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Bueno, como dijimos esta mañana vamos a continuar en nuestro estudio en esta noche de glorificar al Señor avanzando de un nivel de gloria al siguiente y trayendo honor a su nombre. Para aquellos de ustedes que no estuvieron con nosotros esta mañana, estamos haciendo una especie de serie de dos partes de cómo como creyentes glorificamos a Dios. Eso claro es lo más importante que podemos hacer, fuimos salvos para traer gloria al Señor, hay algunas maneras muy prácticas en las que podemos hacer eso por su poder.

Y esta mañana comenzamos al decir que glorificamos al Señor al apuntar nuestra vida a ese propósito. 1 Corintios 10:31 dice: “Si pues coméis o bebéis o hacéis otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios.” La cosa más mundana y más simple que hacemos en la vida debe ser hecha para la gloria de Dios, como también la expresión más espiritual y más devota de fe cristiana y verdad. Todo en nuestras vidas debe ser apuntado a la gloria de Dios. Y eso significa que le preferimos a él y a su reino por encima de cualquier otra cosa. Estamos contentos con hacer su voluntad, sin importar el precio que suframos cuando él sufra. Y estamos contentos con ser superados por otros, mientas él reciba la gloria.  

Y después en segundo lugar dijimos esta mañana, que glorificamos a Dios al confesar el pecado. Cuando confesamos nuestro pecado, asumimos la responsabilidad por nuestra maldad, nuestra impiedad, nuestra violación de la ley de Dios, nuestra desobediencia. Cuando asumimos la responsabilidad por eso, y Dios nos disciplina, entonces él muestra ser justo y santo y hacer lo que debe ser hecho, porque un Dios santo de hecho debe tener una reacción santa contra el pecado. Y si él escoge no disciplinarnos, sino mostrar gracia, entonces él recibe gloria por mostrar gracia a uno que es tan indigno.

Entonces, glorificamos a Dios al apuntar nuestra vida a ese punto y glorificamos a Dios al confesar nuestro pecado. Esas son las cosas que vimos esta mañana, y no quiero tomar tiempo para entrar en mayor profundidad que eso. Si quiero obtener toda la riqueza y rango de esos dos puntos escuche la cinta de esta mañana, y creo que su corazón será bendecido y es un estudio muy importante y vital, elemental, para su propio crecimiento cristiano. Pero pasemos a otro punto en esta noche, un tercer punto. Glorificamos a Dios al confiar en él. Glorificamos a Dios al confiar en él. Si de hecho en nuestras vidas debemos glorificar a Dios, pasando de un nivel de gloria al siguiente y volviéndonos más y más como Aquel a quien adoramos, al Dios que adoramos revelado a nosotros en la faz de Jesucristo.

Entonces vamos a darle gloria cuando confiamos en él. Lo honramos al confiar en él, es un principio muy simple. Si yo digo que yo respeto a mi padre, si yo digo que respeto y honro y tengo en gran o alta estima a mi madre, y demuestro en la manera en la que vivo que no me importa su palabra, no confío en lo que creen, entonces usted puede cuestionar la legitimidad de mi respeto. Si por otro lado tengo una confianza tremenda en mis padres, si tengo una confianza tremenda en su integridad y en su sabiduría y en sus decisiones y en su liderazgo en mi vida, y sigo ese liderazgo, entonces estoy afirmando mi confianza sin duda alguna.

Lo mismo es el caso en la experiencia del cristiano. Si decimos que Dios es digno de confianza, él es digno de ser confiado y demostramos que no confiamos en él, cuestionamos lo que él hace, dudamos y tememos, y a veces tenemos tristeza y nos preocupamos y tenemos ansiedad que caracteriza nuestras vidas, entonces la gente debe tener un derecho de decir: “Bueno, si confías en Dios tanto, ¿por qué vives en duda? ¿por qué vives en temor? ¿por qué vives en ansiedad? Si Dios es quien dices que es, ¿no debe ser él confiado?, ¿no debes confiar en él?

Entonces, de nuevo le traemos honor a Dios por nuestra confianza. Verdaderamente decimos que vemos la gloria de Dios cuando confiamos en él. permítame darle una ilustración de eso como lo hemos hecho en cada caso. Pase a Romanos capítulo 4, y como lo hemos dicho a lo largo del estudio, hay varias ilustraciones de cada uno de estos puntos, estoy tratando de seleccionar una que de una u otra manera es inolvidable. Y en Romanos capítulo 4, nos encontramos con el relato maravilloso, reiterado de Abraham y Sara y la promesa y el cumplimiento del nacimiento de Isaac.

Ahora, usted recuerda la historia, creo que Dios había prometido a Abraham que el tendría una simiente. De hecho, su descendencia sería tan numerosa que podría ser contada de acuerdo con Génesis capítulo 12, como las estrellas del cielo o la arena del mar. Y ahora sabemos que probablemente alguna igualdad en esas dos, quizás hay tantos cuerpos estelares como los hay granos de arena. Es mucho más vasto de lo que jamás podríamos imaginar. Las estrellas innumerables y los granos de arena innumerables sobre los mares del mundo, fueron lo que el Señor seleccionó para ilustrar la magnitud de la simiente que vendría de los lomos de Abraham.

