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Abramos la Palabra de Dios al octavo capítulo del libro de Romanos, ese tratado amado, maravilloso del apóstol Pablo, del evangelio y todos los aspectos de él. Y estamos viendo Romanos 8 porque ese es el capítulo del Espíritu Santo, y esta sería la parte seis, o el mensaje número seis en el estudio del Espíritu Santo, el ministerio del Espíritu Santo en el creyente, lo que el Espíritu Santo hace en nosotros. Y comencé esta serie por todas las malas representaciones del Espíritu Santo que abundan en el mundo cristianos contemporáneo. Es mal representado, de manera de tan terrible, tan insultado, tan contristado, tan entristecido, tomando lenguaje bíblico y tan blasfemado.

Si usted observa la fila carismática actual de gente ungida por el Espíritu Santo, usted no tendría idea en absoluto de lo que el Espíritu Santo hace. Para como que, si son las víctimas de un espíritu no santo, en lugar de un Espíritu Santo, el Espíritu Santo. El Espíritu Santo no hace que la gente sea mundana, carnal, jactanciosa, que no rinda cuentas, ridícula, etc., etc. El Espíritu Santo tiene un objetivo y es hacer que la gente sea santa, santa. Entonces, si alguien dice que él o ella está ungida por el Espíritu Santo, lo que debería manifestarse en esa persona es santidad evidente. Esa es la obra del Espíritu Santo, esa es la razón por la que él es llamado el Espíritu Santo.

En el trihagion famoso de Isaías, él oye a los ángeles en la adoración antifonal y están diciendo, Santo, Santo, Santo es Jehová de los Ejércitos y eso puede ser trinitario. Santo es el Padre, Santo es el Hijo, Santo es el Espíritu. Esa es la razón por la que hay tres de ellos. Este es el reconocimiento angélico de que la Trinidad es esencialmente santa. Y la obra del Espíritu Santo es esencialmente producir esa santidad en seres humanos, en nosotros. Para entender mejor eso, quiero que veamos los versículos 14 al 16 de Romanos 8, los voy a leer y vamos a regresar a ellos en un momento. “Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios, pues no habéis recibido el espíritu de esclavitud para estar otra vez en temor, sino que habéis recibido el espíritu de adopción por el cual clamamos, “Abba Padre”. El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”

Par de referencias ahí, el Espíritu Santo, como las ha habido en los primeros trece versículos, porque como hemos estado diciendo esto, en la gran carta de Pablo a los Romanos, este es el capítulo que trata con el ministerio del Espíritu Santo en la vida de los creyentes. Pero regresemos al punto inicial de lo que hemos estado hablando. Dios Padre es Santo, Dios Hijo es Santo, y el Espíritu es Santo. Con respecto al Padre, Levíticos 19 dice, “Yo Jehová vuestro Dios, Soy Santo”. Y eso, por cierto, se repite docenas de veces en el Antiguo Testamento, Dios dando testimonio de Su propia santidad. El Hijo de Dios es considerado como Santo en Lucas capítulo 1, Él es llamado el Santo Ser. Y en el libro de Hebreos, Él es llamado Santo y sin mancha. Y al ver al tercer miembro de la Trinidad, el Espíritu de Dios, leemos en Romanos 1:4, que uno de sus nombres es el Espíritu de Santidad.

Entonces, es verdad, Santo, Santo, Santo, es una confesión trinitaria. Todos son Santos, todos los miembros de la Santa Trinidad son por naturaleza y esencia y sustancia, Santos. Pero hay una obra en particular de Dios el Espíritu, con respecto a reproducir santidad en los creyentes. Esa es su obra. Él opera en lo que llamamos santificación, lo cual es separación del pecado, al transformar a creyentes en santidad. Oh, por así decirle, a la semejanza de Jesucristo. El ministerio del Espíritu Santo no es un producto corporal, no puede ser visto de manera visible en la manera en la que usted se mueve o tiembla o se mueve hacia atrás, o coloca sus manos en el aire. Es una obra de alma, es una obra de corazón.

En el Antiguo Testamento diríamos que la obra del Espíritu Santo consistía en producir piedad. En el Nuevo Testamento diríamos que la obra del Espíritu Santo consiste en producir semejanza a Cristo. El mensaje del Antiguo Testamento es ser como Dios, el mensaje del Nuevo Testamento es ser como Cristo. El agente de eso es el Espíritu Santo. Quizás el versículo que aclara de manera más singular esto es 2da de Corintios 3:18, un versículo acerca del cual escribí un libro una vez, cuando se me pidió, “¿podrías escribir un libro pequeño del versículo más importante para los cristianos, en el Nuevo Testamento?” Yo dije, “Bueno, no sé si puedo hacer eso, pero podría escoger. Y escogí este, 2da Corintios 3:18, “Por tanto nosotros, todos, mirando a cara descubierta sin obstrucciones, sin nada que bloquee nuestra vista, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, conforme vemos al Señor, conforme vemos la gloria del Señor somos transformados en la misma imagen de gloria en gloria, y esto es llevado a cabo por el Señor, quien es el Espíritu.”

El Espíritu Santo nos transforma a la semejanza de Cristo conforme vemos al Señor mismo, moviéndonos de un grado a otro, de un nivel de gloria al otro, a otro, a otro. Esa es su obra, es la obra del Espíritu Santo. Esa es la razón por la que Él es llamado el Espíritu Santo de manera única, o el Espíritu de Santidad, para producir santidad en nosotros. Como dije, en el Antiguo Testamento el termino era piedad en el Nuevo Testamento es semejanza a Cristo. En la santificación el Espíritu Santo es, los teólogos lo dirían de esta manera, el Espíritu Santo es la causa suficiente, el Espíritu Santo es la causa eficiente, las Escrituras son el medio instrumental que el Espíritu Santo usa.

