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Abra su Biblia en el capítulo 53 de Isaías, para una última ocasión. Este es el mensaje número 10 en esta serie, y quiero decirle que es con gran resistencia que me despido de esto. Este capítulo se ha incorporado en la médula de mi alma, en mi ADN espiritual; pero, de nuevo, todo pasaje parece hacerme lo mismo. No obstante, éste se eleva por encima del resto en tantas maneras; he tratado de compartir eso con ustedes en las últimas 9 horas que hemos pasado en este capítulo.

Cuando comenzamos este estudio un par de meses atrás, le presenté el hecho de que la verdad en este capítulo respondería la pregunta más importante, esencial, vital, crítica, que jamás puede ser presentada. Que este capítulo proveería la respuesta a la pregunta más seria, de mayor peso, más significativa de todas. Y la pregunta que este capítulo responde es más importante que cualquier otra pregunta, es más importante que todas las demás preguntas combinadas, es infinitamente más importante que cualquier otra pregunta combinada. Y la pregunta que es respondida en este capítulo no tiene nada que ver con salud, no tiene nada que ver con riqueza, no tiene nada que ver con éxito, no tiene nada que ver con educación, no tiene nada que ver con sociología, no tiene nada que ver con religión per se, no tiene anda qué ver con política, moralidad o filosofía. Trasciende todas esas preguntas, y de hecho, la pregunta que responde es la pregunta para la cual la Biblia fue escrita. La Biblia fue escrita para responder a esta pregunta, la cual es respondida de manera preeminente en este capítulo mismo.

¿Cuál es la pregunta? La pregunta es ésta: ¿Cómo puede un pecador ser perdonado de manera completa y ser reconciliado con el Dios Santo, y de esta manera escapar del infierno eterno y entrar al cielo eterno? Esa es la pregunta de todas las preguntas. Y debido a que todo ser humano vivirá para siempre, o en el infierno eterno o en el cielo eterno, esa es la pregunta que necesita ser respondida de manera más desesperada que cualquier otra. ¿Cómo es que un pecador puede ser perdonado de manera completa, y quedar reconciliado con el Dios Santo, y así escapar del infierno eterno y entrar al cielo eterno? Esa es la pregunta suprema moral, esa es la pregunta espiritual suprema, esa es la pregunta religiosa suprema, para la cual ningún sistema de moralidad, ninguna espiritualidad mística, y ninguna religión tiene una respuesta, fuera del cristianismo. Y la Biblia es escrita para dar esa respuesta.

Si usted toma esa pregunta y esa respuesta de la Biblia, la Biblia es como cualquier otro libro. Es para esta pregunta y esta respuesta que las Escrituras Santas fueron reveladas. Y en lo que al Antiguo Testamento concierne, no es respondida en ningún otro lugar de manera tan clara como en Isaías 53 como lo hemos aprendido. Eso hace que éste sea el capítulo pináculo en el Antiguo Testamento, éste es el Monte Everest del Antiguo Testamento; es una profecía inspirada por el Espíritu Santo, del significado de la muerte y resurrección de Jesucristo 700 años antes de que Él viniera.

Cuando presentamos la serie, le dije que algunos comentaristas a lo largo de los años lo han llamado “el quinto Evangelio”, yo no lo llamaría así, yo lo llamaría el primer Evangelio, y Mateo es el número 2, y Marcos es el número 3, y Lucas es el número 4, y Juan es el número 5; éste es el primer Evangelio, esto es un relato del Dios hombre, que vino al mundo, para morir por pecadores; resucitó para proveer salvación, y ha sido exaltado al cielo. No solo es el primer Evangelio, inclusive me atrevería decir que ésta es la primera Epístola, la primera Epístola. Usted puede colocar ésta inmediatamente después del libro de Los Hechos, antes de Romanos, porque el mensaje aquí no solo es el mismo mensaje que usted lee en los cuatro Evangelios, sino que es la misma interpretación de los Evangelios que usted encuentra en los escritos de Pablo y Pedro y Juan.

Y de esta manera, es una demostración sin paralelos en el Antiguo Testamento de autoría divina, porque aquí está el registro de la vida y la muerte por crucifixión, por perforación, y sepultura del Señor Jesucristo, setecientos años antes de que sucediera con detalles, y aquí está la interpretación del Nuevo Testamento de esa muerte y resurrección, que dice exactamente lo mismo que leemos en las Epístolas del Nuevo Testamento.