Dios hizo esa promesa, no obstante, para el tiempo cuando Abraham alcanzó los 100 años de edad no tenían niños, la matriz de Sara estaba muerta y no tenían cumplimiento de la promesa. A pesar de eso quiero que vea Romanos capítulo 4, y versículo 18, esto es lo que dice acerca de Abraham: “El creyó en esperanza contra esperanza— en esperanza que no tuvo sentido desde una perspectiva humana—él creyó para que él fuera el padre de muchas naciones de acuerdo a lo que se le había dicho, ‘así serán tus descendientes’”. Cuando no tenía sentido creer, él creyó, cuando no tenía sentido esperar él esperó.

De hecho, en el versículo 17, “él creyó inclusive a Dios que da vida a los muertos, quien llama a las cosas que son como si no fuesen” que Dios tenía el poder para hacer lo que parecía ser humanamente posible. Él creyó que si Dios dijo: “Vas a tener descendientes”, es que él tendría descendientes. Y el versículo 19 dice: “Y no se debilitó en la fe al considerar su cuerpo que estaba ya como muerto, siendo de casi cien años, o la esterilidad de la matriz de Sara.”

Desde una perspectiva humana, simplemente no iba a pasar. Sin embargo, con respecto a la promesa de Dios, el versículo 20 dice, “tampoco dudó por incredulidad, de la promesa de Dios, sino que se fortaleció en fe”, ¿dando qué? “gloria a Dios.” Plenamente convencido, dice el versículo 21, “de que era también poderoso para hacer todo lo que había prometido. Por lo cual también su fe le fue contada por justicia.” Fue esa fe misma en Dios que lo salvó, así como la fe siempre salva. Salvó a Abraham. Él creyó a Dios para aquello que era humanamente posible. Él fue fuerte en fe y dio gloria a Dios.

Cómo puede ver, la incredulidad es una afrenta a Dios. El hecho de que Dios haga una promesa y usted no crea es, es cuestionar Su esencia. Si la Biblia dice, por ejemplo cómo dice en Filipenses 4, “mi Dios pues suplirá todo lo que os falta” ¿cree usted eso? ¿o se preocupa por su necesidad? Si Dios dijo: “No se preocupen por lo que van a beber o comer, porque el Padre en el cielo, quién cuida de las aves y viste los lirios del campo y el césped, promete cuidar de ustedes, ¿no cree que Él lo hará?” La Escritura dice, inspirada por el Espíritu Santo que nunca vendrá una prueba en su vida que sea más de lo que usted pueda soportar, ¿usted lo cree?

Y si la Escritura dice que en medio de la prueba que aparentemente es insoportable, siempre habrá alguna manera de escapar, ¿usted lo cree? Porque si usted no lo cree, y usted duda y teme y está ansioso y preocupado, cuestionando si Dios puede cumplir su Palabra, usted le ha negado a Él la gloria que es debida a Su nombre, Él es digno de ser confiado, Él puede hacer lo que Él dice, Él hará lo que Él promete. Y la incredulidad cuestiona su integridad, y eso no le trae honor. Así como cuestionar la integridad de alguien les trae honor, les trae deshonra cuestionar la integridad de alguien. Y cuan necio es cuestionar la integridad, la capacidad, el poder y la honestidad de Dios.

Escuche 1 Juan 5:10, a la mitad del versículo: “El que no cree en Dios lo ha hecho un mentiroso.” El que no cree en Dios lo ha hecho un mentiroso. Usted está tratando a Dios como si Él hubiera mentido. El Señor dice que Él va a satisfacer sus necesidades, Él va a guiarlo por todas las pruebas y aflicciones de la vida, todas las tribulaciones y lo va a llevar a la gloria. Él dice que nunca va a haber algo que va a ir más allá de lo que usted pueda soportar, y siempre habrá un camino a través del triunfo y la victoria. Él ha prometido que Él va a estar ahí como un amigo, apegándose a usted más cerca que un hermano, Él va a suplir toda su necesidad.

Todo recurso del cielo está a su disposición incluyendo los ángeles que son enviados para ministrar a los santos, como Hebreos 1:14 dice, todas las promesas de Dios son nuestras porque en Él son sí en Jesucristo, quien es nuestro, y deshonramos grandemente a Dios cuando decimos creer en Él, sin embargo no podemos enfrentar la vida, y no podemos resolver nuestros problemas y no podemos descansar en confianza y certeza en su sabiduría y su poder. De hecho, estamos robándole su gloria, claro, la vida está llena de problemas, pero nuestro Dios está por encima de todos esos. No hay sentido temer.

Esta mañana en uno de los servicios hice referencia a un texto en Daniel, quiero ir ahí. Daniel 3, capítulo 3, versículo 13 está de regreso esta experiencia con los tres jóvenes que fueron arrojados en el horno de fuego, conocidos como Sadrac, Mesac y Abed-nego. Esos, claro, fueron sus nombres caldeos, sus nombres hebreos eran Ananías, Misael Y Azarías, pero los caldeos como parte de su proceso de lavado de cerebro les dieron nombres que eran nombres caldeos, los cuales ellos llevaban como parte del nombre del nombre de los dioses caldeos, dioses falsos, para tratar de arrastrarlos a la idolatría.

Pero usted se acuerda de la historia de estos tres jóvenes, porque usted se acuerda de que a toda persona se le pidió que se postrara ante el rey, y cualquier persona que no se postrara ante el rey iba a tener que pagar con su vida. Y eso es precisamente lo que pasó. Usted se acuerda de estos hombres que son mencionados ahí en el capítulo 2, versículo 17, Ananías, Misael, y Azarías, pero cuando usted entra al capítulo 3, son llamados en el versículo 16 Sadrac, Mesac y Abed-nego, y cuando se les dice que se postren ante el rey, se rehúsan a hacer eso, y el versículo 15 dice: “Si no adoran, ustedes van a ser inmediatamente arrojados en medio de un horno de fuego.”