Retrocedamos un poco y hablemos de esto, quiero que tengan el panorama general. Muy bien, porque usted necesita entender que esta obra del Espíritu Santo es el propósito de Dios en la redención. Esto no es parte de, esta no es una subcategoría, este es el propósito de Dios en la redención, hacer a un pueblo que es santo, piadoso, semejante a Cristo. Ese es el premio del supremo llamamiento. Esa es la meta de la redención. La meta no es lograda en la justificación, únicamente es lograda en la glorificación cuando todos nos volvemos perfectos en santidad. Y la obra del Espíritu mientras tanto consiste en hacernos más y más santos en esta vida, hasta que alcancemos esa santidad perfecta en la vida venidera.

Pero retrocedamos un poco y entendamos desde el principio mismo lo que Dios está haciendo. El hombre fue creado a imagen de Dios, es el mensaje de Génesis 1 y 2, ¿no es cierto? Génesis 1:26 y 27 Dios hizo al hombre a su imagen, a su semejanza, con un propósito, revelar a Dios, reflejar la gloria de Dios, expresar la naturaleza de Dios, desplegar su gloria. Capítulo 3, el hombre cae, el hombre cae y ese propósito es perdido porque ahora usted tiene a la humanidad pecaminosa, incapaz de reflejar o expresar la gloria de Dios. Esa es la razón por la que Romanos nos dice que todos estamos destituidos de (¿qué?) de la gloria de Dios. Esa es una verdad universal de la humanidad caída, no podemos hacer aquello para lo que fuimos creado a hacer. Hechos a imagen de Dios, con el propósito de reflejar, expresar la gloria de Dios, caídos en pecado, corruptos, distorsionados, pervertidos, no podemos hacerlo.

Y si usted ve la historia antigua, después de Adán usted ve a unas cuantas personas que fueron rescatadas de esa condición, y quienes verdaderamente se convirtieron en personas que podían reflejar la gloria de Dios. Enoc caminó con Dios, un día simplemente siguió caminando y siguió caminando hasta llegar al cielo y no murió. Los hijos de Set, quienes fueron una línea piadosa, pero hubieron tan pocas personas en esa humanidad, distorsionada, pervertida, corrupta. Escuche esto, al grado que unas cuantas generaciones después Dios ahogó a la raza humana entera, porque únicamente hubieron ocho personas que podían reflejar su gloria. Únicamente ocho, de millones. Los borró. Comenzó desde el principio. Así de profunda y caída es la corrupción.

Dios el Padre entonces, determinó a partir de esas ocho personas, restaurar la imagen terriblemente distorsionada, terriblemente corrupta de Dios en la humanidad, al transformar soberanamente, sobrenaturalmente y en su gracia, esos pecadores. No fue un trabajo superficial, no fue un trabajo de apariencia, no fue algo por fuera, tenía que ser algo en el interior. Él tenía que recrearlos para que fueran capaces de manifestar su gloria. Pedro lo describe en palabras que son muy, muy importantes y muy claras, Pedro dice, en 2da de Pedro 1:4, “han escapado la corrupción”. Ustedes han escapado el estar distorsionados, han escapado estar en esa condición perversa, han escapado eso al volverse, escuche esto, participantes de la naturaleza divina. Wow! ¿Participantes de la naturaleza divina? La naturaleza misma que es de Dios, ¿les ha dado la naturaleza misma que es de Dios, le ha sido dada a usted en un renacimiento?

Ese es el propósito de la salvación. El propósito del plan redentor de Dios, es recuperar a la humanidad de su incapacidad de darle gloria. El propósito de la salvación, es revertir la caída, y hacer que los hombres sean capaces de glorificarlo a Él. Y para eso, Dios tiene que recrearlos, tienen que volver a nacer espiritualmente. Tienen que tener una nueva naturaleza, tienen que convertirse en nuevos hombres, todo ese es lenguaje bíblico. Tienen que tener un nuevo nacimiento. Si alguno está en Cristo nueva criatura es, 2da Corintios 5:17 nos dice. Esa obra entera de hacer eso, es la obra del Espíritu Santo. Celebramos la cruz y de manera apropiada lo debemos hacer, celebramos el amor de Dios, la grandeza de Dios, cantamos himnos de alabanza a Dios, cantamos de la cruz y de manera apropiada debemos hacer eso, pero a la mitad de todo esto nos olvidamos que la causa real eficiente, la fuente divina de todo lo que somos como cristianos es de hecho el Espíritu Santo.

El plan de Dios es tomar a pecadores corruptos que no pueden glorificarlo, que no tiene capacidad, que se quedan cortos de poder hacer eso, en quienes la imagen divina es distorsionada, es distorsionada a tal grado, así de distorsionada esta que fuera de la regeneración todas esas personas distorsionadas son tan inútiles para Dios, para cumplir el propósito por el cual él hizo al hombre, que los arroja al montón de basura del universo, el cual es un foso que está ardiendo eternamente, llamado Gehena, el cual fue el nombre del montón de basura en Jerusalén, en donde arden para siempre porque son inútiles, sin la posibilidad de escape alguno.

¿Cuán severa es la distorsión? Lo suficientemente severa como para arrojar a la humanidad en el basurero como absolutamente inútil, que sea consumida eternamente. El plan de redención es rescatar algunas de esas personas, rehacerlas, darles vida nueva, regenerarlos, recrearlos, restaurarlos, transformarlos, colocarlos, hacer que atraviesen por una metamorfosis espiritual y hacerlos participantes de la naturaleza divina. Esa es una afirmación tan grandiosa, ese es el plan de Dios. Él lo inició. Ahora, cuando Dios hace eso, ¿qué es lo que una persona verdaderamente regenerada que se convierte en un participante completo de la naturaleza divina, se ve? ¿cómo se ve? Lo voy a dar la respuesta, en una palabra, Jesús.

