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Se me ha dado el privilegio maravilloso de abrir la Palabra de Dios con ustedes durante un poco de tiempo. Y si tienen su Biblia en la mano, 2 Corintios 5. Simplemente, quiero hacer algunos comentarios acerca de dos versículos en las Escrituras. Segunda de Corintios, capítulo 5.

Cuando piensas en la educación universitaria, cuando piensas en jóvenes, cuando piensas en gente que se ha graduado de la Universidad y ha seguido con su vida buscando diferentes carreras, claro que nos incluye a todos los que estamos aquí el día de hoy. Pero todos nosotros tenemos una cosa en común y eso es que estamos orientados a una meta. No nada más estamos flotando siendo llevados por la corriente de algún río. Hay una motivación y un deseo y una pasión en nuestras vidas y hay algunos objetivos que hemos establecido.

Y esto da lugar a una palabra que creo que es usada mucho en este tipo de ambiente. Y quizás, necesita ser un poco definida. Es la palabra ambición. Segunda de Corintios capítulo 5 nos da un entendimiento bíblico de la ambición. Versículo 9, Segunda de Corintios 5:9. Pablo habla aquí acerca de sí mismo. Le gusta usar el pronombre plural nosotros, en cierta manera le quita el aguijón del pronombre yo. Si hubieras escrito tantas epístolas como él, podría volverse algo abrumador. Y entonces, le gusta usar el ‘nosotros’ editorial. Y él dice esto: “Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables.”

Pablo tuvo una ambición. Pero la ambición en nuestro mundo en la actualidad tiene tonos que son negativos. Cuando alguien habla de la palabra ambición, en cierta manera, asumes que quizás, en algún punto en paréntesis, la palabra sin escrúpulos debería aparecer. O quizás la palabra oscuro debería aparecer. Simplemente, hay algo en la idea de la ambición que nos empuja un poco más allá de lo que podríamos considerar como algo virtuoso. Thomas Brooks

escribió, y cito: “la ambición es un misterio oscuro. Un veneno secreto. Una plaga escondida.” La ambición, dijo él, es el ingeniero del engaño, la madre de la hipocresía, el padre de la envidia. La ambición, dijo él, es el vicio original. Fue la ambición lo que llevó a Satanás y a los ángeles que lo siguieron a que fueran expulsados del cielo. Fue la ambición lo que hizo que Adán y Eva fueran expulsados del huerto. Fue la ambición lo que hizo que Judas fuera arrojado al infierno. La ambición es el destructor de la virtud, el enceguecedor de los corazones. Lo que convierte a la medicina en enfermedad y al remedio en algo malo, dice Brooks.

Y ciertamente, la ambición ciega ha causado que mucha gente venda sus almas, hagan concesiones con sus convicciones, si las llegaron a tener, que violen sus creencias, que sacrifiquen su virtud y usen a todo el mundo como ellos quieren. Y es verdad. La ambición con frecuencia se asocia con el orgullo y, en cierta manera, con la agresión malvada y con el egoísmo. La ambición, con frecuencia se asocia con gente que llamamos gente motivada, que son totalmente desconsiderados hacia la gente que los rodea. O son todo menos siervos líderes abnegados. La ambición inclusive podría ser asociada con la idea de ser descuidado. La ambición puede dejar una carnicería detrás de ella y a la familia entre los amigos. Y con frecuencia, deja los principios ahí en el polvo.

Pero, ¿qué hay acerca de esa palabra ambición? ¿Qué es lo que realmente es? Viene de una palabra en latín, amberae. Lo que es interesante que amberae significa ambos. Parece una palabra más bien inocente. ¿Cómo llegó a este punto? Pero se refería a ir en ambos caminos al mismo tiempo, a tener duplicidad, a ser de doble ánimo, a decir una cosa y creer algo más. Pretender tener un objetivo y, de hecho, tener otro. Es el Señor que ve hacia ambos lados del Progreso del Peregrino. Y fue aplicada a la persona que no tenía convicción en absoluto, que haría lo que fuera, diría lo que fuera por obtener una meta egoísta, nunca revelando realmente la verdad, intentando o tratando de convencerte de que iba en una dirección cuando de hecho, iba en otra dirección.