Y, después él dice Nabucodonosor: “¿Qué dios hay que pueda librarlos de mis manos?” Él pensaba que era más poderoso que el Dios hebreo, y es comprensible, debido a que los babilonios habían conquistado a los hebreos. Ellos les daban crédito a sus poderes de conquista a su propia deidad y suponían que, si el Dios de los hebreos no podía defenderlos contra los dioses de los babilonios, por lo tanto, los dioses de los babilonios eran más poderosos y él, Nabucodonosor, quizás era el más poderoso de todos, aunque él era un hombre, se veía a sí mismo como algún tipo de deidad.

“Bueno”, él dice, “o se postran ante mí, oh los voy a arrojar al fuego.” Versículo 16, “Sadrac, Mesac y Abed-nego le respondieron y le dijeron al rey: No necesitamos darte una respuesta con respecto a esto.” No tenemos que decirte nada. “Si Dios, nuestro Dios”, versículo 17, “al que servimos, él puede librarnos del horno de fuego, y él nos librará de tu mano, oh rey.” Ahora, esa es fe tremenda. Si alguien te hace una pregunta de manera simple en el curso normal de la vida, si tú crees en Dios y crees que Dios te puede librar de alguna situación, probablemente dirías que sí, pero podría ser un poco diferente si estuvieras ahí al borde de un horno de fuego, sintiendo el calor e inhalando el humo y las flamas, por así decirlo, pero no causó jamás que su fe titubeara en absoluto. Versículo 18, añadieron: “Y aún si Él no nos librara, sepas oh rey que no vamos a servir a tus dioses o adorar a la imagen de oro que tu has levantado.

¿Qué quisieron decir con eso? Creo que es una evidencia de que ellos creyeron en el poder de Dios para resucitar a los muertos. Aun si Dios no nos protege del fuego, Él nos va a sacar por el otro lado. Yo creo que tenían tanta confianza en el poder de Dios y en la promesa de Dios, que fuera en la vida o la muerte, sabían que Dios podía librarlos. Bueno, Nabucodonosor estaba tan enfurecido por eso en el versículo 19, “que se llenó de ira, su expresión facial fue alterada.” Su furia se manifestó en su rostro, “y él respondió al dar órdenes para que calentaran el horno de fuego siete veces más de lo que normalmente se calentaban. Y él mandó a ciertos guerreros valientes que estaban en su ejército, que amarraran a Sadrac, Mesac y Abed-nego,”—creo que esperaba que pelearan—, “para arrojarlos al horno de fuego. Y estos hombres estaban amarrados en sus atuendos, sus túnicas y el resto de su ropa y arrojaron en medio del horno de fuego.”

Simplemente fueron amarrados y fueron aventados a este fuego. “Por esta razón, debido a que el mandato del rey era urgente, y el horno era extremadamente caliente, la flama del fuego mató a esos hombres que llevaron a Sadrac, Mesac y Abed-nego.” Estaba tan caliente que quemó a los hombres que se acercaron lo suficiente para empujarlos. “Pero estos tres hombres, Sadrac, Mesac y Abed-nego, cayeron en medio del fuego ardiendo, todavía amarrados. Después, Nabucodonosor el rey estaba sorprendido y se puso de pie rápidamente y respondió y le dijo a sus oficiales: ‘No fueron tres hombres los que arrojamos en medio del fuego.’ Respondieron y le dijeron al rey: ‘Ciertamente, oh rey.’ Él respondió y dijo: ‘Miren, veo a cuatro hombres sueltos y caminando en medio del fuego, sin daño y la apariencia del cuarto es como el hijo de los dioses.”

La mayoría de los comentaristas bíblicos creen que el Señor Jesucristo, el segundo miembro de la Trinidad, en una apariencia pre-encarnada vino y ayudó a estos tres hombres maravillosamente fieles. “Nabucodonosor se acercó a la puerta del horno de fuego ardiendo; respondió y dijo: ‘Sadrac, Mesac y Abed-nego salgan, siervos del Dios Altísimo, y vengan aquí…Y salieron del fuego.” Su fe fue defendida.

Bueno, nos dice en el versículo 27, “que el fuego no afectó a los cuerpos de estos hombres, ni el cabello de su cabeza fue quemado, ni fue dañada su ropa, ni siquiera tenían olor de fuego.” Me acuerdo de una vez como niño, cuando estaba en la universidad, estaba restringido por un presupuesto muy estricto, estaba muy lejos de casa. Y una tienda en el área de la universidad se quemó y fue una oportunidad perfecta para que algunos de nosotros fuéramos a comprar ropa barata. Y me acuerdo que compré un saco por unos ocho dólares o algo así, y pensé que era un saco que sea vea muy bien. Claro que olía a humo, pero pensé que se disiparía el olor. Me acuerdo cuando el año se acabó, llegué a casa y mi mamá abrió por primera vez mi maleta, todo olía, y habían pasado varios meses. Eso me pasa cada vez que yo trato de hacer una carne asada o un pollo asado, ¿usted no? Quema todos los bellos de mis dedos. Y mi esposa está ahí en la parte de atrás diciendo, haz que la flama sea más caliente. Y siempre estoy tratando de llevarla al lugar perfecto, pero nada, ni siquiera el olor de humo.