Como hemos estado aprendiendo, las palabras de este capítulo glorioso, capítulo 53, están todas en el tiempo pasado. Y mientras que es una profecía del futuro, no es en particular primordialmente una profecía de los acontecimientos de la vida de Cristo. En primer lugar, es una profecía de la conversión final de Israel cuando en el futuro, como Zacarías lo expresó: “Mirarán a Aquel a quien traspasaron y llorarán por Él como se llora por Unigénito, y el Espíritu de Gracia y Oración viene sobre ellos y la fuente de limpieza les es abierta y llegan a conocer a Dios”, eso es lo que Zacarías 12 y 13 dice que va a suceder en el futuro. La promesa de Dios en Ezequiel 36 es la salvación futura de Israel es repetida en Jeremías 31, y es afirmada en Zacarías 12, 13 y 14. De ahí es de donde Pablo extrae lo que él dice en Romanos 11, que todo Israel será salvo.

El profeta Isaías recibe una visión de esa salvación futura de Israel al final de la historia humana, inmediatamente antes de la venida de Jesucristo, cuando mirarán hacia atrás a Aquel a quien traspasaron y lo verán por quien realmente es Él, y lo abrazan como Señor y Salvador; son limpiados de sus pecados, salvados, y llegan al conocimiento verdadero de Dios. Cuando eso suceda en el futuro, estas son palabras que ellos dirán, ésta es su confesión; esa es la razón por la que todos los verbos están en tiempo pasado y los pronombres son plurales. Esto es Israel haciendo su confesión en el futuro, y mientras que la confesión aquí es la confesión futura de Israel que trae salvación a la nación.

También esa misma confesión es hecha por todo judío y gentil desde Cristo mediante el cual somos salvos. Algún día Israel hará esta confesión; nosotros ya la hemos hecho, nosotros ya hemos reconocido que Él fue traspasado por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades, ya hemos reconocido que el Señor causó que la iniquidad de todos nosotros cayera sobre Él; reconocemos que Jehová quiso quebrantarlo porque Él fue una ofrenda por la culpa; entendemos eso, creemos eso, creemos en el sacrificio vicario y sustitutivo de Jesucristo por pecadores, creemos que Él fue cortado de la tierra de los vivientes por la transgresión del pueblo de Dios quien merecía eso; Él tomó nuestro juicio, creemos eso.

Esta es la razón por la que somos salvos, éste es el Evangelio. Esta confesión es el corazón de la teología de la salvación, aquí está la doctrina de la justificación por la imputación de nuestros pecados al justo. El Siervo de Jehová, quien se convierte en el sacrificio sustitutivo, muriendo en nuestro lugar, tomando el castigo dado por Dios por nuestros pecados, y por todos los pecados de todos aquellos que jamás creen en Él. Y un día los judíos dirán esto, y ya lo hemos dicho, Él fue traspasado por nuestras trasgresiones, Él fue quebrantado por nuestras iniquidades; el castigo de nuestra paz cayó sobre Él, y por su llaga, sus azotes, somos nosotros curados.

Algún día los judíos dirán: “Jehová ha causado que la iniquidad de todos nosotros cayera sobre Él”, algún día ellos dirán: “Por la transgresión de mi pueblo, quien merecía ser azotado, Él fue cortado”, algún día ellos dirán eso. Y escuche, hasta que alguien dice eso, no puede ser salvo, no hay otra manera en la que alguien pueda ser salvo. Hay predicadores, pastores, están contentos de anunciar que los judíos pueden ser salvos en la actualidad sin Cristo; eso no es verdad, cualquier judío o cualquier gentil puede ser salvo en la actualidad; esta congregación está constituida de judíos y gentiles que ya han hecho esta confesión, pero nadie puede ser salvo sin esta confesión.

