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Hemos estado hablando del Evangelio de Pablo, el Evangelio según Pablo y les confieso que este es un gran desafío para mí tratar de reducir esto a unos cuantos temas, y honestamente, en cierta manera, estoy vacilando, estoy cambiando de parecer si está bien aquí y allá, entonces van a tener que ser pacientes conmigo un poco.

Esta noche quiero que abra su Biblia de regreso en 2ª de Corintios y quiero ir al capítulo 5. 2ª de Corintios, capítulo 5. Hemos hablado de la gloria del Evangelio, de hecho, hemos hablado de la naturaleza del Evangelio en nuestras dos sesiones esta mañana escarbando en la doctrina de la justificación con la naturaleza del Evangelio es que la justicia de Dios tiene que descender y es recibida por la fe, y es un regalo de gracia, y así es como la salvación se lleva a cabo; hemos hablado de eso. Es un Evangelio glorioso, es un Evangelio sustitutivo como vimos esta mañana, vamos a ver un poco más de eso en esta noche. Pero quiero que entienda este concepto de la reconciliación; es un Evangelio reconciliador. El Evangelio reconcilia al pecador con Dios.

Hay un pasaje aquí al final del capítulo 5, que es un pasaje crítico, esencial para entender el Evangelio de Pablo, el Evangelio de Jesucristo, el Evangelio del Dios bendito, el Evangelio de paz y gracia y salvación que Pablo llamó “mi Evangelio”, inclusive, nuestro Evangelio. Quiero que comience acompañándome al versículo 18: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo y nos dio el ministerio de la reconciliación, que Dios estaba en Cristo reconciliando consigo al mundo, no tomándoles en cuenta a los hombres sus pecados y nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación. Así que somos embajadores en nombre de Cristo como si Dios rogase por medio de nosotros. Os rogamos, en nombre de Cristo, reconciliaos con Dios, al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”.

Cinco veces en ese pasaje la palabra “reconciliar” aparece, usted la vio. Versículo 18, Dios nos reconcilió, nos dio el ministerio de la reconciliación; versículo 19, Dios en Cristo estaba reconciliando consigo al mundo, nos encargó a nosotros la palabra de la reconciliación; versículo 20, reconciliaos con Dios. Esto es acerca de la reconciliación. La reconciliación asume la separación, ¿no es cierto? Supone la enemistad, hostilidad, supone que la gente es enemigo, o peor aún, enemigos violentos. Y la reconciliación necesita llevarse a cabo.

Ahora, notará usted que Pablo dice que se nos ha dado el ministerio de la reconciliación, y se nos ha dado para llevar a cabo ese ministerio, la palabra de la reconciliación. Nuestro mensaje es un mensaje de reconciliación, un mensaje de reconciliación. ¿Cómo debemos entender esta reconciliación? Bueno, en este pasaje, no solo en los versículos 18 al 21, sino retrocediendo un poco, tenemos lo que creo yo es la esencia de un entendimiento del mensaje del Evangelio como reconciliación. Se nos ha dado el ministerio de la reconciliación, hemos recibido el mensaje acerca de la reconciliación y esto constituye, según el versículo 20, la naturaleza de que seamos embajadores.

Un embajador era un representante de un monarca que era enviado a una cultura extranjera para representar ese monarca y así es con nosotros, representamos al Rey de Reyes, estamos en una cultura extranjera. Y nuestra responsabilidad es decirle a la gente en esta cultura extranjera que es enemiga de Dios por naturaleza, que pueden reconciliarse con Dios. Ese es nuestro mensaje, ese es nuestro mensaje. Ha habido ocasiones en las que he estado volando en un avión y gente sentada a mi lado me ha preguntado a qué me dedico, y me acuerdo respondiéndole la pregunta en un vuelo de Nueva York a Los Ángeles, a alguien le dije: “Bueno, soy un predicador del Evangelio”, y el hombre que estaba sentado a mi lado, que estaba perforado por todos lados en los que usted puede ser perforado, debía haber estado aterrado porque salió de su asiento y nunca regresó, y ese es un vuelo de cinco horas. Entonces, he aprendido que quizá no debo ser tan directo.

Por otro lado, en una ocasión dije esto: “Tengo un gran trabajo. Yo le digo a los pecadores que pueden reconciliarse con Dios, ¿está usted interesado?”, digo, eso es lo que se llama ser directo, pero eso es exactamente lo que hago, eso es lo que hacemos. Nuestro mensaje es que los pecadores pueden reconciliarse con Dios, que Dios es un Dios reconciliador que ha provisto un medio de reconciliación y un mensaje de reconciliación, y es la responsabilidad de todo embajador de Cristo. Asume alejamiento, hostilidad, un tipo de relación enemiga, un tipo de relación de enemistad, pero una que puede ser convertida en una reconciliación completa y plena.

Ahora, conforme vemos este pasaje, quiero mostrarle varios elementos del ministerio de la reconciliación, varios elementos de la realidad de la reconciliación, y para hacer esto vamos a retroceder al versículo 14 y vamos a retomar algunas cosas que están ahí. Y regresando al versículo 14, quiero decir que el primer componente de la reconciliación es que es motivada por el amor de Dios, es motivada por el amor de Dios. No debería tratar con eso mucho porque todos están muy familiarizados con el hecho de que Dios amó al mundo, ¿verdad? Que Él dio – oyendo su amor, no nosotros amamos a Dios, sino que Él nos amó y envió a su Hijo para que fuera la propiciación por nuestros pecados.