Dios lo inició y Jesús lo demostró. Cuando usted ve a Jesús, usted ve la imagen perfecta de Dios en forma humana. ¿Podía él glorificar a Dios? Juan 1:14 dice, “Vimos su gloria”. ¿Y que gloria fue? Gloria como del Unigénito del Padre, gloria como del Unigénito del Padre. Él desplegó a Dios como Dios nunca antes había sido desplegado. Si usted quiere ver la obra perfecta del Espíritu Santo en un individuo, vea a Jesucristo. Recuerde lo que Jesús dijo. Todo lo que él hizo fue la obra del Espíritu Santo en él, ¿verdad? todo. En su condescención él cedió todas esas prerrogativas de sí mismo y se sometió a la voluntad del Padre, y a la obra del Espíritu Santo. De tal manera que todo lo que él hizo, lo hizo por el poder del Espíritu Santo. E inclusive, ofreciéndose a sí mismo en la muerte, inclusive resucitando de los muertos, fue la obra del Espíritu Santo, porque él se convierte entonces en el modelo perfecto de la obra del Espíritu Santo y el resultado final de eso es una humanidad perfecta.

Y ¿Cómo se verá? Se verá como Jesucristo. Esa es la razón por la que dice, cuando usted va a al cielo, usted va a tener un cuerpo en semejanza al cuerpo de la gloria Suya, y usted va a ser como él porque usted lo verá como él es y el día que usted lo vea como él es, usted será hecho como es él. Esa es la meta. Entonces, ¿cuál es el propósito de la redención? Crear una humanidad que es como Cristo. No es que somos como Dios. Siempre seremos una humanidad glorificada, pero seremos tanto como Jesucristo como la humanidad glorificada puede ser. Seremos perfectos a la imagen de Dios en forma humana. Entonces, Dios la inició, Jesús la demostró, y el Espíritu Santo la efectúa. Al final, es el Espíritu Santo que nos resucita. Ya vimos eso en este capítulo. Es el Espíritu Santo quien nos resucita, versículo 11 nos dice eso.

Entonces, Él nos resucitará a la gloria, veremos más de eso en versículos futuros aquí. Es el Espíritu Santo quien nos resucita a la gloria, y nos hace al final como Cristo. Entonces, seremos esa humanidad completamente restaurada, gloriosa, perfecta, justa, santa, para siempre. Pero, mientras tanto el Espíritu Santo nos deja aquí para que podamos llevar a cabo la obra de evangelismo, ¿verdad?, porque somos la fuente que Dios ha determinado usar para llevar a cabo la obra de evangelismo. Pero mientras que él nos deja aquí, él tiene que meternos en el proceso santificador. Esa es 2da de Corintios 3:18, de un nivel de gloria al siguiente, por grado, por grado, por grado. Cuando usted va al cielo es instantáneo, usted es inmediatamente perfeccionado.

Mientras tanto es un progreso llevado a cabo por el Espíritu Santo. El Espíritu Santo lo comienza al darnos nacimiento, somos nacidos del Espíritu, Él nos regenera, Él es él que nos da esa nueva vida. Él es el que nos rescata de nuestra corrupción y nuestra perversidad y nuestra impiedad, y Él es él que nos rescata de estar distorsionados de tal manera sin esperanza, que deberíamos terminar en el montón de basura del infierno para siempre. Él nos rescata, nos da vida nueva, nos recrea, Él es la causa eficiente de eso, y el medio instrumental que Él usa es las Escrituras. Somos renacidos por la verdad, somos santificados por la verdad, esta es Su obra, y Él nos va a glorificar. Entonces Él nos regenera, nos santifica y nos glorifica. Él es el que en un sentido entrega a Dios a esta humanidad perfeccionada, redimida.

Ahora, ese en cierta manera es el panorama general. La obra del Espíritu entonces, es la restauración de la imagen de Dios en el hombre, en ultimas, en la gloria de la perfección en el cielo cuando seamos hechos como Cristo. Pero mientras tanto, en esta vida, Él está comprometido con movernos por grado, de un nivel de gloria al siguiente, al siguiente, al siguiente. Ahora, hay otro componente en esto, y quiero que usted lo entienda, conforme expando esta idea un poco. Voy a regresar a esa idea y extenderla un poco. Si usted fuera a ver el Antiguo Testamento e hiciera la pregunta, ¿qué dice de la santificación? Usted no encontraría nada en el Antiguo Testamento que dice que la meta de la santificación es hacerlo a usted como Cristo, porque no habían visto a Cristo, ¿verdad?

Entonces, la palabra que usted necesita usar cuando usted habla de la santificación en el Antiguo Testamento, es piedad, piedad. El objetivo del Antiguo Testamento era tener a un pueblo que fuera como Dios. En Levítico, por ejemplo, y ese en cierta manera es el lugar clave para esto, comenzando en el capítulo 11, o inclusive antes, y corriendo hasta el capítulo 20 o por ahí, unos diez capítulos, usted oye esto: “Sed santos, porque Yo Soy Santo”, “Sed santos, porque Yo Soy Santo”, “Sed santos, porque Yo Soy Santo”, esto es repetido y repetido y repetido. Piedad, sean como Dios. Sean Santos como Dios es Santo. ¿Cómo sucede eso? Bueno, Levítico nos da un principio critico de eso en varios lugares, pero únicamente voy a usar dos de ellas, o uno para comenzar.

Levítico 20, y versículo 8. En el versículo 7 está esa afirmación conocida, “Sed santos, porque Yo Jehová vuestro Dios, soy Santo”. Pero en el versículo 8 dice esto: “Guardareis mis estatutos y los practicareis. Yo Soy Jehová, que os santifica.” ¿Entiende usted lo que eso está diciendo? la santificación es llevada a cabo por el Señor, en un contexto de obediencia. Tienen que conocer mis estatutos y practicarlos. Entonces, de nuevo, las Escrituras son el medio instrumental mediante el cual el Señor santificaba a Su pueblo, inclusive en el Antiguo Testamento. Él les dio Su Palabra, debían obedecer Su Palabra, debían practicar lo que Él dijo, y ese es el medio mediante el cual el Señor santificaba a Su pueblo.

