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Quiero que abra su Biblia en Hebreos, capítulo 11, y, conforme vemos este capítulo, no quiero que nos enredemos en muchos detalles difíciles. Creo que este es un capítulo que va a ser fundamental para nosotros. Hay tantas personas nuevas en nuestra Iglesia, tantos cristianos nuevos en nuestra Iglesia, tantos que necesitan entender los cimientos de nuestra fe y no quiero hacer esto complicado. No quiero hacerlo difícil. No voy a tratar de meterlo en algún tipo de detalle teológico. Pero quiero que entremos en este capítulo y quiero que lo entienda; y para su experiencia espiritual, porque es tan fundamental para nuestra vida como creyentes.

Entendemos que somos salvos por la fe. Todos entendemos eso. “El justo por la fe vivirá”, lo cual es esencialmente enseñanza fundamental en las Escrituras. Se cita ahí en el capítulo 10, versículo 38. Así es como termina realmente el capítulo 10. Ese no es el único lugar en donde se cita ese pasaje. Ese pasaje es tomado de Habacuc capítulo 2, versículo 4 pero también es repetido en el Nuevo Testamento en otros lugares, porque es tan, tan importante.

Entonces, cuando hablamos acerca de la salvación, cuando hablamos acerca del Evangelio, siempre estamos hablando de la fe y eso nos lleva a la pregunta ¿qué es la fe? ¿Cuál es la esencia de la fe? ¿Cómo debemos entender la fe? Y esa es la razón por la que vamos a estudiar este capítulo. Este capítulo ha sido llamado “El salón de la fama”. Ha sido llamado “Los héroes de la fe”. Ha sido llamado “La lista de honra de los santos del Antiguo Testamento”. “La abadía de Westminster de las Escrituras”. Ha sido llamado “El capítulo de la fe” y quizás también otros nombres más.

Lo que nos presenta es el poder de la fe. El poder de la fe. La excelencia de la fe. Y creo que eso necesita ser aclarado en el clima en el que existimos en la actualidad, porque hay un movimiento de la fe dentro del marco grande del cristianismo evangélico. Es parte del movimiento carismático. Es llamado el movimiento de fe. Y estas personas hablan del poder de la fe. Hablan mucho del poder de la fe. Pero cuando están hablando del poder de la fe, están creando una fe que no existe. Están tomando una fe impotente y tratando de capacitarla.

Cuando la gente en el movimiento de fe habla del poder de la fe, están hablando de la fe como si fuera un poder personal que poseemos para crear nuestro propio futuro, un poder personal que poseemos para crear nuestra propia realidad, para cambiar al mundo, para definir literalmente y manufacturar nuestro propio futuro. Cuando hablan del poder de la fe, quieren decir que podemos usar nuestra fe como un poder para escribir nuestra propia historia futura. Literalmente, podemos creer que las cosas son y que existan. Tenemos el poder de la fe que puede crear una curación. Tenemos el poder de la fe que puede producir una salvación, tenemos el poder de la fe que puede cambiar cómo la gente nos trata. Tenemos el poder de la fe que puede cambiar nuestra situación económica, que nos puede llevar de la pobreza a la riqueza. Que nos puede llevar de tener poco a tener mucho, de estar privados a tener prosperidad, de ser un fracaso a ser exitosos. De ser un nadie a ser alguien. De tener únicamente ambiciones y esperanzas y sueños a experimentar satisfacción.

La noción que existe en este Movimiento de fe, como se llama, y predominantemente han tratado de mandar el concepto de la fe, es que la fe es un poder que usted posee para crear su propio futuro. Y nada puede estar más alejado de la verdad. Eso es una mentira, es un engaño. La fe no es un poder que usted posee para crear su propio futuro. La fe es una capacidad dada por Dios para que confiar en el futuro que Dios le ha prometido a usted. Es una diferencia enorme… Una diferencia enorme. Yo no quiero escribir mi propio futuro, ¿usted si? Realmente no quiero ser responsable de desarrollar mi futuro. No quiero ser responsable por determinar lo que mi futuro va a ser. Estoy más que contento de dejar eso en las manos de Alguien que me ama de manera perfecta y ha ordenado para mí un futuro que tiene un propósito, es satisfactorio, gratificante, que glorifica a Dios y es eternamente bendecido.

Estamos hablando acerca de la fe, no el tipo falso de fe que supuestamente puede crear su propio futuro, sino el tipo de fe verdadera que puede producir en usted una confianza en el futuro que Dios ha prometido para usted. Ese futuro está presentado en las Escrituras.

Entonces, cuando hablamos de la fe, estamos hablando acerca de confiar en lo que Dios ha dicho. No confiar en que usted puede crear algo, como si todavía no hubiera sido dicho, un futuro no escrito, que todavía no ha sido hablado, no revelado, sino que más bien creer en esa promesa que es presentada en las Escrituras en toda su gloria y en todo su detalle que le ha sido dada a todo verdadero creyente. De hecho, desde el punto de vista humano, todo lo que hay aquí es una fe que se registra en el capítulo 11 y hay muchos que tuvieron fe aquí, como veremos conforme avanzamos a lo largo del capítulo, si desde la perspectiva humana quizás hubieran tenido la opción, habrían escrito su historia de manera diferente; diferente porque todas esas historias están llenas de dificultades.

