 1:18 dice, que eso es lo que Dios ha hecho, ‘fuisteis redimidos, fuisteis comprados de regreso del pecado, no con cosa perecederas como plata u oro, sino, versículo 19 ‘con la sangre preciosa como de un cordero sin mancha, la sangre de Cristo.’ Y, versículo 22 en obediencia a la verdad, de Cristo, (el evangelio), habéis purificado vuestras almas.’ Ha nacido de nuevo mediante la Palabra de Dios imperecedera, viva y permanente. Eso es lo que es necesario.

Cates B. Padgett escribió un pequeño poema que se volvió una canción hace unos años atrás y lo dijo de esta manera, ‘Tan querido, tan querido para Dios, no podría ser más querido, porque en la persona de su hijo, tan querido como él, tan cercano, tan cercano a Dios, no podría estar más cercano porque en la persona de Su Hijo estoy tan cercano como él.’ Eso es lo que significa haber recibido la justicia de Cristo imputada a nosotros. Eso es lo que significa haber sido transformado, regenerado, que se le haya concedido vida nueva, la vida misma de Dios y que Cristo mismo haya establecido su residencia en nuestros corazones.

Ahora, definamos aún más nuestros términos. ¿Qué es lo que realmente está involucrado en ser limpios de corazón? Preguntamos un poco de contexto, ahora hagamos una segunda pregunta. ¿Qué está involucrado en ser limpio de corazón? Bueno, hablemos de corazón por un momento. Kardia, de la cual obtenemos nuestra palabra en inglés, ‘cardiaco’. La palabra griega kardia simplemente significa ‘el corazón’. El Señor se concentra en el punto medular aquí, los más religiosos en Israel y los más religiosos en la actualidad, desde el punto de vista de la sociedad, son los que hacen el mayor esfuerzo religiosamente a nivel externo. Y los fariseos guiaban el desfile en su época, siempre estaban limpiando sus manos, y limpiando sus contenedores y sus sartenes, y siempre estaban trabajando en el exterior, ignorando el interior. Estaban diezmando todo hasta la semilla más pequeña posible, estaban atravesando por sus oraciones ritualistas pero ignoraban el amor y la justicia y la verdad, como el Señor lo señaló. Habían sustituido las tradiciones de los hombres por los mandatos de Dios.

Y Jesús dijo, ‘Esto no tiene que ver con lo que hacen en el exterior. Esto va al corazón, al centro de su persona.’ ¿Qué es el corazón? Bueno obviamente es un músculo. Lo vemos fisiológicamente, pero lo vemos como algo más que eso. Hablamos de amar a alguien con todo tu corazón, eso es algo en cierta manera extraño, que decir. No decimos que amamos a alguien con todo nuestros riñones, o hígado, o tiroides u otra glándula. No sé cómo quedamos en eso, excepto que lo heredamos en cierta manera de esta idea hebrea. El corazón es la fuente de la vida, porque bombea el fluido de la vida en nuestros cuerpos. El corazón es usado en las Escrituras, realmente en la mayoría de los casos para referirse a la mente, la parte que piensa en nosotros, e involucra la emoción, lo cual es parte del pensamiento. Pero es la fuente de la personalidad.

En cierta manera es un símbolo de nuestra persona interior. Porque cual es su pensamiento en su corazón, la Biblia dice, así somos. Proverbios 4:23 lo dice, ‘Sobre toda cosa guardada guarda tu corazón porque de él mana la vida.’ Esa es la mejor definición del Antiguo Testamento del corazón. El corazón es esa parte de nosotros, de la cual todo los asuntos de la vida emana. Hacer la voluntad de Dios del corazón, eso es de la persona interior, el ser interior. El corazón es la fuente de todo lo que es lo mejor y lo peor de nosotros, porque el corazón  realmente es la persona interior. El corazón por lo tanto es engañoso, más que todas las cosas y perverso, ¿quién lo conocerá? dijo el profeta Jeremías. En Génesis dijo que ‘todo designio de los pensamientos del corazón’, hablando del hombre, ‘era de continuo, solamente el mal’. Entonces el corazón es lo que piensa y siente. El corazón es nuestra persona, nuestra persona interior.

