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Quiero tomar tan sólo unos cuantos minutos y llevarlos, si me permiten, a 2 Timoteo capítulo 2. Para aquellos de ustedes que tienen su Biblia, pueden acompañarme a 2 Timoteo capítulo 2. Segunda de Timoteo, como probablemente saben, fue la última carta que el apóstol Pablo escribió. La última carta inspirada que él escribió. En el momento en el que él escribió esto, él era un prisionero. No pasó mucho tiempo después de esta carta que él tuvo que entregar su vida. De hecho, hasta donde podemos saber, su cabeza fue cortada y él entró a la presencia del Señor.

Entonces, esta es su última carta y él la escribe a Timoteo, quien tiene unos 30 años menos que él y quien, en términos relativos, es un joven. Y en un sentido, él está trasmitiendo su responsabilidad espiritual a Timoteo. Pablo había fundado todas las iglesias, como ustedes saben. Él había ministrado la Palabra de Dios. Él tuvo un ministerio evangelístico tremendo, él había sido responsable por impartir y formular la doctrina para el cimiento de la Iglesia venidera.

Y ahora, él quiere entregarle la estafeta, por así decirlo, a otro hombre. Él se va. Él está por irse y recibir su recompensa. El tiempo de su partida se ha acercado. Él está listo para ver al Señor, pero se quiere asegurar de que alguien vaya a continuar con el trabajo. Y el hombre clave es Timoteo. Entonces, es muy importante para Pablo asegurarse de que Timoteo está listo para la responsabilidad.

Observen el versículo 1 del capítulo 2. Éste, básicamente es el enfoque general que él quiere enseñar. “Tú pues, hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús.” Pablo ya ha experimentado lo que Timoteo está por experimentar. Y Pablo sabe que va a demandar gran fortaleza espiritual. El poder sobrevivir para ser eficaz. Y entonces, él escribe esta última carta alentando a Timoteo a que sea fuerte.

Ahora, ¿por qué dice él esto? Bueno como para ser muy honesto con ustedes, parecía que Timoteo no era muy fuerte en este punto en particular de su vida. Ahí atrás en el capítulo 1, él dice en el versículo 5: “trayendo a la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual habitó primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice, y estoy seguro que en ti también.” Él dice: sé que eres salvo, sé que eres creyente, sé que tienes una fe real en Jesucristo, estoy agradecido por eso, pero, versículo 6, “te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti.” ¿Qué es eso? El don para el ministerio, predicar, enseñar guiar a la Iglesia, hacer la obra de evangelista, todo lo que Dios le había dado a Timoteo que hiciera.

Y aparentemente, Pablo está diciendo, sé que tu fe es real, pero tu don en cierta manera se ha debilitado. El fuego de tu pasión se ha apagado y quiero que lo avives. En el versículo 7, él dice: “Porque no nos ha dado Dios espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio.”

Esto nos lleva a creer que no sólo Timoteo en cierta manera había descuidado sus dones y no los había usado un poco, sino que él inclusive era un poco tímido, cobarde. Sabemos que él había enfrentado a algunos filósofos estaban enseñando filosofías algo complejas. Y que él se había encontrado con líderes muy, muy fuertes en la Iglesia en Éfeso, en donde él estaba cuando recibió esta carta. Él estaba tratando de enfrentar los problemas en la Iglesia, de deshacerse de los líderes malos, meter a líderes buenos; y en el proceso de hacer eso, él enfrentó mucha oposición. Y en el medio de toda esa oposición, él pudo haberse acobardado un poco, haber sido algo tímido por forzar el asunto.

Entonces, aquí hay un hombre que tiene una fe sincera, pero que está descuidando su don. No lo está usando bien. Está perdiendo la valentía que él tuvo en el pasado en la causa de Cristo. Y él profundiza en el versículo 8. Él dice: no te avergüences del testimonio de nuestro Señor. Podría ser que Timoteo inclusive había manifestado vergüenza hacia Cristo. Que él se había avergonzado de hablar por Cristo, avergonzado inclusive de representar a Cristo. Y conforme vemos a este joven, comenzamos a preguntarnos si él es el tipo de persona a quien quieres entregar la estafeta, ¿verdad? Es sorprendente que Pablo le dijo: sé fuerte. Ahí en el versículo 3, él le dice: “retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste.” ¿Qué está diciendo? Aférrate a tu teología. Aférrate a tu doctrina.

Versículo 14: “Guarda el buen depósito por el Espíritu Santo que mora en nosotros.” Y el buen depósito o el tesoro, era la palabra de Dios que había venido a Timoteo. Todo lo que hasta ahora había sido revelado, se le había entregado como un tesoro. Entonces, él nos está diciendo, como ustedes saben, aquí hay un hombre que supuestamente debe continuar con el ministerio de Pablo, el cristiano más grande, claro, fuera del Señor, que jamás vivió.

Y Timoteo debe continuar. Y él no está usando su don como debiera. Él es un poco tímido y le falta valentía y denuedo. Él pudo haber estado avergonzado en un par de ocasiones de Cristo y de identificarse con Pablo. A él se le tiene que decir que tiene que aferrarse a la teología sana y guardar el tesoro. Es muy posible que estamos viendo a Timoteo en un punto muy, muy débil de su vida. Un punto muy débil. Él está enfrentando la persecución desde afuera del mundo. Él está enfrentando aflicción en el interior, ya que a la gente en la Iglesia no le gusta lo que él está tratando de hacer.