La palabra, en su forma en latín, fue una palabra en común que se usaba para describir a los políticos romanos. Y ciertamente sería la palabra correcta en su forma latina para describir a uno de los candidatos presidenciales bien conocidos para nosotros, quien también fue el señor que veía en ambas direcciones.

Para adquirir el poder, para adquirir prestigio, para alcanzar tus objetivos, para llegar a adoptar la postura que necesitas adoptar en cualquier asunto. Le muestras a la gente el rostro que sea necesario que les debas mostrar para adquirir el poder, sea que tenga algo que ver o no con lo que realmente crees. Y fue una palabra que pertenecía a la política romana porque hacían lo que fuera por obtener votos.

La palabra, de hecho, en latín, llegó a significar “hacer una campaña para promoverse.” Entonces, si quieres una especie de definición histórica de ambición fue estar en campaña para alcanzar una promoción y es tan vívida para nosotros en el mundo en el que vivimos en la actualidad, particularmente con la elección que está por venir. Y todo a lo que hemos sido sobre expuestos. La gente ambiciosa quiere poder, quiere posición, quiere visibilidad, quiere popularidad, quiere aprobación, quiere dinero, quieren reconocimiento, quieren autoridad.

Hubo un líder misionero hace años atrás llamado Stephen Neal quien escribió esto, y cito: “me veo inclinado a pensar que la ambición en cualquier sentido ordinario del término casi siempre es pecaminosa. Estoy seguro de que en el cristiano siempre es pecaminoso. Y que no es justificable y pecaminosa en el ministro ordenado.”

¿Es un pecado ser ambicioso? Bueno, a la luz de la definición en latín lo sería. Si es hipocresía, si es hacer lo que necesitas hacer para obtener lo que quieres a costa de lo que sea y de quien sea a lo largo del proceso. Realmente, como ustedes saben, es debido a la ambición pecaminosa que Jesús vino al mundo. Porque nosotros, pecadores, queremos ser grandes, Cristo se volvió pequeño. Porque nosotros no queremos inclinarnos, Él se inclinó. Porque queremos gobernar, Él vino a servir. Hay un sentido en el que Cristo vino al mundo para rescatarnos de nuestra ambición condenadora.

El profeta Jeremías, en cierta manera, habló de este asunto en términos muy directos. Jeremías 45:5, Jeremías dijo esto: “¿Y tú buscas para ti grandezas? No las busques.” Eso podría ir en contra, como ustedes saben, del por qué están aquí. Y lo que están tratando de hacer ahora como un alumno aquí. Como ustedes saben, tratando de subir por la escalera, sea cual sea en la que estén.

¿De qué estaba hablando Jeremías cuando dijo, ‘si está buscando grandes cosas para ti mismo, no las busques’? ¿Es siempre la ambición pecaminosa? Bueno, si lo fuera, entonces qué está haciendo aquí en la Biblia, el apóstol Pablo, de regreso al versículo 9, cuando dice: “tenemos como nuestra ambición,” en otra traducción. Aquí quiero que conozcan a un hombre que es ambicioso como ninguna otra persona que jamás vivió. Digo, básicamente fue la naturaleza de Pablo el ser extremo. Él fue extremo antes de que se convirtiera, ¿verdad? Esa es la razón por la que tomó un acto extremo por parte de Dios el re dirigirlo. Digo, él no sólo hacía las cosas a medias. Si él iba a perseguir cristianos, iba a ser hasta el extremo. Así es como vivió su vida siguiendo a Cristo también. No hay duda alguna de que este es un hombre motivado.

¿Qué es entonces lo que Jeremías estaba prohibiendo y Pablo está permitiendo e inclusive honrando y hasta confesando hacerlo? Simplemente es esto: el punto de Jeremías es que si estás buscando grandes cosas para ti mismo, no las buques. Y creo que es bastante obvio que Jeremías no estaba condenando toda la ambición como pecaminosa, sino mostrando que el egoísmo siempre es pecaminoso y corrompe.