Y entonces lo que el Señor está diciendo en esta bienaventuranza, es que, antes de que me veas, tiene que ver un cambio sustancial en la médula de tu ser. No tiene que ver con la religión, no tiene que ver con lo de afuera, tiene que ver con lo de adentro. Tiene que ver con una cambio dramático total de la persona interior, el problema está en el corazón. Entendemos eso, porque eso es lo que decimos. Hablamos de un problema y decimos, ‘Bueno, el corazón del problema, y…’ con eso nos referimos a la médula misma, a la esencia misma en donde todo está contenido, todo aquello que nos define. Esa es la razón por la que David, después de su gran pecado, Salmo 51:10 dijo, ‘Crea en mí un corazón, (qué?) limpio Dios’ ¡quiero un corazón limpio!

Y David y Saúl, ciertamente ilustran esa verdad. Cuando Dios llamó a Saúl a ser rey, 1ro Samuel 10:9, la Biblia dice que Dios le dio otro corazón. No se refirió a que tuvo un trasplante, se refirió a que Dios lo cambió en el interior, en la medula misma de su ser. Y al principio de su reinado fue bueno, pero después él desobedeció a Dios al actuar como si el pudiera funcionar como un sacerdote, pero no podía. Estaba prohibido y Samuel dijo, ‘El Señor dice que el reino no continuará, porque el Señor ha buscado un hombre conforme a su corazón. Dios le dio otra predisposición, Dios le dio otro corazón otra especie de dirección desde el interior, para ser rey. Pero no fue un corazón conforme al corazón de Dios. 1ro Samuel 13:14 dice que Dios estaba buscando un hombre conforme a su corazón. ¿Quién fue ese hombre? David. David fue ese hombre conforme al corazón de Dios. Salmo 9, Salmo 119, Salmo 26, Salmo 27, Salmo 28, usted lo ve ahí. ¿Cuál fue el secreto de David? Salmo 57:7, ‘Mi corazón está fijo Dios, mi corazón está fijo’. Tú me has dado un nuevo corazón, y está concentrado en Ti. Salmos 16, ‘A Jehová siempre he puesto delante de mí, por lo tanto mi corazón está contento.’

Como puede ver, los judíos no estaban esto. Se concentraban en lo exterior, y nada en el corazón. Y, sabe una cosa, creo que en la profundidad de su ser lo sabían, que todo ese legalismo y todo ese esfuerzo para llegar ahí, los hacia quedarse cortos, y esa es la razón por la que tenían la culpabilidad, y esta es la razón por la que la pregunta surgía y surgía, este temor continuo de que quizás no entrarían al reino y como puedo asegurarme de que llegue. Bueno, que hay acerca de la palabra limpio. ¿De qué está hablando ‘limpio’? Es la palabra katharos, katharos. Supongo que en nuestra cultura, la limpieza o la pureza podría ser vaga.

Algunas veces podríamos pensar en la pureza como algún tipo de vida puritánico o fuera de moda, estrecho de mente que restringe la vida. La pureza o la limpieza podría aparecer un poco insípida, algo aburrida, usted sabe. Como si todo fuera pureza, entonces usted realmente sería una persona aburrida, quien querría estar cerca de usted de cualquier manera. Usted sería tan intimidante y tan aburrido y tan poco interesante. Digo, ¿acaso no ayudaría una pequeña mezcla de impiedad, en cierta manera para darle sazón a su vida. Un poeta en Estados Unidos, hace años atrás dijo, ‘¿Alguien me podría dar algo de consejo para ser un poco grosero y un poco amable?’

La palabra katharos viene del verbo griego katharizo, lo cual significa ‘limpiar de inmundicia, impureza’, eso es lo que significa. Significa en un sentido moral, estar libre de la contaminación del pecado. Es semejante al latín castus, la cual es la raíz de la palabra en inglés ‘casto’. Y cuando hablamos de algo que es una catarsis, usted ha oído esa palabra, la gente atraviesa por una catarsis, es una limpieza. Búsquelo en el diccionario. Viene de katharizo algo que ayuda como una catarsis. Es una medicina, que es un agente usado para purificar, para limpiar. Entonces, de lo que estamos hablando aquí es, de gente que ha sido limpiada. Aquellos cuyos interiores han sido limpiados. Y eso es exactamente lo que salvación hace, ¿no es cierto?