Ciertamente, lo fue la de Abraham y también ciertamente lo fue la de Moisés. Y podemos comenzar en donde comienza el capítulo con el primero: “Por la fe Abel…” Usted no diría que si Abel hubiera tenido la opción de escribir su futuro, él no habría escrito que fue asesinado por su hermano. No, estas son personas que murieron. Estas son personas que lucharon. Estas son personas cuyas vidas fueron caracterizadas por el sufrimiento horrendo… Y llega un crescendo hacia el final del capítulo.

Entonces, desde la perspectiva humana, si ellos de alguna manera hubieran tenido el poder de escribir su propio futuro, ellos quizás lo hubieran escrito diferente de lo que Dios lo hizo. Pero el tipo de fe del que estamos hablando, la fe que Dios le da a un creyente es la fe que confía en el futuro que Dios ha escrito, porque inherente a lo que Dios ha escrito para nosotros está Su promesa de bendición definitiva y gozo eterno.

Ahora, los lectores de este libro necesitaban entender lo que era la fe, necesitaban entenderla desesperadamente. Obviamente, la mayoría de aquellos que leerían esta epístola escrita a los hebreos serían creyentes. Esta carta fue escrita, no sabemos por quién, no podemos tener certeza de ello. Pero fue escrita por uno de los apóstoles o un asociado de los apóstoles a una comunidad de judíos que habían llegado a la fe en Cristo. Ellos entendían la fe. Ellos entendían que ellos necesitaban ahora continuar viviendo por fe y que esa fe debía ser colocada en el Evangelio, en la persona que está en el corazón del Evangelio, esto es el Señor Jesucristo.

Este sería un nuevo tipo de vida para los judíos. Y como dije, éstos son creyentes hebreos y realmente por primera vez en sus vidas, mediante el Evangelio y la salvación, han llegado a entender que su relación con Dios no depende de obras, sino que depende de la fe. Eso es nuevo y necesita ser reforzado, reiterado; y esa es la razón por la que este capítulo 11 está aquí, para que no se cansen tomando las palabras de Pablo, no se cansen de hacer el bien, sino que se aferren a una vida de fe al ver a estos modelos y los ejemplos de todas estas personas en el pasado que vivieron por fe y recibieron su recompensa gloriosa.

Pero es más que tan sólo un capítulo diseñado para alentar a que los creyentes continúen caminando por fe, usted recordará que a lo largo de los primeros diez capítulos, el escritor se ha estado esforzando por presentar un punto primordial y es este: que el nuevo pacto es superior al antiguo pacto, ¿verdad?, Que Cristo es superior a todo lo demás. Jesús y Su sacrificio es superior, completamente superior a los sacrificios y a los animales en el antiguo sistema. Él es un mejor sacrificio quien hizo una ofrenda mejor. Jesús es mejor que los ángeles, el escritor nos dice en estos capítulos. Él es mejor que los profetas. Él es mejor que Moisés, mejor que Aarón, mejor que Josué. Él es un mejor sacerdote que todos los demás sacerdotes. Y Él les dio un mejor sacerdocio, un sacerdocio superior, Él es el mediador de un mejor pacto y Él es un mejor sacrificio. El mensaje de los primeros diez capítulos es: “Crean en Jesucristo, pongan su fe en Él, Él es, en todo sentido, superior.”

Ahora, esto refuerza para los creyentes que están recibiendo esta carta la superioridad de Cristo, la cual ya han afirmado en su voluntad por el poder de Dios. Ellos ya lo saben. Ellos han confiado en esa realidad. Pero en puntos periódicos a lo largo de los diez capítulos de apertura, familiar para cualquiera que estudie el libro de Hebreos, hay advertencias. Hay por lo menos cuatro de ellas ya para cuando usted llega a este capítulo y este capítulo constituye, por así decirlo, otra advertencia. Y estas advertencias son dadas a judíos no cristianos que están asistiendo a esta comunión. Ellos están sentados, por así decirlo, en la orilla. Aparentemente, ellos están convencidos intelectualmente acerca del Evangelio, ellos entienden la verdad del Evangelio en sus mentes, ellos comprenden el poder de la prueba de esa verdad mediante los milagros y señales y maravillas que fueron llevados a cabo por Cristo. Entonces, nosotros podríamos decir que ellos están convencidos intelectualmente, que están aferrándose de la orilla de esta comunión de judíos cristianos, pero realmente nunca han llegado a Cristo. Y están estas advertencias periódicas a no retroceder, a no regresar al judaísmo. Hay una de ellas en el capítulo 2, hay más en el capítulo 3 y en el capítulo 4, otra en el capítulo 6, otra en el capítulo 10… No continúen pecando deliberadamente después de que tienen el conocimiento de la Verdad, dice el capítulo 10, de lo contrario traerás sobre ti mismo un juicio eterno mucho más severo.

Entonces, la advertencia es: “Ven de manera total al nuevo pacto. Ven a Cristo. Ven a la fe.” Este es un gran cambio, un gran cambio porque sabemos que el judaísmo que existió en el tiempo de nuestro Señor y por lo tanto en el tiempo del Nuevo Testamento era un sistema de salvación por obras, por méritos. El judío intentaba ganarse la salvación. Esto es todo lo que los judíos conocían. Esto es lo que se les había dicho. Esto es lo que se les había enseñado. Esto había sido inculcado en ellos de generación en generación por sus padres y sus líderes religiosos.

