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Nota: Este mensaje fue originalmente predicado el 3 de marzo del 2017, en la Conferencia de Pastores (Shepherds’ Conference).

Bueno, toda la semana hemos examinado las glorias de nuestro Señor Jesucristo. Ha sido una experiencia maravillosa, ¿no es cierto? Simplemente, comunión rica, pláticas, alabanza e instrucción. Nos sentimos como si hemos sido levantados a los lugares celestiales, hemos visto Su majestad y Su gloria. Hemos tenido nuestro propio acontecimiento en el Monte de la Transfiguración, y como los apóstoles hemos caído postrados delante de Él, en asombro humilde. Y como los discípulos en el Monte, no queremos que termine. ¿Podemos simplemente quedarnos y vivir en esa tienda de campaña? Ya tenemos una tienda de campaña.

Creo que lo que estoy tratando de decir es que hemos sido santificados esta semana, porque la santificación ocurre como un ministerio del Espíritu Santo cuando vemos la gloria de Cristo, 2 Corintios 3:18. Somos llevados de un nivel de gloria al siguiente. Ver la gloria de Cristo es una experiencia transformadora. No hace mucho tiempo atrás acabé de predicar a lo largo del evangelio de Juan, durante 116 semanas preparé, hora tras hora, día tras día, y prediqué quizás la décima parte de lo que estaba en mi corazón al final de cada semana de estudio. Viví durante 116 semanas en el evangelio de Juan, en la gloria de Cristo. Alguien me dijo cuando acabé el evangelio de Juan: “¿No te sientes bien porque se acabó?” Yo dije: “No. Realmente me siento triste porque se acabó.” Día tras día vi Su gloria.

Y, no puedo contar cuantos mensajes esta semana salieron del evangelio de Juan. Juan registra Sus palabras maravillosas, Sus obras milagrosas, culminando en Su muerte y Su resurrección corporal seguida por Sus apariciones. Y Juan lleva Su evangelio a Su gran clímax. Abra su Biblia en el capítulo 20, versículos 30 y 31. Y Juan lo resume todo al decir: “Hizo además Jesús, muchas otras señales en presencia de sus discípulos.” De hecho, fueron tantas que el último versículo de Juan, de hecho, dice: “Que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir.”

“Muchas otras señales hizo Jesús en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas en este libro, pero estas se han escrito para que creáis que Jesús es el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.” El evangelio de Juan es para proveer evidencia de la deidad y la identidad como Mesías de Jesucristo, evidencia que lo lleva a usted a creer y a tener vida eterna. Ese es el punto elevado del evangelio de Juan, ese es el pináculo, el höhepunkt como dirían los alemanes, y cuando llegué a ese versículo pensé, ese debería ser el final. Ese debería ser el final. Pero no lo es.

De las alturas de ese resumen elevado, de los propósitos evidenciales y evangelísticos del evangelio de Juan, de esa revelación gloriosa elevada del Cristo resucitado, llegamos al capítulo 21 y es como si somos arrojados de un risco, y aterrizamos con un golpe. Es descender en un golpe. De hecho, el contraste es tan fuerte que algunos han sugerido que Juan ni siquiera lo escribió. Y para empeorarlo, nos vemos a encontrar y chocamos con Pedro. ¡Qué dolor! ¿No podemos simplemente terminar con Cristo? ¿Por qué tenemos que regresar a Pedro?

Esta es una narrativa muy decepcionante a primera vista, ¿realmente necesitamos esto? ¿No podemos simplemente entrar volando al libro de los Hechos y a la ascensión y al día de pentecostés? ¿Por qué necesitamos este? Hay una respuesta a eso, es porque con toda la gloria que ha venido a través del final del capítulo 20, eventualmente la gloria termina en vasos de barro. Esto es para nosotros. Esto tiene que ser parte de la historia. Cuándo Lucas escribió su evangelio y después comenzó a escribir el libro de los Hechos, en Hechos capítulo 1 y versículo 1 él dijo esto, él estaba escribiendo en el evangelio, acerca de todo lo que Jesús, ¿se acuerda usted de la siguiente frase? “Comenzó a hacer y enseñar.”

Conforme nuestro Señor ascendió y el Espíritu vino, el trabajo fue entregado a los vasos de barro, de eso hablamos el martes, débiles y feos, rompibles, reemplazables, imperfectos. Hemos estado en el monte, hemos visto la gloria majestuosa, la hemos visto mediante una Palabra más segura, Pedro dijo, que incluso su propia experiencia en el monte de la transfiguración.  Una Palabra más segura inspirada por el Espíritu Santo y escrita. “Nosotros también hemos sido testigos oculares de su gloria.” Y ahora el deposito reposa con nosotros, debemos llevar el evangelio glorioso hacia adelante, incluso en nuestra fragilidad y nuestra debilidad.

