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Continuamos en un estudio durante estas semanas acerca del tema de la perseverancia de los santos. Creo que ese es un buen título bíblico, para describir una doctrina que con frecuencia es llamada la doctrina de la seguridad eterna, o la seguridad del creyente. El meollo en esta doctrina, es que cuando el Señor salva a alguien, esa salvación es para siempre. Nunca será revertida. La Biblia es clara acerca de esa verdad básica. Y, la verdad básica, es que la salvación por su naturaleza misma es irrevocable.

A pesar de la claridad de las Escrituras, no obstante en este punto, hay aquellos que han caído bajo la influencia de la enseñanza que lo niega. Hay muchos en la iglesia cristiana, que están viviendo en algún tipo de temor, ante la posibilidad de que puedan perder su salvación. Se les advierte que ellos pueden, mediante el pecado o al no creer, el perder la salvación que Dios les ha dado. Esto quiere decir que un creyente puede volverse de nuevo en un incrédulo. Una nueva criatura en Cristo, puede de nuevo convertirse en lo antiguo, en lo viejo. Aquellos que ahora son los hijos de Dios, pueden volverse a convertir en los hijos del diablo. Aquellos que son ciudadanos del cielo, pueden convertirse en los que ocupan el infierno. De hecho, todo lo que se nos es dado en Cristo, puede ser perdido.

E inevitablemente, aquellos que enseñan esa doctrina, se esfuerzan por apoyarla en las Escrituras. Y, presentan una lista de pasajes doctrinales, que son usados como un apoyo para la idea de que usted puede perder su salvación. He enfrentado esto a lo largo de los años, muchas, muchas veces, desde muchos frentes. Uno de los cuales, fue tratar de ayudar a los rusos, a los creyentes rusos. Entienden esta doctrina, porque durante tantos años se les ha enseñado que es posible perder su salvación.

En una ocasión, para ilustrar el punto, estaba en Minsk Belarus, en Belarus. Belarus es una república muy interesante. En una ocasión fue parte de la Unión Soviética. Es la que fue más afectada, la que fue afectada de manera más dramática por Chernobyl, debido a la radioactividad que salió de Chernobyl. Está ahí en el suelo y por lo tanto, en el agua, en la provisión de alimento, y toda la nación se está muriendo. Realmente es un lugar increíble, que usted puede visitar. He estado ahí en varias ocasiones.

En una ocasión, fuimos a un campamento militar comunista antiguo, para una conferencia de pastores, la cual – lo cual es un cambio bastante interesante. En donde los soldados comunistas eran preparados, y los pastores estaban siendo preparados. Y, estuve ahí durante una semana con ellos, durmiendo en las barracas con ellos en ese lugar, ensenándoles la Palabra de Dios. Sesiones largas, intensas de todo el día, día tras día, día tras día. Y, a lo largo del proceso dije algo acerca del hecho de que la salvación era para siempre, eterna, y no podía ser perdida. Y, creo que esto fue en el contexto de estar estudiando a lo largo del libro de Romanos, en particular el capítulo 8.

Y, no hablé de esto como un punto central. Simplemente hice un comentario al respecto, y procedí a hablar de lo que era el tema central. Y, fue al final del día, y tomé un tiempo de descanso, fui a la sección de las barracas en donde me estaba quedando, y dormí, y me levanté en la mañana, y regresé al salón en donde había algo de desayuno, donde teníamos nuestras reuniones.

Y, cuando regresé, me saludó una persona, la persona que estaba dirigiendo la reunión, que me dijo que lo que yo dije ahí al terminar la noche, acerca de que la salvación era eterna, irrevocable, no causó un tumulto pequeño. De tal manera que 27 de los líderes se quedaron despiertos toda la noche. Y, se quedaron toda la noche despiertos y compilaron una lista de versículos, que hacía que se les dificultara aceptar esa enseñanza. Y, ellos dijeron: “Aquí están los versículos. Ahora queremos que hoy respondas a todos estos versículos”.

Les dije: “Muy bien. Está bien”. Digo, si es verdad, debería permanecer fiel ante la prueba de las Escrituras. Y entonces, hice lo mejor que pude por explicarles cada uno de estos versículos, y mostrarles cómo entender esos versículos. Y, de manera apropiada, también para aquellos de ustedes – particularmente para aquellos de ustedes que se les ha enseñado que pueden perder su salvación, ustedes conocen algunos de esos versículos también. Y, es importante hacer algún tipo de referencia a los mismos. Y entonces, quiero hacer eso. Esencialmente, estos son los versículos que con mucha frecuencia – o, son los más importantes, que con mucha frecuencia son usados para apoyar la idea de que usted puede perder su salvación.

Juan 8:31 es uno de ellos. Juan 8:31 dice: “Si permanecieres en mi palabra, entonces seréis verdaderamente mis discípulos”. Y, ellos dicen: “Bueno, como puedes ver, si tú no permaneces en la Palabra, dejas de ser un discípulo”. Y, después está Juan 15:6: “Si alguno no permaneciere en mí, él es sacado como un pámpano y se seca, y los reúnen, los recogen y los arrojan al fuego, y son quemados”. Usted se va a ir al infierno si no permanece fiel, se va a ir al infierno si no permanece.

Y, después está Mateo 24:13: “El que permaneciere hasta el final, ese será salvo”. Entonces, realmente depende de su perseverancia. Lo mismo se menciona en Mateo 10:22. Y, después está Hechos 13:43, en donde Pablo y Bernabé le estaban hablando a judíos y a gentiles que temían a Dios, exhortándolos a continuar en la gracia de Dios. Y entonces, parece como si usted tiene que determinar y comprometerse a continuar en la gracia de Dios, para ser salvo al final.

Otros versículos, Romanos capítulo 2. Romanos capítulo 2: “Dios”, versículo 2, “dará a todo hombre según sus obras. Aquellos que perseverando en hacer el bien, buscan gloria, honra e inmortalidad”, Él les da vida eterna. En otras palabras, si usted no persevera al hacer el bien, persevera al buscar la gloria, honra e inmortalidad, usted no va a recibir la ida eterna. Y, ahí en el capítulo 11 de Romanos, y hay otros versículos .Estos simplemente son los más sobresalientes, Romanos 11:22. Aquí está la bondad y severidad de Dios. “Aquellos que caen en severidad. Pero a ustedes la bondad de Dios, si ustedes continúan en su bondad; de otra manera, también ustedes serán cortados”.