Y entonces, ¿qué está buscando Dios? Él está buscando a personas cuyo corazón ha sido limpiado. Aquellos que tienen la médula de su naturaleza regenerada. Aquellos a quienes se les ha sacado ese corazón antiguo de piedra, esa médula antigua pecaminosa, rebelde, ha sido sacada y  ha sido reemplazada por un corazón nuevo. Han sido lavados. Jeremías 32, Dios dice, ‘Les daré un corazón y me temerán para siempre.’ Eso es lo que Dios busca, corazones puros. Y ustedes saben eso, ustedes lo saben. Jesús predicó esto, Jesús predicó que un hombre necesitaba tener un solo corazón, un corazón limpio. En el mismo sermón, el Sermón del Monte, él dice, versículo 21 de Mateo 6, ‘Porque donde esté vuestro tesoro, ahí también estará vuestro corazón’. ¿En dónde está su corazón? Usted no puede servir a Dios y al dinero. Singularidad de corazón era lo que él tenía en mente. Y esto está a lo largo del Nuevo Testamento, el apóstol Pablo habla de integridad. Santiago habla de esto, Santiago 4:4 ‘Almas adulteras, no sabéis que la amistad con el mundo es enemistad contra Dios. Por tanto todo aquel que quiere ser amigo del mundo se constituye en enemigo de Dios. Por lo tanto, acercaos a Dios y él se acercará a vosotros. Limpiad vuestras manos, vosotros pecadores y purificad vuestros corazones.’  Eso es la salvación.

Aquí es en donde llegamos en las bienaventuranzas, realmente al pináculo aquí en donde Dios viene en misericordia y limpia el corazón. Y es solo entonces, que veremos a Dios, cuando el corazón ha sido limpiado. No es sorprendente que David dijo, ‘¡Crea en mí un corazón limpio, oh Dios!’ Y esa realmente debe ser la oración de todo penitente. Y después, usted sabe, la vida sigue así conforme usted vive la vida cristiana, usted continua clamando, como David lo hizo, que Dios mantenga ese corazón limpio y puro.

Hagamos otra pregunta, cuando hablamos de limpieza en el corazón, o pureza en el corazón, ¿de qué es realmente de lo que estamos hablando? ¿cuántos tipos de pureza hay? Buena, hay varias cosas de las que podemos hablar. En primer lugar, llamemos a la primera, pureza primitiva. Y vamos a hablar de esta brevemente. Pureza primitiva. Los teólogos podrían usar eso para expresar esa pureza que está en Dios originalmente. En otras palabras, es esa pureza que es esencial a la naturaleza de Dios como la luz es al sol, como mojado es al agua. Eso no es innato en nosotros, no tenemos pureza primitiva, tenemos impureza primitiva. Pero la pureza primitiva se refiere a esa pureza que está en Dios originalmente.

En segundo lugar está la pureza creada. Y la pureza creada, sería esa pureza que Dios coloca en su criatura y ciertamente lo hizo en la creación de los ángeles, y los hombres. Originalmente los ángeles fueron creados puros y también Adán y Eva. Nosotros no participamos en ninguna de esas dos. Nosotros que hemos nacido de Adán después de la caída, únicamente conocemos impureza en nuestro estado natural.

En tercer lugar esta lo que podríamos llamar, pureza definitiva. Esa es aquella pureza que le pertenecerá a los santos en la glorificación. Viene un tiempo cuando seremos glorificados y entonces llevaremos un tipo esencial de pureza. De hecho, seremos como Cristo. Seremos conformados a su propia imagen, compartiremos su santidad. Pero, en cuarto lugar, está la pureza imputada, está la pureza imputada. Esta es pureza concedida a todo creyente en el punto de la salvación. Esto es a lo que nos referimos con la justicia imputada o justificación, en donde Dios nos imputa a nosotros la justicia misma de Cristo. Nos volvemos la justicia de Dios en él. Pablo en Filipenses 3 dice, ‘No tengo una justicia mía, pero la que es de Dios, dada a mí mediante la fe en Cristo.’