Pedro hizo suficientes cosas como perder sus papeles de ordenación. Si él hubiera presentado su testimonio como una solicitud de admisión al Seminario Master’s probablemente él hubiera sido rechazado. Ocasionalmente habla en nombre del diablo, ocasionalmente hace a un lado a Jesús y le dice que hacer, y cuando se pone difícil él niega, y niega, y niega que él siquiera conoce al Señor, y después jura. Oh eso es algo muy bueno en un ministro. El golpe se lleva a cabo en las primeras tres palabras del versículo 1: “Después de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al Mar de Tiberias, se manifestó de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás llamado el Dídimo, Natanael el de Caná de Galilea, los hijos de Zebedeo, y otros dos de sus discípulos,” Felipe y Andrés.

Lo que usted tiene aquí es a todas las personas que estaban en el negocio de la pesca. Estos son todos los pescadores galileos, y usted puede incluir ahí a Tomás. Bastante sorprendente aquí. “Simón Pedro les dijo: Voy a pescar.” Dice usted: “Bueno, todo mundo en el ministerio necesita recreación, ¿no? Esto no tiene que ver con tomar una caña de pescar y un anzuelo, en un día soleado y disfrutar de recreación. El Señor les había dicho, Mateo 28:16, “Vayan a Galilea, a un monte que yo les diré y esperen ahí a que yo llegue para recibir más órdenes. Voy a estar ahí, esperen. Les voy a dar la comisión.” Ustedes sabrán lo que viene a continuación.

Y en un movimiento predecible, impulsivo, decepcionante, Pedro decide regresar a su carrera antigua. Y él es un líder, y como un grupo de patos de hule, el resto de los pescadores lo siguen. “Voy a pescar.” En el original hay un sentido de conclusión en esa afirmación. Esto no es recreación, esto es regresar a su vida antigua. ¿Cómo sabemos eso? “Fueron,” dice el versículo tres “y entraron a la barca,” no, una barca, y ciertamente no se quedaron ahí en la costa aventando un anzuelo en el agua, regresaron a la barca, artículo definido. Regresaron a su propia área, y regresaron a su propia barca, la barca de Pedro quizás, esta es una barca lo suficientemente grande como para todos ellos, esta no es una barca recreativa, esta es una barca de pesca y llevaron redes, y usted no usa redes para la pesca recreativa.

Y en el versículo 7, dice que Pedro se quitó la ropa, él regresó a trabajar, versículo 8 dice, estaban a unos doscientos codos ahí afuera. No nada más querían disfrutar de un chapuzón o dos, ¿Por qué hace esto Pedro? ¿Por qué dice voy a regresar a pescar? ¿Acaso no ha visto al Cristo resucitado? Sí, sí. ¿Por qué regresa a pescar? Creo que la respuesta es bastante simple. Él no tenía confianza en absoluto en sí mismo, él era un fracaso probado, un minuto él podía estar sirviendo al Señor, y al siguiente minuto al diablo. Él podía decir te voy a seguir hasta la muerte y después cuando lo único que tenía que hacer era confesar a Cristo, él lo negó, y lo negó, y lo negó. Y lo negó ante personas irrelevantes en la oscuridad.

Él había sobrestimado su sabiduría, de manera pomposa él se había jactado de su fortaleza, él había subestimado el poder de la tentación, él declaró abiertamente que él podía enfrentar cualquier amenaza severa, y nunca vacilar en su lealtad hacia Jesús. Esa jactancia insensata lo llevó a la traición abierta. Esa parte de la historia no conocemos si él es diferente de Judas, lleno de duda en sí mismo, sentido de debilidad abrumadora, seria, una historia de fracaso, una ausencia de confianza en sí mismo, inepto. No puedo hacer esto. No puedo hacer este ministerio, pero puedo pescar. Regresemos a pescar.

Versículo 4, “Cuando ya iba amaneciendo se presentó Jesús en la playa; más los discípulos no sabían que era Jesús. Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer?” Eso es irritante, realmente usted no necesita puntualizar eso. “Le respondieron: No.” Esta no fue la primera vez que esto pasó, esto había pasado antes en Lucas 5, y se acuerda usted que, en esa ocasión, cuando Pedro se dio cuenta de que era el Señor, ¿cuál fue su respuesta? “Señor, apártate de mí, porque soy pecador.” Aquí él estaba de nuevo, el mismo hombre pecador en la presencia del mismo Hijo de Dios. Y cuando el Señor dijo: “¿No tienen peces, o sí?” Él estaba diciendo esto: “Ya no pueden pescar. Yo controlo a los peces. No pueden pescar, Yo los llamé a pescar hombres.”