Nos regocijamos en que algún día la nación hará esa confesión, en una gran obra de gracia soberana, cuando Dios mediante su Espíritu Santo de Gracia venga sobre ellos, los regenere, miren hacia atrás, vean a Cristo, reviertan la decisión que han estado haciendo durante 2000 años, y lo abracen como Salvador. Esta es su confesión, esta es mi confesión, esta es la confesión de usted. No se detiene en la cruz. También junto con ellos confesamos que aunque Él fue una ofrenda por la culpa, versículo 10, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada, y verá el fruto de la aflicción de su alma y quedará satisfecho. La confesión incluye también la resurrección, su resurrección. Si Él está muerto, ¿cómo puede Él ver su linaje? ¿Cómo puede Él prolongar sus días? ¿Cómo Él puede cumplir la voluntad del Señor y ver el fruto de la aflicción de su alma y quedar satisfecho, a menos de que Él resucite de los muertos?

Confesamos que no solo Jesús murió, sino que Él resucitó, Romanos 10. Si usted cree en su corazón que Dios lo levantó de los muertos y lo confiesa como Señor, será salvo. Eso es lo que creemos, así es como lo vemos, así es como los judíos lo verán. Pero eso en sí mismo no es la última palabra. ¿Estamos en lo correcto? Escuche, este entendimiento de la doctrina de la justificación, expiación sustitutiva, vicaria, ha estado bajo ataque desde la época del Nuevo Testamento, está bajo ataque en la actualidad. Hay teólogos que niegan la expresión sustitutiva de Jesucristo como una provisión por los pecados de todos los que jamás creerán individualmente, siempre hay una batalla por esta doctrina. De hecho, pareció como si la batalla se perdió durante mil años hasta que la reforma la recuperó. ¿Lo entendimos correctamente?

Es lo que leemos aquí, esta confesión futura de los judíos es éste un entendimiento preciso de la cruz, es éste un entendimiento preciso del significado de la muerte de Cristo y su resurrección; y no solo su muerte y resurrección, sino su exaltación, porque según el capítulo 52:13, Él será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto, y sorprenderá a las naciones, asombrará a muchas naciones; Él silenciará, Él callará las bocas de todos los monarcas del mundo porque Él será tan superior a ellos. Eso no solo habla de su venida la primera vez, sino de su venida la segunda vez para reinar. ¿Lo entendieron bien los judíos? ¿Lo ven correctamente? ¿Es así como lo vemos o es esa la manera en la que Dios lo ve? ¿Cómo es que Dios ve la cruz?

Bueno, sabemos desde el principio de este texto, capítulo 52, versículos 13 al 15, que Dios es el que habla: “He aquí mi Siervo, mi Esclavo”, é·vedh, el Esclavo de Jehová, el cual ha sido el título del Mesías remontándose al capítulo 42. Entonces, sabemos que Dios aquí es el que habla, primera persona, y Él está describiendo la carrera del Mesías, su Esclavo, y Él dice que prosperará. Él será engrandecido y exaltado y será puesto muy en alto, Él asombrará a muchas naciones; entonces, Él habla de su exaltación y su soberanía. En el versículo 14, el que está a la mitad, habla de que será desfigurado, será herido, y será peor que cualquier humano; su forma será más menospreciable, será más desfigurado que cualquier otro hombre. Entonces, nos está diciendo que la carrera de su Siervo, quien está por venir, incluirá gloria y sufrimiento. Ese es un enigma para los judíos.

Estaba leyendo un libro en un vuelo anoche de Seattle a aquí, y fue un libro que estaba describiendo lo que los rabinos creen y han pensando a lo largo de la historia acerca de esta porción de las Escrituras, y estaban preocupados por este enigma, ¿cómo es que el Mesías puede ser exaltado y glorificado y desfigurado más que cualquier otro hombre? Y las maquinaciones que atravesaron a lo largo de su historia, desde el tiempo pasado de Cristo hasta el día moderno tratando de explicar cómo es que esto puede explicar al Mesías son casi infinitas. ¿Cómo es que usted resuelve esto?

Bueno, el capítulo 53 lo resuelve simplemente diciendo que antes de que Él sea exaltado, Él será humillado; entendemos eso. En su primera venida, Él será desfigurado y ejecutado. En su segunda venida, Él va a venir a reinar y a gobernar. Así es como lo entendemos. Pero, ¿eso es coherente con la manera en la que Dios lo entiende? Después de todo, es la perspectiva de Dios la que importa. El problema de la salvación, el problema del perdón, el problema de la reconciliación, el problema de la vida eterna o el asunto de la vida eterna, no es acerca de cómo vemos nosotros las cosas; no es la corte final decir cómo es que nosotros lo vemos, la corte final es cómo es que Dios lo ve. Quiero la perspectiva de Dios de la muerte de Cristo y de la resurrección de Cristo.