En el capítulo 21, versículo 8, Él habla de lo mismo, “Seréis santos, porque Yo el Señor que os santifica, Soy Santo.” De nuevo, quiero que sean santos, porque Yo Soy Santo. Y Yo voy a santificarlos conforme ustedes creen y obedecen Mi Palabra. El medio instrumental de la santificación es la Palabra. Ahora, permítame dar un paso más hacia adelante, para profundizar. Para entender la santificación en el Antiguo Testamento, usted necesita entender una verdad básica, y es esta, Dios se estaba esforzando en el proceso de la santificación por la obra del Espíritu Santo, en producir una semejanza familiar en Su pueblo, un pueblo que es como Dios. En el Sermón del Monte del Señor, él dijo esto, capítulo 5 de Mateo, versículo 45, “Sed pues como vuestro Padre que está en los cielos. Si perdonan a su enemigo, aquellos que los dañan, serán como Su Padre que está en los cielos.” Esa es una perspectiva del Antiguo Testamento de la santificación. Sean como Dios, sean como Dios.

Otro en el mismo sermón, capítulo 5, es este: “Sed pues vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.” Si perteneces a Dios, si eres un hijo de Dios, debe haber una semejanza familiar, ¿verdad? Esa es la esencia de entender la santificación del Antiguo Testamento. La santificación en el Antiguo Testamento es vista como parte de una relación de pacto verdadera con Dios. Y esa relación de pacto es una relación de familia. Han venido a la familia de Dios, y el proceso de santificación está diseñado para hacerlo a usted más y más como su Padre. Esa es la santificación en el Antiguo Testamento, ser como Dios, eso es la piedad. La meta es la restauración de la imagen divina.

Ahora, lo que sucede en el Nuevo Testamento es muy importante, pero fácil de entender. En el Nuevo Testamento el énfasis no es tanto, sean como Dios, sino ¿Qué?, sean como Cristo. ¿Por qué? ¿es eso diferente? No. Es esto, que Cristo es la representación perfecta de lo que un ser humano, quien es totalmente como Dios, se ve. ¿Verdad? Este es un ser humano, completamente humano y en semejanza a Dios. Juan 1:14 de nuevo, “Y vimos Su gloria”. Él era como Dios, Él estaba lleno de gracia y de verdad. Esa es la obra del Espíritu Santo. Él hace a gente piadosa, gente semejante a Cristo, la santificación equivale a piedad, equivale a semejanza a Cristo, eso es lo que es la santidad. Separación del pecado a la piedad, a la semejanza a Cristo.

Entonces, la realidad maravillosa de una vida de Cristo, vivida aquí en la tierra es que usted ve como se ve la piedad, de como se ve la piedad perfecta en un ser humano. Y ese es el modelo y esa es la razón por la que el apóstol Pablo dijo, “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo.” Cristo dice, ‘Síganme, Yo Soy el patrón’. Dios habló en tiempo pasado, revelándose a Sí mismo mediante los escritores del Antiguo Testamento, pero en estos postreros días, Hebreos 1 dice, “nos ha hablado en Su Hijo, quien es la representación exacta de Su Persona.”

Entonces, cuando alguien me dice quiero ser piadoso, ¿cómo se ve? Yo digo, se ve exactamente como Jesucristo. ¿Quieres ver la piedad en una forma humana? Cristo. Esa es la razón por la que se nos dice en 2da Corintios 3:18, que veamos la gloria del Señor, porque ese es el estándar de santidad y santificación. Y el Espíritu Santo, conforme esa visión se vuelve clara para nosotros y domina nuestras mentes, nos moverá de un grado al siguiente, al siguiente, al siguiente. Inclusive en esta vida. El milagro divino de la regeneración es llevado a cabo por el Espíritu Santo. El milagro divino de la glorificación es llevado a cabo por el Espíritu Santo. Y el milagro divino a la mitad de la santificación, es también llevado a cabo por el Espíritu Santo y no es menos milagroso.

Lo que el Espíritu Santo hace es que nos muestra las cosas de Cristo. ¿Se acuerda usted de lo que Jesús dijo en el Aposento Alto? ‘Él les va a mostrar las cosas de Cristo’. ¿Por qué? porque es solo conforme usted ve a Cristo, que usted ve la representación completa de Dios. Es solo conforme usted ve a Cristo que usted entienda la piedad, la santidad, la santificación, y conforme usted mira esa perfección que todo lo absorbe en forma humana, que se convierte en el modelo y el estándar al cual el Espíritu de Dios lo forma a usted. Entonces, cuando alguien dice, “soy ungido por el Espíritu Santo”, deberían verse mucho como Cristo. Esta es la obra del Espíritu Santo en todo creyente. La meta del Espíritu Santo es producir hijos de Dios, que tienen un parecido familiar, que son como su Padre, como su hermano Jesucristo quien no se avergüenza de llamarlos hermanos.

Esa es la meta de la muerte de Cristo y la resurrección. La meta de la muerte de Cristo, la meta de la resurrección era regresar al cielo habiendo provisto una expiación suficiente y enviar al Espíritu Santo. La meta de la muerte de Cristo, la resurrección, fue enviar al Espíritu Santo con el propósito de regenerar, santificar y glorificar a aquellos que creen, todo tiene que ver con la familia, y tiene que ver con parecido a la familia, de lo que estamos hablando aquí. Y si usted regresa conmigo a Romanos 8, finalmente llegamos ahí, usted verá que el tema principal aquí es que el Espíritu Santo está llevando a cabo la obra de adopción. Usted tiene la referencia a hijos de Dios, en el versículo 14, usted tiene la referencia a adopción como hijos, en el versículo 15, y usted tiene la referencia a hijos de Dios o hijos de Dios, de nuevo en el 16. Todo esto tiene que ver con estar en la familia. Tiene que ver con esta relación de pacto con Dios, que lo hace a usted un miembro de la familia. Y la obra del Espíritu Santo es hacerlo que sea vea a usted como el resto de la familia, como su Padre, y como su hermano Perfecto. Todo tiene que ver con parecido a la familia.