Simplemente esto, su fe fue defendida. Creyeron a Dios al borde del horno de fuego, y ese es el tipo de fe que honra a Dios. Ese es un honor tremendo para Él, cuando usted puede estar al borde del horno de fuego y decir: “Confío en Dios.” Cuando usted puede enfrentar una tragedia en su familia, sea lo que sea y decir: “Confío en Dios.” Dios es demasiado sabio como para cometer un error, demasiado amoroso como para hacer amable de manera innecesaria, y demasiado poderoso como para que algo esté más allá de su control. La fe glorifica a Dios.

Permítame darle un cuarto principio. Glorificamos a Dios al dar fruto. Glorificamos a Dios al dar fruto. Esta es una verdad muy importante, pase a Juan 15:8. Y estas son cosas muy elementales que estamos repasando, pero realmente están ligadas a este versículo de 2 Corintios 3:18 el cual terminamos en nuestra serie en este día de pasar de un nivel de gloria al siguiente. Y glorificamos al Señor mediante fruto. Juan 15:8, “Por esto mi Padre es glorificado, porque llevéis mucho fruto y así mostráis que sois mis discípulos.” Dios es glorificado cuando usted da mucho fruto, le deshonra a Él tener poco fruto. No creo que existe algo como un cristiano que no da fruto, “por sus frutos los conoceréis.”

Digo, tenemos que tener alguna manifestación de la vida de Dios en nosotros, pero deshonra a Dios cuando tenemos poco fruto. Usted sabe, cuando usted tiene que ver por mucho tiempo para ver algunas uvas que están ahí ya cayendo. Debe haber suficiente. Una abundancia de fruto en la vida de un cristiano, eso es por lo que estaba rogando Pablo en Filipenses 1:11 cuando él estaba orando porque fueran llenos del fruto de justicia que viene mediante Jesucristo, para la gloria y alabanza de Dios. Dios es glorificado y Dios es alabado cuando usted está lleno del fruto de justicia, no cuando es de vez en cuando, aquí y allá, sino cuando su vida simplemente está llena de justicia.

Digo, como una ilustración de eso, Romanos, capítulo 2, versículo 24, provee un principio muy vívido. Aquí vino el pueblo de Israel, ¿verdad? los judíos de la época de Jesús, de la época de Pablo, y ¿quiénes decían que era su Dios? Jehová Dios. Y lo gritaban por todos lados. Todo mundo en esa parte del mundo sabía que ellos servían al único Dios verdadero, Jehová Dios, que creían en Dios. Pero, no había fruto en sus vidas. No había fruto. Versículo 21 de Romanos 2, “Tú pues que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? ¿tú que predicas que no debes robar, robas? ¿tú que dices que uno no debe cometer adulterio, cometes adulterio? ¿tú que aborreces a los ídolos, robas los templos? ¿tú que te jactas en la ley, mediante el rompimiento de la ley deshonras a Dios?

Y después el versículo 24, que afirmación tan increíble, “Porque el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa de vosotros.” Ustedes no son una fuente de glorificar a Dios, son una fuente de blasfemar a Dios. Eres un descredito para Dios. Dices que perteneces a Dios, pero, ve tu vida; robo, adulterio, idolatría, transgresión de la ley, todo está ahí. Y entonces, blasfemas el nombre de Dios. Y Jesús se dirigió a esto en el Sermón del Monte. Él dijo, en contraste a ese tipo de vida, aquí está como quiero que vivan. “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, de tal manera que puedan ver vuestras buenas obras, su fruto, y” ¿qué? ¿hagan, qué? “glorifiquen a vuestro Padre que está en el cielo.”

Esa no es la manera en que los judíos estaban viviendo. Estaban diciendo pertenecer a Dios, estaban diciendo creer en Dios, decían que Dios era su Dios, que tenían una relación y una conexión con Dios y estaban experimentando el poder de Dios y el hecho era que el nombre de Dios estaba siendo objeto de burla, y objeto de blasfemia entre los gentiles, debido a la ausencia de algún fruto espiritual real, alguna obra real verdadera, alguna justicia verdadera.

En 2 Tesalonicenses capítulo 1, y versículo 11, Pablo dice: “Por esto oramos siempre, para que vuestro Dios os tenga por digno de vuestro llamamiento”—y esto—“y que os llene de todo deseo para bondad y la obra de vuestra fe con poder,”—¿Por qué queremos bondad en su vida, y el poder en la vida? ¿por qué? Para que el nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros. Ese es el punto. De tal manera que Dios pueda recibir honor y gloria, por la manera en la que usted vive.

Dice usted, “Sí, Cristo vive en mí”. Y la gente ve su vida y dice, “Bueno, no parece.” Dice, “Cristo vive en ti. No me parece que él es muy poderoso, no veo nada en tu vida que sea particularmente trascendente o divino. No obstante, por otro lado, cuando la gente puede ver su vida, y ver la demostración de justicia verdadera, eso trae gloria a Aquel que usted profesa como su Salvador.

Ahora, cuando hablamos de este fruto, de manera muy breve, no quiero entrar mucho en esto porque hemos enseñado esto antes. Pero de manera muy breve, ¿de qué estamos hablando? ¿Qué quieres decir con fruto? Dos tipos de fruto: fruto de acción y fruto de actitud. Fruto de acción es lo que usted hace. Obras justas. Podría ser cualquier cosa, desde llevar alguien a Cristo, como en Romanos 1:13, en dónde Pablo dice: “Quiero tener algo de fruto entre ustedes también, así como entre el resto de los gentiles.” En otras palabras, quiero guiar a algunas personas al conocimiento de Jesucristo. Podría ser lo que Pablo llama fruto en Filipenses 4:17, lo cual es fruto que se incrementa a vuestra cuenta cuando usted da, en otras palabras, es dar, el ofrendar es fruto de la obra de Dios en su vida, ser generoso, dar a aquellos que están en necesidad.