Y un estudio simple de los cuatro evangelios nos revela el hecho de que el judaísmo del primer siglo no era el sistema sobrenatural dado por Dios mediante el cual el pecador sabía que no podía guardar la ley de Dios y de esta manera, era penitente y oraba a Dios, como lo hizo David en el Salmo 51, rogando por misericordia y gracia, por la fe a un Dios que estaba dispuesto a perdonar y de esta manera, recibía la salvación como un regalo de gracia, no ganado por obras. El sistema había ya olvidado hace mucho tiempo atrás que la salvación era por la gracia, que Noé halló gracia a los ojos del Señor, que Abraham creyó y le fue contado por justicia, y ellos habían creado una secta religiosa construida a partir de la ética, construida sobre la moralidad, construida sobre la ceremonia religiosa. La salvación venía a todos aquellos que observaban todos esos estándares éticos, todos esos deberes molares y todas esas ceremonias.

Entonces, era necesario enseñarles a esas personas de la realidad de la salvación por fe. Ellos tenía muchas otras cosas que podían ver en términos de literatura del Nuevo Testamento para que fueran instruidos en esta área. Jesús dijo que la salvación era por la fe, eso fue claro, y no por obras. El apóstol Pablo lo presentó de manera abundantemente clara en Efesios 2:8 y 9: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe.” Romanos capítulo 3, capítulo 4 y a lo largo indica que la salvación viene por la fe únicamente. Las Escrituras están repletas de ese énfasis.

Pero los judíos estaban teniendo dificultad en ser reprogramados, ¿podríamos decirlo de esa manera? Estaban teniendo dificultad en ser reprogramados. Entonces, usted tiene que mostrarles algo que no sea el Nuevo Testamento. Les gustaría aceptar esta realidad de la salvación por fe en lugar de que fuera por obras viniendo de Cristo, viniendo de los apóstoles, viniendo de Pablo, viniendo de los escritores del Nuevo Testamento. Pero, ¿no es posible que pudieran haber otras ilustraciones de la salvación por la fe del Antiguo Testamento?, esto podría ayudarlos a cruzar esa barrera que parece ser tan imposible de cruzar para ellos. Y esa es la razón por la que es escrito el capítulo 11 de Hebreos. Es escrito porque es una necesidad el probarle a los judíos que están convencidos intelectualmente que Jesús es el Mesías que la salvación es por la fe y que la gente, no sólo después de Jesús, sino inclusive antes de Jesús, eran salvos por la fe… Por la fe.

Entonces, en el versículo 38 del capítulo 10, el escritor de Hebreos afirma la clave: “Mas el justo vivirá por fe. El justo vivirá por fe.” Esta es una cita directa de Habacuc capítulo 2, versículo 4: “El justo, por la fe vivirá.” Y Habacuc es un profeta del antiguo pacto y usted no puede retroceder de esto. Y si retrocediere, “no agradará a mi alma,” dice el profeta. Versículo 39: “Pero nosotros no somos de aquellos que retroceden para perdición.” Nosotros no retrocedemos de esta salvación por fe en Cristo. Retroceder es terminar en la destrucción. “Sino de los que tienen fe para preservación del alma.” El ruego a lo largo de estas secciones de advertencia es: “No lleguen a Cristo, se sienten en la orilla y después rechacen la salvación por la fe y retrocedan y regresen a su sistema antiguo de justicia por obras. Si ustedes retroceden, Dios no se agrada en eso y retrocederán a la destrucción eterna. Lleguen a la fe en Cristo para la preservación eterna de su alma.”

Ahora, ¿cómo es que él hará que ellos entiendan eso? ¿Cómo es que va a penetrar su manera de pensar del Antiguo Testamento? La respuesta en el capítulo 11 al darnos una lista de santos del Antiguo Testamento cuyas vidas se caracterizaron por la fe. El verdadero pueblo de Dios a lo largo de todas las edades se ha convertido en el verdadero pueblo de Dios por la fe, el capítulo 11 está cargado de ilustraciones. Simplemente, viendo el versículo 4: “por la fe Abel…” En el capítulo 5: “por la fe Enoc…” En el versículo 7: “por la fe Noé…” Versículo 8: “por la fe Abraham.” Y en el versículo 17 nuevamente: “por la fe Abraham.” Y en el versículo 20: “por la fe Isaac.” En el versículo 21: “por la fe Jacob.” Versículo 22: “por la fe José.” Veintitrés: “por la fe Moisés.” Y nuevamente, en el versículo 24. Y avanzando un poco más, en el versículo 31: “por la fe Rahab.” Y después, en el versículo 32, están “Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, así como de Samuel y los profetas; que por fe” hicieron todas estas cosas sorprendentes.