Y entonces, están estas advertencias acerca de permanecer, de perseverar, de continuar. Colosenses capítulo 1, le da a usted quizás uno que conoce. Dice en el versículo 21: “Aunque antes habían estado separados y eran hostiles en su mente, involucrados en malas obras. Sin embargo ahora Él los ha reconciliado en su cuerpo carnal, mediante la muerte, para presentarlos, para presentaros ante Él, santos irreprensibles, y sin mancha. Hablando de la salvación, solían ser malos, y ahora Él los ha hecho santos. versículo 23: “Si de hecho continúan en la fe, firmemente establecidos, y arraigados, y no alejándose de la esperanza del evangelio que han oído”. Entonces, de nuevo esta palabra, “continúen”, las palabras son realmente iguales en todos los versículos. Permanezcan, perseveren, continúen. Todos en cierta manera se rastrean a un origen griego en común.

Hebreos capítulo 3, añade algo de esto, y estos son versículos que también en cierta manera me vi forzado a explicar con nuestros queridos hermanos en Rusia, para ayudarles a entenderlos. En Hebreos 3:6: “Cristo fue fiel como un hijo sobre su casa, cuya casa somos nosotros, si retenemos nuestra confianza hasta el final”. Y, versículo 14: “Nos hemos vuelto participantes de Cristo, si retenemos el principio de nuestra certeza firme hasta el final. Tiene que ver con retener. Tiene que ver con soportar. Tiene que ver con perseverar, continuar. Tiene que ver con permanecer. Todos estos pasajes son pasajes que tienen que ser entendidos.

¿Acaso son advertencias a aferrarse a su salvación? ¿Son advertencias de que si usted se suelta, o si se desvía, o si usted no persevera, usted va a perder su salvación? Bueno, si lo son, entonces la Biblia se contradice a sí misma. Porque es claro que las Escrituras enseñan que la salvación es para siempre. También enseñan que salvación es de Dios, y usted no se puede salvar a sí mismo, ni en un punto inicial, y tampoco en un sentido continuo. Usted inicialmente no podía ser salvo, mediante su propia fortaleza, mediante la fuerza misma de su propia fe. Que usted no puede aferrarse mediante la fortaleza de su propia fe. Hemos estado diciendo eso.

La idea aquí, es que estas no son advertencias a creyentes a aferrarse con todas sus fuerzas, no sea que pierdan su salvación. Son más bien declaraciones, afirmaciones de que aquellos que permanecen, que continúan, aquellos que perseveran, aquellos que retienen, dan evidencia de que son los que son salvos. De tal manera que usted puede tomar todos esos versículos y en cierta manera responderlos de la misma manera todos. Jesús está diciendo: “Si usted es uno que permanece en mi Palabra, entonces usted es un verdadero discípulo. Si usted no permanece, usted no es un verdadero discípulo. Si usted es alguien que permanece, que persevera, usted va a recibir su salvación final. Si usted es uno de los que continua en la gracia de Dios, y continua en la esperanza del Evangelio, y continua de manera perseverante, y retiene su profesión, entonces da evidencia de que la obra poderosa salvadora de Dios, se ha llevado a cabo en usted. Porque usted posee el único tipo de fe que salva. Y, esa es una fe perseverante”.

Estos pasajes entonces, definen la naturaleza de la fe salvadora. No son advertencias, en el sentido de que los creyentes necesitan una advertencia a que se aferran. Son advertencias hechas a creyentes superficiales, a creyentes falsos, a creyentes profesantes que no son reales. Y, están diciendo: “Si tu fe es real, permanecerá, perseverará hasta el final, guardada por Dios, protegida por Dios”.

Pero, ¿cómo es que Él nos protege? Mediante la fe. Él nos da una fe que salva y una fe que persevera hasta el final. Fuimos salvados por la fe y perseveramos por la fe. No es natural, es sobrenatural, es un regalo de Dios. Efesios 2:8-9 dice, así como usted no es salvo de manera independiente de la fe, un regalo de Dios, usted no puede mantenerse salvo hasta su glorificación, mediante alguna fe humana. Si no más bien mediante esa misma fe sobrenatural que Dios le da. A usted se le mandó creer y creyó de manera salvadora. A usted se le mandó obedecer para la salvación el evangelio, y así fue, lo obedeció. A usted ahora se le manda que crea y obedezca para la santificación, y lo hace usted. Y, a usted se le manda a perseverar en obediencia y fe hasta el final mismo, y así lo hará usted.

Lo que los escritores están diciendo, es que así es como usted identifica al verdadero creyente. Usted es real si persevera. Y, el texto realmente en el cual esa interpretación entera descansa, es 1 Juan 2:19: “Salieron de nosotros, pero realmente no eran de nosotros; porque si hubieran sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. Cuando alguien abandona la fe, es una prueba clara de que no era fe salvadora. No fue la fe sobrenatural que Dios da, porque no permaneció, porque no perseveró, porque no continuó, porque no retuvo esa profesión, porque no perseveró.

En 2 Timoteo 2 y versículo 12 leemos esto: “Si perseveramos, también reinaremos con él; Si le negamos, él también nos negará”. Solo hay dos posibilidades de personas que profesan a Cristo. Los reales y los falsos. Si perseveramos, somos los reales y reinaremos. Si negamos, Él nos negará. ¿Recuerda usted lo que Jesús dijo? “Si me confesares delante de los hombres, yo te confesaré delante de los ángeles de Dios, o delante de mi Padre en los cielos. Si me niegas delante de los hombres, yo te negaré, yo te negaré”. Si alguien algún punto niega a Cristo, rechaza a Cristo, todo lo que manifiestan, es que nunca tuvieron la fe real. Porque la fe real es una fe perseverante, es el regalo de fe sobrenatural que soporta, persevera hasta el final.