Además, la primera carta que él le escribió a Timoteo, él le dijo: “huye de las pasiones juveniles.” Y Timoteo estaba luchando con las pasiones que ocupan la mente de un joven. Y probablemente, se está diciendo a sí mismo, “¿quién soy yo para estar en el ministerio cuando estoy luchando con la pasión de mi propio corazón? Además, él dijo, Timoteo, el siervo del Señor no debe ser contencioso y pelear. Y Timoteo probablemente estuvo en algunas reuniones con líderes en la Iglesia y se peleó y perdió algo de su credibilidad. Él realmente estaba luchando.

Entonces, Pablo le dice: “mira, sé fuerte.” Ahora, ya han oído ese mensaje. Aquellos de ustedes que han estado en alguna Iglesia o han ido a un campamento, han oído a un líder de campamento ponerse de pie y decir: “ahora, realmente ustedes necesitan dedicar su vida al Señor. Necesitan volver a comprometerse en su vida.” Todos hemos enfrentado esto. Todos hemos oído, usted sabe, ese tipo de mensajes motivacionales acerca del compromiso, dedicación, consagración, re consagración y todo eso.

Pero, ¿entendemos lo que eso significa? Digo, es suficiente decir “Timoteo, sé fuerte.” ¿Qué vas a hacer? ¿Cómo hago eso?

Y saben una cosa, ustedes han oído en sus sermones que en cierta manera son pláticas motivacionales y no hay nada muy concreto. Tú, en cierta manera lo sólo te vuelves sentimental. Me acuerdo estando en un campamento, solíamos aventar una vara ahí en la fogata y decir: “quiero quemar mi vida antigua y dedicar mi vida a Cristo.” Y los jóvenes se ponían de pie y aventaban su vara al fuego. Me acuerdo de un joven que pasó, se quitó su reloj y estaba muy sentimental. Y dijo: “quiero dedicar mi tiempo al Señor.” Y él aventó su reloj al fuego. Digo, eso es algo agradable, pero no es dedicación. Es mala administración. Rescata rápido ese reloj. Ustedes saben, no entreguen su tiempo al Señor al quemar su reloj.

Pero como ustedes saben, muchos de nosotros somos así. No sabemos lo que significa. Alguien dice: “dedícate, comprométete con Cristo.” No estamos seguros de lo que esto significa. Me acuerdo que estaba en la parte de atrás de Grace Community Church en una ocasión. Habían instalado unas bocinas nuevas. Y me pidieron si podía ir a la parte de atrás y escuchar al coro y ver si se oía mejor. Y esto realmente pasó. Claro, esto es en la parte sur de California, en donde puedes esperar cualquier cosa.

Pero estaba en la parte de atrás y una señora entró por la puerta de atrás. Y ella tenía un perrito raza poodle o no sé si era un chihuahua, usted sabe, uno de esos pequeños perros que parecen una rata crecida demás, ustedes saben. Entonces, ella vino con este chihuahua, este perro chihuahua. Y entró a la Iglesia. Y lo traía con una correa. Estaba vestido de manera apropiada, traía un collar así como brillante. Digo, se veía algo raro.

Y ella entró por la parte de atrás. Nunca olvidaré esto. Y empezó a caminar por el pasillo del medio. Y el ujier, como ustedes se imaginarán, parpadeó dos veces. Y se da cuenta de que tiene que detener a esta mujer. No puedes meter a un perro ahí a menos de que sea un perro para alguien no vidente. Ustedes saben. No tenemos perros en una Iglesia. Y él caminó por el pasillo y la tomó del brazo y le dijo, nunca lo olvidaré, se puso de pie y le dijo: “lo siento, señora. Usted no puede entrar con el perro.” Y ella lo miró a los ojos, y esto es una cita, y ella dijo: “oh, esto está bien, él acaba de re dedicar su vida al Señor. Y vamos camino al cuarto del Señor.” Y ella estaba hablando en serio. Ahora, me doy cuenta de que su elevador no llegaba al piso de arriba, usted sabe, a ella le faltaban algunos cuantos tabiques. Ustedes entienden. Entendemos eso. Pero yo simplemente estaba de pie y me quedé boquiabierto por lo que dijo. Ella no tenía idea de lo que estaba hablando, usted sabe. ¿Cómo que el perro acaba de re dedicarse? Ustedes saben, para empezar, ¿cómo sabes que realmente es salvo? No, no lo es. Pero ustedes entienden, la gente oye cosas y ni siquiera saben lo que significa. ¿Qué significa re dedicar tu vida? ¿Consagrar tu vida a Cristo? ¿Ser fuerte en el Señor?

¿Cuantas veces has ido a un campamento, o a una conferencia de jóvenes o algo así, a un servicio en la Iglesia y tienes deseos de dedicar tu vida otra vez o quieres hacer un compromiso fresco con el Señor y haces eso a nivel sentimental? Pero, ¿qué significa? ¿Qué es lo que realmente estás haciendo?

Bueno, necesitas más que una plática motivacional. Digo, una plática motivacional te va a llevar hasta cierto punto. Me acuerdo cuando estuve en la Universidad, estábamos jugando un juego de fútbol americano contra otra escuela que deberíamos haberles ganado. Y estábamos ahí en los vestidores, abajo del estadio, a medio tiempo. El marcador era cero a cero. Y nuestro entrenador estaba muy enojado. Muy enojado porque era un juego importante y no estábamos haciendo nada ahí afuera.