El versículo 39 lo resume: “Y todos éstos, aunque alcanzaron buen testimonio mediante la fe, no recibieron lo prometido; proveyendo Dios alguna cosa mejor para nosotros, para que no fuesen ellos perfeccionados aparte de nosotros.” Ellos no recibieron lo que fue prometido, confiaron que vendría como había sido prometido. Y eso es exactamente lo que dije que es la definición de la fe con la que usted debe operar. La fe es una confianza en el futuro que Dios ha prometido. La fe no es algún tipo de poder mediante el cual usted crea su futuro, es el poder de Dios dado a usted para confiar en las promesas que Dios ha hecho en las Escrituras. Estas personas no habían recibido la promesa y confiaron en la promesa; y de esta manera, vivieron por fe. Es una lección grande, grande, monumental, poderosa.

Ahora, simplemente vamos a ver los primeros tres versículos y después, vamos a hacer algunos estudios de personajes a lo largo de los siguientes domingos por la noche. Pero simplemente, consideremos unas cuantas cosas. Primero, es la naturaleza de la fe. Y esto es bueno porque el escritor nos da una especie de punto inicial, un tipo de definición básica. Realmente no es una definición formal de la fe, sino que más bien es una descripción de la fe, el tipo de elementos básicos o de características que describen la fe. Y es muy, muy simple. Observe el versículo 1. “Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve.”

Entonces, lo primero que aprendemos acerca de la fe es que es confiar en lo que no es visible. Es confiar en lo que no es recibido. Es confiar en lo que no es experimentado. Es confiar en algo que todavía no es manifiesto. La fe, la creencia, ese es un sustantivo, la palabra griega pistis, es un sustantivo, significa creencia, confiar, confianza, fe. Y me encanta el hecho de que él usa un sustantivo, porque enfatiza la realidad establecida de esto. Es algo que se posee. Puede ser un verbo, pero aquí no estamos hablando no de un acto de fe, sino que estamos hablando de la realidad de una fe establecida. Existe como una realidad. Es un regalo de Dios. Efesios 2:8 dice “no por obras”. Viene de Dios.

Y cuando Dios da esta realidad de fe, es la certeza de lo que se espera. Eso es lo que significa vivir por fe. No significa que vemos algo que queremos y lo hacemos existir. Significa que confiamos en algo que no es visto, la convicción de cosas no vistas.

Algunas de sus traducciones dicen: “la fe es la sustancia de cosas no vistas.” Esa es una gran traducción, me encanta esta traducción. La fe es la sustancia de cosas no vistas. La sustancia es una palabra que tiene sustancia, ¿no es cierto? Así es. Es una palabra que usted puede llevar al banco. Es una palabra que en cierta manera usted puede cobrar. Es una palabra que básicamente puede ser traducida de manera legítima: sustancia, esencia. Le da realidad. La fe es la confianza sustancial en la realidad de algo que todavía no es cumplido. La fe da sustancia de presencia a algo que es futuro. Como este capítulo nos lo va a mostrar, cuando se desarrolle, en tiempos del Antiguo Testamento hubo, bueno todos los santos, hombres y mujeres, que no tuvieron nada más que las promesas de Dios… Nada más que las promesas de Dios en que confiar, nada que esperar más que las promesas de Dios. Ninguna evidencia visible de que la promesa mesiánica vendría y se volvería verdad, ninguna evidencia visible de que la promesa del Reino se volvería una realidad. Y sin embargo, las promesas eran tan reales y la revelación de estas promesas en las Escrituras era tan confiable, que la gente hizo que su vida entera esperara en ellas. Todas las promesas del Antiguo Testamento eran relacionadas con el futuro. Eso es lo que dice al final del capítulo. Esas personas que ejercieron esta fe, ejercieron fe en lo que fue prometido que no recibieron.

¿Qué sería eso? ¿Vida eterna? ¿Cielo? ¿Bendición eterna, recompensa, gozo, reunión, lo cual es prometido en el Antiguo Testamento de los santos en la presencia de Dios? ¿La presencia misma de Dios? ¿Semejanza misma de Dios? David dice ‘yo espero el día en el que despertaré a Tu semejanza.’ Las glorias de la bendición eterna… Ellos no vieron nada de eso aquí. Ni siquiera vieron el sacrificio definitivo. Ellos nunca supieron quién fue el Mesías. Ellos fueron personas de fe, pero su fe estaba anclada en una revelación confiable de un Dios quien no puede mentir y entonces, su fe le dio sustancia a la esperanza futura.

Ahora, estamos de este lado de la cruz pero entendemos esto, ¿no es cierto? Ninguno de ustedes ha visto al cielo y usted no conoce a nadie que haya estado ahí y haya regresado fuera del Señor mismo. Y sin embargo, usted básicamente ha entregado su destino eterno al cimiento, al hecho de que las Escrituras son confiables y que Dios ha prometido que usted puede confiar, ¿verdad? Y lo que eso ha hecho es crear una sustancia en el tiempo presente para una promesa futura. Esto es mejor que el mejor retiro que usted jamás haya escuchado y hemos vivido lo suficiente como para saber que no provee lo que promete, ¿verdad? La fe es tan fuerte, es un regalo de Dios, es el regalo de Dios que nos permite, escuche, confiar en las Escrituras; y al confiar en las Escrituras, confiar en el Evangelio en las Escrituras y de esta manera, confiar en Cristo como Salvador. Es un paquete. Creo que necesitamos entender eso. No serviría de nada confiar en Cristo como su Salvador a menos de que pudiera confiar en las Escrituras por todo lo que significa el hecho de que Él sea el Salvador de usted. ¿Entiende eso?