Podría ser lo que Pablo tiene en mente en Colosenses 1:10, “dando fruto en toda buena obra.” Todo tipo de obra justa. Podría ser lo que el escritor de Hebreos tiene en mente en Hebreos 13:15, “el fruto de labios”, alabanza a Dios. Cualquier tipo de alabanza buena, justa, cualquier tipo de ofrenda justa, cualquier tipo de alabanza justa a Dios, cualquier tipo de guía al guiar alguien a Cristo. Cualquiera de esas cosas que son fruto de acción, cualquier obra justa que usted hace, cualquier manifestación de Dios en su vida. Pero detrás de ese fruto de acción está el fruto de actitud. Y ¿qué es eso? El fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre. Cuando usted ve una vida llena del amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza, hay evidencia de que Dios está ahí.

Si yo digo, “Cristo vive en mí”, y mi vida está sin amor, sin gozo, sin tranquilidad, entonces quien va a creer que mi Dios es un Dios transformador, ¿verdad? Dios no necesita ese tipo de promoción, de publicidad. Eso es lo que él recibió de Israel y el resultado fue que blasfemaron su nombre. Lo que Dios quiere en primer lugar es fruto de actitud, y después fruto de acción. Escuche este pequeño pensamiento. Si usted tiene fruto de acción en su vida, sin fruto de actitud eso es hipocresía. Usted simplemente está haciendo cosas afuera que no vienen del corazón. Lo que Dios quiere es que usted ande en el Espíritu, el Espíritu produce fruto de actitud, el fruto de actitud resulta en fruto de acción. Y cuando su vida está caracterizada por mucho fruto, entonces Dios es glorificado. Usted conoce a gente así, cuyas vidas son piadosas. Usted ve su vida y honran a Cristo y usted honra a Cristo por lo que usted está haciendo en las vidas de ellos. Usted puede ver a Cristo en ellos, usted puede ver a Dios en ellos. Eso es lo que llamamos una persona piadosa.  

Número cinco en esta pequeña lista, y simplemente le vamos a dar unas cuantas más esta noche. Glorificamos a Dios cuando pasamos de un nivel de gloria al siguiente, al alabarlo a Él. Al alabarlo. Y esto es muy simple, pero un concepto muy importante y básico. La alabanza es apropiada dice la Escritura. Es una expresión noble por parte de todo cristiano, debemos estar involucrados en ella, y si somos fieles al Señor en todo momento, escuche lo que dice en el Salmo 50, versículo 23: “Cualquier persona”, como dice una versión, “que ofrece alabanza, me glorifica.” “Cualquier persona que ofrece alabanza, me glorifica a mí.” Principio simple. Eso es adoración verdadera. Cuando usted le ofrece a Dios alabanza, usted lo está glorificando a Él, lo está honrando. Glorificar significa honrar, mostrar respeto, levantar, exaltar.

En el Salmo 86 leemos, versículo 9, “todas las naciones a quienes tú has hecho vendrán y adorarán ante ti, oh Señor, y glorificarán tú nombre.” Es una forma de adoración.  Van a adorar al glorificar tú nombre. Versículo 12, “daré gracias a ti, Señor mi Dios, con todo mi corazón, y glorificaré tú nombre para siempre.” Es cuestión de adoración, es cuestión de dar gracias. Eso es alabanza. Eso es glorificar a Dios. En el Salmo 92, simplemente al principio mismo de ese Salmo, los primeros dos versículos oímos un eco de cosas parecidas. “Es bueno agradecer al Señor ir cantar alabanzas a tú nombre, oh Altísimo. Declarar tu misericordia en la mañana y tu fidelidad por la noche. Eso es simplemente parte de glorificar a Dios. Cada vez que usted alaba a Dios, le agradece a Dios, lo exalta, lo glorifica, usted está haciendo aquello que agrada a Dios.

De hecho, recordamos no es cierto, en Juan 4 como el Padre ha buscado adoradores verdaderos, los que le adoran en espíritu y en verdad. Y una parte de eso, claro es, levantarlo y darle gloria. Como el salmista dice en el Salmo 95, “Venid, adoremos, postrémonos, inclinémonos ante el Señor nuestro hacedor, porque él es nuestro Dios, y nosotros somos el pueblo de su pastura y las ovejas de su mano.” Necesitamos postrarnos, necesitamos alabar, necesitamos adorar, nos congregamos en el día del Señor para hacer simplemente eso, ofrece nuestra alabanza y ofrecer nuestra adoración a nuestro Señor quien es digno. Nuestro Dios digno.” 1 Crónicas, capítulo 16. “Cantad al Señor toda la tierra, proclamad las buenas nuevas de su salvación, de día en día. Contad su gloria entre las naciones. Dad al Señor, oh familias de los pueblos. Dad al Señor, gloria y fuerza. Dad al Señor la gloria debida a su nombre.” Eso es alabanza.