Entonces, él entró y nos dio uno de sus, ustedes saben, uno de sus famosos discursos. Y ahí atravesó un puño en el pizarrón. Era su pizarrón. Simplemente, lo atravesó. Y después, nunca lo olvidaré, había varias filas de vestidores ahí formados. Y él aventó un costal ahí a un vestidor y cayeron uno tras otro como un dominó. Ustedes me entienden. Éramos el equipo visitante y estábamos aquí destrozando los vestidores del otro equipo. Y él nos motivó. Y los vestidores estaban abajo de las gradas. Y yo sé que la gente que estaba sentada ahí durante el medio tiempo oyó un trueno debajo de ellos. Usted sabe, conforme todo esto estaba cayendo.

Y él nos dio esa plática motivacional típica. Digo, funciona por un rato. Y si la puerta hubiera estado cerrada, nos habríamos matado el uno al otro tratando de salir de ahí. Y estábamos tan motivados que terminamos anotando 38 puntos en el tercer cuarto. Literalmente, aplastamos al equipo. Funciona por un rato.

Pero Pablo quiere hacer más que tan sólo darte una plática motivacional. Él quiere ser muy específico acerca de lo que significa ser fuerte en el Señor. Entonces, él nos da cuatro retratos. Muy bien. Veámoslos. Cuatro retratos fluyen de este texto que definen a un cristiano fuerte. Si vas a ser fuerte en el Señor, así es como debes verte. Versículo 2: “lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.”

El primer retrato que él quiere que tengas, es que eres un maestro. Eres un maestro. “Timoteo, has sido enseñado por mí. Debes enseñar a otros que puedan enseñar a otros.” Un cristiano fuerte es alguien que aprende para enseñar. Si quieres saber si tu vida realmente está comprometida con Cristo, y a un nivel de dedicación, entonces hazte la siguiente pregunta: ¿qué tan involucrado estoy en el proceso de aprender, para que pueda enseñarle a alguien para que ellos puedan enseñar a alguien?

Esa es una imagen espiritual que el cristiano lleva. Alguien te ha enseñado. Alguien en este momento te está enseñando. Hay gente que está invirtiendo sus vidas en ti con las cosas de Dios. ¿Qué estás haciendo con ellas? Un cristiano comprometido es un maestro. Lo estás trasmitiendo, estás discipulando a alguien. Los estás discipulando, les estás enseñando, los estás instruyendo para que ellos puedan instruir alguien más.

Hay cuatro generaciones en el versículo 2. Primera generación, Pablo, segunda generación, a Timoteo, tercera generación, a hombres fieles, cuarta generación, a otros también. Aquí hay un proceso. Un proceso. Tú estás en una carrera de relevos. La mejor manera de verlo es una carrera de relevos. Alguien te entregó la estafeta y tú eres responsable de correr tu parte de la carrera y entregar esa estafeta a alguien más.

Y todo comenzó con Jesús quien les entregó la estafeta a los apóstoles. Las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar, se las transmitió a los apóstoles según Hechos 1:1. Los apóstoles se la entregaron a alguien. Alguien se la entregó a alguien, alguien se la entregó a alguien más y llegó a alguien y alguien te lo dio a ti. Alguien te está dando la verdad de Dios y estás en el mismo proceso de entregársela a alguien más.

Dices, “bueno, no conozco mucho.” Bueno, encuentra a alguien que conoce menos que tú y cuéntale todo lo que conoces. Después, encuentra a alguien que conoce más y aprende todo lo que saben. Métete en el proceso. ¿Sabes una cosa? Cuando yo estuve en la Universidad, corrí en el equipo de atletismo. Yo corrí en las carreras cortas de gran velocidad y estaba en algunas de las competencias de salto. Y después, corrí la segunda parte en la carrera de relevos de una milla, la cual es una vuelta, 400 m o una carrera de 440 yardas.

Y llegamos a la final de la competencia en Orange County. Ahí en la carrera de relevos de una milla. Y estábamos muy emocionados. Había unos cinco o seis equipos en esa final. Y pensamos que teníamos una buena oportunidad de ganar. Teníamos a un hombre que era bastante bueno, yo corrí en segundo lugar. El primero es el que lleva la delantera, el segundo la pierde, tienes dos para reponerte. Ustedes saben, ahí es donde me colocaron. Entonces, yo básicamente era un jugador de béisbol, pero también me metieron en carreras.

Entonces, llegamos a esa carrera. Teníamos a un hombre que realmente podía correr y pensamos que podíamos ganarla. Entonces, comenzó la carrera. Se oyó el disparo de salida y el primer hombre, corrió muy bien. Hizo un gran trabajo con la parte que le tocaba. Llegó en primer lugar. Y resulta que me entregó la estafeta de manera perfecta. Y conforme yo estaba dando mi último paso, saliendo ahí por los carriles, para que adquiriera velocidad, él todavía estaba corriendo muy bien. Recibí la estafeta y salí muy bien el carril. Inclusive, lo puedo ver de manera vívida hoy en día. Y corrí la mejor carrera que jamás había corrido. Llegué en primer lugar con otra entrega perfecta de estafeta. Se la entregué en la mano del tercer hombre, Ted. Y Ted salió y sabíamos que íbamos muy bien porque sabíamos que nuestro último hombre podía ganar.