Usted dice ‘Oh, necesito confiar en Jesús como Salvador. ¿Qué me va a dar? ¿Qué me va a traer?’ Le va a traer todo lo que la Biblia promete que le traerá a usted. Y las Escrituras son confiables y usted las cree y yo las creo porque se nos ha dado la fe para creer en ellas. Es un regalo de Dios. Usted pregunta si acaso eso significa que las Escrituras no pueden probarse como algo verdadero. No, las Escrituras pueden probarse como algo verdadero, lo cual simplemente fortalece nuestra certeza, ¿no es cierto? Pero sabemos que estas son Escrituras confiables y las promesas de Dios son confiables y entonces, confiamos en Cristo, porque las cosas que vienen con confiar en Cristo pueden ser dignas de confianza. Podemos confiar en ellas.

La fe entonces es esa certeza o esa sustancia en el tiempo presente de las cosas que esperamos. Entonces, literalmente lo que esperamos, a manera de promesa revelada, tiene sustancia en la actualidad y esa sustancia es fuerte, y quiero que usted sepa que es fuerte. Usted estuvo aquí conmigo en esta noche y usted cantó todas esas canciones, ¿verdad? Cantaron del corazón y les encanta todo lo que cantaban y lo creyeron, ¿no es cierto? Y todo es acerca de lo que todavía es futuro. Es toda de acerca de su futuro.

Pero tiene sustancia ahora. Tiene peso ahora. Provee certeza ahora, de tal manera usted canta y ora y alaba y actúa y vive y obedece y ministra y da testimonio porque esta realidad que usted espera le da peso en la actualidad a su vida, sustancia. Y francamente, esto va en contra de todas las cosas que operan en un mundo caído, ¿no es cierto? En primer lugar, va en contra de su propia carne. ¿No es cierto? Entonces, ahora que usted cree estas cosas y usted ha puesto su confianza en Cristo y ahora está viviendo una vida basada en las promesas para el futuro que usted no ha visto todavía, que tienen tanto peso que controlan su vida, ¿qué hace usted? Usted vive su vida como cristiano luchando contra la carne, la cual es su expresión natural. ¿No sería mucho más fácil decir ‘simplemente olvídalo’? Simplemente iré donde yo quiera ir. Sería mucho más fácil, ¿verdad? Así es el modo en el que usted vivía, como viven los gentiles impíos, en los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida, lo que pasaba, lo que pasaba.

Pero usted no vive de ese modo. Usted restringe la carne, usted refrena la carne, usted limita los placeres. Usted lucha con su estado caído. Usted resiste el pecado. Usted huye de él. Usted se aleja de él. ¿Por qué? Porque usted entiende que hay una recompensa futura y un deseo futuro de venir ante el Señor y darle honra a Su nombre por la vida que usted vivió. Entonces, usted literalmente ha traído sustancia a su vida por las cosas que usted esperó para el futuro.

¿Por qué tiene usted este tipo de esperanza que es tan fuerte que puede cambiar el modo en el que usted vive su vida y que usted vive su vida en contra de la tendencia natural de su propia carne caída? Porque usted cree en la verdad de la revelación de Dios. ¿Por qué cree usted eso? Porque Dios le ha dado la fe para creer en la Verdad, porque Dios le ha dado usted la fe para creer en esa palabra revelada y todo lo que usted estudie en esa palabra y todas las evidencias que vienen en esta palabra indican que de hecho es verdad.

Usted no sólo tiene sustancia de esta esperanza, de tal manera que vive en contra de la tendencia natural de su carne, usted vive en contra de la corriente del mundo. Todo el mundo en el mundo está viviendo en cierta manera y usted está tratando de vivir de una manera totalmente opuesta. Usted es como una persona que está tratando de pelear en contra de una multitud enorme de millones de personas que van en una dirección y usted va en la dirección opuesta. Y usted está siendo pisado en el proceso, quizás sea pisado por su familia, quizás sea pisado por la gente en su escuela, en su trabajo, quizás sea maltratado aquí y allá. Y usted va enfrentando colición, tras colisión, tras colisión y simplemente, para hacer más complicada la cosa, usted tiene la responsabilidad en el proceso de tratar de avanzar en medio de esta masa de humanidad que va en la dirección opuesta y está tratando de atraparlos aquí y allá para tratar de que ellos den la vuelta y llevarlos al conocimiento de Cristo y que estén de su lado. ¡Qué poder tiene la fe! Guau. Esta fe es tan poderosa, le da tal sustancia a su vida que usted vive en contra de la tendencia de su propia condición caída y vive en contra de la tendencia del mundo del cual usted es parte.

Hay un sentido real en el cual usted vive en contra de la tendencia de la dirección de sus propios sentidos; de sus propios sentidos porque usted no puede hacer lo que sus sentidos naturales le dicen a usted que haga. Si usted estuviera a merced de sus propios sentidos naturales, usted estaría fuera de control en todo sentido de su vida, ¿no es cierto? Porque esos sentidos nunca son satisfechos. Usted nunca tiene lo suficiente de nada, porque si usted de algo más, lo quiere. ¿Verdad? Lo quiere. Esto es lo que significa tener sustancia en el presente en base a las promesas para el futuro. Así es como vivimos nuestras vidas como cristianos. Esto es lo que significa vivir por fe. La fe llena el corazón. La fe provee al corazón un apoyo firme en las promesas reveladas de Dios. La fe cree en Dios, cree en Dios como es revelado en las Escrituras y esa fe, dicen las Escrituras, es un ancla. Aquí la vemos como un ancla establecida o presentada en la experiencia de los creyentes. La fe real nos da una sustancia de confianza en el presente.