Mientras que éramos enemigos, Pablo dice: “Él nos amó”, en el versículo 14, Pablo identifica esto, el amor de Cristo nos constriñe; ese es un verbo que significa “coloca presión en algo para crear una acción”; inclusive podría ser traducido “el amor de Cristo nos gobierna”. Me encanta la palabra “controlar”, de hecho, en una versión. Pablo no está hablando de su amor por Cristo, él está hablando del amor de Cristo hacia él lo que lo impulsa. Vimos que él entendió la gloria del Evangelio, ¿verdad? A partir de 2ª de Corintios hablamos de eso. Entendimos la gloria trascendente del Evangelio y fue motivado por su grandeza sin paralelos y sin igual; bueno, él también experimentó el amor de Cristo.

Cristo había establecido una declaración salvadora sobre la vida de Pablo, de tal manera que él estaba tan abrumado por este amor salvador que él nunca podía vivir por nada más que la proclamación del Evangelio de ese amor salvador. El amor salvador de Cristo hacia Pablo lo controlaba, lo dominaba, lo motivaba, lo gobernaba y él no lo vio de una manera personal, él no lo vio de una manera egoísta, no lo vio de una manera aislada porque él dice en el versículo 15: “Y Él por todos murió. Lo que Dios ha hecho por mí mediante su amor, lo que Cristo ha hecho por mí mediante este amor magnánimo, salvador, perdonador, de gracia, no es solo por mí. Él murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos”.

¿Qué lo motivó? ¿Qué lo impulsó? No fue solo la gloria del Evangelio en un sentido amplio, sino la gloria del Evangelio estaba encerrada en el hecho de que el Evangelio fue una expresión magnánima de amor divino a tal grado hacia un pecador indigno como él lo era, quien se confesó a sí mismo como un blasfemo, y él se dio cuenta de que este amor que Dios le había dado a él en Cristo, que había transformado totalmente su vida a tal grado, no solo fue por él, sino que Cristo murió por todos para que los que viven ya no vivan para sí, sino para Aquél que murió y resucitó por ellos. Él murió por todos. ¿Qué quieres decir por todos? Él murió por todos aquellos que creen en Él. Todos los que creen en Él, Él murió y resucitó por ellos.

Al final del versículo 14 dice: “Uno murió por todos, por tanto, todos murieron”. No quiero ser técnico aquí. Él murió por todos aquellos que murieron en Él; Él murió por todos aquellos que murieron en Él. No significa que Él murió por el mundo entero. Si Cristo murió por el mundo entero, el mundo entero sería salvo, ¿entiende usted eso? Si Cristo, de hecho, pagó la paga completa por el mundo entero, entonces el mundo entero tendría que ser salvo porque el precio fue pagado. Hay personas que enseñan que Él murió por el mundo entero, y si usted enseña que Él murió por el mundo entero, todo el mundo que jamás ha vivido entonces su muerte fue una muerte potencial y no una muerte real; fue una expiación potencial y no una expiación real. Si usted dice que Él murió por todo mundo en general, entonces Él murió por nadie en particular. Este es un problema. Él murió por todos los que murieron en Él. Él murió y resucitó a favor de todos aquellos que murieron en Él, que son manifestados por la fe. Esta es una expiación real.

Cristo, de hecho, llevó nuestros pecados en su propio cuerpo en la cruz y, de hecho, pagó la paga de manera completa. Su muerte no es potencial, es una muerte real. No hace la salvación posible, hace la salvación inevitable. La muerte de Cristo fue la muerte de su pueblo, sus elegidos que creerían. El precio por cuyos pecados Él pagó. Dice usted: “Eso se oye como predestinación”. ¡Exactamente! Por cierto, sé que usted quiere hacer esa pregunta, todo mundo tiene esa pregunta, entonces mañana voy a hablar de cómo la perspectiva de Pablo de la predestinación encaja en su pasión por el Evangelio. ¿Muy bien? Vamos a hacer eso en la mañana. Muy bien.

Pablo entendió que este regalo de amor de la salvación que se le había dado, que controlaba su vida, no podía ser guardado por él, porque Cristo había muerto por todos los que murieron en Él que todavía estaban por nacer en algunos casos, todavía tenían que oír el mensaje del Evangelio, pero lo oirían en el futuro y creerían y serían salvos. ¿Qué controla su vida? Fue el amor que Dios demostró en Cristo para redimirlo de su estado miserable y de la condenación eterna, y ese amor tomó control de su vida porque él sabía que él debía ser un instrumento para llevar el mensaje de ese amor a toda persona alcanzar. Entonces, su vida entera cambió.

Versículo 16, observe lo que dijo: “De manera que, nosotros, de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne”. ¿Entiende usted eso? ¿Qué sucedió en su vida? Bueno, de pronto él no vio a la gente como externa, él no vio a la gente como seres físicos, él no nada más vio lo de afuera, él no estaba interesado en particular en la apariencia de la gente, él no estaba interesado en particular en su conducta externa; así no es como él veía a la gente. Él dice en el versículo 16: “A partir de ahora, –a partir del momento de su salvación– no reconocemos a nadie según la carne, no juzgamos a la gente por lo que podemos ver y experimentar de su vida física”. Después, él dijo: “Hice eso en una ocasión, le hice eso a Cristo, hemos conocido a Cristo según la carne, hubo un tiempo cuando yo conocí a Cristo solo según la carne, ¿y sabes lo que determiné? Él fue un blasfemo, Él era un charlatán, Él era un mesías falso, Él era un problema para el judaísmo, Él merecía ser crucificado y sus predicadores merecían ser matados”.

¿Se acuerda usted cuando apedrearon a Esteban, quien estaba ahí de pie, y él tenía las túnicas de la gente que apedrearon a Esteban colocadas a sus pies? Pablo, él había hecho una evaluación externa de Cristo y estaba totalmente equivocado. Sin embargo, ahora ya no lo conocemos de esta manera. “Mi opinión entera de Cristo ha cambiado desde el camino a Damasco. Ya no veo a la gente externamente. El resultado más horrendo de que yo hiciera eso, –lo cual era lo que los fariseos hacían y todos los religiosos falsos y toda la gente perdida– la expresión más horrenda de ese tipo de juicio fue la manera en la que juzgué a Cristo. Hombre, estaba equivocado. Simplemente veo a todo mundo desde el punto de vista espiritual ahora”. ¿No lo hace usted así también? ¿Usted entiende eso?