Y entonces, tenemos eso en los últimos dos versículos de este capítulo sorprendente. Comenzando a la mitad del versículo 11 Dios habla, todos los pronombres cambian, van de estar en el plural al singular, los verbos van de estar en tiempo pasado al futuro, va de los judíos como una nación viendo de regreso a la cruz, a Dios hablando hacia adelante a la cruz. ¿Y cuál es la perspectiva de Dios? Escuche: Comenzando por Su conocimiento. Versículo 11: “Por Su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos, por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo Él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”. Esas son las palabras mismas de Dios, resolviendo el enigma de los versículos 13 al 15 en el capítulo 52, esta es la perspectiva de Dios.

Los pronombres Mí y Yo, los verbos futuros, Dios hablando de manera personal, prediciendo la realidad misma que los judíos confesarán. Él está prediciendo la muerte del Justo, Él está prediciendo que Él se derramará a Sí mismo hasta la muerte, Él está prediciendo que será una muerte que llevará el pecado, que Él llevará los pecados de los muchos, y que por eso Él justificará a los muchos. Esa es la doctrina de la expiación vicaria sustitutiva: justificación por imputación. Esa es la gran doctrina que ha sido confesada por la generación futura de judíos y por todos nosotros, y Dios la afirma, Dios la afirma. Dios afirma la deidad de su Siervo, cuando en el versículo 11 Él lo identifica como “el Justo”. Diré más acerca de eso en un momento.

Él afirma su humanidad cuando Él habla de que Él derramó su vida hasta la muerte, y que fue incluido entre los transgresores. Pero primordialmente Él se refiere a su expiación vicaria sustitutiva sacrificial, cuando Él dice en el versículo 11 que Él llevará las iniquidades, y en el versículo 12, habiendo Él llevado el pecado de muchos, inclusive afirma su resurrección porque Él le dará parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; Él afirma su mediación, su intercesión en la última línea, y orado por los transgresores. Entonces, aquí hay una palabra de Yahweh, una palabra de Jehová, declarando la respuesta a la pregunta suprema de la vida: ¿Cómo es que un pecador puede ser perdonado de manera completa y reconciliarse con Dios, siendo liberado, por lo tanto, del infierno eterno al cielo eterno? La respuesta de Dios es: Mediante la muerte del Justo que muere en el lugar del pecador, pagando de manera completa la paga por el pecado. Esta es la afirmación de Dios.

Veámoslo de manera más detenida. Como dije, Dios es el Orador, Dios es el que habla, Yahweh, Dios Padre es el que vuelve a hablar, y Él vuelve a presentar a su Siervo. “Mi Siervo” lo llama Él en el versículo 11, y eso es lo que Él lo llamó cuando Él lo presentó allá atrás en el 52:13: “Mi Siervo”, el Siervo de Jehová. Ese título mesiánico estamos familiarizados con él, pero quiero enfocarme en el Justo, el Justo. Solo hay uno que podía llevar ese título, uno en este mundo, un humano, un hombre que podía llevar ese título: “El Justo”, y esa es una designación tan maravillosa del Antiguo Testamento del Mesías que era familiar para los creyentes del Nuevo Testamento que conocían el Antiguo Testamento.

Por ejemplo, Pedro predica este gran sermón en el tercer capítulo de Hechos, y él usa ese título, él dice: “El Dios de Abraham, Isaac, y Jacob, el Dios de nuestros padres ha glorificado a su Esclavo, Jesús; Aquel, a quien vosotros entregasteis y desechasteis en la presencia de Pilatos cuando él había decidido liberarlo, pero ustedes desecharon al Santo y el Justo”, el Justo, Él es el único Justo. Esteban predicó ese gran sermón antes de que fuera aplastado debajo de las piedras sangrientas, y él dice: “¿A quién de los profetas vuestros padres no persiguieron? –a los judíos–, ellos mataron a aquellos que habían anunciado previamente la venida del Justo, el Justo, ese se había convertido en un título mesiánico. En el capítulo 22, Pablo reitera su testimonio acerca del camino a Damasco y él dice: “Fui a la casa de Ananías, y Ananías me habló acerca del Justo”.