Y Ted salió, dio la vuelta, salió por la recta y a la mitad de la recta, ustedes saben, estábamos tan contentos, estábamos muy emocionados, él se detuvo. Salió caminando de la pista y se sentó en el césped. Digo, yo pensé que se había roto un hueso o que se había lastimado un músculo. Digo, no sabía lo que había pasado. O que se había pegado, nunca lo olvidaré. Corrí por el césped, usted sabe, y la carrera sigue; y ya habíamos sido descalificados. Corrí por el césped, nunca lo olvidaré. Lo miré y le dije: “Ted, ¿qué paso?” Estas palabras inmortales salieron de sus labios: “no sé, simplemente ya no me dieron ganas de correr.” Eso es exactamente lo que dijo.

Y ustedes saben, su primera reacción es quitarse el calzado y darle ¡guau!... ustedes saben. Tienes que estar bromeando. ¿Cómo que no te dieron ganas de correr? ¿Qué quieres decir? Hay más en esto que tan sólo tú, mi amigo. Si no quieres correr, ve y corre en tu propia carrera, no en la nuestra.

El hombre esperando, el cuarto hombre, está ahí parado de pie, ustedes saben, preguntándose qué pasó. Hay mucha preparación para poder ganar. No estás aquí corriendo solo. Y miro atrás y dices ‘hombre, eso realmente trágico.’ Bueno, no es tan trágico como que alguien invierta la verdad espiritual en alguien que no la transmite a alguien más, ¿verdad? Tienes una responsabilidad tremenda.

Jesús dijo: al que muchos se le da, mucho se le demandará. ¿Y saben una cosa? Cuando yo fui alumno en el seminario, el Dr. Charles Feinberg era un director del seminario, él era un hombre judío brillante. De hecho, él estudió para ser rabino; y después, se convirtió a Jesucristo y comenzó a estudiar la Biblia por sí mismo. Él era tan brillante que sabía 35 idiomas. Recuerdo que, en dos semanas, él aprendió holandés para poder leer una teología holandesa. Simplemente, tenía una mente inmensa. Todos sus hijos tienen dos doctorados en filosofía, ustedes saben, la genética en esa familia era increíble.

Pero, de cualquier manera, el Dr. Feinberg era el director de mi seminario. Y él era tan astuto en las Escrituras. Y yo estaba tan asombrado de este hombre. Él se volvió mi maestro personal a lo largo del seminario. Tomé toda clase que él enseñó y me rompí la cabeza por sacar una A en cada clase que él enseñó, porque yo nunca podía imaginarme que alguien pudiera sacar menos de una A en su clase y que él estuviera satisfecho con eso.

Y él me tomó del brazo a nivel personal. Él me llevó a su casa y me enseñó su biblioteca personal. Y como ustedes saben, algunas personas tienen libros de los rollos del Mar Muerto. Él tenía fotocopias, él leía los rollos, no los libros acerca de los rollos. Y él hacia sus devociones en la Peshitta siríaco, usted sabe. Digo, él estaba en otra dimensión.

Y le hicimos una pregunta simplemente para tratar de probarlo. Y le decíamos: “¿qué es lo que este versículo significa en 1 Reyes 4:6?” Y bueno, ni siquiera sabíamos lo que decía 1 Reyes 4:6, usted sabe. Y él lo pensó por un momento en hebreo y lo tradujo al inglés y después, lo explicó. Simplemente, así de increíble. El Dr. Louis Barry Chafer dijo que cuando él se fue al seminario de Dallas y se graduó con su doctorado, él es el único hombre que cuando fue a Dallas sabía más cuando llegó ahí, que cuando se fue. No sé lo que esto quiere decir fuera del hecho de que debieron haberle quitado algo.

Y él siguió después de que tuvo su doctorado en Dallas a la Universidad de Johns Hopkins in Baltimore, Maryland en donde hizo un doctorado en filosofía bajo William Foxwell Albright, el arqueólogo más importante del mundo. Y ése es el tipo de hombre que él era.

Bueno, él decidió hacerme su discípulo personal. Y por alguna razón, él creyó en mí. Y entonces, él me llevó a su oficina y él dijo: “aquí hay un libro. Quiero que lo leas y me digas lo que piensas.” El me daba sus libros y me llamaba y me hablaba y compartía conmigo. Y él simplemente se aseguraba de que yo estuviera creciendo y aprendiendo. Y él me estimulaba. Yo era su pequeño proyecto personal. Y un día, se me acercó y me dijo: estoy tan contento, John. Él dijo: te has ganado la beca para este año. Y él me agradeció por eso y yo pensé “hombre, eso es maravilloso. No sabía eso.” Y al otro día, me llamó y me dijo: “¿sabes una cosa?” Él dijo, “nos equivocamos ayer cuando te dije eso. Tuvimos que revisar y no entregaste una tarea en una clase y no ganaste. Y estoy muy decepcionado de ti”. Y yo pensé, uhhh, simplemente, me derretí.

El segundo año en el seminario, teníamos que predicar cada año delante de toda la facultad. Y se sentaban atrás de ti cuando predicabas. Y tenían hojas de papel y te criticaban. Ustedes saben, en dónde están sus manos y cómo son sus gestos, digo, todo eso. Su entonación, si se rasca la nariz cuando está predicando, si le pega al púlpito, si tiene una presencia poderosa, qué tipo de voz tiene, qué tan bueno es su bosquejo, si sus ilustraciones fueron buenas. Si interpretó de manera correcta el texto.