Usted sabe que usted tiene a hijos que no conocen al Señor, se pueden vestir muy bien y se ven bien y salen de la casa y su corazón puede quedar destrozado. Todo puede ser arreglado exactamente como debe ser arreglado, lo único que le preocupa a usted es el corazón, ¿verdad? Usted puede tener un cónyuge que es atractivo, no conoce a Cristo, usted ve más allá de eso. No vemos al mundo como el mundo se ve a sí mismo. 

Hace algunos años atrás estuve en la Casa Blanca hablando con el personal de la Casa Blanca y yo dije: “¿Sabe una cosa? Ustedes tienen un problema aquí –y yo dije– y no es el tipo de problema que ustedes piensan que es, –yo dije– ustedes están tan inclinados –esto fue en los años de Bush–, ustedes están tan inclinados en asegurarse de que ustedes atacan a los demócratas de que ataquen a sus adversarios, que han convertido el campo misionero en su enemigo. Ustedes no pueden hacer eso. Quizá no les guste su política, pero no los pueden ver según la carne, ese es un campo misionero”. Así es como Pablo veía el mundo, así es como todo creyente tiene que ver el mundo. Y Pablo dice en las palabras conocidas del versículo 17: “De modo que –me encanta esto– si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron, he aquí todas son hechas nuevas”. Y el “alguno” es la palabra que opera aquí, “alguno”; no sé quiénes son todos los que murieron en Cristo, por quienes Él, de hecho, pagó de manera completa por sus pecados; no sé quiénes son, pero sé que si alguno cree, encaja en esa categoría, y alguno que está en Cristo es una nueva criatura.

Pablo, de esta manera, fue impulsado al ministerio de la reconciliación porque él ha tenido una experiencia de primera mano del amor de Dios en Cristo dado a él, que produjo la transformación espiritual de su propia alma, cambió su destino eterno y le concedió la justicia misma de Dios en lugar de la justicia humana condenadora. Eso se convirtió en la pasión de su vida, es ese amor de Cristo que lo controlaba y a toda persona con Él. “Nosotros”, ustedes ven el pronombre ahí en el versículo 14, todos somos controlados por la realidad de que hemos sido hechos nuevas criaturas por el amor de Dios en Cristo y no puede ser limitado a nosotros, alguno cualquiera que esté en Cristo es una nueva criatura. No vemos a la gente ya igual.

Si usted le preguntara a Pablo, él diría: “En Cristo no hay varón ni mujer, esclavo o libre, judío o gentil, no hay distinción. Él vio a todo mundo como un alma eterna”. Estoy seguro de que usted experimenta esto, yo lo experimento, yo me veo a mí mismo viendo a través de la persona, sea quien sea, sea que lo conozca o no. Cuando soy expuesto a gente, es su alma lo que cautiva mi pensamiento, es su alma, su alma. Ya no conocemos a la gente puramente a nivel superficial, vivimos en un mundo de almas perdidas, nos rodean por todos lados; quizás a usted no le guste su política, quizá no le guste la conducta de ellos, quizá no le guste el estatus social de ellos, quizá no le guste a usted su personalidad; usted tiene que ver más allá de eso, porque para algunas de esas personas Cristo murió y pagó la paga, el precio de su pecado, de manera completa, y usted podría ser, si está disponible, ser el instrumento que Él use para traerlos al punto de la salvación planeada para ellos desde antes de la fundación del mundo.

Se nos ha dado el ministerio de la reconciliación, ese es el corazón y el alma de nuestra responsabilidad como creyentes y así es como Pablo veía su vida, nuestro ministerio es reconciliar a hombres con Dios, reconciliar a mujeres con Dios, predicar las buenas noticias de que la relación de enemistad, hostilidad, odio, aislamiento entre Dios y los hombres puede ser cambiada de manera total. Y parte de eso, claro, es definir el hecho de que hay un aislamiento entre los hombres y Dios, esas son las buenas noticias. Es posible que los pecadores puedan reconciliarse con el Dios Todopoderoso. Siempre pienso en esto. Quizás me ha oído usted decir esto en alguna cinta o algo.

Iba en un avión en Southest Airlines a El Paso, sentado ahí en el temido asiento del medio, estaba ahí apretado y estaba preparándome para una conferencia para hombres en el Centro Cívico de El Paso, y acababa de abrir mi pequeño Nuevo Testamento y estaba escribiendo algunas cosas de las que iba a hablar, y junto a mí estaba un hombre árabe, podía darme cuenta de eso, y estoy viendo mi Nuevo Testamento y acabábamos de ascender después de unos cuantos minutos, y él me ve y me pregunta: “Disculpe, señor, ¿esa es una Biblia?”, y dije: “Sí, es una Biblia”. Él dijo: “¿Podría hacerle una pregunta?”, yo le dije: “Claro que me puede hacer una pregunta”, él dijo: “Yo soy de Irán, soy nuevo en Estados Unidos, estoy en proceso de inmigrar y no entiendo la religión americana, no entiendo. En mi país todo mundo es musulmán, todo mundo; pero no entiendo la religión americana”.

Él dijo: “¿Podría usted, señor –y esto es exactamente lo que él dijo– podría usted explicarme la diferencia, si es tan amable, entre un católico, un protestante y un bautista?”. Un católico, un protestante y un bautista. Entonces, él había estado expuesto por lo menos a esas tres categorías. Entonces, le dije: “Sí, puedo explicar la diferencia”, y simplemente le expliqué de manera simple cómo entender el catolicismo como una forma sacramental de ceremonia, etcétera, etcétera, y el protestantismo como una protesta en contra de eso, y volver a apropiarse a una relación con Dios mediante Cristo y explicamos eso, y coloqué al bautista en la categoría protestante en donde pertenece. Entonces, él dijo: “Gracias, muchas gracias, muchas gracias”.