Entonces, no, no, no, no, no. No, no, no, esa fue tan solo uno coincidencia. Usted sabe, estaban en un mal lugar, simplemente una coincidencia, en serio. Vea el versículo 6, “Echad la red a la derecha de la barca y hallareis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.” No habían peces en el área. Y cuando el Señor les dijo: “Intenten en el lado derecho de la barca”, usted sabe que su instinto sería decir: “Bueno, ¿qué está loco? Piensas que no pescamos de un lado de la barca. ¿De qué estás hablando?” Pero la autoridad en Su voz hace que haga lo que Él dijo, aunque en este punto no sabían quién era.

Entonces, ellos arrojan la red del lado derecho de la barca, Él dijo: “Van a encontrar una pesca, arroja.” No podían sacar la pesca debido al gran número de peces, por lo tanto, “el discípulo a quien Jesús amaba, esto es Juan, le dijo a Pedro: Es el Señor.” Este es el milagro final en el evangelio de Juan. “Simón Pedro cuando oyó que era el Señor se ciñó la ropa porque se había despojado de ella, y se echó al mar.” Esto es tan característico de Pedro. Simplemente, fuera de control, impulsivo, él no ayuda a los hombres que están tratando de sacar esta cantidad enorme de peces. Él simplemente se avienta al agua.

Mientras que él se aventó al mar, “los otros discípulos vinieron con la barca, arrastrando la rede de peces, pues no distaban de tierra sino como doscientos codos.” No podían subirla a la barca, entonces están trabajando muy duro para llevar los peces a la costa. “Al descender a tierra,” en el versículo 9, “vieron brazas puestas y un pez encima de ella, y pan.” Jesús había preparado el desayuno. ¿Sabe usted como hace Jesús el desayuno? ¡D.e.s.a.y.u.n.o! “Jesús les dijo: Traed de los peces que acabáis de pescar. Subió Simón Pedro y sacó la red a tierra, llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres.” Me encanta el número, es un relato de un testigo ocular de un número, los contaron, y es una indicación que este es un milagro real. Y aun siendo tantos, la red no se rompió. Simplemente un milagro, una pesca enorme sin romper la red.

Ahora, Pedro y los otros saben, ya no pueden pescar. Esa es la lección. “No pueden pescar, Yo controlo a los peces.” No pueden pescar, cuando en Mateo 4:19 han sido llamados a pescar hombres. Y después el Señor hace algo sorprendente. Él pasa a la restauración de Pedro, y los otros. “Les dijo Jesús:” en el versículo 12, “Venid, comed. Y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle: ¿Tú, quién eres? sabiendo que era el Señor. Vino, pues, Jesús, y tomó el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos, después de haber resucitado de los muertos.” 

No sé cómo fue la plática, pero debió haber sido intensa. Debieron haber habido algunas disculpas. “Lo sentimos Señor. No, simplemente no confiamos en nosotros y tú no estabas aquí, y no sabíamos que estábamos esperando y todos corrimos y nos dispersamos, y huimos cuando fuiste arrestado, y el único que se apareció en la cruz fue el que se apoyó en tu pecho, y ese fue Juan, y el resto de nosotros nunca nos aparecimos y todos somos culpables de desertar. Y todos somos débiles y todos somos inútiles, y simplemente pensamos, sabemos cómo hacer eso, y simplemente vamos a hacer eso. Eso es conocido por nosotros.”

Después el Señor comienza una restauración. Usted podría haber pensado que Él habría encontrado un remplazo, un grupo de remplazo. Digo, por favor, tres años, muerte, sepultura, resurrección, Él está vivo, lo han visto, y, ¿todavía están actuando así?  Este es el momento para que el Señor reinicie, este es Su momento de restauración. Ahora, ¿le sorprende a usted que el Señor volvería a empezar con estos discípulos débiles, que se rehusaban a hacer lo que Él les decía? Aquí están las buenas noticias, esto es lo único que tiene para operar, un grupo de vasos de barro con labios inmundos. Esto es Isaías repetido de nuevo.

Entonces, ¿cómo es que Jesús…? Aquí está la pregunta: ¿Cómo es que Jesús discipula a un discípulo? Todos ustedes están involucrados en discipulado. ¿Cómo es que Jesús discipula a un discípulo? ¿Cómo es que Jesús restaura a un discípulo desobediente? ¿Cómo es que Jesús lleva a cabo la consejería bíblica? ¿Cómo es que Jesús pastorea a una oveja que se ha desviado? ¿Cómo es que Él las pastorea? ¿Cómo es que Él las guía a la santificación y a la obediencia? ¿Cómo es que Él las recupera para que sean útiles? Debe ser un proceso largo y muy complejo. Va a tomar meses, si nos es que años. ¿Cómo lo hace Él? ¿Cómo es que Jesús discipula a un discípulo desobediente?