De regreso entonces al capítulo 53, Dios también establece este título aquí, al llamar a su Siervo: “El Justo”. El único que fue Santo, sin mancha, apartado de los pecadores, en quien no hubo pecado, de quien se dijo: “Éste es mi Hijo Amado, en quien tengo complacencia”. Entonces, aquí está Dios hablando de su Hijo, su Esclavo, el Justo, y Él dice esto: “Por Su conocimiento justificará mi Siervo Justo a muchos”, los “muchos” se refiere a los que creen, los “muchos” se refiere al pueblo de Dios, los “muchos” significa aquellos por cuyos pecados Él murió y expió; Él justificará, esto es Él proveerá justicia para ellos; Él, mediante su sacrificio, al llevar los pecados de ellos, podrá concederle su justicia. Entendemos la doctrina de la justificación que Él muere, el Justo, para justificar a muchos pecadores.

La frase en la que quiero concentrarme, porque usted conoce esas otras cosas, es: “Por Su conocimiento”. ¿El conocimiento de quién estamos hablando aquí? Puede ser de una u otra manera, en el hebreo podría ser “por Su conocimiento”, por el conocimiento de Él, y eso es lo que es implícito en unas versiones. “Por Su conocimiento” refiriéndose al conocimiento del Siervo, el Justo; Él justificará a muchos. Podría estarse refiriendo al conocimiento de Él, del plan de Dios; su entendimiento del plan de Dios, la sabiduría perfecta que Él poseyó. Isaías presenta un punto en el capítulo1 y capítulo 5 acerca de que los israelitas carecen de conocimiento; él presenta otro punto muy fuerte en el capítulo 44 de Isaías acerca de que las naciones carecen de conocimiento.

Entonces, quizás aquí él está diciendo: “Pero el Justo tiene el conocimiento que demanda para hacer la voluntad de Dios y proveer justificación para los muchos”. El problema con eso es que no fue por el conocimiento de Él que Él nos justifica, fue por su muerte. El hebreo nos permite traducirlo de esta manera: “Por el conocimiento de Él, del Justo, mi Siervo, justificará a los muchos”. La justificación vendrá a aquellos que lo conocen a Él, que lo conocen. Es mejor interpretar esto como nuestro conocimiento de Él, de su persona, de su obra, de su propiciación, de su muerte y resurrección, el Evangelio. Aquí Dios valida la gran comisión, aquí Dios dice que Él justificará a los muchos que tengan el conocimiento de Él.

“En ningún otro nombre hay salvación, nadie viene al Padre sino por Mí”. Escuche, en Romanos 10, Pablo está sobrevolando Isaías cuando él escribe, inclusive hace referencias a varias porciones de Isaías, y Pablo dice esto, él dice: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor –Romanos 10– será salvo”, pero después dice: “¿Cómo invocarán en Aquel en quien no han creído? No pueden”. Después, él dice: “¿Cómo creerán en Aquel de quien no han oído?”, y después él dice: “¿Cómo oirán sin un predicador? ¿Cómo oirán sin haber quién les predique? ¿Y cómo predicarán a menos de que fueran enviados?”, y después esa afirmación maravillosa: “Cuán hermosos son los pies de aquellos que predican las buenas nuevas”, solo son aquellos que lo conocen que pueden ser salvos. Y eso es lo que está diciendo, por el conocimiento de Él, el Justo, mi Siervo, Él justificará a muchos.

Esa es la razón por la que vamos a los fines de la tierra con el Evangelio, esa es la razón por la que le predicamos a toda creatura. No hay otra manera en la que ellos sean salvos. Israel no es salvo porque son judíos, porque son monoteístas; ellos no serán salvos, hasta que, como individuos, ahora en la época de la iglesia o en el futuro, al final de la época, miren a Aquel a quien traspasaron y lloren por Él y lo confiesen como Señor. Aquí está el testimonio de Dios de la urgencia de proclamar el mensaje de Jesucristo hasta los fines de la tierra. Los muchos, la gente por quien Cristo murió, solo puede ser salva cuando lo oyen porque la fe salvadora viene –Romanos 10– por oír el mensaje acerca de Cristo. La fe viene por el oír la Palabra acerca de Cristo. Ese es nuestro mandato, y ese mandato nos es dado aquí por Dios mismo.