Yo le dije: “¿Puedo hacerle una pregunta, señor?”, y él dijo: “Claro, claro”, y yo conocía las respuestas pero quería oírlo de él; entonces yo dije: “¿Acaso los musulmanes tienen pecados?”,  y yo conocía la respuesta, pero quería oír que él lo dijera: “Oh, tenemos pecado, tenemos tantos pecados que ni siquiera conozco todos los pecados”, yo dije: “Bueno, ¿usted los comete?”, “Todo el tiempo”. Después él dijo esto: “Voy a El Paso a cometer algunos pecados”. ¡En serio! Este es un hombre bastante honesto. “Va camino a El Paso”, “Sí”, él dijo, “Conocí a una mujer cuando estaba inmigrando, ese es un punto de inmigración y vamos reunirnos y vamos a cometer algunos pecados”; oh, esto es más información de lo que realmente quería, y dije: “Bueno, ¿podría hacerte otra pregunta?”, “Claro”, “¿Cómo se siente Alá por tus pecados”, “Oh, muy mal, muy, muy mal. Podría irme al infierno”.

Pero dije: “Bueno, ¿por qué no dejas de hacerlos?”, “No puedo, no puedo”, yo dije: “Entonces, ¿sigues haciendo pecados que podrían enviarte al infierno, al infierno eterno?”, y después él dijo esto: “Espero que el dios me perdone, espero que Alá me perdone”. Y después dije algo – yo sé, no lo pensé, dije: “Bueno, yo lo conozco de manera personal y puedo decirte que no te va a perdonar”. Él me vio y dijo – usted sabe, en su mente él estaba diciendo: “¿Cómo puedes conocer a Dios de manera personal y terminar en el asiento de en medio en Southest? Eso no tiene sentido”. Pero dije: “Lo conozco de manera personal y no te va a perdonar”. Él dijo: “Bueno, yo espero que él me perdone”. Yo le dije: “Tengo buenas noticias para ti. Yo sé cómo puedes reconciliarte de manera completa con Dios, cómo puedes ser perdonado de manera total y convertirte en un amigo de Dios, y un hijo de Dios y recibir todo lo que Dios posee como un regalo de Él para ti”. Él jamás había oído algo así en su vida. No hay redención en el Islam, y le di el Evangelio; no respondió a Cristo, pero creo que echó a perder su fin de semana, alguna mujer se confundió mucho. Estoy seguro de que ella no supo lo que pasó.

Le di muchos materiales, le envié muchas cosas, le dije a dónde podía ir a la iglesia en el lugar en el que estaba viviendo, pero nunca escuché nada más. Pero esa es la verdad, ¿no es cierto? ¿No es eso lo que hacemos ¿No le decimos a la gente que puede reconciliarse con Dios? Regrese al capítulo 5 aquí. Él nos ha encomendado la palabra de la reconciliación, literalmente colocado en nosotros la logos en contrate al mithos. Logos es la palabra que es verdad, mithos es la palabra que no es verdad. Él ha colocado en nosotros la logos de reconciliación. Hemos sido llamados entonces a predicar el ministerio de la reconciliación, a decirle a los pecadores que pueden reconciliarse con Dios, y supone que tenemos que ayudarles a entender que en la actualidad están aislados de Dios. En otras palabras, no puede decirle usted a la gente que pueden reconciliarse a menos de que les haya explicado claramente que necesitan reconciliarse porque no deben ser el enemigo del Dios Santo.

Ahora, conforme pensamos en este ministerio de la reconciliación, quiero darle unas cuantas cosas que le ayudarán a entender la naturaleza de esta gran verdad. Muy bien, número 1, la reconciliación –esto es tan importante– es por la voluntad de Dios, la reconciliación es por la voluntad de Dios. Por favor, regrese al versículo 18, retomemos ahí nuestro texto original: “Y todo esto proviene de Dios, quien nos reconcilió consigo mismo por Cristo”. Todas las cosas de lo que he estado hablando desde el versículo 14, salvación, la provisión en la muerte de Cristo, ser hecho una nueva criatura, que pasaran las cosas viejas y he aquí todas fueran hechas nuevas. Esto está hablando no solo de la justificación, sino de la regeneración, esto es por la voluntad de Dios. Todo esto es de Dios. Versículo 19, es Dios en Cristo reconciliándonos; versículo 20, es Dios haciendo una apelación a través de nosotros.

La reconciliación es por la voluntad de Dios, esa es la realidad del cimiento. No podemos decidir reconciliarnos con Dios, no tenemos el poder para satisfacer el enojo de Dios, no tenemos la capacidad de hacer a un lado su justicia, de alcanzar la justicia de Él; somos los ofensores, hemos sido expulsados de su presencia para siempre, cualquier cambio en nuestra relación con Dios tiene que venir de Él, cualquier reconciliación tiene que ser por su diseño. Y esto está en el corazón del Evangelio: Dios ama a pecadores y busca reconciliarlos, Él diseñó un medio para reconciliarse con pecadores para ser que pecadores sean hijos; es Dios quien nos reconcilió consigo mismo, es Dios quien es el reconciliador, ese es un punto tan profundo.