¿Está listo? Él le hace una pregunta tres veces. ¿Me amas? Oigo mucho acerca de consejería, consejería bíblica, discipulado, he visto complejidad que se ve como la parte de atrás de un tapete persa. He leído libros, libros interminables, paradigmas de santificación, ¿cómo es que Jesús discipuló a un discípulo desobediente, débil, que vacilaba? ¿Me amas? Es contundente por su simplicidad. No hay ambigüedad en eso, ¿verdad? No hay ambigüedad, no hay misterio. ¿Me amas?

Era un niño pequeño, crecí en la familia de un pastor, y en cierta manera estaba escribiendo un epílogo para un libro que alguien escribió. Fue maravilloso, y estuve de acuerdo con escribir eso, un poco de recordatorio personal de mi propia historia espiritual y estaba pensando en cuando era un niño pequeño y un adolescente, un joven, y lo único que podía recordar es que todo mundo decía necesitas creer en Jesucristo, necesitas creer en Jesucristo. Así era, necesitas creer en Jesucristo. Se me enseñó eso desde que era un niño en el hogar, en casa, en la escuela dominical, necesitas creer en el Señor Jesucristo. Y conforme crecí un poco la gente comenzó a decir necesitas servir al Señor, necesitas servir al Señor, necesitas hacer algo. Realmente no fue definido bíblicamente, necesitas servir al Señor, eso era lo que hacías.

Y después un poco más adelante el énfasis fue, necesitas testificar para el Señor. Entonces, necesitas creer en el Señor, necesitas servir al Señor y necesitas testificar para el Señor. Entonces, estoy en preparatoria, y estoy creyendo y estoy sirviendo, y algunas veces iba a la parte central de Los Ángeles, a la mitad del parque, a la mitad de la ciudad y estoy tratando de testificar para el Señor. Pero realmente no estoy experimentando ningún poder santificador en mí vida. Y finalmente se me dijo, cuando llegué a la universidad, que, si quería poder en mi vida, necesitaba ser lleno del Espíritu Santo. Y alguien me dio un pequeño folleto en la Cruzada Estudiantil. Necesitaba ser lleno del Espíritu Santo, y después siempre era descrito como usted sabe, mantenerse continuamente lleno del Espíritu Santo, y esa fue una especie de instrucción pasiva.

Entonces, muy bien, estoy aquí, creo que estoy abierto, adelante, lléname. Fui expuesto a mucha enseñanza de la vida más elevada, la vida más profunda de Keswick, “Déjalo, deja a Dios,” me colocó en un modo pasivo esperando que algo me pasara a mí, lo cual me dejó luchando por la santificación. No creo que realmente entendí, incluso cuando vine aquí en 1969, comencé a entender cuando llegué a 2 Corintios 3:18, conforme ve su gloria eres cambiado a su imagen por el Espíritu Santo. Eso no es pasivo. Eso es activo de manera agresiva. Y comencé a darme cuenta que mi santificación dependía no de crear un vacío que el Espíritu Santo debía llenar, sino en una búsqueda incansable del conocimiento de la gloria de Cristo. Dije: “Solo hay una manera de hacer eso, tengo que ir a los evangelios.”

Y, entonces, durante ocho o nueve años enseñé Mateo. Nueve o diez años enseñé Lucas, varios años enseñé Marcos, Juan. Lo único que quería hacer era ver la gloria de Cristo. Fui a Hebreos, enseñé Hebreos, fui a Apocalipsis, enseñé Apocalipsis, y unos cuantos años más tarde lo volví a enseñar de nuevo. Fui a Romanos, enseñé Romanos, unos cuantos años después enseñé Romanos de nuevo, cuando terminé el Nuevo Testamento hice una serie entera acerca de encuentra a Cristo en el Antiguo Testamento. Simplemente no podía dejar a Cristo. No sé lo que se le ha enseñado a usted, no sé lo que se le ha dicho acerca de la santificación, pero le voy a decir esto, la palabra clara de la Escritura es que su santificación está directamente relacionada a su búsqueda del conocimiento de Cristo en toda Su gloria. No es pasivo. La Palabra de Cristo mora en abundancia en usted, la Palabra, la revelación acerca de Cristo more en abundancia en usted.

Y después llegué al final del evangelio de Juan, la primera vez, y vi esto, y simplemente me sorprendió la simplicidad de lo que nuestro Señor dijo para recuperar y restaurar al discípulo más crítico del grupo para la primera iglesia. Él solo le hizo una pregunta, ¿Me amas? ¿Has visto suficiente y oído suficiente como para amarme? Siempre había sabido que necesitaba creer en Él y servirle, y testificar para Él, no creo que jamás pensé en amarlo. Pero después debería haber pensado así, porque ese es el primer y más grande mandamiento. “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, alma, mente y fuerzas.” Deuteronomio 6.