Versículo 13 entonces, 2 Timoteo 2: “Si fuéramos infieles, él permanecerá fiel; porque Él no puede negarse a sí mismo”. Y, Él se ha identificado a sí mismo con usted, le ha concedido a usted el compartir en su vida. Aquellos que perseveran, son los verdaderos creyentes. Aquellos que no perseveran, son creyentes profesantes falsos. Y, los verdaderos creyentes van a tener luchas temporales con su fe.

Y, es verdad. Hay ocasiones en las que nuestra fe es débil, y olvidamos las palabras de Jesús que le dijo a sus propios seguidores, devotos: “Oh, ¿qué? Hombres de poca fe”. Pero, nunca una negación abierta en algún sentido final y completo. Entonces, realmente es apropiado que pasemos Pedro, que vayamos a Pedro, porque Pedro tenía la verdadera fe salvadora, pero, también manifestó debilidad temporal. E inclusive, una negación temporal, cuando fue confrontado en el juicio de Jesús. Entonces, regresemos a nuestro texto de 1 Pedro capítulo 1.

Pedro es a quien acudimos para encontrar el testimonio fuerte de perseverar, a pesar de la fe que es débil, y ser protegido por Dios con una fe que no puede fallar. La fe de Pedro tuvo sus momentos débiles. Existieron esas negaciones temporales. Y, podría ahí llenar un espacio en blanco. Pedro tuvo un lapso temporal terrible, recuerda usted, antes de Pentecostés, antes de que el Espíritu Santo viniera a morar en Él. “Y después de que el Espíritu Santo haya venido sobre vosotros, tendréis poder”, Jesús dijo.

Después de la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés, usted nunca oye nada acerca de una negación por parte de Pedro otra vez. Él se presenta ahí de pie ante la población entera de Jerusalén y predica a Cristo. Pero, Pedro entendía la fe perseverante. Él entendió los lapsos, pero, él también entendió la fe perseverante. Su lapso nunca fue final y nunca fue completo. Y, con toda certeza él entendió el amor fiel del Señor. Él entendió la restauración. Recuerde usted cómo el Señor lo trajo y lo restauró. Él entendió la gracia, Él entendió la fortaleza de la fe que el Señor le había dado. Si usted es real, su fe no va a fallar de manera completa o final. Usted hasta el final va a confiar en Cristo, porque usted es guardado.

Observe el versículo 5, 1 Pedro 1:5: “Guardados por el poder de Dios mediante la fe”. Esa es una declaración tan importante. “Guardados por el poder de Dios mediante la fe”. ¿Cómo es que Dios nos guarda? Mediante nuestra fe, mediante nuestra perseverancia, mediante nuestra fe perseverante continua. Ahora recuerde, Pedro le está escribiendo a cristianos que están siendo perseguidos, inclusive martirizados. Y, frente a eso, se estaban preguntando si su fe iba a resistir. Y, estaban muy ansiosos al respecto. ¿Acaso su fe fracasaría si fueran a ser llevados prisioneros? ¿Acaso su fe fallaría si enfrentaran golpizas? ¿Acaso su fe fallaría si enfrentaran la muerte?

Ellos no confiaban en su propia fortaleza, porque ellos conocían sus propias luchas como creyentes. Todos ellos vivían como vivimos en Romanos 7, no haciendo lo que quieren hacer, y haciendo lo que no quieren hacer. Y, luchando con esa carne que permanecía en ellos. Y, se preguntaban si ellos iban a poder sobrevivir frente a la prueba o la persecución extrema. No confiando en su propia fe. Inclusive, temían que su fe podría fallar.

Pedro escribe esta carta y señala que van a enfrentar momentos muy, muy difíciles, de mucha prueba. Ahí en el 2:20, él habla acerca de ser tratado de manera áspera y soportarlo, soportarlo con paciencia. En el capítulo 3, él habla del daño que podrían enfrentar. En el capítulo 4, él habla acerca de que ellos sufran como cristianos, versículo 16, y no avergonzarse, si no glorificando a Dios. Digo, es bastante claro que van a enfrentar tiempos muy difíciles. 5:10: “Después que hayas padecido por un poco de tiempo, el Dios de gracia”, y demás.

Y entonces, la carta reconoce que están bajo una intimidación muy seria y una amenaza muy seria. Y están preocupados si su fe sobrevivirá. Y, Pedro dice en el versículo 5: “Están guardados, están protegidos, son guardados por el poder de Dios, mediante la fe”. Y, lo que he estado diciendo, es que no es su fe, es la fe que viene de Dios, que le es dada a usted como un regalo, es una fe sobrenatural.    

Ahora, estamos viendo los elementos o los componentes de esta protección. Y, permítame regresar simplemente a lo que dijimos la última vez. En primer lugar, somos protegidos por una esperanza viva. Protegidos por una esperanza viva. Versículos 3 y 4, 1 Pedro 1: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”.

Tiene usted una esperanza viva. ¿Qué es eso? Una esperanza que no puede morir. Ese es el punto. Es una esperanza que no puede morir, nunca puede morir. Hebreos 6:19 dice: “Esta esperanza tenemos como un ancla del alma”. Una esperanza que es tanto seguro como – que es tanto segura como firme. Y, ¿cuál es nuestra esperanza? Nuestra esperanza es el cielo. Nuestra esperanza es ver a Cristo, recibir nuestra recompensa eterna. Entrar a nuestro hogar celestial, recibir nuestra herencia.

Este es el futuro para nosotros, el futuro en la próxima vida. Esta es una herencia que Pedro dice que es incorruptible. Digo, ¿cuántas veces la puede decir? No puede perecer, es incontaminada, no puede ser corrompida, es inmarcesible, no puede disminuir, y está reservada. Y, francamente están reservada para ustedes en el cielo. Y por cierto, el cielo es el lugar más seguro, en el cual usted pueda colocar algo. Esa es la razón por la que Hebreos 6 dice que nuestro gran Sumo Sacerdote, el Señor Jesucristo, Él mismo ha entrado al cielo. Él ha entrado al cielo: “Esta esperanza” – como acabo de leer – “tenemos como un ancla del alma, una esperanza que es tanto segura como estable. Y, una que entra dentro del velo, en donde Jesús ha entrado como un precursor para nosotros”.