Si usted regresa y estudia las religiones del mundo, usted no encontrará, como dijimos la otra noche, usted no encontrará una deidad reconciliadora en la historia de la religión, usted no encontrará un dios quien por naturaleza es un reconciliador. 1ª de Timoteo 4:10 dice: “Dios es el salvador de todos los hombres, especialmente aquellos que creen”. ¿Qué significa eso? ¿Qué quieres decir que Él es un salvador de todos los hombres, especialmente los que creen? Bueno, hay un sentido en el que Él es el salvador de todos los hombres; en un sentido muy genérico, muy amplio, muy general, Él es el salvador de todos los hombres. ¿Qué queremos decir con eso? Física y temporalmente, física y temporalmente.

La Biblia dice “la paga del pecado es muerte”, la Biblia dice “el alma que pecare, morirá”, la Biblia dice “viola una ley y el peso completo de la ley caerá sobre ti”, la Biblia dice “en pecado me concibió mi madre, he sido un pecador desde la concepción”. ¿Por qué estoy vivo? ¿Por qué estoy aquí? Porque Dios es, por naturaleza, un salvador; y todo pecador que vuelve a exhalar es una prueba viviente de que Dios es, por naturaleza, un salvador; y es como Romanos 2 dice: “La paciencia y tolerancia de Dios hacia los pecadores que tienen la intención de demostrar que Él es el salvador y llevarlos al arrepentimiento”. El hecho mismo de que experimentamos como pecadores gracia común, olemos el café, besamos a la que amamos, tenemos hijos, disfrutamos de un atardecer, comemos una maravillosa comida, tomamos una vacación maravillosa, tenemos éxito, disfrutamos de la música; los pecadores hacen eso, y toda persona que jamás hace eso, que vuelve a exhalar, da testimonio del hecho de que Dios es por naturaleza un salvador, y si no lo fuera, Él destruiría a los pecadores antes de que volvieran a exhalar.

Entonces, las buenas noticias son que usted no tiene que tratar de convencer a Dios para que salve; usted únicamente necesita convencer al pecador para que reciba. Una de las cosas que me irrita acerca del catolicismo romano, muchas cosas, pero una de las más irritantes, una de las cosas que más deshonran a Dios, uno de los elementos más blasfemos del catolicismo romano es este: “Mire, si quieres que Dios venga a rescatarte de tu situación terrible, si quieres que Dios te rescate, si quieres que Dios te ponga atención, no vas a Dios, Él realmente está ocupado y Él realmente es Santo, Él es Santo, Santo, Santo, y Él no tiene tiempo para ti, y Él realmente es duro y áspero, no debes ir a Dios, no debes clamar a Dios. Ahora, podrías ir a Cristo, podrías ir a Cristo porque Cristo, habiendo sido un hombre, y habiendo experimentado todas las cosas que experimentan los humanos, siendo tentado en todo según nuestra semejanza, Él probablemente va a mostrarte más compasión, pero ¿sabes una cosa? Él también es bastante duro, Él es bastante duro. Entonces, si realmente tienes un problema y realmente tienes una necesidad, ve a María, ve a María. ¿Por qué ir a María? Porque Jesús no puede resistir a María; Él puede resistirte a ti, pero Él no puede resistir a su madre. Acude a María”.

Esa es una blasfemia en contra de la naturaleza de Dios, quien es un Dios reconciliador, amoroso, que espera que el pecador venga a su presencia y pida perdón. Usted no necesita ir a María. María nunca ha oído una oración de ningún ser humano desde que llegó al cielo, y tampoco alguien más en el cielo, excepto por la Trinidad. Dios es, por naturaleza, un Dios reconciliador. Dice usted: “Bueno, vea el Antiguo Testamento. ¿Cómo puedes decir que Él es un Dios amoroso, reconciliador, cuando algunos jóvenes dicen: Eh, oye, calvo, calvo, calvo a un profeta; y Dios envía osos del bosque y los destroza? ¿Qué tipo de Dios es ese? ¿Qué tipo de Dios envía a osos del bosque para destrozar a un grupo de jóvenes que están gritando: “Calvo, calvo”, a un profeta?”, esa no es la pregunta. Dice usted: “¿Qué tipo de Dios abre el suelo y traga a algunos hombres?”, esa realmente no es la pregunta. “¿Qué tipo de Dios hace que caiga un edificio sobre los filisteos? ¿Qué tipo de Dios hace eso? ¿Qué tipo de Dios instruye a los israelitas a matar a los cananeos? ¿Qué tipo de Dios es ese?”, esa no es la pregunta.

La pregunta no es por qué Dios le quita la vida a pecadores en el Antiguo Testamento de esas maneras cataclísmicas, la pregunta es por qué es que Él permitió que la mayoría de los pecadores continuaran viviendo, esa es la pregunta. La paga del pecado es muerte, muerte es lo que merecen; usted sabe, Lucas 13, vinieron a Jesús y dijeron: “¿Sabes? No entendemos, no entendemos”. Algunos galileos vinieron al templo, estaban adorando, y los hombres de Pilatos vinieron, tomaron unos cuchillos y los destrozaron y los mataron a todos. ¿Por qué pasó eso? ¿Sabe una cosa? ¿Sabe? La pregunta es: ¡Son adoradores! Están ahí haciendo lo que deben hacer, ¿cómo es que Dios permite que eso suceda? Y la respuesta de Jesús fue: “Ustedes también van a perecer”. Y después le hicieron una segunda pregunta, leyeron en el diario de Jerusalén que una torre cayó y aplastó a muchas personas y los mató, ¿qué tipo de Dios permite que eso suceda? Esa no es la pregunta.

Periódicamente, a lo largo de la historia humana, hay puntos en el tiempo mediante cataclismos y acontecimientos como esos, en los que Dios da testimonio de lo que todos los pecadores merecen, que la masa de pecadores que siguen viviendo y disfrutando de todos los beneficios de la gracia común, dan evidencia del hecho de que Dios es, por naturaleza, un Dios salvador, Él muestra su compasión y misericordia a favor de pecadores mediante la gracia común como una advertencia para que los pecadores se arrepientan. Él es en ese sentido un salvador para todos los hombres, pero Él especialmente es el salvador de aquellos que creen porque Él les da no física y temporalmente, sino espiritual y eternamente. Dios es la fuente de reconciliación.