Mateo 22:37. “Ama al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente, ese es el primer y más grande mandamiento.” Y Dios ha venido a nosotros en Cristo. Eso se aplica a Cristo. ¿Qué quiere Dios de mí? A favor de Cristo, Él quiere que lo ame con todo mi corazón, alma, mente y fuerzas, esa es la vida cristiana. Todo está ligado a amar al Señor Jesús con todas sus facultades. 1 Corintios 16:22 dice que: “Si alguno no amare al Señor es anatema,” está condenado. Si usted está condenado por no amar al Señor y lo opuesto de eso es que se le de vida eterna, lo cual es definido como amar al Señor. El motivo para toda su santificación y el motivo para todo su servicio, es así de simple: ¿Me amas?

Entonces, veamos la conversación. “Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón,” siempre lo llamaba con su nombre antiguo, cuando estaba hablando como su hombre antiguo. “Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” ¿Me amas? Siempre es la pregunta para un creyente desobediente, al corazón, “¿me amas más que estos?” ¿Quieres decir más que estos otros discípulos? Eso no funcionaría. Eran tan culpables como él, todos desertaron, todos regresaron a pescar, eran desobedientes por igual. No, ¿me amas más que estas barcas, y redes, y pesas, y anclas, instrumentos de tu vida antigua? ¿Me amas más que las cosas que constituían tu vida? Lo cual es como decir, si alguno quiere venir en pos de mí, ¿qué? niéguese a sí mismo. Usted tiene que dejar todo aquello que constituyó su vida.

Él usa la palabra agapao, el amor más elevado, más noble de la voluntad. ¿Me amas más que estas cosas? ¿Me amas más que cualquier cosa en este mundo? Mateo 10:37, Él dijo: “El que ama a padre o madre más que a mí no es digno de mí. El que ama a hijo o hija más que a mí no es digno de mí.” Si tú amas tu propia vida, la vida que tú has creado, más que a mí, no eres digno de mí. Él está diciendo, ¿me amas lo suficiente como para negarte a ti mismo? Juan Calvino dijo: “Ningún hombre va a perseverar de manera constante en el cumplimiento del ministerio a menos de que el amor por Cristo reine en su corazón.” Si no hemos concentrado esta semana en Cristo, simplemente para efectos de información acerca de Él, sino para efecto de lo que le estoy diciendo esta noche, para que usted lo ame de una manera más grande de lo que jamás lo ha amado usted antes.

Creo que Pedro debió haberse sentido muy triste, él le dijo en el versículo 15: “Sí, Señor; tú sabes que te amo.” Pero él cambió la palabra, él no usó agapao, el amor más alto, más noble de la voluntad, él lo bajó un nivel, él dijo: “Te amo.” Y él usó fileo, lo cual simplemente significa un afecto cálido, “me caes muy bien.” ¿Por qué hizo eso? Porque él fue exhibido, él era culpable, él estaba quebrantado, él fue humillado, él habría sido un necio si hubiera dicho: “Te amo al nivel más alto, más noble.” Él no podía decir eso, él dice: “Señor, tú sabes. Tú sabes que me caes muy bien.” Dice usted: “Esa es una admisión triste.” Bueno, no es en cierta manera triste tener que depender de la omnisciencia. Digo, ¿no es ni siquiera obvio, que usted tiene que invocar la omnisciencia a Él? No dijo: “Señor, tú has visto mi vida, ¿no es obvio? No, él dijo: “Tengo que invocar Tú omnisciencia, y Tú sabes que tengo afecto profundo hacia Ti.”

Permítame decirle algo, creo que ese momento fue un momento de bendición. Creo que es una bendición cuando el Señor sabe todo, y Él sabe que le amamos, aun cuando no es obvio. Lo voy a decir de otra manera, me da gusto porque el Señor sabe las cosas que yo desesperadamente quiero que sepa, y esa es una bendición tan grande para mí. Estoy bien si Él sabe las cosas que realmente no quiero que sepa. Necesito que sepa que lo amo, porque algunas veces no es obvio. Él sabe que lo amo verdaderamente. No lo amo como debiera, mi amor no es todo lo que debería ser, pero es real, eso es lo que Pedro está diciendo. ¡Sorprendente! Digo, esto es sorprendente. El Señor realmente le dice: “Boske mis corderos. Apacienta mis corderos.” Esta es su ordenación. Él es aceptado, ¿en serio?