Los griegos hicieron lo que creo que el mundo pecaminoso siempre hace, inclusive en la actualidad. Ellos hacen cosas nobles del pecado y los griegos, de hecho, superaron el significado de la palabra y convirtieron a la ambición en algo, en cierta manera, noble. La palabra griega aquí philotimeomai, aquí significa amar el honor. Y los griegos realmente lo amaron. Y ellos elevaron la idea de amar el honor y buscar el honor, de buscar metas nobles. Pablo habló de honor. Él habló de que, “si alguno anhela obispado, buena o noble obra desea.” Una traducción de 1 Timoteo 3:1 dice: “aspirar al liderazgo es una ambición honorable.” Y aquí encontramos que Pablo tuvo una ambición noble. Pero su ambición no fue corrupta y les voy a mostrar por qué. Fue una especie de ambición tridimensional. Fue alta, fue ancha y fue profunda. Veamos simplemente estas tres cosas brevemente.

Él tuvo una ambición, en primer lugar, que fue alta, versículo 9: “tenemos como nuestra ambición o ausentes o presentes, serle agradables.” Simplemente veamos esa frase serle agradable. Eso separa la ambición espiritual de la ambición pecaminosa. Pablo nunca buscó grandes cosas para sí mismo, él siempre buscó grandes cosas para Dios. El apóstol es como un violinista a quien no le preocupa el aplauso de la audiencia, sino que le preocupa la sonrisa del Maestro que le enseñó. Él vivió para agradar al Señor. Todo lo que hizo, lo hizo para la gloria del Señor. En 1 Corintios capítulo 4, él realmente hace unas afirmaciones muy, muy poderosas acerca de esto. Versículo 3, él dice: “para mí tengo en muy poco que sea examinado o juzgado por ustedes o por alguna corte humana. Es un detalle pequeño en mi vida el ser examinado por la gente.” Realmente, no me preocupa mucho lo que ustedes piensen o lo que cualquier tribunal humano piense. Cualquier evaluación hecha por la gente tiene un valor muy limitado para mí.

Ahora, él no está diciendo eso con una actitud no saludable. Una actitud que piensa ‘no me importa lo que crean,’ que muestra un despliegue abierto de indiferencia. Sino que él simplemente está diciendo: “al final del día, no hago lo que hago para su aprobación. Mi rendición de cuentas realmente no es hacia ustedes, va más allá de eso. Hay una corte más elevada que cualquier otra corte humana.” Él inclusive procede a decir: “yo ni siquiera me juzgo a mí mismo, y estoy consciente de nada en contra de mí, y, sin embargo, no por esto soy justificado.”

En otras palabras, él dijo: “me es algo insignificante para mí lo que ustedes piensan. Es algo pequeño para mí lo que yo pienso. Ustedes no conocen la verdad de mi corazón y yo quizás me conozco mejor que ustedes, pero yo ni siquiera conozco la verdad de mi propio corazón, porque el corazón del hombre es engañoso. Y aunque, como se lo dijo a los corintios en el capítulo 1 de 2 Corintios versículo 12, mi conciencia está limpia, aun así, él dijo, aun cuando yo no sé de algo en contra de mí mismo, aun cuando mi conciencia está limpia, ¿no soy justificado por eso? El pecado es tan profundo en mi carne, es tan engañoso para mí que inclusive yo, en los mejores momentos de espiritualidad, no estoy en la posición de evaluar la verdad acerca de mí. Entonces, de ninguna manera vivo la vida tratando de satisfacerlos y tratando de satisfacerme. No tiene nada que ver con lo que ustedes piensan. No tiene que ver con lo que yo pienso. No tiene que ver con sentirme bien acerca de mí mismo. No tiene que ver con sentirme bien acerca de mí mismo. Él dice en el versículo 4 de 1 Corintios 4: “pero el que me juzga es el Señor.”

Entonces, no juzguen las cosas antes de tiempo. Esperen hasta que el Señor venga, quien descubrirá, quien traerá a la luz las cosas escondidas en la oscuridad y descubrirá los motivos de los corazones de los hombres. Y entonces, cada hombre recibirá alabanzas a él de Dios.” Y esto es lo que motivó a Pablo. Él les dijo a los gálatas que él no agradaba a los hombres. Ellos lo habían acusado de ser así. Y él niega eso en Gálatas capítulo 1.