Ahora, ver a Dios no demanda pureza primitiva, de lo contrario ninguno de nosotros jamás veríamos a Dios porque todos nacemos en pecado. No demanda pureza creada porque nosotros quienes nacimos de Adán, después de la caída, no tenemos pureza creada. No demanda pureza definitiva y perfecta personalmente que equivale a la de Cristo, porque eso es inalcanzable para nosotros. Pero demanda pureza imputada mediante la fe en Cristo, y Dios concediéndonos esa pureza.

Pero después hay otra pureza. Le llamaremos a esa pureza, pureza regeneracional. Esa es la pureza que es producida en nosotros mediante el nuevo nacimiento. Se manifiesta en anhelos santos y aspiraciones santos, y en el amor de la ley de Dios y el amor de la adoración, y el amor hacia los cristianos y el amor hacia el servicio de Dios y la esperanza de gloria. Bienaventurados los, bienaventurados significa feliz, contento, satisfecho, gozoso y en un estado de bienestar espiritual y prosperidad. Son aquellos que son limpios de corazón. Se nos ha dado la pureza imputada a nosotros en la justificación, se nos ha dado la pureza impartida a nosotros en la regeneración y esperamos la pureza que se convertirá esencial para nosotros en la glorificación. Esto es maravilloso.

Mientras tanto, trabajamos en otro tipo de pureza, vamos a incluir otra. Pureza práctica, ¿no es cierto? ‘Limpiándonos a nosotros mismos de toda inmundicia de carne, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.’ 2da Corintios 7:1. Nos separamos a nosotros mismos del pecado conforme nos esforzamos por vivir una pureza práctica. Y entonces, aquí se dirige a los limpios de corazón. Eso me lleva a una tercera pregunta. Primera pregunta, ¿cuál es el contexto para estas palabras? Segundo pregunta, básicamente, ¿qué significan? Tercera pregunta, ¿qué es esta pureza? Y cuarta pregunta, ¿cuál es promesa apegada a esta pureza? Respuesta, versículo 8, ‘Ellos verán a Dios’. Opsontai, me encanta eso, realidad continua. Para nosotros es reflexivo, ellos mismos de manera permanente y continua estarán viendo a Dios.

Ahora, usted tiene que entender esto. Digo, le digo esto a usted y tiene cierto significado, pero me temo que mucho menos para un judío. En primer lugar, ver a Dios era algo aterrador, ¿no es cierto? ¿Usted conoce a alguien en el Antiguo Testamento que vio a Dios y vivió? Solo uno, o dos, o tres quizás, y no vieron la gloria completa, de lo contrario nunca habrían sobrevivido. Moisés vio la gloria velada. Isaías vio una porción de Él. Y Ezequiel vio algo. Pero ver a Dios amenazaba la vida y era mortal. Inclusive ver a un rey era bastante sorprendente en las cortes orientales de los tiempos antiguos. Los reyes vivían en gran aislamiento por causa de la seguridad y la ilusión de la deidad, o de una virtud muy especial. Era muy raro, era muy raro y era un privilegio distintivo ser admitido para ver al monarca. Usted de alguna manera podía verlo pasando, pero ser admitido para ver al monarca y estar permanentemente en su presencia y verlo cara a cara simplemente era algo que no sucedía.

La reina de Sabá, quiso dicho privilegio y de hecho se le concedió ver a Salomón pero solo personas muy especiales llegaron a estar cara a cara con el rey. Y de nuevo, creo que esto fue dirigido a los corazones de la gente del pueblo. La pregunta en los corazones era, ¿qué vamos a hacer para asegurarnos de que vemos a Dios? ¿qué necesitamos hacer para asegurarnos de que veremos al Rey en Su Reino? Moisés dijo, Te ruego, muéstrame Tu gloria? Como el ciervo brama por la corriente de las aguas, así mi alma te busca. Tiene sed de ti. Oh Dios, mi alma tiene sed del Dios vivo. ¿Cuándo vendré y me apareceré delante de Dios?’ Digo, era el gran anhelo de los corazones del pueblo de Dios ver a Dios. Inclusive los discípulos dijeron, ‘Muéstranos al Padre.’ Ver a Dios era muy importante, y muy remoto.