Jesús fue al cielo y ancló ahí nuestra esperanza eterna. Esta esperanza está anclada, segura en el lugar más seguro, el cual es el cielo. Recuerdo Mateo 6:19 al 21: “Haceos tesoros en los cielos, donde la polilla y el orín no corrompen, y los ladrones no minan ni hurtan”. Es el lugar más seguro.

En Apocalipsis 21:27” “Nada impío jamás entra ahí. Nada inmundo jamás entra ahí, ninguna persona que practica la abominación y el robo, jamás entraran”. Ningún ladrón puede entrar ahí para robar su herencia. En el capítulo 22:14: “Bienaventurados aquellos que lavan sus ropas, para que puedan tener derecho al árbol de la vida, y puedan entrar por las puertas a la ciudad. Afuera del cielo están los perros, los hechiceros, los inmorales, los homicidas, los idolatras, y toda persona que ame y practica la mentira”. Es el lugar más seguro en el que usted puede colocar algo, porque solo los redimidos y los justos están ahí. Y, lo que está en el cielo, está sellado.

Regrese por un minuto a Efesios 1. Efesios capítulo 1 es, es esta gran declaración hecha en los versículos 3 al14. La mayoría de los eruditos bíblicos dicen que es una oración. Lo cual significa que Pablo estaba bastante emocionado aquí. Él nunca puso un punto en ningún lugar aquí. Simplemente continúa fluyendo. Pero, comienza: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Toda bendición espiritual. Toda bendición espiritual. ¿Qué involucra eso? “Él nos escogió en él desde antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”. Ahora, entiende esto, si es tan amable. “Él nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.

Antes de que el mundo jamás comenzara, antes de que el tiempo llegara a comenzar, Él nos escogió para estar ahí, cuando todo terminara con Él en la gloria. Y entonces, Él nos va a llevar a ahí. “Él nos predestinó para adopción como hijos suyos mediante Jesucristo, para sí mismo, según el beneplácito de su voluntad, para alabanza de la gloria de su gracia”. Él nos predestinó para ser adoptados como hijos, ésta fue su intención, ésta fue su voluntad. Y, es para alabanza de la gloria de su gracia. Entonces, Él determinó en la eternidad pasada que Él nos llevaría a la gloria. Él predestinó eso.

Y por lo tanto, “Él nos dio, nos concedió gratuitamente ésta gracia en el amado, en él tenemos redención por su sangre, el perdón de nuestros pecados, según las riquezas de la gracia, de su gracia, la cual él derramó en nosotros”. A, ahí en el versículo 11: “Hemos obtenido una herencia”. Es una herencia habiendo sido predestinados según su propósito. Esto trata de una herencia que fue predeterminada antes de que el tiempo comenzara. Nuestro destino eterno fue cerrado, fue sellado, fue entregado, por así decirlo, antes de que el mundo jamás fuera creado.

Y, todo fue según, versículo 11: “Según su propósito, y él hace todas las cosas según el consejo de su voluntad”. El propósito fue que nosotros, que fueron los primeros que esperáramos confiáramos en Cristo, deberíamos ser para alabanza de su gloria. En él también vosotros después de oír el mensaje, la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo también creído” – observe esto – “fuisteis” – después – “de que creyeron” – ¿cuál es la siguiente frase? “Sellados en él, con el Espíritu Santo de promesa”.

Ahora, usted puede llamar al Espíritu Santo muchas cosas, pero, cuando usted llama al Espíritu Santo, el Espíritu Santo de la promesa, el Espíritu Santo viene como un sello, para garantizar algo en el futuro, algo que todavía no se ha cumplido. Ustedes fueron sellados en Él, en el momento que creyeron, y el Espíritu Santo de la promesa fue fado como arras”. Esa es la palabra griega arrabōn, enganche. Enganche también es una palabra para un anillo de compromiso de nuestra herencia.

A usted se le dio el Espíritu Santo como un sello en el momento en que usted creyó, como Dios, conforme Dios vio hacia el futuro, “y la redención de su propia posesión para alabanza de su gloria”. Y, esa frase, “la alabanza de su gloria”, es repetida una y otra vez aquí.

Entonces, entiende usted que en el momento en el que usted creyó, usted fue sellado y su herencia es incambiable. Esa es la manera en la que Dios lo planeó en la eternidad pasada, y ese es su propósito, esa es su voluntad, y eso es exactamente lo que Él hará. Desde el momento en el cual usted creyó, usted fue sellado. Y, es Espíritu le fue dado como ese sello.

Observe el capítulo 4, mismo libro, Efesios 4 versículo 30: “No contristéis al Espíritu Santo de Dios, mediante el cual fuisteis sellados para el día de la redención final”. A usted se le ha dado una esperanza viva, amado. Una esperanza viva, la esperanza que no puede morir, una herencia que no puede jamás cambiar. Y, a usted se le ha dado un enganche, una garantía en el Espíritu Santo de la promesa que mora en usted, quien lo sella a usted para ese día. Entonces, usted es protegido por el poder de Dios, a través de una esperanza viva.

En segundo lugar, somos protegidos por el poder mismo de Dios. Y, simplemente quiero expandir en esto, y ya hemos hecho comentarios acerca de esto. Simplemente dijimos la última vez esa frase en el versículo 5, “protegidos mediante el poder de Dios”, tiene la intención de recordarnos que somos protegidos por el poder más grande que hay. “Protegidos por el poder de Dios, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero”. Somos protegidos por el poder de Dios, hasta que esa salvación que ya está lista, la palabra significa “preparado, que es presente, y ya ha sido cumplido”, hasta que finalmente sea entregado en el último tiempo, el tiempo postrero, cuando veamos a Cristo en gloria. Es como Filipenses 1:6: “El que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. El día de Jesucristo es el mismo que el día de la redención. El día en que vemos a Cristo y entramos a su gloria eterna. Es el día que Juan tenía en mente en 1 Juan 3:2: “Amados, ahora somos hijos de Dios, y todavía no se manifiesta lo que seremos, pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos como él, porque le veremos tal como él es”.