Me da tanto gusto porque no tengo que hablarle a Dios para persuadirlo para que esté dispuesto a aceptar a un pecador. ¿Y sabe una cosa? Cuando Jesús murió en la cruz había un velo, ¿no es cierto?, en el templo que separaba a Dios de todo mundo, o el símbolo de la presencia de Dios. Dios lo rasgó de arriba hacia abajo y lo abrió y todos los pecadores que vienen tienen acceso a Aquél que, por naturaleza, es un Dios reconciliador. De regreso al texto. Es Dios quien nos reconcilia consigo mismo, es Dios en Cristo reconciliando al mundo, es Dios rogando, apelando, y nunca usted está más en línea con la voluntad de Dios que cuando usted predica la palabra de la reconciliación.

La reconciliación entonces es en primer lugar por la voluntad de Dios. En segundo lugar, es por el acto del perdón, es por el acto del perdón. ¿Cómo es posible que Dios pueda hacer esto? Bueno, viene en el versículo 19. La única manera en la que Dios puede reconciliarse con pecadores –aquí viene, versículo 19– es al no tomarles en cuenta a los hombres sus pecados. Esa es la única manera. ¿Cómo es la reconciliación posible? ¿Cómo puede él reconciliar al mundo? ¿Eso significa toda persona de toda nación que será reconciliada? ¿Cómo puede Él reconciliarlos al no tomarles en cuenta sus pecados? Ese es el problema. Él tiene que hacer un lado sus pecados.

Ahora, ya sabemos, ¿no es cierto?, hablamos de eso, Miqueas 7: “¿Quién es un Dios perdonador como Tú?”, Éxodo, capítulo 33: “Dios es por naturaleza compasivo, misericordioso, Él es un Dios perdonador”, el Antiguo Testamento está lleno de eso, el Nuevo Testamento está lleno de eso. Dios anhela perdonar a pecadores penitentes y no tomarles en cuenta sus pecados. Es lo que necesitamos decirle a los pecadores, aquí está la pregunta: “Puedes reconciliarte con Dios. Dios perdonará todos tus pecados para siempre. ¿Estás interesado?”, ese es el problema. Cuando la gente evangeliza, con frecuencia dicen: “¿Quieres tener propósito en tu vida? ¿Quieres tener un mejor matrimonio? ¿Quieres corregir tu golpe en el campo de golf? ¿Quieres anotar más touchdowns?”, usted sabe. ¿Qué estás buscando en la vida? ¿Felicidad, contentamiento, un sentido de bienestar? Ese no es el punto.

¿Quieres morir en tus pecados e irte al infierno para siempre? ¿O estás interesado en el perdón completo y total y eterno? Ese es el mensaje. Salmo 32:2: “Bienaventurado es el hombre a quien el Señor no imputa iniquidad”. Eso es lo que está detrás de este versículo. Pablo probablemente pensó en ese versículo aquí porque lo dijo, de hecho, en Romanos 4:8: “Bienaventurado el hombre cuyo pecado el Señor no contará”, esa es una paráfrasis del Salmo 32. Dios está dispuesto a borrar el pecado. De hecho, el Antiguo Testamento dice que Él lo alejará tanto como el Este del Oeste, Él lo sepultará en las profundidades del mar más profundo y ya no se acordará más de él. Colosenses 2:13 dice que es Dios quien nos ha perdonado todas nuestras transgresiones.

Y, amigos, conforme somos fieles al Evangelio y fieles al Evangelio que Pablo proclamó, lo que estamos diciéndole a los pecadores es – o tiene que ver con el perdón de sus pecados individuales; estas son las buenas noticias que Dios perdonará todos tus pecados. Este es el mensaje de la reconciliación. Vayamos más allá de toda la superficialidad, vayamos más allá de toda la basura de la prosperidad, que Jesús quiere que tengas salud y riquezas y tengas éxito; lo que Él ofrece no es nada de eso. Podrías estar más enfermo después de que seas salvo de lo que jamás has estado, podrías ser más pobre después de que seas salvo de lo que jamás has sido, pero estás bajo el cuidado del Dios soberano que está determinado a que eso es para tu bien y para su gloria. Pero de lo que podrás estar seguro es que vas camino al cielo porque Él ya no te acredita tus pecados. De hecho, me encanta el lenguaje de Colosenses que dice que Él borra las transgresiones que estaban escritas en contra de nosotros, quitándolas del camino, removiéndolas. Es una reconciliación que Pablo conoce porque él la experimentó de manera personal.

Es por la voluntad de Dios, por el acto del perdón, y en tercer lugar es por la obediencia de la fe. Ahora, hablamos de esto. No quiero pasar mucho tiempo en esto; es por la obediencia de la fe. Eso está implícito en el versículo 20. Para que esto suceda, el pecador debe responder. Entonces, aquí vamos. “Somos embajadores de Cristo, somos los representantes del gran Rey que quiere reconciliarse con sus súbditos que están alejados de Él; tenemos buenas noticias qué contarles. Dios va a reconciliarse contigo, Dios no te va a imputar tus pecados, Él te perdonará; por favor, acepta este regalo”. Eso es lo que el versículo 20 está diciendo. Es como si Dios, mediante nosotros, está haciendo una apelación: “Os rogamos, en nombre de Cristo, reconciliaos con Dios”.