Después de todas las cosas ridículas que Pedro ha hecho, y aquí apenas antes de esto, otra evidencia de su desobediencia impulsiva, lo coloca de regreso en el ministerio. “Apacienta mis corderos.” Y yo simplemente le diría que vea el pronombre aquí, el pronombre personal, son míos, te los estoy entregando. Con mucho menos que amor perfecto que el Señor merece y desea, con amor más bajo en calidad, que el Señor recibe de todos aquellos que están alrededor de Él en el cielo, Pedro es restaurado al ministerio con un amor que ni siquiera es visible para nadie, excepto por el Señor en Su omnisciencia.

“Alimenta mis corderos.” Mis pequeños, jóvenes, tiernos, débiles, vulnerables, que tienden a desviarse, que tienden a vagar, los estoy colocando en tus manos. Sabe una cosa, cuando pienso en eso pienso en Juan 17, cuando nuestro Señor al orar a Su Padre dice: “Voy a la cruz, Padre, los guardé. Ahora, cuándo voy a la cruz, te los estoy entregando a ti para que los guardes.” Cuándo Él no podía cuidar de ellos, Él los entregó a Su Padre, y nada jamás podía sacarlos de la mano de Su Padre. Pero aquí está la maravilla de maravillas, Él las entregó a Pedro, mis pequeños corderos.

“Volvió a decirle la segunda vez,” versículo 16, “Simón, hijo de Juan, o de Jonás, ¿me amas? (agapao). Pedro le respondió: “Sí, Señor, tú sabes que te amo.” Le dijo: “Muy bien, poimaino, pastorea a mis ovejas.” “Le dijo la tercera vez, Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?” Y en esta ocasión se bajó a la palabra de Pedro, y Él cuestionó incluso el nivel bajo de amor, con el que Pedro pensaba que se podía salir de esto. “¿Realmente tienes un afecto fuerte hacia mí?” Esto realmente dolió. Esto penetra en el corazón de Pedro, esto es una biopsia espiritual, corta y abre el alma de Pedro.

“Y Pedro se entristeció,” lupeo, tener un dolor, un dolor profundo o tristeza en el corazón. No porque fue la tercera vez. Él necesitaba tres veces, después de todo él había negado al Señor tres veces. No fue porque fue la tercera vez, fue porque la tercera vez el Señor cuestionó incluso el amor que él pensaba que podía salirse con esto. Y él de nuevo invoca la omnisciencia: “Él respondió, Señor, tú lo sabes todo, tu sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas.”

Es muy parecido a Isaías, ¿no es cierto? Señor, tú no me quieres, yo soy un hombre con labios inmundos, Isaías 6. Y después en la visión usted oye al Señor, ¿quién irá por nosotros? No hay nadie en la visión más que Isaías, ésta no es una pregunta retórica. No creo que él dijo: “Heme aquí, Señor, envíame a mí, soy un hombre con una boca sucia, envíame a mí. Él probablemente dijo: “Señor, ¿me podrías enviar a mí? El Señor dijo: “Ve, tú eres mi hombre.” Siempre son vasijas de barro, ¿no es cierto? Con todas nuestras fallas, y todos nuestros fracasos, lo único que Él pide de nosotros es que en Su omnisciencia sabe que nuestro amor no es perfecto, pero es real, es real.

No sabía lo que era amar al Señor como joven, porque no conocía suficiente acerca de Él, para crecer en ese amor. El pastoreo, meramente es una extensión de amor santificador, al amor que sirve. Dice usted: “Bueno, soy un hombre débil.” Está luchando, fracasando, algunas veces una experiencia de labios inmundos, falta de confianza personal, soy indigno, ¿me amas? ¿me amas? Hemos intentado esta semana por elevar a Cristo para incrementar Su amor.

Ahora, este amor tiene un costo, versículo 18: “Muy bien, Pedro, ¿me amas? De cierto, de cierto te digo.” 25 veces en el evangelio de Juan tenemos esa pequeña formula, lo cual significa algo muy importante, este es un llamado verbal para llamar la atención. “De cierto, de cierto te digo, cuando eras más joven te ceñías e ibas a dónde querías, hacías lo que querías. Más, cuando ya seas viejo, extenderás tus manos.” ¿Qué significa eso? Es un eufemismo para la crucifixión. “Cuando ya seas viejo extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará adónde no quieras.” ¿Cómo sabe usted que es su crucifixión? Porque la siguiente afirmación es, “Esto dijo, dando a entender con qué muerte habría de glorificar a Dios. Y dicho esto añadió: Sígueme.”