Pero quiero ir más allá de eso. No es sólo la certeza o la sustancia o inclusive lo podría traducir la evidencia, elenchos, sino también es la convicción, esa es la palabra evidencia, elenchos de cosas no vistas. Esto lo lleva un paso más hacia adelante. Es la sustancia que se convierte en convicción. Quizás debería haber tomado eso antes porque es convicción lo que básicamente define cómo usted vive, ¿muy bien? Usted puede saber que algo es verdad, pero hasta que ese algo se convierta en una convicción, usted realmente no lo implementa en acciones. Entonces, tenemos sustancia que ha llevado a convicción.

¿Qué lo haría a usted vivir en contra de la tendencia de su estado caído? ¿Qué lo haría a usted vivir en contra de la dirección del mundo? ¿Qué lo haría vivir en contra de la dirección de sus propios sentidos? ¿E lo haría usted abandonar todo por algo que no puede ver, por promesas que nunca han sido cumplidas? ¿Qué lo haría a usted vivir este tipo de vida? Una convicción… Una convicción. E implícito en esa convicción hay un compromiso fuerte, fuerte.

Por ejemplo, tomando la idea del capítulo, ¿qué lo haría a usted construir un barco en un desierto, porque se le dijo que va a llover cuando nunca antes había llovido en la historia del mundo? ¿Una convicción? Bueno, tendría que haber sido algo más que tan sólo un tipo de esperanza porque habría pasado 120 años construyendo el barco. ¿Podría imaginarse usted construir un barco como Noé lo hizo durante 120 años en el desierto y enfrentando la burla de sus vecinos? Algunos de ustedes, cuando sus vecinos se burlan de ustedes durante unos días, quizás es más de lo que pueden enfrentar.

¿Qué es lo que hace que actúe la fe? Había tal sustancia en lo que se le había dicho, él tenía tal confianza en la revelación de Dios, que se con volvió en una convicción que literalmente él podía vivir su vida. Eso es lo que hace que la fe actúe. Él actúa en base a ello. Y vamos a ver realmente esa es la historia del capítulo, cómo actuaron esas personas en base a fe. Por causa de la revelación vino la acción, por causa de la sustancia, vino la convicción.

Ahora, nosotros comprendemos eso en la esfera humana y hablamos mucho de esto. Usted sabe, entendemos que todos vivimos por la fe. Tomamos agua. Comemos en restaurantes. Vamos a la farmacia y tomamos lo que el hombre de la farmacéutico nos da, y no tenemos de lo que hay ahí en el frasco. Manejamos por la autopista rápidamente y esperamos que cuando la flecha nos indica que vayamos en esta dirección, que exista una salida y no un precipicio. Confiamos en el letrero. Confiamos en la gente que colocó los letreros. En algunas partes del mundo, no los colocan. En algunas partes del mundo no confían en la gente por una buena razón. Nosotros confiamos en el cirujano. Esa es fe natural. Pero eso es fe en las cosas vistas, ¿no es cierto? Nosotros tenemos evidencia, tenemos historia pasada. Todo esto ya ha sido probado como confiable. Pero cuando estamos hablando de la eternidad, estamos hablando de lo que no ha sido visto. Cuando nosotros estamos hablando acerca del futuro y el cielo y todo lo que hay ahí para nosotros en las promesas de Dios, nosotros estamos hablando acerca de algo que no ha sido experimentado. No existe una persona en el planeta en la actualidad a la cual usted pueda ir y le pueda decir tú has ido al cielo y has regresado, cuéntame’. Nadie. Pero hay muchas personas que han ido al doctor y han ido a la farmacia. Esto es un regalo sobrenatural. Este es otro tipo de fe. Esta es la manera en la que vivimos. Vivimos en base a la promesa que nos es dada en las Escrituras porque creemos que las Escrituras son confiables. Creemos que las Escrituras son confiables porque la evidencia nos dice que son confiables y porque el Espíritu de Dios ha implantado en nosotros una fe para creer que son dignas de confianza.

Entonces, esa es la naturaleza de la fe. Una palabra acerca del testimonio de la fe. Versículo 2, y aquí el escritor en cierta manera nos introduce a lo que será el énfasis del capítulo. “Porque por ella alcanzaron buen testimonio los antiguos.” Literalmente, algunas traducciones, ‘los ancianos’, refiriéndose a los santos del Antiguo Testamento. Y aquí es donde él en cierta manera muestra su enfoque. Él va a ayudar a estos judíos quienes están luchando un poco quizás con esta idea de salvación por la fe, porque han salido de un sistema por obras al apuntar al hecho de que esto es, en realidad, cómo los santos de la antigüedad ganaron la aprobación. Testimonio significa alabanza, aprobación. ¿Por qué los identificaríamos a ellos como héroe de la fe? ¿Por qué los judíos los identificaban como héroes de la fe? ¿Por qué lo veían a Abel como a alguien más noble que Caín? ¿Por qué vieron a Enoc como alguien noble? ¿Por qué vieron a Abrahán como a alguien noble? ¿Porque vieron a Sara como a alguien noble? ¿Por qué vieron a otros como Isaac, José, Jacob, José y demás? Debido a su fe; y eso es lo que les va a mostrar a lo largo de este capítulo.