Pero realmente fue el clamor del corazón estar en el reino, y ver al rey. Y Dios dice, ‘Me verás, si tu corazón ha sido limpiado.’ Y sabe una cosa, cuando su corazón era limpiado, la vista era inmediata. Vemos a Dios, ¿no es cierto? mediante el ojo de la fe. Vemos a Dios en toda su gloria mediante la revelación de las Escrituras. Algún día veremos la gloria refulgente de la luz de Dios en esplendor eterno. Algún día veremos a Jesús cara a cara, en forma glorificada. Pero hasta ese entonces lo vemos con el ojo de la fe. Vemos a Dios en la historia, vemos a Dios en las circunstancias, vemos a Dios en la creación, vemos a Dios en la providencia, vemos a Dios de manera más clara en la revelación en las Escrituras. Y el verbo aquí es usado de manera figurada, ver al Dios en el sentido de conocer a Dios, estar consciente de su presencia y poder.

Cuando los discípulos le dijeron a Jesús, ‘Muéstranos al Padre.’ Él les respondió diciendo, ‘Tanto tiempo he estado con vosotros y todavía no me conocen. Han estado viendo al Padre’. Como puede ver, purificar el alma, limpia la visión del alma para que veamos a Dios. ¿No es sorprendente que cada domingo por la noche, cuando usted ello estos testimonios de la transformación tremenda que se lleva a cabo y como de pronto, Dios se vuelve claro y conocido a la gente? Como también en el caso de usted. Lo que sucede es que la oscuridad se convierte en luz, y la ceguera se convierte en vista. Y la limpieza de corazón limpia la visión del alma y de pronto usted ve a Dios. Usted lo ve en su creación, usted lo ve en la providencia, usted lo ve en las circunstancias, usted lo ve en las Escrituras, usted lo ve operando en las vidas de la gente que los rodea a usted. Pero algún día, usted lo verá cara a cara en toda Su gloria.

Cuando yo en justicia al fin tu rostro glorioso vea. Cuando toda la noche de cansancio termine y me despierte contigo para ver las glorias que permanecen, entonces estaré satisfecho. Eso es lo que David quiso decir cuando dijo, que estaré satisfecho cuando despierte a su semejanza. Solo los limpios de corazón conocen a Dios, ven a Dios, y tienen comunión con Dios ahora y para siempre. Simplemente, para cerrar. ¿Cuáles son las señales de un corazón limpio? ¿Cuáles son las señales? Simplemente se las voy a dar a usted. Usted puede pensar en ellas por usted mismo. Uno, integridad y sinceridad, integridad y sinceridad. Uno en cuyo espíritu no hay engaño. En otras palabras, hay un anhelo real de justicia, un amor real hacia Cristo y hacia Dios. En segundo lugar, un hambre por mayor pureza. Si usted tiene un corazón puro, está insatisfecho con el pecado presente, porque va en contra de la médula de su nueva naturaleza. En tercer lugar, un odio hacia el pecado. Salmos 119:104 el salmista dijo, ‘Odio todo camino falso. En cuarto lugar, un amor hacia otros que conocen al Señor. Un amor hacia otros creyentes, amor de un corazón limpio, 1ra Timoteo dice.

Y pienso simplemente en otro pensamiento, estar preocupado con Dios. Vivir en asombro de Dios, vivir una vida adoradora, anhelando que su voluntad sea cumplida, que su gloria venga. Ahí está, no es difícil de definir las indicaciones de un corazón limpio. Integridad o sinceridad, un hambre de pureza mayor, un odio hacia el pecado, un amor hacia otros creyentes y una preocupación con la gloria de Dios y la honra de Dios. Esto es lo que significa ser limpio de corazón, y estos son los que ven a Dios. Y veremos la próxima vez que estos son los que se vuelven los pacificadores.

Bueno, oremos. Gracias Padre por una noche maravillosa. Gracias por estos queridos amigos que han venido a sentarse y oír tu Palabra. Lleva a cabo tu obra en todo corazón, tu voluntad perfecta para tu gloria, en el nombre de Cristo. Amén.

 

 

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