Y, también en 2 Timoteo, no podemos dejar afuera ésta, 4:7: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe. En el futuro me está guardada la corona de justicia, la cual el Señor, el Juez justo me dará a mí en ese día; y no solo a mí, sino a todos los que aman su venida”. Somos sellados hasta una salvación que será revelada en el tiempo postrero, cuando sea nuestra. Somos guardados hasta que lleguemos a tenerla, mediante el poder divino, el poder mismo de Dios mismo.

Y, eso lleva nuestras mentes a otro pasaje muy importante. Pase de regreso a Romanos capítulo 8.

Y, aquí en ésta sección, probablemente el pasaje más grande acerca de la perseverancia de los santos, vemos simplemente qué tan grande es el poder de Dios. Romanos 8, observe los versículos 38 y 39. “Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro”. No hay ningún poder que pueda conquistar el poder de Dios y su amor por los suyos. Entonces, eso es repaso. Perseveramos a través de una esperanza viva y a través del poder divino.

En tercer lugar, y esto es muy importante para nosotros. Somos protegidos por la esperanza, somos protegidos por el poder, somos protegidos por las pruebas, somos protegidos por las pruebas. Esto podría parecer en cierta manera algo que contradice realmente lo que parece ser razonable al principio. Pero, quiero mostrarle lo importante que es esto. Y, si usted no entiende nada más que esto, usted va a entender la médula, el corazón y el alma de esta maravillosa verdad aquí. Observe el versículo 6: “En lo cual vosotros os alegráis”.

Seguro, nos vamos a alegrar, porque somos protegidos por el poder de Dios, protegidos mediante una esperanza viva. “Nos regocijamos en eso, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario” – si Dios determina que es necesario – “tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. Ahora, deténgase ahí por un momento.          

“En lo cual vosotros os alegráis, aunque ahora por un poco de tiempo, si es necesario tengáis que ser afligidos en diversas pruebas”. Y, las pruebas son diferentes para toda persona, debido a que las necesidades espirituales son diferentes para toda persona. Todos estamos en diferentes puntos a lo largo del camino del desarrollo espiritual, y el Señor necesita hacer diferentes cosas en nuestras vidas. Entonces, recibimos pruebas, de acuerdo con la necesidad que Dios determina que tenemos para ella, si nos alegramos en esas pruebas.

En lugar de estas personas que están esperando la posibilidad de ser arrestados, encarcelados, torturados, o martirizados, y temer que su fe fracasaría, él les dice: “Deberían alegrarse mucho en estas pruebas”. Versículo 7, aquí está la razón. “Para que sometida a prueba vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”.

Ahora, simplemente tome la primera parte de ese versículo. Esta es la prueba de vuestra fe. Somos protegidos mediante las pruebas. Dios sostiene nuestra fe. Aquí está una manera de entenderlo. Dios sostiene nuestra fe, no al mantenerla alejada de las pruebas, no al asegurarse de que nunca es probada. Dios no nos protege, no se aferra a nosotros, nos guarda, perseverando continuamente, reteniendo la profesión, al hacer que la vida sea fácil. Él hace lo opuesto. Dios sostiene nuestra fe verdadera, al colocarla en tiempos difíciles. Al hacer que atraviese tiempos difíciles, Él sostiene nuestra fe mediante las pruebas.

Tiene una prueba y sale de la prueba confiando en el Señor. Y usted dice: “Esta fe es real”. La frase “os alegráis”, podría sorprenderlo. Usted sabe, lo entendemos al revés, y claro, no se nos ayuda en absoluto, por estos predicadores de la prosperidad ridículos, que están por todos lados. Dándole a la gente esperanza falsa y hablándoles de mentiras, predicando prosperidad, en lugar de predicar sufrimiento, pruebas.

Y entonces, la frase “en lo cual vosotros os alegráis”, podría sorprenderlo un poco. Pero, recuerde que estas personas están enfrentando persecuciones que amenazan su vida. El temor es una respuesta humana. Y, Pedro dice: “Sin embargo, ustedes se alegran”. ¿Por qué? “Se regocijan, porque estas pruebas prueban la naturaleza de su fe”. La fe humana desaparecería.

Y, sabemos eso, si usted regresa a la parábola de las tierras. Parte de la semilla, usted recordará, cayó en tierra en donde había roca abajo, ¿recuerda eso? Había un suelo rocoso, y germinó por un poco de tiempo. Y, cuando la persecución vino, ¿qué sucedió? Se secó y se murió. Siempre es una prueba de la realidad de la vida espiritual, siempre una prueba.

Las pruebas fortalecen la fe y revelan la fe verdadera. Observe Santiago capítulo 1. Santiago 1:2 dice esencialmente lo mismo: “Tened por sumo gozo, hermanos míos, cuando os halléis en diversas pruebas”. ¿Sabe una cosa? Creo que hay algo maravilloso acerca de llegar a la edad a la que estoy llegando. La gente me pregunta: “¿Cuestionas tú tu salvación?” Algunas veces los jóvenes me preguntan eso. Inclusive, alguien en esta mañana me hizo esa pregunta. “¿Estoy luchando con saber si realmente soy cristiano o no? ¿Luchas con eso?” Y, mi respuesta honestamente, es no.

Cuando yo era muy joven, usted sabe, el diablo me amartillaba con dudas. Pero, la realidad del asunto, es que no cuestiono la naturaleza verdadera de mi fe salvadora, porque ha soportado tantas pruebas. Cada vez que usted atraviesa una prueba, usted ve la naturaleza de su fe. Las pruebas no le ayudan a Dios a descubrir qué tipo de fe tiene usted. Él se la dio a usted. Él no es el que necesita la información acerca de su fe. Pero, se vuelve en un gozo para usted. “Cuando os halléis en diversas pruebas”. Versículo 3: “Sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia, y la paciencia tiene un resultado perfeccionador”.

¿Qué hay más maravilloso? ¿Cuál es un regalo más grande que tener la certeza de salvación? ¿Hay algo mejor que eso? Si usted llega a vivir con dudas y temores, y todo eso, es maravilloso saber que usted tiene lo real. Es maravilloso ver su capacidad de sobrevivir el desastre. De hecho, he descubierto en mi vida, que entre más severa es la prueba, más fuerte es mi fe, y más crece mi confianza en Dios.