Ahora, eso no se oye muy calvinista, ¿verdad? Usted no piensa que vamos por todos lados rogándole a la gente: “¡Por favor! ¡Reconcíliate, arrepiéntete, cree, confiesa tu pecado, deja tu pecado, abraza a Cristo!”. Oh, usted sabe, somos calvinistas; si va a pasar, va a pasar. ¿En serio? Escuche: No solo debemos estarle rogándole a los pecadores que se reconcilien con Dios como un acto de fe, sino que –escuche– es Dios haciendo la apelación a través de nosotros. Podríamos concluir que Dios ni siquiera es un buen calvinista. “¡¿Qué?! ¿Dios rogándole a pecadores a que se reconcilien con Él? Eso se oye absolutamente arminiano. ¿Qué quieres decir?”, eso es lo que dice. Vamos a ver ese dilema mañana.

No hay salvación fuera de la fe, no hay salvación fuera de la disposición del pecador. ¿Qué dice en Juan 1:12?: “Mas a todos los que le recibieron, a ellos les dio el derecho de convertirse en hijos de Dios, esto es, a los que creen en su nombre”; sin embargo, no son nacidos de sangre ni de la voluntad de carne ni de la voluntad de hombres, sino de Dios; sabemos que es una obra de Dios, pero aún así, no es de manera independiente del pecador, es a través de la expresión de la voluntad del pecador. Dios es un mendigo rogándole a los pecadores. Observe a Jesús: “No queréis venir a Mí para que tengáis vida. Oh, Jerusalén, Jerusalén, ¿cuántas veces quise reunirte como la gallina reúne a sus polluelos, pero no quisisteis? Vuestra casa os es dejada desierta. Y lloró”. ¿Se acuerda de eso? Él lloró. Jeremías llora las lágrimas de Dios en su profecía: “Mi ojo derramará lágrimas porque no quieren creer”. Dios mismo está rogando a través de usted a los pecadores, somos los representantes de un Dios que ruega, un Dios que implora, clamándole a los pecadores, pidiéndole a ellos que crean por favor y sean salvos y se reconcilien con Él.

Entonces, el ministerio de la reconciliación, la obra de la reconciliación, es por la voluntad de Dios mediante el perdón, mediante la fe, a través de la fe. Eso nos lleva al cuarto y último punto, y esto va a capturar lo que hemos estado diciendo todo el día: Es por la obra de sustitución, por la obra de sustitución. Porque la pregunta que entonces surge inmediatamente: ¿Cómo es posible que Dios simplemente decida no imputar nuestros pecados a nosotros? Tomando el lenguaje de Romanos 4:5, ¿cómo puede Él justificar al impío? Esa afirmación, que Dios justifica al impío, sería la frase más inaceptable que Pablo podría pronunciar en un contexto judío. “¿Dios determina que el impío es justo? ¿Dios justifica al impío? ¡Eso es una ridiculez total! ¡¿Cómo puede Él hacer eso?!”.

Como dijimos, en la actualidad, usted sabe si un juez sentado en su silla y un criminal entrara y hubiera sido acusado de homicidios múltiples y él dijera: “Lo hice todo, maté a todas esas personas, usted sabe, yo maté a todas, y después los desmembré y los sepulté por todos lados; sí, yo hice todo eso. Realmente me siento mal por eso. Lamento tanto que la familia enfrente esto, y juez, lo siento, estoy realmente triste. ¿Podría usted perdonarme y soltarme?”, y el juez dijera: “¿Sabes una cosa? Porque lo preguntaste te perdono, tienes libertad de irte”. ¡Usted ya no sería un juez porque él no está aplicando la ley! Sería algo ridículo, terrible. ¿Es eso lo que Dios hizo? ¿Acaso Dios tan solo dijo: “Oh, sí, seguro, adelante”? No, no fue así. Su justicia tenía que ser satisfecha y eso está en el versículo 21; esa es la obra de sustitución, esto va a cerrar lo que hemos estado oyendo realmente todo el día.

Fue B. B. Warfield quien dijo: “La sustitución está en el corazón del corazón del Evangelio”. Permítame a ayudarle a entender el versículo 21; 15 palabras griegas. La afirmación más condensada, más clara y amplia del significado de la expiación sustitutiva en las páginas del Nuevo Testamento. Versículo 21: “Al que no conoció pecado, por nosotros le hizo pecado, para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él”. Si Él no va a imputarnos nuestras transgresiones, sino que más bien nos va a imputar justicia, ¿cómo puede Él hacer eso y al mismo tiempo ser justo? Aquí está cómo: “Él –eso es Dios–, al que no conoció pecado”, ¿quién es esa persona? Una lista muy corta, ¿verdad? El único sin pecado, “al que no conoció pecado lo hizo pecado”. Oh, ¿qué quiso decir él con eso? ¿Qué quieres decir que “al que no conoció pecado, Él lo hizo pecado”?

Bueno, Kenneth Copelan, Kenneth Hagin, la gente de la Palabra de Fe y los he oído decir esto muchas veces con sus propios labios, que en la cruz Jesús se convirtió en un pecador; Él se convirtió en un pecador y Él tuvo que ir al infierno y sufrir por sus pecados por tres días; y después el Señor lo resucitó de los muertos porque Él había pagado por sus pecados. Eso es blasfemia. Él fue un Cordero sin mancha, Él no tuvo pecado colgando en la cruz como siempre lo ha sido eternamente. Esa es la razón por la que Él dijo: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?”; si Él es un pecador, no hay un por qué.

En la cruz Jesús no se convirtió en un pecador. ¿En qué sentido es que Él fue hecho pecado? En este sentido, y únicamente en este sentido: Dios lo trató como si fuera un pecador aunque no lo era. Ahora, siga cuidadosamente esto: En la cruz, Dios trató a Cristo como si hubiera cometido personalmente todo pecado jamás cometido por toda persona que jamás creería, aunque Él, de hecho, no cometió ningún de ellos. ¿Entendió eso? En la cruz, Dios trató a Cristo como si Él, de manera personal, hubiera cometido todo pecado jamás cometido por todo creyente que vive, aunque Él no cometió ninguno de ellos.