Esto no es un nuevo concepto. Los grandes héroes de la fe, los santos de la antigüedad, vivieron por fe. Abel creyó en Dios con respecto al sacrificio, actuó en base a fe que lo que Dios dijo fue verdad y lo que Dios esperaba era el camino de bendición. Él hizo lo que Dios le dijo, como Dios le dijo, porque Dios le dijo ‘esto es lo que vas hacer y te voy a bendecir’. Y lo hizo, claro. Fue bendecido y aprobado. Enoc creyó tanto en Dios que no murió. Dios estuvo tan contento con él que un día salió a caminar y llegó caminando a la presencia de Dios y se saltó la parte de la muerte. Noé creyó en Dios y debido a eso, Dios le concedió justicia y Dios cumplió todo lo que había prometido, pero lo libró a él y a su familia. Abraham y Sara creyeron en Dios como un niño y Dios cumplió la promesa. Aprendemos acerca de Isaac y Jacob y José y todo el resto de la gente aquí; todos ellos creyeron en Dios y fueron aprobados por todos los que los conocieron. El registro del Antiguo Testamento es un testimonio de su fe. Confiaron en lo que no podían ver. Vivieron sus vidas en base a promesas que Dios hizo y ciertamente Dios aprobó eso; y fueron honrados de manera apropiada por personas del pasado e inclusive, permanecieron siendo héroes de la fe.

La Palabra de Dios hizo que su esperanza fuera real. Y en base a lo que Dios les había dicho, vivieron en obediencia por fe y son honrados de manera apropiada como héroes.

En Hechos, capítulo 7, versículo 54 dice que cuando oyeron esto fueron traspasados. Esta es la predicación de Esteban. “Oyendo estas cosas, se enfurecían en sus corazones, y crujían los dientes contra él. Pero Esteban, lleno del Espíritu Santo, puestos los ojos en el cielo, vio la gloria de Dios, y a Jesús que estaba a la diestra de Dios.” Este es el primer vistazo del cielo por parte de un santo. “Y dijo: He aquí, veo los cielos abiertos, y al Hijo del Hombre que está a la diestra de Dios.”

Me alegra que él viera eso, ¿a usted no? Me da gusto que registrara eso en su sermón y me da gusto que el Espíritu de Dios permitiera que Lucas lo incluyera las Escrituras sagradas porque esa es la evidencia de un testigo ocular que está de pie y nos está esperando cuando sea nuestro momento de entrar en el cielo. Pero esto es nuevo. Esta es una experiencia totalmente nueva.

“Entonces ellos, dando grandes voces, se taparon los oídos, y arremetieron a una contra él. Y echándole fuera de la ciudad, le apedrearon; y los testigos pusieron sus ropas a los pies de un joven que se llamaba Saulo.” Más adelante conocido como Pablo. “Y apedreaban a Esteban, mientras él invocaba y decía: Señor Jesús, recibe mi espíritu. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: ‘Señor, no les tomes en cuenta este pecado.’ Y habiendo dicho esto, durmió.” A cada uno de los santos de la antigüedad que vivió en esperanza, quizás a ellos les habría encantado tener esa experiencia y quizás alguno de ellos la tuvo. No se registra. Pero me da gusto que el testimonio de las Escrituras registró lo que él esperaba que fuera verdad y de hecho, fue verdad. El cielo fue una realidad. La gloria de Dios estuvo ahí. Jesús estaba esperando a que el 100 llegara a Su presencia. Cada uno de nosotros, todos los santos de la antigüedad que hayan vivido por la fe, encontrarán gran consuelo en el testimonio de Esteban.

Entonces, la naturaleza de la fe. Es una confianza plena en el futuro prometido por Dios en las Escrituras. El testimonio de la fe siempre ha sido el testimonio de los santos, del Antiguo Testamento y más allá. Fue por la fe que los hombres de la antigüedad tuvieron buen testimonio, no sólo por parte de Dios, sino que se volvieron los héroes de la fe debido a su fe creyendo en lo que no habían visto aún, ni habían experimentado.

Y después, finalmente hay una ilustración de la fe, la primera que da. Y él nos mete en esta ilustración en el versículo 3. “Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la Palabra de Dios, de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.” Ahora, esta es una maravillosa pequeña ilustración. Podríamos pasar mucho tiempo en esto y por cierto, la conferencia entera de la creación el fin de semana se apoyará en la realidad de este versículo. Pero entendemos esto, el punto que aquí se presenta es algo crítico para nosotros. Vivimos en fe que ve hacia adelante, a lo que Dios ha prometido, ¿verdad? Esta ilustración nos lleva de regreso y nos da un fundamento para la fe que mira hacia adelante. Por fe entendemos que el universo fue hecho por la Palabra de Dios de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Eso mira hacia atrás a la creación. La creación es cosas vistas en el universo, hechas a partir de cosas no vistas. Eso es creación. La creación es ex nihilo, Dios hizo el universo entero a partir de nada. Lo que es visto no fue hecho de nada que fuera visible. Entonces, de lo invisible vino lo visible, de la nada, vino todo.