No fue el menos que Juan Calvino, quien tuvo un entendimiento bastante bueno de la teología, quien dijo, “Este regalo de ser hechos hijos, es el privilegio más elevado de la redención. Y la obra primordial del Espíritu Santo.” Juan Calvino dijo, ‘esta es la obra primordial del Espíritu Santo’. Lo es. ¿Puedo ser tan atrevido como para decir que inclusive su obra de inspirar las Escrituras fue un medio de lograr Su obra de santificar y glorificar un pueblo? Las Escrituras son un medio para alcanzar un fin y no un fin. Este es el fin. Es el privilegio más elevado de la redención, convertirse en un hijo de Dios, y es la obra primordial del Espíritu Santo hacer hijos de Dios al regenerarlos, glorificarlos, y a la mitad santificarlos para que su testimonio sea creíble. Esa es la razón por la que estamos aquí.

Bueno, esta es verdad poderosa y elemental, debemos conocer esto. No solo es aquí en el escrito de Pablo a los Romanos sino que él hace una referencia parecida a la urgencia y a la importancia de entender esto, al final del capítulo 6 en 2da Corintios, cuando dice “Salid de en medio de ellos y separaos, dice el Señor.” Y él está tomando eso claro de Isaías, “y no toquéis lo inmundo y lo recibiréis y seré Padre a vosotros, y me seréis hijos e hijas para mí, dice el Señor Todopoderoso.” Dios está haciendo una familia, Dios está redimiendo una familia, Dios está regenerando una familia, escuche, que tendrá la capacidad de demostrar Su gloria, por la imagen de Dios que está en ellos. Para restaurar la imagen de Dios tenemos que ser recreados, tenemos que ser renacidos, y en eso consiste la regeneración y el nuevo nacimiento.

Le ayudará creo, entender la naturaleza de la adopción, porque probablemente está diciéndose a sí mismo, ‘bueno, la adopción, tu sabes’, habla de eso en el versículo 15. Pero la adopción es una especie de asunto de segundo nivel, usted sabe, leemos en el periódico de gente que adopta a niños y los coloca después en un avión y los envían de regreso porque no los quieren. Y la gente dice esto todo el tiempo. Usted nunca va a saber lo que va a obtener usted sabe, puede atravesar por todo el asunto legal y puede adoptar un niño, pero no cambiar el corazón de un niño, entonces terminas con lo que terminas. Y quizás no funcione muy bien y los hijos adoptivos puedan terminar siendo un desastre y un terror en el hogar, y etc., etc., etc., porque realmente no puedes controlar lo que son en el interior, puedes hacer todo el trabajo legal por fuera.  

Usted necesita entender lo que la Biblia dice de la adopción, y es tan completo y tan amplio que hace a un lado esas críticas y se lo voy a explicar. En el siglo primero, si usted era adoptado, eso no lo hacía a usted un hijo de segunda clase. Eso lo hacía un hijo de primera clase. Y esto es básico, muy bien. Con toda honestidad, cuando usted tiene bebes en su familia, usted termina con lo que termina, ¿verdad? Usted podría ver un hijo y decir, guau, podríamos usar un poco más de cerebro aquí, podríamos usar un poco menos de rebelión aquí, podríamos usar un poco de paciencia aquí, pero esto es lo que tenemos. Terminamos con esto.

Hablo lo suficiente con los padres para saber que si les hubiera dado una lista de lo que querían podrían haber estado contentos con haber colocado ahí lo que hubieran querido, si hubieran sabido los resultados que podrían esperar. Y esa es la razón por la que, de hecho, la gente que va a esos bancos y compran esperma, quieren una especie de perfil genético, porque quieren dirigir el tipo de niño que van a tener y en cierta manera quieren administrar eso. Pero, digo, la realidad es que usted termina con lo que termina, y eso está bien porque usted entiende eso, usted ama a esos hijos.

Pero en el mundo antiguo si usted adoptaba a alguien, usted estaba adoptando a un hijo en la mayoría de los casos. No era rescatar a niños de la calle, no adoptaban a niños de la calle como una operación de rescate. Usted adoptaba a un hijo porque usted encontraba a alguien que excedía en capacidad a los que usted tenia. Esto es un asunto de primera clase. Un hijo adoptivo era escogido deliberadamente por un padre que adoptaba para perpetuar su nombre y heredar su patrimonio. Así es como usted podría tratar con un delincuente. Usted simplemente adoptaba a un joven noble para que se convirtiera en su hijo, de ninguna manera ese hijo que era adoptado era inferior. 

En ocasiones podría haber sido una hija, pero en la mayoría de los casos era un hijo, pero era a los que se les pasaba el patrimonio, y la responsabilidad. Esto era típico, usted escogía este hijo debido a su capacidad superior de representar a la familia para administrar el futuro de la familia y heredar el patrimonio de la familia. Este hijo que era adoptado bien pudo haber sido la manzana del ojo de su padre, el gozo del corazón de su padre, él pudo haber recibido lo mejor del afecto del padre y educación, más que un hijo que había nacido en la familia. E inclusive pudo haber demostrado la virtud de su padre, y la preparación de su padre de manera más perfecta que los demás.