Entonces, la gran comisión es colocada aquí en este mismo capítulo, y llamado a la fe, fe basada en el conocimiento en la revelación verdadera de Cristo. Y después Dios dice: “Conociéndolo a Él de una manera salvadora, conociéndolo en fe penitente, justificará a los muchos”. ¿Cómo? ¿Cómo es que conocerlo a Él justificará? Porque Él llevará sus iniquidades. Dios cree en la doctrina de la justificación, Dios cree en la doctrina de la imputación porque Dios la ordenó. Él tiene más qué decir. La segunda mitad del versículo 12, estas son las palabras de Jehová, Yahweh, hablando de nuevo de su Siervo, el Justo: “Él derramó su vida hasta la muerte”. Los verbos siempre son verbos de disposición, “derramó su vida hasta la muerte”.

Como allá atrás en el versículo 7: “Él fue oprimido y Él permitió que lo afligieran”. Vimos todos esos, su disposición está repleta a lo largo de esta porción entera de las Escrituras. Literalmente significa que Él entregó su alma a la muerte. Entonces, Dios está haciendo un eco de la confesión que ya hemos leído de los judíos; sí, Él se entregó a Sí mismo a la muerte, después esta afirmación maravillosa, “y fue contado con los pecadores”. Literalmente en el hebreo significa: “Él se dejó a Sí mismo ser incluido entre los trasgresores”. De hecho, Jesús cita esto en Lucas 22:37 antes de que Él fuera a la cruz, Él cita estas palabras mismas; es una referencia a su encarnación, que Él literalmente fue incrustado entre los transgresores, Él vivió entre los transgresores, Él se mezcló en este mundo; y desde un punto de vista visual, Él no se vio diferente del resto de la gente.

No tuvo alguna aureola, Él no se movió a un metro del piso, Él no tuvo un atractivo o majestad; no hubo nada en su apariencia que lo hiciera atractivo; Él se vio como cualquier otro hombre, Él caminó como cualquier otro hombre, Él habló con una voz como la de cualquier otro hombre; Él comió, hizo lo que los hombres hacen. No hubo nada en Él que lo llevara a la conclusión de que Él era sobrenatural, eso fue parte del problema cuando Él hizo milagros; hubo un choque entre lo que Él parecía ser y el poder que Él tuvo, que decidieron en su incredulidad que era el poder de satanás lo que de alguna manera estaba operando a través de Él. Aquí Dios afirma la encarnación, aquí Dios mismo en sus propias palabras dice que Él descendió y se dejó a Sí mismo ser incrustado en el mundo de hombres caídos.

Esto es Filipenses capítulo 2, que Él se humilló a Sí mismo, tomó forma de hombre, de siervo, y fue hasta la muerte, inclusive muerte de la cruz. Entonces, no es acerca de su muerte con criminales, es acerca del hecho de que Él vino a tomar su lugar con pecadores. Y aunque Él se familiarizó con pecadores, aunque Él fue contado como un humano entre los transgresores; sin embargo, Él mismo pudo hacer lo que ningún ser humano puede hacer, y eso fue llevar el pecado de muchos. Aunque Él se mezcló con pecadores en el mundo; sin embargo, Él fue el único calificado para elevarse por encima de ellos, y ser el sacrificio por los pecados de ellos. Él es el Justo. Dios, incrustado en la humanidad, el Dios hombre.

Y Él parece ser como el resto de los hombres, pero es capaz de levantar los pecados de ellos. Y como el chivo expiatorio del día de la expiación, Levítico 16: “Llevándoselos lejos”, y esa referencia es hecha varias veces, y, como usted sabe, en este capítulo, y la palabra final por parte del Padre acerca de la muerte de Él y su resurrección inclusive en la última línea, “Y orado por los transgresores”. Me gustaría que los traductores hubieran usado la palabra “mediado”, la palabra significa “mediado”, significa “mediar”, significa “estar entre dos partes”, estar de pie entre dos partes; y esta es la afirmación de Dios, que Cristo es el que está entre Dios y el hombre.