Como ven, él tenía la meta más elevada con respecto a su ambición y eso era ser agradable al Señor. Esta es la realidad de la vida cristiana. Este es el principio básico de todo lo que somos y todo lo que hacemos y es agradar al Señor. No sólo por fuera, sino también en el interior. El meollo básico de la vida cristiana es estar motivados por hacer aquello que agrada al Señor. Ofrecer tu cuerpo, por así decirlo, como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios que es tu culto racional que tu mente sea renovada.

En Efesios 5, Pablo habla de tratar de aprender lo que es agradar al Señor. Él habla de eso una, y otra y otra vez en sus cartas. Entonces, su ambición, en primer lugar, iba hacia arriba en el sentido de que su meta más elevada era agradar al Señor. Y sea lo que sea que hagas en la vida, sea cual sea la carrera que escojas, sea cual sea el ministerio que escojas, sea cual sea el camino por el que vayas, lo que motiva a esa ambición debe ser el placer de Dios.

Pero su ambición no sólo tuvo un sentido hacia arriba, tuvo un sentido hacia afuera. Observe de nuevo al versículo 9. Él dice: “o ausentes o presentes”. La devoción del apóstol a esta ambición noble no conoció límites como es indicado en esa frase. Sea presente o ausente, ¿qué quiere decir con eso? De regreso a los versículos 1 al 8, regresen al versículo 8. Prefiero, dice él, estar ausente del cuerpo y estar presente con el Señor. Él está hablando de que si vive o muere.

Ahora, esta realmente es una nota importante que debemos recordar. Él ha estado hablando del hecho de que la vida es difícil para él. De regreso en el versículo 1, su tabernáculo terrenal está debilitándose. Él dice eso en otras partes, claro, simplemente retrocediendo un par de versículos al versículo 17 del capítulo 4. Él está experimentando una aflicción ligera. Versículo 16, el hombre exterior se va desgastando. Entonces, él entiende que conforme envejece y la persecución continua, y conforme él batalla con su carne no redimida y lucha con el pecado, su casa se está desgastando. Pero él dice que tenemos un edificio de Dios, una casa no hecha por manos, eterna en los cielos. Él ve hacia adelante a ese cuerpo eterno, ese cuerpo nuevo, ese cuerpo de resurrección.

Mientras tanto, en el versículo 4, él dice: “gemimos, siendo cargados en este cuerpo,” cargados con el pecado y debilidad y todo eso. Y después, él llega al versículo 8 y dijo: “si tuviera yo que escoger, preferiría irme al cielo.” Esa es una afirmación madura y yo asumiría que la mayoría de ustedes sentados aquí no podrían decir eso. Simplemente, hay demasiado por delante en la vida ahí afuera para ustedes. Hay demasiado por delante de las cosas buenas que Dios ha colocado en la vida que aún no han experimentado. Pero es un indicador de cuán consumidos nos hemos vuelto con el mundo que nos rodea, cuando el cielo no parece ser tan bueno como la vida aquí en esta tierra. Y podríamos hablar de eso, pero realmente no es el punto que quiero presentarles.

Regresen al versículo 9. Él dice: “Por tanto procuramos - o nuestra ambición es - también, o ausentes o presentes, serle agradables.” Y lo que él quiere decir con eso es que en este momento, en esta tierra, tengo la misma ambición que tendré cuando esté en el cielo y esa es agradar al Señor. Y esa es la amplitud de su ambición. Cubre el tiempo y la eternidad.

Pablo entendió que vives tu vida aquí en la tierra de la misma manera en la que la vas a vivir en el cielo. No es diferente. Y ciertamente, no vas a estar agradando a los hombres en el cielo. Y ciertamente, no vas a estar agradándote a ti mismo en el cielo, en justicia perfecta, con gozo perfecto y paz perfecta vivirás para el placer de Dios para siempre quien el mismo vivirá para siempre en tu placer. Él no necesariamente está deseando irse al cielo, aunque él ha dicho en otras ocasiones que es mucho mejor partir y estar con Cristo, pero es más necesario estar aquí. Y él también ha dicho: si vivo, vivo para el Señor. Si muero, muero para el Señor.