Entonces, están ahí sentados mientras que estás predicando marcando estas pequeñas cajas. Ustedes saben y escribiendo diagramas de lo que deberías haber hecho y de cómo deberían haber sido tus gestos. Ustedes saben. Deberías haber dicho “Dios ama al mundo entero”. Ustedes saben, debes decir el mundo entero, ustedes saben, todo este tipo de cosas. Y ahí estaban analizando todo eso. Y estaban ahí atrás. Bueno, a mí se me asignó predicar en mi segundo año y me puse de pie y tenía el pasaje que Feinberg me había asignado, 2 Samuel capítulo 7. Y tenía que hacer una exposición bíblica de eso y predicar un sermón. Y prediqué con todo mi corazón, conforme lo mejor de mi capacidad. Todos estos hombres habían llenado sus hojas de evaluación. Pero había una que realmente me preocupaba. Nunca lo olvidaré. La lección más grande que jamás aprendí.

Salí de la puerta del seminario y ahí estaban todos de pie y te entregaban las hojas conforme salías. Y después, leías lo que ellos pensaron de tu sermón. Y Feinberg fue el último y me vio y no dijo una palabra y me entregó una hoja. No había ninguna marca. Nada había sido marcado. Ninguna línea, ningún comentario en los espacios. Y con tinta roja, a la mitad de la página, “no entendiste el punto entero del pasaje”. Con signos de admiración.

Ahora, hay una cosa que no debes hacer cuando predicas y eso es no entender el punto entero del pasaje. Si puedes evitarlo a toda costa, es una buena idea. Particularmente, si tienes a un grupo de cerebros sentados ahí evaluándolo. Y como ustedes saben, él supo ese día que él me acababa de enseñar la lección más profunda en mi vida.

Y si hay una cosa con la que lucho inclusive en la actualidad en el ministerio es asegurarme de que entienda correctamente el punto del pasaje. Este hombre hizo una inversión tremenda en mi vida. Cada vez que pienso en mi responsabilidad como un siervo de Cristo, pienso en ese hombre, porque ese hombre invirtió energía y horas y tiempo y oración en mí.

Y tengo una responsabilidad de trasmitirle esto a alguien más. Hay gente en esta escuela haciendo esa misma inversión en sus vidas. Hay una madre y un padre y un pastor y un pastor de jóvenes y muchas personas que han invertido la verdad en ustedes. Y ustedes tienen una responsabilidad de ponerse de pie y ser fieles a esa verdad y transmitirla a la siguiente generación, ¿verdad? Eso es ser un maestro.

El segundo retrato que da es un soldado. Observen el versículo 3. Tu pues, sufre penalidades como buen soldado de Jesucristo. Literalmente, sufre penalidades junto conmigo. Pablo está diciendo ‘todos lo hacemos y yo también estoy sufriendo y tienes que sufrir junto conmigo, porque así es ser un soldado.’

Después, en el versículo 4, él dice: “ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado. “Hay tres cosas acerca de un soldado. Número uno, un soldado sufre penalidades. Número dos, un soldado se desenreda de los asuntos de la vida civil. Y número tres, él hace lo que hace para agradar a su comandante.

Ahora, eres un soldado. Si eres un hijo de Dios, si eres un creyente y si quieres ser fuerte en el Señor, entonces necesita verte como un soldado. Y un soldado es hecho para la batalla. Un soldado es hecho para la lucha. Los soldados son preparados para la dificultad. Y dices: ‘bueno, tú sabes, la vida cristiana es difícil’. Para eso fuiste diseñado. Esa es la razón por la que tienes el Espíritu Santo. Esa es la razón por la que tienes la armadura de Dios disponible para ti. Efesios, capítulo 6. Esa es la razón por la que tienes a Cristo como tu sumo sacerdote intercediendo por ti porque no luchas contra ¿qué? Sangre y carne.

Nunca olvidaré, después de un par de años en Grace Community Church, me encontré a mi primera persona poseída por demonios en la Iglesia. Era una mujer y ella me pateó en mis espinillas hasta que mis canillas sangraron, porque yo no podía controlarla. Así de fuerte era ella bajo la influencia de esos demonios. Ella le había arrojado un escritorio a uno de los hombres de nuestra Iglesia. Cuando entré a la habitación, esta voz salió de ella y dijo: “sáquenlo, sáquenlo, no él. Sáquenlo.” Mi primera reacción fue: “Adiós. Ya me voy, no necesito esto.”

Mi segunda reacción fue: “hombre, los demonios saben quién soy y ellos saben de qué lado estoy y no les caigo bien. Esas son buenas noticias para mí.” Digo, esa fue una verdadera confirmación sobrenatural acerca de qué lado estoy yo. Y pasamos varias horas luchando con los demonios en esa mujer. Los demonios me conocían y sabían lo que yo creía. Y hubo un combate real. Por primera vez en mi vida me di cuenta de que la batalla espiritual era una realidad. Ahora, quizás no tengan que enfrentarlo así de vívido al confrontar las voces de demonios que saben quién tu eres. Pero estás involucrado en una batalla espiritual y la batalla espiritual demanda soldados. Y eso es lo que eres. No puedes esperar que sea fácil. Sólo puedes esperar que sea una batalla. Y tienes que estar dispuesto a sufrir lo que enfrenta un soldado fiel.

Y vas a ser perseguido y vas a ser calumniado, y rechazado y vas a ser objeto de burla y ser acusado. Pero eres un soldado y estás del otro lado del enemigo. Entonces, debes esperar que el enemigo te ataque. Simplemente, asegúrate de que tienes tu armadura puesta y de estás dispuesto a sufrir por la causa de Cristo.