1ª de Timoteo 2:5: “Hay un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre”. Sí, en esa mediación Él es el intercesor, Él es Aquel que ruega nuestro caso, Él es el que es el puente a Dios, el puente al cielo; Él hizo la mediación demandada posible a través de su muerte. Su mediación comenzó por nosotros realmente en el Nuevo Testamento en Juan 17, antes de que Él llegara a la cruz cuando Él oró, en esa oración sumo-sacerdotal la noche en la que Él fue traicionado, y comenzó a orar por nosotros, Él comenzó a orar en esa oración increíble porque Dios nos llevara a todos al cielo, porque todos los que les pertenecían a Él a lo largo de toda la historia humana fueran congregados, y que ellos fueran llevados a la gloria cuando ellos pudieran verlo en su gloria, y vieran la gloria del Padre; y Él comenzó a interceder por aquellos por quienes Él murió.

Pero hay una especie de nota hebrea muy importante que debemos señalar acerca del verbo “orado”, es un verbo imperfecto lo cual significa “continuo”. Todos los verbos anteriores están en tiempo perfecto, lo cual significa una acción terminada. Si usted regresa tres verbos, “Él fue derramado hasta la muerte”, eso es “está completado”, Él hizo eso una vez, Él fue contado con los transgresores, esa es su encarnación, Él hizo eso una vez; habiendo llevado el pecado de muchos, Él logró eso en la cruz, nunca debe ser repetido, esos están completos, están perfeccionados. Pero su intercesión es imperfecta porque continúa. Él vive perpetuamente para ser intercesión por nosotros, Él es nuestro defensor continuo, Él es nuestro intercesor continuo, Él siempre es nuestro mediador hasta que finalmente lleguemos al cielo.

Hebreos 7:25, Romanos 8:34, celebran la obra mediadora intercesora de Cristo. Entonces, Dios mismo, en esa sección, afirma el sacrificio vicario y sustitutivo de Cristo como la única ofrenda que puede satisfacer su justicia y proveer salvación por pecadores y llevarlos a la justificación. Esto quiere decir que son declarados justos por Dios. Eso viene únicamente a aquellos que lo conocen. Conocerlo, así es como la justificación se lleva a cabo individualmente. El conocimiento de Él, por lo tanto, es crítico. Eso entonces se convierte en el mandato para que nosotros esparzamos, diseminemos el conocimiento de Él al mundo.

Esta es una confesión que los judíos harán un día, esta es una confesión que ya hemos hecho, y esta es una confesión que Dios mismo afirma. Eso nos lleva finalmente a la última palabra, versículo 12, hemos visto el Siervo sorprendente, el Siervo menospreciado, hemos visto el Siervo sustituido, el Siervo silencioso, el Siervo matado, y aquí está el Siervo soberano comenzando en el versículo 12: “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos”. ¿Resurrección? Claro. La resurrección, claro, es implícita porque aquí ahora Él va a ser recompensado. Después del sufrimiento, la satisfacción; después del sufrimiento, la salvación; después de la muerte, la liberación; después de lo horrendo, la gloria; después del dolor, el placer; después de los espinos, el trono; después de la cruz, la corona. La primera venida en humillación, la segunda venida en exaltación.

Entonces, el texto termina en la segunda venida, el texto termina en donde comenzó, en el 52:13: “Él será prosperado, Él será engrandecido, exaltado y puesto muy en alto, asombrando naciones, callando a reyes”, el texto termina con un triunfo y desfile victorioso, conforme el Señor, Dios mismo, coloca su Siervo en el trono y lo recompensa con todos los despojos de su triunfo de conquista. Él es exaltado, Él es todo glorioso, Él es colocado en un trono. Esto es Apocalipsis 11, cuando los reinos de este mundo se convierten en los reinos de nuestro Dios y su Cristo; esto es Apocalipsis 19, cuando Él viene en un caballo blanco con todos los santos, a juzgar y a hacer guerra en contra de los impíos, y después establecer su reino glorioso en la tierra durante mil años, seguido de los cielos nuevos y la nueva tierra eternos, en los cuales Él reina y Él es exaltado para siempre.