El punto entero del retrato es para decir esto, han sido adoptados, esa es una elección divina. No porque antes de que usted fuera adoptado usted era tan noble que Dios no podía continuar manteniendo su reino en movimiento sin usted. Por elección soberana, divina, Dios lo prefirió a usted y me prefirió a mí. Elección libre, voluntaria. Es algo sorprendente. Permítame decirle cómo funcionaba. Una adopción romana era un evento muy formal, un acontecimiento muy formal. Era difícil porque en la ley romana existía esta regla llamada ‘patria potesta’, es el poder del padre, eso es latín. Y el poder del padre significaba que él tenía poder absoluto sobre la familia, él tenía derecho absoluto de hacer lo que quisiera con sus hijos, las primeras etapas del Imperio Romano, matar a sus hijos si él quería. Control absoluto sobre ellos.

Con respecto a un hijo romano, él nunca llegaba a la edad adulta, en el sentido de que él nunca tenia independencia alguna del poder de su padre. No importa la edad que tuviera, no importa si él estaba casado, él siempre estaba bajo el poder absoluto de su padre. Si usted era un hijo o hija, usted estaba bajo el control absoluto, bajo la posesión absoluta de su padre. Esto hacía de la adopción algo muy difícil, porque si usted encontraba un hijo que usted quería usted lo quería porque podía usarlo en su negocio, en su patrimonio, en su familia, para el bienestar del futuro de su familia. ¿Cómo es que usted va a hacer que el otro padre lo dejara ir?, si él es un hijo con la suficiente nobleza para usted, al grado que lo quiere tanto, ¿cómo es que va a suceder eso?

Bueno, algunas negociaciones estaban involucradas en eso, él tenía que salir de la patria potestas del hombre a quien le había nacido, y pasar a la patria potestas del padre que lo adoptaba. Dos pasos, interesante. Paso número uno era llamado ‘mancipatio’ de lo cual obtenemos ‘emancipación’. Mancipatio era llevado a cabo mediante una venta simbólica, una venta simbólica de hecho en la que las balanzas, la báscula y pedazos de cobres eran usados y tres veces una pequeña ceremonia se llevaba a cabo. Tres veces había una venta simbólica, aquí está el niño, y el dinero era colocado en la báscula. La primera vez el padre entonces lo tomaba de regreso y decía, No, no. Y él lo volvía a hacer. Y el dinero era colocado en una báscula y él lo tomaba de regreso. Y esto era para demostrar que se rehusaba, y comunicaba que el no solo estaba aventando a este hijo, a este niño. No obstante, la tercera vez él no lo tomaba de regreso, y él era emancipado de la patria potestas de su padre de nacimiento.

Después seguía una ceremonia llamada ‘vindicatio’. El padre que adoptaba iba al oficial romano, magistrado, presentaba un caso legal para la transferencia del hijo, de una familia a la otra. Cuando todo estaba completo, la adopción estaba completa. Muy formal. Ahora, esto era lo que pasaba. Esto es importante, cuatro cosas muy importantes se llevaban a cabo. Una: la persona que era adoptaba, perdía todos los derechos de su familia anterior. No tenía derechos, no tenía existencia en esa familia anterior, y él ganaba todos los derechos de su familia nueva. No podía regresar y tratar de obtener algo de su familia anterior. Todo era completamente cortado del pasado, y él tenía todos los derechos de un hijo totalmente legitimo en su familia nueva.

En segundo lugar, él se convertía en heredero del patrimonio de su padre nuevo. Él se convertía en heredero del patrimonio de su padre nuevo. Esta era la razón por la que esto era realizado. Y cuando él se convertía en un heredero del patrimonio de su padre nuevo, inclusive después, si otros hijos nacían no podían reclamar en contra de esto porque eran hijos naturales. No afectaban los derechos del hijo que era adoptado.

En tercer lugar, la vida antigua de la persona que era adoptada, escuche esto, era completamente borrada. Era como si nunca hubiera vivido, todas sus deudas eran canceladas ahí mismo. Todos sus registros eran borrados, eran como si hubiera nacido el día en el que había sido adoptado, todo lo demás dejaba de existir. Él era como una nueva persona que acababa de comenzar su vida.

Y, en cuarto lugar, a los ojos de la ley la persona que era adoptada era de manera permanente y absoluta el hijo de su padre nuevo. ¿Le suena eso, mucho como la salvación, a usted? Eso es exactamente lo que está retratando, ese concepto de adopción. Todos nuestros derechos de nuestra familia anterior y nuestro padre anterior, el diablo, son cancelados. Adquirimos todos los derechos, hijos totalmente legítimos a nuestra nueva familia. Herederos de Cristo, co-herederos con Cristo de todo lo que el Padre posee. Somos los herederos de Su patrimonio. Todo lo de nuestra vida antigua es borrado, ¿verdad? ¿Acaso la deuda que era contra nosotros, no fue cancelada en la cruz?  Y, ¿acaso no somos los hijos verdaderos, eternamente los hijos verdaderos de nuestro Padre nuevo? Esto es sorprendentemente hermoso.

Y si usted todavía está un poco molesto por el hecho de que esto parece ser algo superficial, permítame ayudarle con eso. Usted puede adoptar un hijo, pero usted tiene que reconocer que cuando usted adopta un hijo, usted no puede cambiar su naturaleza, esa es la naturaleza del hijo. Y vemos ese tipo de problema todo el tiempo. Bueno, adoptamos este hijo pensando que era el mejor, y este hijo es incorregible, este hijo es rebelde, y este hijo está enojado y este hijo, usted, y meta las letras ADD, ADHD, bipolar, psicótico. Y usted, pasó por todo el asunto para poder cumplir con el aspecto legal de esto, pero usted no pudo cambiar el corazón. Ahí es donde la obra bíblica del Espíritu de Dios es tan diferente de la adopción.