Como puedes ver, lo que debilitó a Timoteo no era que él no estuviera dispuesto a sufrir. No era que el no estuviera dispuesto a sufrir. Cuando se puso difícil, él se volvió tímido. Cuando se puso difícil, él se avergonzó, en lugar de ser valiente por Cristo. Tienes que ser un soldado y lo primero acerca de un soldado es que él está dispuesto a enfrentar la aflicción por el comandante cuyo nombre él lleva.

Lo segundo en el versículo 4 es que él no está involucrado en la vida civil. Digo, cuando vas al ejército, este es un compromiso total, ¿no es cierto? Ellos no te dicen: ‘bueno, ahora que estás aquí en el ejército, ¿podrías estar aquí de vez en cuando? Nos gustaría que vinieras a la base lo más que puedas, sabemos que estás ocupado, pero preséntate de vez en cuando. Y, por cierto, ponte este uniforme de vez en cuando. ¿Te vas a alinear cuando te pidamos?” No, no, no.

Cuando estás en el ejército, se acabó. Te cortan el cabello, te dicen cómo vestirse, te dan de comer lo mismo, te colocan en donde ellos quieran, ellos controlan tu vida de arriba hasta abajo. Así es con un soldado y así es con un cristiano. Cuando estás en el servicio de Jesucristo, es un compromiso total de por vida. Le sirve a Él. Te desenredas del resto del mundo. Tienes que verte de esa manera. Entre más clara sea esa visión, más fiel serás.

Lo tercero que él dice, y esto es muy importante, es que el soldado hace lo que hace para agradar al comandante, a fin de agradar a aquel que lo tomó como soldado.

Una de las lecciones más grandes que jamás aprenderás en tu vida es hacer todo para agradar al Señor. Se oye básico y es el factor controlador en la vida cristiana. David dijo: “a Jehová siempre puesto delante de mí” - Salmo 16, controlaba su vida. Sólo hago lo que agrada a Dios. Y todo lo que hagáis, sea que comáis o bebáis, hacedlo todo para la gloria de Dios. Vivo mi vida de esa manera, eso controla todo lo que hago. Si me preocupa lo que la gente piensa, tengo problemas.

Pablo dice: tengo en poco lo que la gente piensa de mí, 1 Corintios 4. Tengo en poco lo que yo pienso de mí mismo. Estoy influenciado a mi favor, me preocupa seriamente lo que el Señor piensa de mí. Un reportero me dijo en una ocasión: ¿para quién preparas tus sermones? Le dije: “para el Señor.” Para el Señor. Digo, a Él es a quien tengo que agradar. Eso está conscientemente en mi mente en mi servicio. ¿Estoy agradando al Señor?

Tuve una buena ilustración de eso cuando estaba en la universidad. En los días en los que estuve en la Universidad, los alumnos de primer año no podían jugar en deportes recreativos. Y entonces, cuando eres alumno de primer año, tenías que esperar hasta tu temporada de segundo año. Fue mi temporada de segundo año en el fútbol americano y tuvimos nuestro primer juego. Fue nuestro juego de apertura. Y estábamos jugándolo en el Rose Bowl. Y estábamos jugando contra un equipo bastante bueno. Un equipo bastante bueno. En este momento, ni siquiera puedo acordarme quién era, para ser honesto con ustedes. Pero bueno, tuvimos un juego importante y llegué a mi primer equipo y estaba jugando como corredor en la parte de atrás, lo que llaman una combinación de un corredor y un receptor. Y mi trabajo, salimos, y en la primera jugada, era una jugada llamada número 27, la cual es una jugada en donde había un equipo doble en el hombre de afuera y después, yo soy el hombre principal que está metiéndose por el agujero. Y mi trabajo, mi responsabilidad era sacar a la defensa.

Bueno, digo, como ustedes saben, la defensa son hombres grandes, feos. Ustedes saben. Y entonces, cuando estaba sentado ahí, ustedes saben, en cierta manera es como si todo hubiera entrado en cámara lenta. Lo llamaban la jugada 27. Y vi por allá, éste es mi primer intento en un juego de fútbol americano a nivel universitario, ustedes saben, y estoy viendo a esta defensa y entre más le veo, más grande se vuelve. Es como si alguien lo estuviera inflando. Él parece que está creciendo y creciendo. Y nunca olvidaré la situación porque se abrió el agujero y tuve que pasar por ahí, claro, no sabía qué hacer. Y tenía un poco de miedo y no quería terminar con mi carrera entera en este hombre. No sabía qué hacer. Y él tenía cierta reputación. Y entonces, en cierta manera tan sólo lo empuje un poquito y él me tiró y pasó por el agujero y perdimos unas ocho yardas. Y había un gran montón de cuerpos por todos lados. Y no debías comenzar un juego así. Eso no es bueno. Regresé con mi equipo, pensé bueno, nadie se va a dar cuenta de lo que pasó, ¿verdad? Más tarde en el juego, no sé, anotamos o alguien corrió 70 yardas o algo así y ganamos el juego. Y entonces pensé: “bueno, nadie se va a molestar con eso.”