Permítame decirlo de una manera más personal. En la cruz, Dios trató a Jesús como si Él hubiera vivido la vida de usted; no la vivió, pero Dios lo trató como si la hubiera vivido. Él trató a Cristo como si él hubiera vivido mi vida, Él derramó la furia total de su ira en contra de nuestro pecado como si Cristo fuera el culpable. ¿No es eso lo que se retrata en el sistema sacrificial regresando a Levítico, capítulo 1, versículos 1 al 9? Entonces, lo decimos de esta manera: En la cruz, Dios trató a Jesús como si fuera un pecador, aunque no fue un pecador. ¿Por qué hizo Él eso? A favor de nosotros, por nosotros, porque su justicia tenía que ser satisfecha. Y le dije esta mañana que en tres horas de oscuridad, Él pudo llevar el castigo infinito, el castigo eterno de toda la gente que jamás creería, porque Él es una persona infinita con una capacidad infinita, y su capacidad de llevar el castigo no tenía límites. Eso es solo la primera parte de esto.

Dios lo trató como si Él hubiera cometido todo pecado jamás cometido por toda persona que jamás creería, y después el otro lado de la doctrina de la sustitución al final del versículo 21: “Para que fuésemos hechos justicia de Dios en Él”, para que fuésemos justicia de Dios en Él. Ahora, escuche esto, esto debe ser entendido, de lo contrario, no va a tener el panorama completo de este gran versículo: ¿Es usted justo? Delante de Dios, usted tiene una posición justa, ¿pero es usted justo? Si usted está dudando, simplemente pregúntele a la persona que está sentada a su lado, y usted va a escuchar una respuesta honesta. ¿Es usted justo? No. Pablo dijo en la cúspide de su madurez espiritual: “Yo soy el primero de los…”, ¿qué? ¿De los justos? No, no; el primero de los pecadores. Usted no es justo. ¿Qué significa esto? Significa que Dios lo trata a usted como si usted fuera justo.

Permítame dar un paso más hacia adelante: En la cruz, Dios trata a su hijo como si Él hubiera vivido su vida, para que Él lo tratara a usted como si usted viviera la vida de su Hijo. Así es como Dios lo ve a usted. Él ve la cruz y lo ve a usted, Él lo ve a usted y ve a su Hijo; esa es la razón por la que no hay condenación. Ahora, ¿sabe una cosa? Alguien podría decir: “Oh, bueno, si yo fuera Dios, creo que yo habría diseñado este asunto de manera diferente”. ¿Por qué es que Jesús tiene que estar aquí 33 años y pasar por toda la molestia? Digo, ¿por qué es que el Padre no le dijo nada más: “Mira, ¿puedo pedirte que hagas esto solo por un fin de semana allí en la tierra? ¿Podrías descender el viernes? Te van a matar, resucitas de los muertos el domingo y regresas aquí el domingo por la tarde, después de unas cuantas apariciones? La redención será cumplida. Solo te necesito para el fin de semana”. ¿Por qué 30 años? ¿Para qué?

Las Escrituras nos dicen para qué. Él fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. En todo punto, significa cronológicamente desde el nacimiento. En todo punto, sin pecado. Según nuestra semejanza, sin pecado, Él vivió una vida completa sin pecado; infancia como niño, años de adolescente, adulto joven, adulto maduro, una vida completa, Él cumplió toda justicia. ¿Por qué? Porque esa vida sería acreditada a su cuenta, a la cuenta de usted. Esa es la justicia activa de Cristo de la que hablamos.

Entonces, en la cruz, Dios trata a Jesús como si hubiera vivido la vida de usted, y ahora Él lo trata a usted como si usted viviera la de Él. Eso es bastante generoso, ¿no es cierto? Él ve la cruz y lo ve a usted, Él lo ve a usted y ve a su Hijo. Esas son buenas noticias para el pecador. Pablo dice: “Yo no puedo ver a nadie de ninguna otra manera que como una entidad espiritual, con una necesidad desesperada del mensaje de la reconciliación”. Se nos ha dado este ministerio, se nos ha dado este mensaje, estamos aquí como embajadores en un mundo extranjero, no podemos ver a la gente externamente, tenemos que verla por lo que realmente es, almas eternas que pasarán esa eternidad o en el cielo o en el infierno; y el mensaje que debemos entregarles es un mensaje de reconciliación de que Dios los ama tanto, Él es un perdonador tan dispuesto, que Él está dispuesto a quitar sus pecados de ellos y reemplazarlos con su propia justicia como es demostrada y manifestada en la vida perfecta de su Hijo.

Él juzgó a su Hijo como si viviera la vida de usted, para que Él pudiera recompensarlo a usted como si viviera la vida de Él. Esta es la gloria del Evangelio. Padre, gracias por tu verdad. Estas maravillas van casi más allá de nuestra comprensión. Somos tan insignificantes, tan profundamente pecaminosos e indignos e inmerecedores; sin embargo, Tú nos has concedido esta gran salvación, que seamos como Pablo, gobernados por un amor así; reconociendo que Tú no hiciste esto nada más por nosotros, sino que Tú moriste por todos, y que entreguemos nuestras vidas de manera incansable y dispuesta al ministerio de la reconciliación para decirle a pecadores que pueden reconciliarse con un Dios amoroso, perdonador, que los tratará como si fueran tan justos como su Hijo perfecto. Esto está disponible mediante la fe, en el nombre de Cristo. Gracias por una tarde maravillosa de comunión, gracias por el privilegio de adorarte. Sabemos que quieres que te adoremos en espíritu, hemos hecho eso conforme hemos cantado, pero también en verdad; y ahora estamos más enriquecidos con la verdad. Llena nuestros corazones de gozo conforme continuamos adorándote en el nombre de Tu Hjio. Amén.

 

 

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