Entonces, sea que viva o muera, soy del Señor. Simplemente, es la continuidad de su percepción. Estoy aquí en la tierra comprometido con vivir mi vida de la misma manera en la que la viviré en el cielo. Entonces, no voy a descender por esos caminos que ciertamente no tienen lugar en el cielo. No habrá mentirosos en el cielo. No habrá adúlteros en el cielo. No habrá inmoralidad en el cielo. No habrá nada inmundo en el cielo. Será un ambiente puro de adoración a Cristo y abandono en servicio a Él para siempre. Vivo mi vida ahora como la viviré ahí. No hay límites en mi vida. Esta es continuidad completa de vida. La cúspide de su ambición es agradar al Señor y la amplitud de su ambición es que hay una continuidad absoluta entre el tiempo y la eternidad en la manera en la que vive su vida.

Y realmente, no hay otra manera de mantener una ambición santificada. Si tienes un conjunto de objetivos aquí y vas a tener que abandonarlos cuando llegues al cielo, te has perdido de algo. “Bueno, mientras que estoy aquí, estoy tratando de producir tanto dinero como pueda.” “Bueno, mientras que estoy aquí estoy tratando de ascender por la escalera corporativa lo más rápido que pueda.” “Bueno, mientras que estoy aquí, estoy tratando de obtener tanto poder e influencia como pueda.”

Dios puede darte poder, puede darte influencia, puede darte dinero, puede darte promoción, pero la meta es agradarlo a Él. Lo que Él escoge hacer con la manera en la que lo agradas depende de Él. Por cierto, de manera inexplicable, vas a ser incomprensiblemente rico en el cielo. Entonces, Dios ciertamente no está en contra de esto. Pero Su deseo para ti ahora es lo mismo que es Su deseo para ti en la eternidad.

Esa es la razón por la que Pablo en Filipenses 3 hace una afirmación realmente muy interesante. Él dice: “prosigo a la meta. Al premio.” Muy bien, vas hacia una meta. “El premio del supremo llamamiento de Cristo Jesús.” Esta es una afirmación muy interesante. Pablo nos está diciendo que la meta de mi vida aquí, prosigo a esta meta. Es el premio del supremo llamamiento. Bueno, ¿de qué está hablando? Bueno, hazte esta pregunta: cuando seamos llamados arriba, ¿cuál es el premio? ¿Qué vas a obtener cuando llegues al cielo? ¿Cuál es la característica más gloriosa del cielo para ti? ¿Las calles de oro? No. ¿Las puertas de perlas? No. ¿Joyas refulgentes? No. ¿Poder tocar el arpa y cantar con los ángeles? No. ¿Transmigración cruzando el cielo nuevo y la tierra nueva infinitos? No. ¿Cuál es la realidad más gloriosa que va a llevarse a cabo cuando entres al cielo? Primera de Juan 3: “le veremos como Él es y seremos como Él es. Semejanza a Cristo. Entonces, Pablo dice: mi meta en la vida es alcanzar el premio, el cual alcanzaré cuando sea llamado arriba.

Entonces, Pablo no tiene un objetivo diferente en la vida del que es la realidad de la eternidad. La meta en la eternidad es hacerlo como Cristo, Romanos 8, conformarlo a la imagen del Hijo de Dios. Esa es la razón por la que él fue escogido y salvado. Y Su objetivo, el objetivo de Dios para él en la eternidad se convierte en su objetivo en el tiempo. Entonces, hay continuidad en su vida. No hay discontinuidad en absoluto. Él vive su vida entera para volverse como Jesucristo. Ese es el premio eterno que se convierte en su meta en la vida. Esa es la amplitud de su ambición.

Y después, hay un tercer elemento. Cuando ves estas tres dimensiones de una ambición santificada, su enfoque hacia arriba es agradar al Señor, su enfoque hacia afuera es mantener continuidad entre aquello que es eterno y aquello que es temporal. Y después, quiero que vean una tercera dimensión: su profundidad. Su profundidad. Y cuando estoy hablando de profundidad, estoy hablando de lo que motiva a esta ambición. Lo que motiva a esta ambición. Versículo 10: “porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”

¿Qué te motiva? Ninguna recompensa terrenal, ningún honor terrenal, ninguna amenaza terrenal, ninguna posibilidad terrenal, ninguna circunstancia terrenal, ninguna oportunidad terrenal motivó a Pablo. Él podía enfrentarlo todo. Ahí en el capítulo 6, él dice: “en lo que vivir aquí concierne, versículo 4, he vivido en mucha tolerancia, aflicciones, dificultades, golpes, encarcelamientos, tumultos, labores, no he dormido, he padecido hambre,” no exactamente tu primera alternativa para la vida.