Esto es imagen poderosa, real; esta es la imagen de un héroe conquistador que regresa con todos los despojos de su triunfo, habiendo superado, habiendo vencido a todas las fuerzas hostiles, y habiendo avergonzado a todos los reyes insignificantes, Él viene triunfal. Y Dios declara dos cosas acerca de Él: “Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos”. Esta es una afirmación magnífica. Esperaríamos que Él dijera: “Le daré todo”, eso es verdad, “Lo exaltaré”. Como Pablo dice en Filipenses: “Le daré un nombre que es sobre todo nombre, para que el nombre de Jesús toda rodilla se doble”, y ese nombre, por cierto, no es Jesús, es el nombre de Jesús, es el nombre Señor, ese es el nombre que nos hace arrodillarnos.

Entenderíamos si Él dijera: “Le daré todo, y le daré todo”, pero ese no es el énfasis aquí. El énfasis aquí es acerca de compartir: “Le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos”. ¿Quiénes son los grandes y quiénes son los fuertes? ¿Qué? Esos somos nosotros. ¿Cómo es que nos volvimos fuertes y grandes cuando somos insignificantes y débiles? De hecho, la palabra para “grandes” es “Jarabim”, literalmente significa “los muchos”. Los “muchos” que Él justificó. Hemos visto esa palabra “muchos” ya. “Él justificará a los muchos”, al final del versículo 12: “Habiendo llevado el pecado de muchos”. Aquí están los “muchos”. “Por tanto, yo le daré parte con los muchos”.

Bueno, ¿por qué es que el traductor lo toma de los muchos a los grandes? Porque para ese entonces ya habremos sido hechos grandes. Dice usted: “¿Vamos a ser exaltados?”, sí. ¿Nos vamos a convertir en herederos de Dios –Romanos 8:17–, y coherederos con Cristo? Todo lo que Él posee, poseeremos; ¿no es ésta la gracia magnánima de Dios? No nos sentamos en la eternidad, en cierto sentido, empobrecidos, viendo a Cristo disfrutar todas las recompensas, sino que todo lo que Él posee lo comparte con nosotros; esta es la extensión de la gracia masiva de Dios, Él divide el botín con los fuertes. ¿Quiénes son los fuertes? Son los débiles hechos fuertes, somos los muchos hechos grandes, y somos los débiles hechos fuertes; somos los triunfantes, eso es lo que eso significa; marchamos con Él.

Me gustaría que tuviéramos tiempo de ir al libro de Corintios en donde Pablo dice: “Marchamos en el triunfo”. Todo el botín que Cristo ganó en la cruz, todos los redimidos de todas las épocas, estarán participando de una comunión eterna que enriquecerá nuestras vidas. Todo lo que Él posee de las glorias eternas del cielo nuevo y la tierra nueva, será también nuestra posesión. Reinaremos en la tierra en el reino milenario con Él, nos sentaremos en tronos con Él, y reinaremos para siempre con Él en las glorias de los cielos nuevos y la tierra nueva, y todo lo que es de Él será nuestro.

Entonces, la promesa de Isaías, es una generación futura de Israel que será salva finalmente al final. Y ésta será su confesión, y Dios mismo afirma que esta confesión es un entendimiento verdadero de la obra de Cristo en la cruz. Pero esta confesión debe ser la confesión de usted, arrepentirse de su pecado, conocer lo que Cristo ha hecho, abrazarlo en fe como el sustituto que tomó el lugar de usted, confesarlo como Señor resucitado es ser salvo, es ser salvo. Todo aquel que invocare su Nombre, será salvo, y escapará del infierno eterno, y entrará al cielo eterno. Esta es la única pregunta que tiene una respuesta que lo afecta a usted para siempre.

Acompáñeme en oración. Padre nuestro, te damos gracias por la Palabra, es tan poderosa y tan penetrante. Gracias por darnos otra visión maravillosa de la cruz de Cristo. Ahora, al venir a esta mesa, pedimos que lleves a cabo tu obra en nuestros corazones, que confesemos cualquier pecado que tengamos en nuestras vidas, cualquier cosa que esté entre Tú y nosotros. Y para aquellos que no conocen a Cristo, que este sea un tiempo en el que Tú despiertas sus corazones, y lleguen a abrazar al Salvador como su única esperanza; que este sea un tiempo de alabanza y adoración también, como también un tiempo de convicción y arrepentimiento. 

 

 

 

 

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