Ahora, permítame tan solo decírselo de manera muy simple. La alabanza tiene tres componentes, tres componentes simples. Número uno, recitar las obras maravillosas de Dios, recitar las obras maravillosas de Dios. Eso es alabar. Simplemente, todo lo que Dios ha hecho. En cierta manera es lo que Habacuc hizo en el tercer capítulo de esa pequeña profecía, cuando en medio de sus problemas nada realmente cambia en términos de circunstancias, pero él simplemente comienza a recordar lo que Dios ha hecho. Él simplemente comienza a ver hacia atrás y recitar todos los actos maravillosos, increíbles de liberación que Dios cumplió y llevó a cabo.

Y aquí está él en medio de ese tiempo breve de temor y ansiedad. Y él comienza a decir cosas como: “Dios viene de Teman, y el Dios Santo del Monte Paran”, y él está recordando algunos de los acontecimientos históricos. “Su esplendor cubre los cielos, y la tierra está llena de su alabanza, su brillo es como la luz del sol, él tiene rayos que vienen de su mano, y él está escondiendo su poder. Ante él se va la pestilencia, y la plaga viene después de él. Él se puso de pie y vio la tierra, él vio y sorprendió a las naciones. Si los montes perpetuos fueron sacudidos, los montes antiguos fueron colapsados, sus caminos son eternos. Vi las tiendas de Cusan bajo aflicción, las cortinas de las tiendas de la tierra de Madian estaban temblando.”

Él habla del “Señor enfurecido contra los ríos y en contra del mar”, y él habla del “Señor montando sobre sus caballos, sus carros de salvación. El arco fue desnudado, las varas de la disciplina fueron juradas. Tu dividiste la tierra, tu dividiste la tierra con ríos, los montes te vieron y se sacudieron.” Y el sigue con todas las cosas que Dios ha hecho desde la historia creadora en adelante. Y cuando todo se ha acabado, y él ha recitado toda esta lista de los méritos de Dios, él dice esto: “Aunque la higuera no florezca, y no haya fruto en la vid. Aunque el fruto del olivo fracase, y los campos no produzcan alimento. Aunque el ganado sea cortado en los rebaños, y no haya ganado.”

En otras palabras, aunque todo en el mundo esté mal, todo en la tierra esté mal, aunque todo aquello en lo que usted puede depender, todo en lo que puede depender, todo que es fijo se detenga, “aun así me exaltaré en el Señor.” “Aun así me exaltaré en el Señor, me regocijaré en el Dios de mi salvación. El Señor es mi fortaleza y él ha hecho mis pies como de ciervas”, o pies de cabras, “y él me hace caminar en lugares altos.” Yo puedo pisar los precipicios con la misma seguridad como una cabra del monte, sin importar cuan peligroso sean los tiempos, porque confío en mi Dios. Si todo en el mundo se derrumba, confiaré en Él. ¿Por qué? porque al recitar la historia de lo que Dios ha hecho en el pasado, y recuerde el poder tremendo y la liberación de Dios, es ese el beneficio de la alabanza. Cuando usted comienza a recitar todo lo que Dios ha hecho, su problema parece bastante pequeño.

En segundo lugar, usted no solo al alabar a Dios recita sus obras, usted recita sus atributos. Y usted ve esto en los Salmos, usted ve esto en los profetas, como recitan los atributos de Dios. Salmo 46, Salmo 66, Salmo 90, Salmo 96, muchos otros lugares. Y usted simplemente comienza a ver el registro de todos los grandes atributos de Dios, aquí está en medio de su pequeño problema, y usted se acuerda de que Dios es absolutamente poderoso, que Dios es omnisciente, omnipotente, y que Dios es inmutable, nunca cambia, que Dios es perfectamente sabio, perfectamente justo, santo, recto, y usted atraviesa por esos atributos. Él es un Dios de gracia, él está lleno de misericordia, su misericordia es más alta que los cielos y usted comienza a pasar por todas estas cosas que son la verdad acerca de Dios. Y conforme usted recita todo eso cambia su enfoque, cambia cómo ve usted la vida. Usted comienza a confiar a Dios de una manera más grande. Alabar a Dios tiene un beneficio tremendo incorporado para el que lo hace. 

Entonces, recitamos las obras maravillosas de Dios, recitamos sus atributos, y tercer componente es que agradecemos por ambos. Agradecemos por ambos. Tener un corazón agradecido. Es un pecado no estar agradecido, ¿no es cierto? Lo es, es un pecado ser ingrato con Dios. Y pienso en eso, siempre me acuerdo y no había planeado decir nada de esto, pero siempre me acuerdo de ese relato sorprendente en el capítulo 17 de Lucas, en dónde Jesús curó a esos diez leprosos. Y todos estaban clamando, “Jesús, Señor, ten misericordia de nosotros.” Y el versículo 14, “Él les dijo: “Id y presentaos a los sacerdotes.” Y resultó que conforme iban fueron limpiados.

Ahora, uno de ellos, no diez, nueve, ocho, siete. Simplemente uno. Cuando él vio que había sido curado, regresó, glorificando a Dios en alta voz. ¿Cómo glorificó a Dios? Él se postró sobre su rostro a los pies de Jesús, y le dio gracias. Y Jesús dijo: “Acaso no fueron diez limpiados, ¿dónde están los nueve?” No se halló a uno que regresara y le diera gloria a Dios, excepto este extranjero. Él era un samaritano, y él dijo: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado.” Diez fueron curados, uno fue salvo, regresó y dio gracias. “Más filoso que el diente de una serpiente es un hijo ingrato.” Ciertamente un hijo de Dios ingrato.