Bueno, el lunes fuimos al gimnasio para prepararnos para el entrenamiento y el letrero en el pizarrón decía repórtense en el cuarto de filmación. Y estaba a punto de tener mi primera experiencia con el cuarto de filmación. Entramos ahí y nos sentamos, ustedes saben, estábamos algo emocionados porque ganamos nuestro primer juego. Y yo pensé: “esa no lo grabaron, porque es la primera gran jugada del juego y no lo tenía preparado y algunas veces, pierden las dos primeras jugadas.” Pero bueno, estaba en la primera parte de la grabación. Y la cámara estaba de mi lado en el campo, en nuestro lado. Y entonces, yo estaba ahí en perspectiva total. Simplemente, con panorama total. De manera panorámica. Y ahí, yo llego y ping, bank, wham, usted sabe. Sucedió lo que era obvio.

Entonces, el entrenador dice: “paren el proyector. Repita eso.” Después, estas famosas palabras: “caballeros, vean a Mac Arthur.” Eso es lo que él dijo. Y él lo repitió cinco veces, retroceder y adelantar, cinco veces, cinco veces. Y la parte triste es que nunca mejoré. En las cinco veces, hice exactamente lo mismo. Fue la lección más grande que jamás aprendí. Salí de ahí tan humillado que el resto de mi carrera sólo tenía un nombre en mente. No me importaba lo que las porristas pensaban, mi novia, mis papás. Sólo me preocupaba un hombre que iba a enfrentar el lunes. Esa es una buena analogía espiritual.

Cuando sirves al Señor Jesucristo, Él es el comandante en jefe al que debes agradar. ¿Qué significa estar dedicado? Significa ser un maestro que transmite lo que aprende. Significa ser un soldado que está dispuesto a sufrir penalidades. Que está dispuesto a separarse del mundo y hacer todo lo que hace para agradar al comandante.

Tercer retrato. El tercer retrato en el versículo 5 está relacionado con la analogía que acabo de dar. Y también el que lucha como atleta no es coronado sino lucha legítimamente. El tercer retrato es que eres un atleta. Tienes que verte a ti mismo como un atleta. Ahora, hay un par de cosas acerca de un atleta. El verbo athleo implica esfuerzo. Implica que haces un máximo esfuerzo. Russ Hodge, quien solía estar aquí en el personal, era un campeón mundial en el decatlón. Uno de los más grandes deportistas en la historia del mundo. Todavía tiene los cinco mejores títulos en la vida del decatlón. Y Russ fue un entrenador en el equipo de decatlón de Estados Unidos un año. Creo que fue en el año 1974. Y estábamos allí en Eugene, Oregón y estábamos de pie ahí en la pista de Eugene, Oregón porque era la competencia más grande del decatlón en la historia del mundo. Rusia, Polonia y Estados Unidos tenían a los mejores deportistas de decatlón en el mundo. Todos estaban ahí. La idea era ver quién era el mejor en el mundo. El que tenía el récord mundial estaba ahí. El segundo, es el código que tienen el tercero, el cuarto; todos ellos estaban ahí. Russ era el entrenador del equipo de Estados Unidos.

Y estábamos de pie ahí y yo estaba mirando a todos estos hombres calentando. Un hombre enorme de Polonia, él debe haber sido un hombre de más de 2 m de altura. Enorme. Y después, estaba un gran ruso quien en ese entonces era quien tenía el récord mundial. Había un par de deportistas de Estados Unidos muy buenos. Y yo le pregunté a Russ quién era el mejor atleta ahí. Y él apuntó a un hombre quien realmente ama a Cristo, quien es un buen, buen hombre y un amigo. Él inclusive visitó nuestra universidad llamado Freddie Dickson. Él dijo: “Freddie Dickson es el atleta más grande en el mundo.” Y yo le pregunté quién iba a ganar. Y él dijo: “¿ves allá a ese hombre de estatura baja de quien nunca has oído hablar?, él es el que va a ganar.

Y yo le dije: “¿cómo es que él va ganar sino es el atleta más grande en el mundo?” Y él dijo: “porque él es el competidor con la mayor fortaleza mental que jamás he visto en mi vida. Él no va a perder, él se rehúsa a perder. Y si necesita hacerlo cinco veces en su vida, lo va a hacer. Porque así de fuerte es a nivel mental”.

Y así fue, al final del segundo día, ya al atardecer, cuando están corriendo la carrera a distancia, él llegó con lo mejor que había hecho en su vida. Fue la cuarta o quinta vez que había ganado con un récord ese día. Dos años más tarde, el mundo entre sabía de él, porque él ganó el oro en Montreal, su nombre es Bruce Jenner. Y él lo ganó, porque él no quería perder.

Hay algo que debe ser dicho en eso, no sólo en el deporte sino en la vida. Y eso es lo que un atleta hace. Él tiene ese compromiso mental con ganar. Con frecuencia, he dicho que la mayoría de los cristianos que realmente no alcanzan su potencial espiritual, no lo alcanzan porque no les importa alcanzarlo. No están muy interesados. Es indiferencia. Y algunas veces, es indiferencia lo que separa a los ganadores de los perdedores. No capacidad. Desde un punto de vista espiritual, necesitas tener el deseo de ganar. Y no hay nada de malo con querer ganar. El Señor dice corre para que ganes. Corre para que obtengas el premio. Eso es lo que hace un atleta. No hay honor alguno en perder. Tú no le dices a un atleta cuando gana una carrera, ‘oh, eres tan egoísta. ¿Por qué no dejas que alguien más gane?’ Si el hombre desperdicia la carrera, es un vago. No. El máximo esfuerzo es honrado.