2 Timoteo es otro texto que es útil en esto. 2 Timoteo 1:8, Pablo dice: “Acompáñame en sufrir por el evangelio según el poder de Dios”. Versículo 9:”Dios quien nos salvó, nos llamó con un llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su propio propósito y gracia, nos concedió en Cristo Jesús desde toda la eternidad”. Ahí está esa doctrina de la elección, la predestinación, la cual es el cimiento de nuestra seguridad.

Pero, él dice en el versículo 10: “Ahora él ha revelado por la manifestación de nuestro Salvador Jesucristo, Salvador Cristo Jesús, quien venció la muerte y trajo la vida y la inmortalidad a la luz mediante el evangelio, para lo cual fui designado, establecido como predicador, y apóstol y maestro. Y por esta razón, yo también sufro, pero no me avergüenzo”. Él está diciendo: “Yo sobrevivo sorprendentemente. De hecho, yo enfrento la situación’. Entre más grande sea el sufrimiento, parece como si el brillo del testimonio fuera más fuerte. Y, ahora Pablo puede decir, a partir del testimonio personal, a la mitad del versículo 12: “Porque yo sé en quién he creído”.

¿Cómo lo conoces? ¿Cómo lo conoces? Porque él se manifestó a sí mismo. Él se manifestó a sí mismo en todo mi sufrimiento, en todas mis pruebas, y sé en quién he creído. Y, estoy seguro que él puede guardar lo que le he confiado, hasta ese día.

¿Cuál es ese día? El día de la redención, el día de Cristo, el día en el cual lo verá usted cara a cara. Porque yo sé en quién he creído. Yo sé que he creído. Yo sé que puede, él es dunatos. Él es poderoso para guardar lo que le he encomendando, lo que le he confiado. Por cierto, ese es parathēkē, ese es un “depósito”. Eso es depósito, lo que he depositado con Él. Mi vida, mi alma, mi eternidad. Sé que puede guardarlo. Sé que Él puede guardarlo a través de mi fe. Porque sin importar cuál sea la prueba, mi fe nunca falla. Él me ha dado una fe que sobrevive todo. La verdadera fe emerge de las pruebas más fuerte que nunca.

¿Sabe una cosa? De regreso a Romanos 8, de nuevo, usted no puede mantener alejado de ese capítulo al hablar de esto. Pero, en Romanos, Pablo dice en el versículo 35: “¿Quién nos separará del amor de Cristo?” ¿Hay algo que pueda suceder que pueda causar que Cristo nos deje de amar? O, podría decirlo de una manera inversa, de cualquier manera en el griego, de cualquiera de la dos maneras en el griego. ¿Hay algo que pudiera suceder que causara que nosotros dejáramos de amar a Cristo? “¿Tribulación, aflicción, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada?” ¿Usted cree que él simplemente tomó esas palabras del aire? No, eso es autobiográfico. Lo ha vivido.

¿Tribulación? Tramas diarias en contra de mi vida. Aflicción sin alimento, sin ropa, frío, en el mar, persecución constante, hambre frecuente, desnudez como prisionero, golpeado con látigos, con varas, en peligro de ladrones, y peligros de los de mi propia nación, y peligro de los gentiles. Él da una lista entera en 2 Corintios 11. Espada, lo he vivido, he visto eso ante mis ojos. He visto eso frente a mí, y les estoy diciendo que en todo esto, “aunque somos literalmente colocados al borde de la muerte continuamente, somos considerados como ovejas que van a ser matadas’ – versículo 37 – “pero en todas estas cosas conquistamos de manera abrumadora”. De ahí viene la palabra “Nike”, “Nike” el conquistador. Como puede ver, este tipo de fe que Dios nos da, se levanta en la prueba. Se levanta.

Ahora, nunca he enfrentado persecución. Yo no he enfrentado ambientes bastante hostiles. Su fe es probada en algunos ambientes. Encuentra un nivel de energía y un nivel de compromiso, un nivel de convicción, un nivel de denuedo en esos ambientes, que quizás es inclusive mayor que otros. Y, ahí está esa obra del Espíritu Santo. De tal manera que esa prueba se vuelve para mí, la afirmación que la fe, no mía, si no la que Él me ha dado, es real.

Las pruebas – de regreso a nuestro texto – producen aflicción por un poco de tiempo. Vienen como fuego a quemar la escoria. Y, ese es el punto. No solo revelan su fe, si no que la purifican. Y, lo que emerge, 1 Pedro 1, es una fe que es más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero, es probado con fuego. Cuando su fe es probada, sale más pura, más preciosa. Y, le voy a decir una cosa, con eso en mente, usted en lugar de pedirle a Dios que lo proteja de pruebas, usted debería pedirle que se asegure de colocarlo en medio de todo tipo de pruebas que sean necesarias para darle la confianza a usted, de que la fe que usted tiene es real.

Me encanta lo que dice Hechos 5: “Salieron de la presencia del Concilio”. Usted sabe, el Concilio “llamó a los apóstoles y los azotaron”. Eso es lo que el Sanedrín hizo. “Y les ordenó que ya no hablaran más en el nombre de Jesús”. ¿Sabe cuál fue reacción? “Salieron de la presencia del Concilio regocijándose, porque habían sido considerados dignos de sufrir vergüenza por causa de su nombre”. ¿Sabe usted por qué salieron de ahí tan felices? ¿Lastimados, golpeados, sangrando, avergonzados, humillados, llenos de gozo? ¿Por qué? Porque sabían que tenían una fe que era real. Sabían que tenían una fe real. Y, lo único que hizo, fue hacerlos más valientes. Versículo 42, me encanta esto. “Y diariamente, en el templo, de casa en casa, continuaron enseñando y predicando a Jesucristo”. Claro. Lo peor que podían hacerles, era arrastrarlos y volverlo a hacer, y eso habría fortalecido su fe más.

Inclusive, Jesucristo mismo fue fortalecido a través del sufrimiento. En 1 Pedro dice que “Él cuando le maldecían no respondía con maldición. Cuando sufría no amenazaba, sino encomendaba la causa al que juzga justamente”. Y, como el escritor de Hebreos dice, “Él fue hecho perfecto a través del sufrimiento”.