Como Joab, cuando el peleó en contra de Raba, envió por el rey para que él se llevara la corona de victoria. Así es el cristiano cuando él gana cualquier batalla, van a llamar a Cristo para que él pueda usar la corona del ganador. Le da toda la alabanza y toda la gloria. Cuando el gusano de seda, cuando teje su obra maravillosa, se esconde a sí mismo debajo de la seda y nunca es visto, así también nosotros cuando hemos hecho algo digno de alabanza, le damos la alabanza a Dios. Eso es vivir para la gloria de Dios. Lo glorificamos cuando recitamos el registro de sus obras y sus atributos, y le agradecemos por ambas.

Sabe una cosa, si usted es un estilo de vida para usted, si este es un patrón de vida para usted, va a tener un efecto dramático en cómo ve sus circunstancias y como enfrenta sus pruebas, sin importar cuan severas sean.

Número seis. Glorificamos a Dios mediante la oración. Glorificamos a Dios mediante la oración. Juan 14, una de las secciones más maravillosas en la Escritura, porque es el legado de la Escritura, dado a aquellos que le pertenecen a él, apenas antes de que él se fuera. Y quiero que sepa que en esta sección en particular los discípulos estaban muy afligidos porque Jesús se iba, y estaban aterrados al darse cuenta de eso. ¿Adónde se volverían cuando él no estuviera ahí?  Él les había dado alimento cuando necesitaban alimento, él había calmado la tormenta cuando necesitaban que la tormenta fuera calmada, les había provisto seguridad cuando necesitaban seguridad, verdad en su ignorancia. Él les había dado todo, y ahora se iba.

Y él dijo: “No se preocupen por eso.” Juan 14, versículo 13, “porque todo lo que pidáis en mi nombre, lo haré.” Simplemente porque no estoy aquí físicamente no quiere decir que no estoy aquí. Simplemente porque no estoy aquí para hacer lo que necesitan que sea hecho, no significa que no será hecho. Todo lo que pidáis en mi nombre lo haré, ¿por qué? para que el Padre, ¿sea qué? glorificado en el Hijo. ¿Sabe usted porque el Señor responde a la oración? Dice usted: “Sí, para darnos lo que queremos.” No. Dice usted: “Bueno, para darnos lo que necesitamos.” No. No, eso es superficial. Eso tan solo es el principio, la razón real por la que él responde a la oración es para mostrarse a Sí mismo. Él responde a la oración para que usted pueda glorificarlo. Cuando usted oró por alguien para que fuera salvo, y usted oró por mucho tiempo y de manera apasionada, quizás por años y Dios despierta ese corazón muerto, y esa persona abraza a Jesucristo, y su primera respuesta es clamar a Dios con gratitud, ¿no es cierto? para agradecerle. Y entonces lo glorifica a Él.

Y cuando usted está en una situación en la que sus recursos son limitados, y usted no sabe adónde se va a volver, y el Señor de manera maravillosa y en su gracia, provee para usted. Su respuesta inmediata, habiendo orado por su provisión, es agradecerle y alabarlo por lo que él ha hecho disponible para usted. Como puede ver la persona que no ora, no necesariamente va a quedar privado, Dios todavía muestra Su gracia. La persona que no ora puede tener quizá lo que necesita, nada más que Él no va a alabar a Dios porque se lo dio. Él simplemente no va a entender que todo esto es del Señor, él realmente no es parte de ese proceso.

Digo, imagínese usted un estudio bíblico y alguien se pone de pie y dice: “Quiero decirte que Roberto tal y tal fue salvo.” Y usted oye a alguien decir: “Oh, gracias al Señor, ¡que maravilloso! ¡Oh, ¿no es Dios maravilloso, no es Él bueno?!” Y usted sabe que esa persona ha estado orando por ese individuo. Mientras que otra persona que se sentó ahí y escuchó a la persona decir Roberto tal y tal fue salvo, simplemente ve y se pregunta, en dónde está la comida. ¿Por qué? porque no están involucrados en el proceso de oración.

Entonces, Dios no se manifestó en su vida porque nunca le dieron la oportunidad de hacer eso, porque no fueron parte de la petición. La oración realmente está diseñada para que cuando Dios actúa usted sepa que Él actuó. Esa es la razón por la que no somos fatalistas, inclusive cuando creemos en un Dios soberano quien cumple sus propios propósitos. La razón por la que oramos no es para que podamos cambiar de parecer lo que Dios va a hacer, sino que para que podamos darle gloria cuando lo hace, porque estamos involucrados en ese proceso. Cuando usted ora en Mi nombre, en base a Mi merito, en unión con Mi persona, con Mi propósito y para Mi gloria lo haré. Dios va a mostrar Su gloria, Él va a mostrar Su poder.

Me acuerdo hace años atrás, había un hombre aquí en nuestra iglesia que solía hacer una decisión de oración y la escribía en un cuaderno. Y estábamos reuniéndonos ahí en el centro de familia, no teníamos esta parte del campus construida, y él vino un domingo y dijo: “Me gustaría saber pastor, si usted tiene alguna petición de oración. Me gustaría orar por cuatro, cinco cosas.” Y tenía su pequeño cuaderno de espiral y yo se las mencioné y las escribió, y escribió la fecha ahí en la columna del lado izquierdo, en la que fueron escritas en su pequeño cuaderno. Y después pasaron unas cuantas semanas después y regresó para hablar conmigo, con el mismo cuaderno, con más cosas escritas ahí, y vino a revisar esas peticiones. “He estado orando. ¿me podrías decir como salió todo?” Y le di una serie de respuestas. Y en la columna del lado derecho él escribió ahí las respuestas, con una pequeña nota con lo que el Señor había hecho.