Lo segundo que él dice, lo hace para ganar el premio. Y lo hace legítimamente, esto es según las reglas. Si vas a ser un atleta, tienes que guardar las reglas. Aprendimos eso, no es cierto, con Ben Johnson. Qué tragedia. Ben Johnson corre los 100m en las Olimpiadas y él establece el récord mundial y gana el oro. Pero él hizo trampa. Él hizo trampa. Hubo un hombre, usted sabe, en la Olimpiada anterior, quien ganó con la lucha esgrima y él hizo trampa. Él alteró ese tablero electrónico para que pudiera registrar golpes que nunca sucedieron y le quitaron su medalla de oro. Tienes que hacer las cosas según las reglas.

No puedes estar corriendo la carrera y decir: “creo que es más fácil si tan sólo corto por aquí, por la parte de adentro y acorto esto.” No. No puedes hacer eso. Y ni siquiera puedes salirte de tu propio carril. Pablo dice: “habiendo hecho todo, estén firmes. Guarden las reglas”. Cuando se disipa el humo, lo has hecho a la manera de Dios. Eres un atleta, demanda esfuerzo máximo, demanda un deseo por ganar el premio, de ser lo mejor que puedes ser y tienes que guardar las reglas. No seas descalificado. Pablo dice: “mi temor más grande es que al alcanzar a otros, yo mismo sea descalificado.” Eres un atleta.

Cuarto retrato, el último. Versículo 6: “el labrador para participar de los frutos debe trabajar primero.” Tienes que verte como un granjero. ¿Qué hace un granjero? Él planta y cosecha y prueba la cosecha. Esa es una de las cosas más maravillosas acerca de la vida cristiana y es plantar. ¿No es cierto? Sembrar la semilla y probar el resultado. Hombre, es tremendo. Lo que más me emociona del Master’s College, ¿sabe lo que es? Ver el fruto de la labor de toda persona comenzando a mostrarse en las vidas de ustedes, jóvenes. Esto es emocionante para mí. Eso es probar el fruto. Digo, es lo mejor de estar en el ministerio. Eso es emocionante. Y podría darles docenas de ilustraciones de lo que es probar el fruto del poder de Dios en la vida de una persona. Es fenomenal. Historias, anécdota, tras anécdota, tras anécdota de vidas transformadas.

Me acuerdo cuando bauticé a una de las principales personalidades de la pornografía en Hollywood conforme él profesó su fe en Jesucristo. Digo, tienes que saber que eso es algo emocionante. Me acuerdo cuando bauticé al líder de los Ángeles Infernales de Houston. Digo, él tenía tatuajes por todos lados. Él había sido redimido. Resulta que su vocabulario todavía realmente no estaba preparado para el testimonio público. Resulta que conforme él estaba compartiendo cómo el Señor había cambiado su vida, causó que las damas de edad se despeinaran al oírlo. Fue una tarde muy interesante.

Él también dijo: “¿saben una cosa? La última vez que estuve en la Iglesia, entré por el pasillo del medio con mi motocicleta y le arrojé una cuerda al pastor y lo arrastré y lo saqué por las escaleras hasta la calle.” Y yo estoy pensando, “gracias al Señor, gracias al Señor,” usted sabe.

Pero digo, es sorprendente ver el fruto del ministerio. Es emocionante ver eso. Y tienes que verte a ti mismo como un granjero. ¿Qué hace un granjero? Siembra la semilla. Siembra la semilla. Siembra la semilla. Espera pacientemente y después, prueba la cosecha.

Jóvenes, ¿qué es un cristiano dedicado? Un cristiano dedicado es alguien quien enseña lo que él ha aprendido. Un cristiano dedicado es alguien que se ve a sí mismo como un soldado hecho para las dificultades, hecho para separarse del mundo y hecho para pelear para agradar al comandante. Un cristiano dedicado es un atleta que corre conforme al máximo de su capacidad para ganar el premio que el Señor ha prometido y guarda las reglas. Y un cristiano fiel y dedicado es alguien que siembra la semilla porque él prueba el fruto, lo cual es el gozo más grande en la vida cristiana, ver lo que Dios hace en las vidas de otros.

No te enredes en ser egoísta. Entrega tu vida a otros y disfruta el sabor de eso cuando comienza a regresar y ves cómo Dios te usa para cambiar las vidas de otras personas. ¿Quieres ser fuerte en el Señor? Sé un maestro, soldado, atleta, granjero. Si puedes tener esas cuatro perspectivas, puedes ver la visión de lo que Dios quiere que seas.

Ahora, permítanme ayudarles en un paso más. Vamos a afinar todo eso, ¿muy bien? Tenemos cuatro retratos. Vamos a afinar el enfoque. Veamos un retrato. ¿Quién fue el maestro más grande que jamás caminó sobre la tierra? Jesucristo. ¿Quién es el soldado más grande, que peleó la batalla más grande, quien ganó la victoria más grande? Jesucristo. ¿Quién fue el atleta más grande, que corrió la carrera más pura, quien ganó el premio más grande y nunca rompió las reglas? Jesucristo. ¿Quién fue el verdadero sembrador de semilla, que realmente trae la cosecha y recibe a gloria definitiva por todo lo que es hecho en el corazón humano? Jesucristo.

¿Entiendes el punto? Entonces, ¿cómo quien debes ser? Jesucristo. Acuérdate de Jesucristo, Pablo le dice a Timoteo. ¿Por qué? Porque Él combina todos esos retratos. Ser como Él es el punto. Y esa es la razón por la que estamos aquí. Y eso es con lo que estamos comprometidos. Tratar de lograr eso por el poder de Dios en sus vidas.

 

 

 

 

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