“Y algunas veces, cosas buenas vienen, versículo 7, la palabra de verdad, el poder de Dios, las armas de la justicia a diestra y siniestra.” Pero él dijo, la mayor parte del tiempo es algo así como ir de un lado al otro. Algunas veces gloria, algunas veces deshonra. Algunas veces, reportes malos. Algunas veces, reportes buenos. Algunas veces, soy considerado por algunos como un engañador. Algunas personas, creen que soy genuino. Soy desconocido por algunos, bien conocido por otros. Estoy muriendo, sin embargo, vivo. Soy castigado y, sin embargo, nunca matado. Estoy triste en el regocijo, soy pobre, pero soy rico. Así es la vida, ¿verdad? Ninguna de esas cosas realmente me mueve. No soy motivado por las circunstancias. No soy motivado por los asuntos terrenales. Está esta realidad profundamente arraigada que motiva a Pablo y es que él tiene que estar de pie ante el tribunal de Cristo.

Algún día, vas a rendir cuentas. Aparecer, sanero, ser manifestado, ser hecho claro. El tribunal de Cristo es un término interesante, y claro, lo que entiendes es que cuando vas delante de Cristo, es que Él va a emitir el veredicto sobre lo que tu vida realmente importó como cristiano. Entiendes que todas las hipocresías se acabaron y todo el encubrimiento se acabó y que todos los secretos se acabaron y todas las fachadas se acabaron. Todo es desnudado debido a que Dios, Primera de Samuel 16:7, dice, “siempre ve en ¿dónde? En el corazón.”

Y esa es la razón por la que de regreso en 1 Corintios 4:5 Pablo dice: “Dios, quien escudriña los corazones, conocerá los secretos de los corazones de los hombres y entonces, todo hombre recibirá su alabanza de Dios.” Según Hebreos 4:13, ninguna criatura se esconde de Sus ojos. Todas las cosas están abiertas y desnudas a los ojos de Aquel a quien tenemos que dar cuenta. Despojados de toda pretensión. Despojados de todo disfraz. Despojados de todo engaño. Despojados de toda hipocresía. Despojados de toda pretensión externa. Estas ahí, y tu alma desnuda, por así decirlo, es descubierta en el tribunal de Cristo. Bema es la palabra. Palabra conocida, por cierto, para los corintios, porque había una y todavía hay uno en la calle principal y cualquiera de ustedes que han estado en Corinto, cuando van ahí alrededor del círculo de la antigua ciudad de Corinto, los llevan ahí a un lugar llamado, conocido como el Bema. Bema en sí mismo no expresa mucho. Es usado en la Septuaginta, ahí atrás en Nehemías, capítulo 8, para referirse a un lugar con peldaños. Simplemente, un lugar elevado.

Y realmente, no es inherente en la palabra necesariamente un lugar de juicio. En la cultura griega antigua, era una plataforma en donde los atletas eran recompensados por sus esfuerzos, por sus victorias. Como en la actualidad. En las Olimpíadas, cuando los ganadores se reúnen, suben a unas plataformas y son elevados. Y es ahí donde reciben sus premios. Pero la palabra también es usada en el Nuevo Testamento un par de veces para referirse a lugar del juicio de Pilato. Y era más que un lugar de recompensas. Ese fue un lugar de juicio criminal. Pero para nosotros, como cristianos, debido a que Jesús ya pagó el precio por todos nuestros pecados, para nosotros, va a ser un lugar de recompensa.

Y entonces, llegamos al tribunal de Cristo según 1 Corintios capítulo 3, toda la madera, el heno y la hojarasca de nuestras vidas se desvanece. Eso no es pecado. Madera, heno y hojarasca no son malos, como ustedes saben. Digo, la madera es útil, el heno es útil. Inclusive, la hojarasca puedes utilizarla para alimentar a un animal. Eso no es malo, es simplemente, toda la basura, todas las cosas que no importaron, todas las cosas no espirituales que se queman. Y el oro, la plata y las piedras preciosas son aquello que tuvo valor eterno y en base a eso, recibimos una recompensa eterna.