La historia nos dice que él fue crucificado. “Niégate a ti mismo y - ¿después qué? - toma tu cruz. Esta es una ilustración viviente de Lucas 9:23. Pedro serás arrestado y serás ejecutado mediante la crucifixión, serás un mártir. Bienvenido de regreso al ministerio. ¿Te acuerdas cuando te dije que, si me aborrecieron a mí, te iban a aborrecer a ti? Dice usted, “Oh Señor, dale un descanso al hombre, ¿para qué le estás diciendo eso? ¿quiere usted vivir su vida pensando que a la vuelta de toda esquina está su crucifixión? ¿Por qué le dijiste eso?” Porque esas son las mejores noticias que Pedro jamás oyó en su vida. ¿Qué? porque lo que le dijo a Pedro es esto, la próxima vez que enfrentes la muerte por mí, no me vas a negar. Creo que él vivió en el triunfo de esa promesa. Esas son las mejores noticias que él jamás oyó, eso lo fortaleció como hierro para el futuro.

Y después en el día de Pentecostés, se le dio la plenitud del Espíritu y él era dinamita hasta que fue crucificado. Y cuando él iba a ser crucificado él no pensaba que era digno de ser crucificado como su Señor y entonces él pidió que fuera crucificado de cabeza. ¿Puede imaginarlo usted diciendo, no voy a volver a fallar cuando eso suceda, no voy a volver a fallar, no voy a volver a fallar? Él no tenía confianza en sí mismo, él no tenía una historia de fidelidad, frente al peligro él era un desastre. La promesa de que él enfrentaría la muerte de manera triunfal, y moriría, fueron las mejores noticias que él jamás pudo haber oído. Esto es como Lucas 14:26, “Si alguno quiere venir en pos de mí, y no aborrece su propia vida, no puede ser mi discípulo.” ¿Me amas? ¿Me amas lo suficiente como para negarte a ti mismo? ¿Me amas lo suficiente como para tomar una cruz, si eso es lo que pido? ¿Me amas a ese nivel?

Hay otro componente. Esto es amor que no solo demanda un sacrificio, sino que demanda obediencia. Observe el versículo 19, de nuevo: “Y cuando él había hablado esto, él le dijo: Sígueme.” De nuevo, esos son los tres componentes de Lucas 9:23, niégate, toma tu cruz, sígueme. Eso es lo que significa ser un discípulo, Él dice: “Sígueme.” El amor que sacrifica frente a la muerte, es amor que obedece en la vida.” Pero como todo lo demás con Pedro, todo es difícil, todo. Versículo 20, el Señor dice: “Sígueme.” “Volviéndose Pedro,” por favor, esto es imposible, rebaja un nivel para Andrés o alguien más, ¿estás bromeando?

Volviéndose, él no puede dar un paso al seguir, y “vio que le seguía el discípulo a quien amaba Jesús.” Juan nunca se llama a sí mismo por su nombre, ¿Por qué lo haría, cuando él se llama a sí mismo el discípulo a quien Jesús amaba? Él se voltea y ve a Juan, él mismo que no solo era el discípulo a quien amaba Jesús, sino el que se había recostado al lado de Él en la cena, y le había dicho, ¿Señor quién es el que te ha de entregar? Juan simplemente no puede superar el hecho de que ha recibido privilegios que se le han dado, al estar al lado de Jesús el Mesías, el Hijo de Dios.

Volviéndose Pedro, vio a Juan y él dice, versículo 21, “¿y qué de este?” Digo, esto es remedio más allá de la comprensión. Y después usted tiene una de las afirmaciones, realmente más simpáticas, y Jesús no dijo muchas cosas simpáticas, pero esto es simpático, Él dice: “Si quiero que quiero hasta que yo venga, ¿qué a ti?” Si él vive hasta la Segunda Venida, no te importa. Eso se llama hipérbole. Eso no solo es hipérbole, eso es sarcasmo, esto es sarcasmo claro. Digo, eso es lo que usted dice cuándo finalmente ha llegado a tal punto de exasperación con sus hijos que usted se vuelve al sarcasmo fuerte hiperbólico.

Mi papá solía decirme: “Tú nunca vas a llegar a nada.” Mi papá no se preocupaba por elevar la imagen personal. Llegar a nada no tenía nada que ver con lo que estaba haciendo, simplemente era una manera hiperbólica, sarcástica de expresar su frustración por mi falta de conducta, de calidad. “¿Qué hay acerca de él? voy a morir verdad, voy a morir, ¿qué hay acerca de él? Le digo, Pedro es un proyecto constante. Este es un proyecto.

Entonces, si están preocupados por la gente que tienen que discipular en su iglesia, tengan algo de empatía aquí, ¿verdad? Es irrelevante, Jesús dice: “Es irrelevante, si quiero que viva hasta la segunda venida.” Entonces, claro, salió el rumor, ¿saben ustedes lo que oí? Juan va a vivir hasta la segunda venida. “Este dicho se extendió entonces entre los hermanos,” versículo 23, “que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?” Es irrelevante. Bueno, se volvieron amigos, ¿no es cierto? Pedro y Juan. De Hechos 2 al 11 Juan no dijo nada, Pedro predicaba. Dice usted: “Bueno quizás Juan no tuvo nada que decir.” Oh sí. Cuándo él finalmente abrió su boca, el evangelio de Juan, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan, y el libro de Apocalipsis, entonces, lo estaba conteniendo.