Entendemos eso por fe. Usted preguntará por qué entendemos eso por fe. Porque no estuvimos ahí. Usted dirá ‘bueno, no puedo vivir por la fe, no puedo conducir mi vida por fe’. Bueno, piense en esto. El mundo existe, el universo existe, por fe entendemos que Dios lo creó por Su Palabra. Ahora, ¿dónde colocamos nuestra fe? ¿En qué creemos? En la revelación de Dios escrita en Génesis en los capítulos 1 y 2, la cual nos dice que Dios creó el universo por Su Palabra, ¿verdad? “Sea la luz y fue la luz.” Él habló y e hizo que todo existiera; y el registro está en Génesis 1.

Entonces, tenemos una oportunidad de creer, de colocar nuestra fe en algo en el pasado como un fundamento para colocar nuestra fe en algo en el futuro. Nosotros podemos ver el efecto, el cual es el universo, entendemos que existe, cualquier persona con la mitad de un cerebro tiene que entender que tuvo que haber sido creado a partir de la nada, tuvo que haber habido un punto de comienzo inicial, tuvo que haber habido un momento en el que no había nada. Ese tiempo entonces terminó cuando Dios creó el universo. Por fe, comprendemos cómo es que eso sucedió. Nuestra fe está en la revelación de las Escrituras. Por la fe, usted entiende que eso sucedió, cualquier persona, realmente cualquier persona que simplemente no odia a Dios y odia al cristianismo, tiene que decir que alguien hizo esto. Usted dice eso cuando usted ve a un reloj, ¿no es cierto? ¿Por qué no el universo? Digo, algo tan obvio.

Pero, la persona que simplemente entiende que sucedió, no sabe cómo. Sólo la persona que cree en las Escrituras entiende cómo… Por la Palabra de Dios. Entonces, por la fe, nosotros entendemos que el universo fue preparado por la Palabra de Dios. ¿Por qué? Porque eso es lo que dicen las Escrituras y eso es una realidad, ¿no es cierto? Las Escrituras dicen… Ahora siga el pensamiento… Las Escrituras dicen que Dios lo creó, nosotros vivimos en él y nosotros podemos ver las evidencias de Su creación. Entonces, el hecho de que podemos mirar hacia atrás y ver que Dios describió Su creación, nos dijo cómo es que la hizo y ha dejado Su huella en ella y ahora estamos viviendo en esa creación, nos da la oportunidad de tener un cimiento, un fundamento para creer en el futuro. Lo que Dios dijo en Génesis hizo que existiera el universo y ahora vivimos en él y lo experimentamos y conocemos su realidad y podemos confiar en ese mismo Dios, quien habló e hizo que existiera esto por Su palabra y dijo que Él ha hablado e hizo que existiera otro mundo que nos espera; y un día, experimentaremos a ese mundo. Experimentamos este mundo que Dios hizo que existiera simplemente a hablar, nosotros experimentaremos el mundo que Dios hizo que existiera al hablar en la gloria de la esfera sobrenatural. Nosotros podemos confiar en Él para eso, porque así como Él es la fuerte fuente de eso, de la misma manera, es la fuente de esto.

Realmente, no es difícil de entender. Realmente no hay otra manera de explicar el universo fuera de que Dios lo creó. No hay otro modo. Y aquí vivimos en un mundo creado por la Palabra de Dios, descrito en detalle en Génesis 1 y 2. Toda la ciencia verdadera confirma la mano creadora de Dios en la complejidad de este universo. Entonces, nosotros ahora vivimos en un universo creado por la palabra de Dios, nosotros vemos Su huella en él; y ese es el fundamento por el cual confiamos en que Dios en el futuro tiene esperando para nosotros otro universo en la gloria de Su presencia, también prometido por Su poder creador.

Bueno, hay más que podrías ser dicho acerca del versículo 3, pero quizás esto sea suficiente para llevarnos ahí. Todos vivimos por la fe, todos nosotros que somos creyentes, confiamos en Dios. Nosotros confiamos en Dios como Creador de este mundo y nosotros confiamos en Él como Creador del mundo venidero para aquellos que lo conocen y lo aman.

Padre, Te damos gracias, porque conforme pensamos acerca de comenzar a ver el concepto de la fe, la esencia de la fe, el poder de la fe, realmente comienza contigo y no necesitamos dudar y esperar que haya alguna ilustración para mostrar que Tu Palabra puede ser digna de confianza, sino que más bien tenemos la revelación de las Escrituras, una revelación que es verdadera, digna de confianza, probada por siglos, y siglos, y siglos y siglos. Tenemos la gran evidencia de Tu poder revelado en esta creación física temporal como evidencia de Tu poder para crear esa creación espiritual eterna en las glorias del cielo venidero.

Concédenos, Señor, una fe que crece continuamente, una fe que siempre se fortalece y que no dudemos, sino que crezcamos fuertes en la fe, dándote gloria a Ti, oramos. Amén.

 

 

 

 

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