Escuche, nos convertimos en hijos por adopción, pero también nos convertimos en hijos por la regeneración. La adopción nos da el nombre, y el título, y los derechos. La regeneración nos da la naturaleza de nuestra nueva familia. Los genes espirituales de nuestra familia nueva. El énfasis en la adopción es para mostrar que fuimos escogidos, y es la analogía de que todo el pasado es cancelado, es como si hubiéramos nacido de nuevo y apenas comenzáramos a vivir. Esa es la razón por la que la adopción es algo tan importante, porque habla de selección, elección, decisión. Y después habla de cancelar todo en el pasado, y una familia nueva. Pero no a expensas de la regeneración. La adopción confiere el nombre y el titulo, la regeneración confiere la naturaleza. En otras palabras, ahora nos hemos convertido no solo en hijos adoptivos, sino en participantes de la naturaleza divina. Es algo sorprendente y el Espíritu Santo está haciendo todo esto, todo esto.

Ahora, veamos estos tres versículos. Usted sabe adónde vamos a ir con esto. Entonces, está bien ¿cómo es que el Espíritu Santo demuestra esta adopción? Uno, al guiarnos. “Todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios”. O volteándolo, el que es un hijo de Dios está siendo guiado por el Espíritu Santo. La primera marca de hijos adoptivos, es que son guiados por el Espíritu Santo, son guiados por el Espíritu Santo, son dirigidos por el Espíritu Santo, sus vidas son controladas por el Espíritu Santo. Se nos presenta esta realidad maravillosa de que el Espíritu Santo ha establecido Su residencia en nuestras vidas e internamente nos está dirigiendo. Él no guía mediante violencia. Escuche, Él no guía mediante violencia, Él guía por inclinación. Él genera en nosotros ‘inclinación’. Inclinando, cambiando nuestra voluntad, cambiando nuestros deseos, cambiando nuestros anhelos, cambiando nuestros afectos, cambiando nuestros intereses. Esto es milagroso, y esto es parte de lo que significa ser participantes de la naturaleza divina. Amamos lo que la naturaleza divina ama. De pronto, repentinamente amamos la ley de Dios, Pablo dice en Romanos 7. Nos deleitamos en la ley de Dios, Salmo 119, ciento setenta y cinco veces David lo dice. Esto es la obra del Espíritu Santo.

¿Cómo nos guía Él? de dos maneras. Externamente, por las Escrituras. Externamente, por las Escrituras, Salmo 119:18, “Abre mis ojos y miraré las maravillas de tu ley.” Muéstrame la verdad de las Escrituras. Externamente por las Escrituras. Internamente por la santificación. Esas dos maneras, externamente Escrituras e internamente, santificación. ¿Qué quieres decir que el Espíritu agita el corazón? No sé, esa es la categoría de milagros, ¿verdad? Eso es lo milagroso, usted es un milagro viviente. No fue nada más un milagro que usted fue salvo, es un milagro que usted está siendo santificado. Y es un milagro cuando usted sea glorificado. Usted conoce el milagro de la glorificación. Usted sabe que cuando usted se vaya de aquí y vaya al cielo, y usted reciba un cuerpo glorificado y usted esté en la presencia del Señor, nadie va a discutir contra ese milagro.

Y entendemos el milagro de la regeneración, pero el milagro de la santificación es igualmente milagroso porque usted está siendo movido de un nivel de gloria al siguiente, al siguiente, al siguiente por el Espíritu Santo. Externamente su medio instrumental son las Escrituras, internamente Él lleva a cabo Su obra para santificarlo a usted. Esa es la razón por la que David ora en el Salmo 143:10, “Enséñame a hacer tu voluntad”, enséñame a hacer tu voluntad, sé mi Maestro interno. O el Salmo 119:35, “Hazme ir por el camino de tus mandamientos”. Hazme ir por ese camino. Y eso es lo que el Espíritu Santo hace. O el Salmo 119 “Ordena mis pasos en Tu Palabra”. Llévame por ese camino. Esa es la obra interna del Espíritu Santo, cuyo templo somos. Los tiempos verbales, ‘estamos siendo guiados’, es todo el tiempo, todo el tiempo, todo el tiempo, constante. Ser guiados por el Espíritu Santo no es un momento de éxtasis, no es algún tipo de momento de emociones, es un estilo de vida, es una manera de vivir. Es un milagro invisible, conformándolo a usted más y más a la semejanza a Cristo, al inclinar su voluntad y sus deseos en esa dirección.

La segunda cosa que el Espíritu Santo hace es darle a usted, acceso intimo a Dios. Versículo 15, “No habéis recibido el espíritu de esclavitud para que estéis otra vez en temor”. Cuando usted era una persona no-regenerada, cuando la imagen de Dios estaba tan distorsionada que usted estaba condenado al montón de basura del universo, el montón de basura de la eternidad en el infierno, usted vivía en temor, usted vivía en terror. Usted vivía en la expectativa del juicio, usted estaba en la esclavitud al pecado, por lo tanto, estaba en la esclavitud a la culpabilidad, ansiedad, temor, juicio, así vivía usted. Lo que sucedió cuando usted fue regenerado y el Espíritu comenzó una obra de santificación, es esto, usted recibió un espíritu de adopción, o quizás mejor el Espíritu de adopción, lo cual algunos teólogos dicen es el nombre supremo para el Espíritu Santo. Si usted quisiera tomar el nombre de todos los nombres que darle al Espíritu Santo, Él debería ser llamado el Espíritu de adopción porque es Su obra de traernos a la familia y conformarnos al parecido de la familia, que domina lo que Dios le ha dado que él haga. Lo que el Padre le ha dado que haga.