Y le pregunté: “¿Por cuánto tiempo has estado haciendo esto?” Y él dijo: “Este es cuaderno número 19.” Ahora, ahí había un hombre que había visto a Dios mostrar Su poder. Digo, si usted le preguntara, ¿acaso Dios se ha mostrado de manera poderosa en su vida? Él diría: “Sí, te gustaría ver mi repisa.” Y simplemente comenzaría a mostrar. Como puede ver, si usted no está involucrado en ese tipo de peticiones, usted no está involucrado en ese tipo de experiencia de ver el poder de Dios. La oración glorifica a Dios porque muestra quién es Él. Y entonces, lo glorifica usted a Él en respuesta a esa muestra.

Bueno, tantas otras cosas podrían ser dichas. Voy a mencionar una más. Glorificamos a Dios al traer a otros a Cristo. Glorificamos a Dios al traer a otros a Cristo. Observe 2 Corintios 4:15, por cierto, hay muchas otras que son afirmadas de manera específica como medios de glorificar a Dios, y no tenemos tiempo para eso. Pero vea 2 Corintios capítulo 4, vamos a llegar a esto, en cierta manera nos va a llevar de regreso al área cercana a nuestro texto. En 2 Corintios capítulo 4, versículo 15, Pablo de nuevo aquí defendiendo la legitimidad de su apostolado entre los corintios, debido a que está bajo ataque por parte de los maestros falsos, dice: “Porque todas las cosas son por causa de vosotros.” ‘Si ustedes creen que estoy en esto para mí mismo, están equivocados.’ Y eso es exactamente lo que lo estaban acusando. ‘Si creen que estoy aquí metido por el dinero, el poder, o prestigio, o algún tipo de favores, están mal. Todo lo que hago es por causa de vosotros. Todas las cosas son por causa de vosotros. ¿Qué es lo que quieres? “Para que la gracia”, gracia salvadora, “la cual se está esparciendo a más y más personas, pueda causar el ofrecimiento de gratitud que abunde para la gloria de Dios.”

Ahora, quizás hay varias facetas a lo que él está diciendo, pero permítame decirlo de la manera más simple que puedo. Todo lo que hago es proveer una oportunidad para que la gracia salvadora se esparza a más y más personas para que hayan más y más personas glorificando a Dios. Pablo está diciendo: “Hago lo que hago, para añadir una voz más al coro aleluya.” Cada vez que usted guía a alguien a Cristo, otra voz está cantando aleluya, otra está cantando y glorificando a Dios. Yo puedo glorificar al Señor en mi propia vida, puedo guiar a alguien más a Cristo por la gracia de Dios, y eso significa que dos están glorificando. Continuamos haciendo eso a lo largo de la vida y multiplicamos el coro aleluya.

Entonces el apóstol Pablo dice: “Glorifican al Señor cuando esparcen el mensaje de la gracia salvadora y Dios en su misericordia salva, y más y más personas expresarán su gratitud para la gloria de Dios.” Ahora, de hecho, eso, tiene que ser la manera más potente de glorificar a Dios porque es una multiplicación, va más allá de mí, alguien más, y duplica el potencial de glorificarlo. Conforme usted piensa en cómo está su vida mantenga esto en mente, que todo lo que usted hace al final, debe ser con el propósito de que la gracia de Dios, la cual salva, pueda esparcirse a más y más personas, para que más y más personas puedan glorificarle. Y Dios es glorificado al más alto nivel en la salvación de un alma, porque eso realmente muestra su poder. 

Entonces, nosotros todos a cara descubierta, con la oscuridad quitada, viendo la gloria del Señor brillando en nosotros en la faz de Jesucristo, mediante las páginas de las Sagradas Escrituras, viendo esa gloria refulgente, y avanzando de un nivel de gloria al siguiente, y siendo cambiados a la imagen misma de Cristo por el Espíritu Santo, esto es apropiado. El Señor quiere gloria en Su iglesia. Él quiere revelar y manifestar Su gloria en Su iglesia, así como lo hizo en la faz de Moisés.

Cerremos con un par de Escrituras. Efesios 3:21, una bendición: “A él sea la gloria en la iglesia.” Hombre, que mandato. Él quiere gloria por parte de su iglesia. “A él sea la gloria en la iglesia, en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos.” Y todos debemos decir, amén a eso. Y Filipenses 4:20: “A nuestro Dios y Padre, sea la gloria por los siglos de los siglos.” Y todos dijeron: “Amén.” Amén.

Padre te damos gracias por el recordatorio de nuevo en esta noche de este principio elemental de la vida cristiana, de darte gloria. Y hay muchas cosas que no dijimos. Te glorificamos mediante nuestra unidad, te glorificamos mediante nuestra obediencia, te glorificamos mediante nuestra pureza moral. Padre, en toda manera posible queremos vivir para Tu gloria. Queremos reflejar la gloria de Cristo y ser transformados a Su imagen por el Espíritu Santo. Esta es nuestra oración, este es nuestro deseo, ¡oh, ser como Ti, querido Jesús, mi ruego! Simplemente saber que Tú eres formado de manera completa en mí. Esa es nuestra oración. Y oramos que tú la cumplas en nosotros, por tu Espíritu. En el nombre de Cristo. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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