Entonces, somos protegidos. Somos protegidos, porque Dios nos ha dado una esperanza viva. Eso quiere decir que es una esperanza que es parte de la naturaleza de nuestra fe, que no puede morir. Dios nos ha dado una fe que es activada por el poder divino, que no puede ser atacada. Ninguna fuerza es igual a esta. Y, Dios también nos protege a través de una fe que es probada.

Hay algo más aquí que debo mencionarles, en 1 Pedro. Número cuatro, en mi pequeña lista. “Somos protegidos mediante el propósito eterno”. Todos hemos estudiado esto, no necesito explicar esto otra vez. Pero, somos protegidos, mediante el propósito eterno, por una esperanza viva, poder divino, pruebas, y propósito eterno. Observe el versículo 7.

Nos dirigimos hacia algo al final del versículo 7: “Para que sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo”. Nuestra fe está diseñada para sobrevivir hasta el final. Esta es una promesa sorprendente. Tenemos una fe que espera. Una fe que no puede ser atacada, protegida por el poder divino, protegida por poder divino. Una fortaleza de fe que solo es hecha más fuerte a través de la prueba. Tenemos una fe probada, que encuentra su cumplimiento en el propósito y plan de Dios, en una unión con el Señor Jesucristo, en su manifestación. Y, en ese momento recibiremos gloria, alabanza y honra por parte de Dios. y, eso nos lleva de regreso a la razón para la cual fuimos salvos al principio. Fuimos elegidos para que fuéramos llevados a la gloria eterna.             

Usted sabe lo que la Biblia enseña acerca de esto. Seremos como Él, tendremos un cuerpo como el suyo, tenemos un hogar celestial, está preparando un lugar para nosotros. Simplemente estamos aquí temporalmente en este mundo. No somos ciudadanos aquí. Ésta aflicción temporal momentánea que sufrimos, no debe compararse con ese peso glorioso de gloria que nos espera en su presencia. Clamamos por la redención de nuestro cuerpo, porque conocemos lo que Dios le ha preparado a los que le aman. Usted conoce todos esos versículos. Ya por así decirlo, somos ciudadanos celestiales. Nuestro Padre está ahí, nuestro hogar está ahí, nuestra vida está ahí. La promesa de Dios es llevarnos a la gloria eterna. Y por cierto, esa fue su promesa, no en el momento de que nosotros oímos el evangelio y lo creímos. Esa fue su promesa para nosotros en la eternidad pasada, mucho antes de que alguien o algo fuera jamás creado. Dios predeterminó entonces que fuéramos llevados a la gloria eterna.

Esto quiere decir que usted no entiende la salvación en absoluto, si usted no entiende sus tres dimensiones. Está el punto en el cual usted cree. Está el proceso en el cual usted es guardado. Y, está esa salvación final en la cual usted es glorificado. Y, cuando Dios predeterminó salvarlo, Él predeterminó que las tres se llevaran a cabo, no parte de ellas. Esa es la razón por la que en Romanos 8:18, Pablo dice: “Porque yo considero los sufrimientos de este tiempo presente como algo no digno de compararse con la gloria que en nosotros ha de manifestarse”. Lo que suframos aquí, nos regocijamos, porque muestra que tenemos una fe real y fortalece esa fe, y nada de ese sufrimiento debe ser comparado con la gloria que Dios ha predeterminado para nosotros.

Entonces, somos protegidos por una esperanza viva, poder divino, pruebas, y la promesa de la gloria eterna. ¿Puedo darle uno más? Número cinco. Somos protegidos por amor inmortal. Somos protegidos por amor inmortal. Versículo 8: “A quien amáis sin haberle visto”. A quien amáis sin haberle visto. Ese es el meollo. Tenemos un amor por Jesucristo. “Si alguno no amara al Señor Jesucristo” – 1 Corintios 16:22 – “sea anatema”. Esta es una declaración profunda, acerca de la naturaleza de la verdadera salvación. Es caracterizada no solo por fe en Cristo, creer en Él, si no amarlo.

Oí a alguien en el bautismo decir: “Simplemente porque creí en los hechos, yo supuse que era cristiano”. Usted puede cree los hechos y no ser salvo. El diablo cree los hechos, los demonios creen los hechos, ellos saben que son verdad. El punto aquí es amar al Señor Jesucristo. “Y si me aman, van a guardar” – ¿qué? “Mis mandamientos”. Ustedes me aman si desean mi gloria y mi honra. Aunque no lo han visto, lo aman.

Si usted fuera definir el cristianismo en su sentido más puro, usted tendría que usar esa palabra “amor”. Podría hablar acerca de creer en Cristo, pero realmente no llegaría a ahí. Porque tantas personas dicen que creen en Jesucristo. De hecho, leí un artículo bastante necio, y en el cual un hombre dijo que hay tres billones de cristianos en el mundo. Bueno, probablemente hay tres billones de personas que creen en Jesús, pero, estoy seguro de que no hay tantos que lo aman, que lo aman sacrificialmente, que lo aman totalmente, que lo aman de manera obediente, que lo aman en adoración, que lo aman de manera justa. Y, ¿por qué lo amamos? “Y debido a que lo amamos, aunque ahora no lo veáis, aunque no lo vemos ahora, en quien creyendo os alegráis con gozo inefable y glorioso”.

Usted puede identificar un cristiano porque ama a Cristo tanto, que se manifiesta en gozo. Se manifiesta en gozo. ¿Sabe usted que la única religión en el mundo que canta, es el cristianismo? ¿Sabía usted eso? Otras cantan en una clave menor, en cierta manera un rap no bíblico. Y, ¿sabe una cosa? El verdadero cristianismo, canta en una clave mayor. Nosotros cantamos. ¿Por qué cantamos? Cantamos porque estamos llenos de gozo. Y, ¿acerca de quién cantamos? Cantamos acerca de Cristo.