Tenemos en, por el Espíritu Santo, usted no puede decidir si está hablando del Espíritu Santo o si está hablando del espíritu humano. Puede ser cualquiera de los dos, pero me gusta pensar en que son ambos, es el Espíritu de adopción quien nos da un espíritu de adopción, capacitándonos para clamar Abba Padre. Usted no nada más entró corriendo a la presencia de un Dios infinitamente santo y le dice ‘Papá’. Eso es lo que ‘Abba’ significa, ‘papá’. ¿Ese tipo de intimidad con Dios? Eso sacudiría a los judíos hasta lo más profundo de su ser. ¿Qué? Dios es distante y santo, y aquí viene esta persona corriendo, ‘Papá, papá, Abba Padre. No hay temor, ¿verdad? No hay temor.’ Usted tiene acceso íntimo. Uno de los grandes gozos, el gran gozo, me imagino en ciertas maneras de ser un abuelo, es ese afecto sorprendente, sin estorbos, sin refreno que viene de los nietos. Algunas personas creen que soy una persona importante, ellos no. Algunas personas creen que es difícil conocerme, ellos no. Algunas personas creen que en cierta manera deben guardar su distancia, ellos no.

¿Hay algo más preciado que los niños pequeños corriendo y abriendo sus brazos y abrazándolo a usted como a un padre o abuelo, en esos tiempos básicamente de afectos ilimitados, sin estorbos, sin cuestionamientos? Papá, viene volando hacia mí de toda dirección. Y eso es exactamente lo que tenemos aquí. Hay un sentido en el que simplemente entramos corriendo sin temor a la presencia de Dios, porque el Espíritu Santo nos ha hecho hijos por nacimiento, e hijos por adopción, con acceso completo al Padre.

Hay un tercer ministerio del Espíritu Santo en esta obra de ser hechos hijos, y esa es no solo que Él nos está guiando y no está dando acceso íntimo, sino que Él nos está dando certeza. Él nos da certeza. Versículo 16, “El Espíritu Santo mismo, da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.” Él da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. El Espíritu Santo viene a nosotros, establece residencia en nosotros y confirma a nuestros corazones que pertenecemos a Dios. Permítame decirle de donde viene esto. En el proceso de adopción en la Roma antigua, siete testigos tenían que estar ahí, siete testigos. Siete testigos oculares de la transacción en su totalidad. ¿Por qué? Bueno, lo que sucede cuando el padre se muere, y todos los hijos nacidos resienten al hijo que fue adoptado, quien es el heredero. Va a haber una batalla. Entonces los hijos que nacen al padre van a decir, ‘él no es legítimo, él está haciendo una afirmación ilegitima’. Y en algún lugar van a haber siete personas que fueron testigos oculares, de esta transacción tan legal, que pueden afirmar la veracidad de la legitimidad de eso. No necesitamos siete, únicamente necesitamos uno, el Espíritu Santo que nos ha sellado para el día de la redención, lo cual significa que estamos protegidos hasta el dia de la redención. Nadie jamás puede tomar nuestra herencia, está reservada y apartada para nosotros, como dice Pedro, ¿verdad? “incontaminada, y guardada en el cielo para vosotros”.

El Espíritu Santo es el sello, el Espíritu Santo es el ‘arrabón’, el anillo de compromiso, la garantía, y el Espíritu Santo es las primicias. En otras palabras, la garantía de la herencia completa. Eso es lo que el versículo 16 está diciendo, “Él testifica con nosotros que somos hijos de Dios”. Él da testimonio junto con nuestro espíritu. Hay una confianza interna de que todo está bien. Esto en una palabra es llamado ‘esperanza’. Tenemos una esperanza fuerte. ¿No es cierto? Y esa es la obra del Espíritu Santo, darnos esa esperanza fuerte.

Yo no vivo en temor diario de que quizás no llegue al cielo. Nunca entrará en mi mente. ¿Por qué? porque el testimonio interno del Espíritu Santo me da esperanza, me da esperanza. Si usted fuera un hijo que saliera de las calles o de una familia muy difícil, abusiva, que está pereciendo, lo que usted querría seria que alguien lo guiara a usted por el camino correcto. Alguien que quitara todo el temor de su vida, toda la ansiedad de su vida, y que tuviera todo recursos que jamás habría esperado usted, que jamás necesitara y muchos más. Alguien que le asegurara a usted de un futuro. Si usted tan solo pudiera encontrar alguien así, eso lo haría un hijo adoptivo feliz. Bueno, eso es lo que usted tiene y más, porque Dios le promete a usted, y no solo lo toma a usted por adopción, sino que lo que cambia es su naturaleza, y después comienza a hacer que usted se vea como el Padre y el hermano Cristo, mismo. Esta es la obra bendita del Espíritu Santo. Nada menos le da a Él la honra que Él merece, que entender esto.

Padre, hemos sido bendecidos esta mañana en tantas maneras. Conocernos unos a otros, y tener comunión unos con otros, y cantar juntos y escuchar la belleza de música tan gloriosa, y ahora estar expuestos a estas verdades tan profundas y maravillosas que nos hablan de nosotros. ¡Cuán bendecidos somos! Cuan bendecidos de manera inimaginable somos y todo es por gracia. Te damos gracias. Bendecimos tu nombre, y oramos, “Enséñame oh Señor a hacer tu voluntad”, junto con David. Inclíname en esa dirección, oh Espíritu Santo, inclíname mi corazón por ese camino. Controla mis afectos, mis deseos, mis anhelos, muéveme de un nivel de gloria al siguiente, al siguiente, para que pueda reflejar la gloria de Dios en una imagen de Dios restaurada mediante la obra de la regeneración hasta el día de la glorificación.

Gracias por un llamado tan elevado, y un regalo tan sorprendente. No solo nos has dado a Cristo, Padre, sino que nos has dado el Espíritu para hacernos un milagro viviente y creciente y que está progresando. Que siempre estemos agradecidos contigo, oh bendito Espíritu Santo, por esta obra. Gracias por vivir en nosotros, y llevar a cabo esto. Somos indignos, reconocemos eso, pero estamos profundamente agradecidos. Y que sea que la obra que tú estás haciendo, se manifieste a aquellos que nos rodean para que puedan vernos y ver a Cristo. Y oramos en Su nombre. Amén.

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