Entonces, Pablo supo que él vivió en la luz de eso. Digo, esa realmente es una perspectiva cristiana madura. No le importaba si recibía honores en este mundo en absoluto, honor, deshonra, de cualquier manera, no le importó. Él simplemente quería agradar al Señor. Esa fue su ambición. Él quería tener el mismo objetivo en el tiempo que tendría en la eternidad: la gloria de Cristo y la búsqueda de Su semejanza. Y él no fue motivado por nada en este mundo sino sólo por el hecho de que un día, él estaría delante de Cristo y todas las cosas sin valor en su vida desaparecerían en un momento y él, entonces, pasaría a la eternidad disfrutando la recompensa por lo que él hizo en el poder del Espíritu, lo que importó. Así es como tenemos que vivir nuestra vida.

En ese juicio, observen al final del versículo 10, dice que seremos recompensados. Eso es recompensa. Seremos recompensados. Es solo un juicio de recompensa. No va a ser una condenación. No vas a ser castigado, porque Cristo fue castigado por todos tus pecados. Únicamente, es una recompensa. Y una recompensa por lo que has hecho. Sea bueno o phaulos. Phaulos. Realmente, no es malo, es sin valor. Es una palabra que significa sin valor. No es kakos, lo cual significa malo. No es poneros, lo cual significa malo. Es phaulos, todo lo que es sin valor, desaparece. Ahora, esto es vivir a la luz del cielo. Esta es una ambición santificada.

Hace muchos años atrás, cuando era niño, encontré un poema que mi abuelo solía citar y lo encontré. Oí que él lo citó. Creo que lo oí citarlo cuando él estaba predicando o en uno de los sermones que él escribió hace muchos años atrás. Y realmente, se me grabó. Y entonces, como niño, memoricé el poema. Ustedes saben cómo alguna de las cosas que memorizan cuando uno es niño se te quedan. Tienes muchas cosas que no son buenas que se te quedan cuando estás creciendo, pero de vez en cuando, algo bueno se te queda. Y con frecuencia, he regresado a este poema. Mi abuelo lo escribió en la parte del frente de su Biblia y creo que lo recuerdo. Veré qué tan buena es mi memoria en este punto.

Decía algo así: “cuando esté de pie ante el tribunal de Cristo y Él vea cómo yo lo obstruí ahí e hice algo malo ahí y no cedí a mi voluntad, ¿habrá tristeza en los ojos en mi Salvador? ¿Tristeza, aunque todavía me ama? Él me quiere rico, pero estaré ahí pobre, despojado de todo menos Su gracia, mientras que la memoria corre como algo asustado por un camino por el que no puedo regresar. Entonces, mi corazón desolado irrumpirá con lágrimas que no puedo derramar. Cubriré mi rostro con manos vacías e inclinaré mi cabeza sin corona. Oh Señor, de los años que me quedan, Te los entregó en Tu mano. Tómame, quebrántame y muéveme para seguir el patrón que Tú has planeado.”

Yo no quiero estar ahí con las manos vacías y Pablo tampoco quiso. La meta más elevada, agradar a Cristo. La devoción más amplia en este mundo y el siguiente, el motivo más profundo, enfrentar a mi Señor un día en Su presencia.

Padre, Te pedimos que nos ayudes a ser fieles, a ser ambiciosos espiritualmente, a tener lo que podría ser llamado una ambición noble como el apóstol Pablo, que no está construida sobre nada de lo que este mundo tiene que ofrecer. Y sabe cómo humillarse y cómo abundar y estar contento si Cristo es honrado. Y que Tú nos ayudes a todos y a todos nuestros alumnos y a todos nuestros ex alumnos en donde quiera que estén en el mundo y a donde quiera que vayan las generaciones venideras para ser conocidos como ambiciosos por Tu honor. Esa, de hecho, sería la ambición más noble de todas. Gracias por lo que estas haciendo a través de nuestros ex alumnos inclusive ahora. Continúa bendiciéndolos y úsalos y a todos nosotros. Oramos para la gloria de Cristo. Amén.

 

 

 

 

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