Me gustan los coros de alabanza, usted sabe. Pero, creo que el 90% de los coros de alabanza, en cierta manera son extraídos del Antiguo Testamento. Me gusta cantar acerca de Jesucristo. No me molesta cantar acerca del Antiguo Testamento. Pero, me gusta llegar a la buena parte, y eso es Cristo. Lo amamos. ¿Qué le dijo Jesús a Pedro en Juan 21 cuando quiso restaurarlo? En el mar de Galilea le dijo: “Pedro”, ¿qué? “¿Me amas?”. Esa es la manera en la que él definió su relación. “¿Me amas?” Y, Pedro dice: “Te amo”. Él dijo: “Bueno, entonces haz lo que te digo. Alimenta mis ovejas”.

Él le dijo una segunda vez: “¿Me amas?” Pedro dijo: “Sí, te amo”. “Alimenta mis corderos”. Él le dijo una tercera vez: “Pedro, ¿me amas?” Y, la razón por la que Él le preguntó tres veces, claro, fue porque estaba haciendo un paralelo con las tres negaciones de Pedro. El Señor sabía que Pedro sabía que el amor se demostraba en la obediencia. Y, Él le dijo una tercera vez: “Pero, ¿me amas?” Pedro sabía que no podía hablar de su obediencia, porque no había nada. Entonces, me encanta lo que él dijo. Él dijo: “Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo”. Hombre, realmente me gusta eso. Él dijo: “Tú eres omnisciente. Tú sabes lo que está ahí. Tú sabes que te amo”. “Alimenta mis ovejas”.

Y, Él sabe si le amamos. 1 Juan 4:19 dice: “Nosotros le amamos a él, porque él nos amo primero”. Usted sabe que una relación humana verdadera demanda amor y confianza. Amor y confianza. Y, así es también con nuestra relación con Cristo. Así es realmente como es definida. Y, no existe algo tal como un cristiano que no ama a Cristo. En toda su vida entera como creyente, usted crece en su amor hacia Cristo. Usted crece en su afecto hacia Él.

Esa es la razón por la que el Apóstol Pablo dice: “A fin de conocerle”. Porque entre más ama usted a alguien, más quiere conocerlo. Pablo sabía que él era amado. De regreso a Romanos 8 de nuevo. Él sabía que nada podía separarlo del amor de Cristo para él. Pero, él también sabía que nada podía separarlo de su amor hacia Cristo. Digo, ¿no es acaso esa la idea? Puedes pegarme con lo que sea. Puedes pegarme con tribulación, aflicción, persecución, desnudez, hambre, espada, y nada cambiará mi amor hacia Cristo. Nada. Lo amo con un amor que Él me dio. Romanos 5:5: “El amor de Cristo ha sido derramado en vuestros corazones. Es un regalo de Dios, así como la fe”. A usted se le ha dado una fe sobrenatural. A usted se le ha dado un amor sobrenatural, el cual nunca cambiará.

Y entonces, es ese amor inmortal que nos sostiene. Es un componente de nuestra fe. Entonces, somos guardados a través de la fe, versículo 5, y ahora finalmente versículo 9. ¿Cuál es el fin? “Obteniendo – escuche esto – “el fin de vuestra”, ¿qué? “Fe, la salvación de vuestras almas”. Esa es la razón por la que decimos esto. Que esta doctrina debe ser llamada la perseverancia de los santos, o mejor aún, la perseverancia de la fe.

A usted se le ha dado una fe que nunca perece. A usted se le ha dado una fe que es protegida por el poder de Dios. Una fe que tiene una esperanza que nunca muere. Una fe sostenida por un poder divino que no puede ser vencido. Una fe que es probada, fortalecida a través de las pruebas. Una fe que está diseñada para que sea cumplida, para el cumplimiento de la gloria eterna, la cual fue prometida desde antes de que el mundo comenzara. Una fe que contiene en sí misma, un amor inmortal hacia Cristo. Y, el fin de esa fe, será el obtener la salvación final de sus almas.

Dicho de manera simple, no hay escape de ésta realidad. No hay escape. El resultado de esta fe salvadora, es su salvación final. La salvación actual, la cual ahora experimenta usted, es un resultado de esta fe. La salvación inicial fue un resultado de esta fe. Y, la salvación final será de usted, porque ésta fe perseverará hasta el final mismo. Hasta el fin mismo. Esa es la naturaleza de esta fe. No es nada más que un regalo permanente de Dios.

El hecho de llegar a considerar la posibilidad de que usted podría perder su salvación, es una representación errónea de la gracia de Dios. Es una representación equivocada de la naturaleza de la fe, el regalo de su amor, la obra de su Espíritu. Es una representación equivocada de su poder y su propósito. Es una representación equivocada de su decreto eterno en las vidas de sus elegidos. Y, es verdad. Y, probablemente un buen lugar en donde terminar. Si llega a haber algo como eso, Filipenses 1:6, como dije antes: “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo”. ¿Acaso eso no termina con el argumento? Si Él la comenzó, ¿el qué? Usted entiende.

Señor, gracias por un tiempo maravilloso en estas verdades tan enriquecedor para nosotros. Gracias por este regalo tan inmerecido. Gracias por el gozo que viene, porque sabemos que es para siempre. Llena nuestros corazones con gozo inefable y glorioso. Ayúdanos a regocijarnos grandemente en la permanencia de este regalo de gracia.

Gracias por una fe perseverante y un amor perseverante, y una esperanza perseverante. Gracias porque todo esto comenzó desde antes del tiempo, y será consumado en la eternidad que está por venir. Y, todo esto redundará para tu gloria, en tu alabanza, la cual es nuestro gozo más elevado. Te damos gracias por los testimonios que oímos esta noche, de aquellos a quienes Tú escogiste, que ahora han venido a la fe, y están en el camino hacia la salvación final.

Y Señor, sabemos, como Pablo dijo, que nuestra salvación ahora, nuestra salvación final está más cerca que cuando creímos. Y, pronto sabemos que Jesucristo abrirá los cielos y nos reunirá a sí mismo. Y, ese día, el día de la redención, ese día de Cristo será realidad. Y, esa eternidad gloriosa a la cual nuestra fe perseverante nos lleva, será más allá que cualquier otra cosa que jamás pudiéramos imaginar. Gracias por ésta gracia y ésta salvación, en el nombre de Cristo. Amén.

               

 

 

 

 

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