Entonces, esto es enfático, la afirmación que nuestro Señor da en el original: “Tú sígueme,” versículo 22, “Tú, sígueme,” olvídate de los demás. De nuevo, esto es Lucas 9:23, niégate a ti mismo, enfrenta la muerte, sígueme. Juan murió treinta años después de Pedro, al final del siglo primero, lo más probable que fue en la Isla de Patmos. Realmente treinta años después de que tanto Pedro como Pablo fueron martirizados. Entonces, el evangelio de Juan, la gloria de Dios brillando en la faz de Jesucristo, rico, exaltado, teológico, profundo, presentando al Hijo de Dios como el Yo Soy, demostrando Su deidad gloriosa mediante palabras y obras, llevando a la conclusión masiva, gloriosa del capítulo 20, versículos 30 y 31: “Muchas otras señales Jesús hizo en presencia de los discípulos, que no están escritas en este libro. Pero éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre.”

Esa conclusión gloriosa es dónde el evangelio llega a su zenit. Ahí es en cierta manera en dónde estamos en esta noche. Hemos llegado a las alturas con Cristo. Mañana usted va a regresar con un golpe. Caemos del final del capítulo 20, de las alturas de gloria, hermosas, a la dificultad de colocar esta gloria en vasos de barros. Esos somos nosotros, y lo único que el Señor pregunta es esto, “Me, - ¿qué? - me amas? Voy a aceptar menos que un amor perfecto, pero no menos que un amor real. La bendición al final de Efesios, “Gracia, sea con todos los que aman a nuestro Señor Jesucristo con amor incorruptible.”

Esa no es la elevación del amor. Esa es la naturaleza del amor. Es un amor real, es un amor incorruptible. Si me amas, ¿me amas? ¿me amas? ¿me amas? Apacienta mis corderos. Apacienta mis ovejas. Niégate a ti mismo, ámame. Debes estar dispuesto a morir, si eso está en el plan, a partir de amor por mí. Vive en obediencia, y eso está en el plan, amándome. Pedro aprendió su lección. Vaya a 1 Pedro 5 y ahí es en dónde vamos a concluir. 1 Pedro 5, ahora Pedro nos va a hablar como un pastor fiel. Me da gusto que él finalmente llegó ahí, ¿a usted no le da gusto?

Pedro escribe: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros,” esos somos nosotros, “yo anciano también con ellos y testigo de los padecimientos de Cristo, que sois también participantes de la gloria que será revelada, apacentad la grey de Dios.” ¿Sabe usted lo que está haciendo? Él está repitiendo exactamente lo que Jesús le dijo tres veces. “Cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente, no por ganancia deshonesta sino con ánimo pronto, no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el príncipe de los pastores, vosotros recibiereis la corona incorruptible de gloria.” 

Pedro ha ido de ser un discípulo que necesitaba ser discipulado, para volverse nuestro maestro, nuestro maestro inspirado diciéndonos que pastoreemos el rebaño de Dios, porque como leímos antes, aunque no le habéis visto, ¿qué? le amáis. Me encanta como Pedro cierra su carta. Saludad unos a otros con ósculo santo. La paz sea con todos vosotros que están en Cristo.

Padre nuestro, venimos a Ti en esta noche con gratitud, con agradecimiento. No merecemos estar en este ministerio, Tú comenzaste al decir que es una misericordia, es una misericordia, y nos quedamos tan cortos. Sin embargo, si te amamos, no con un amor perfecto, sino con un amor incorruptible, eso es suficiente. Descendemos de las alturas, de las glorias de Cristo que hemos visto a lo largo de toda la semana y todo ha sido depositado en nosotros, vasos de barro. La gloria de Dios brillando en la faz de Jesucristo en un vaso de barro. ¡Qué paradoja! Pero, claro entonces la explicación para nuestro ministerio nunca podría ser nosotros, solo podrías ser Tú.

Te amamos, queremos amarte más, incrementa nuestro amor. Que nunca jamás, jamás, dejemos de buscar para encontrar Tu gloria, en donde quiera que es revelada, para que nosotros mediante la obra del Espíritu Santo podamos ser cambiados a Tu imagen, de un nivel de gloria, y movernos hacia el más alto de todos los mandamientos, de amarte a Ti y a nuestro Señor con toda nuestro corazón, alma, mente y fuerzas. Esa es nuestra oración. Pedimos estas cosas para Tu gloria únicamente. Amén.

Disponible sobre el Internet en: www.gracia.org 
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