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Las Escrituras llaman al pueblo de Dios de muchas maneras, pero la más común y quizás la más reconfortante es esta: hijos. Y aunque comprendemos fácilmente las ricas bendiciones individuales que pertenecen a todos los que llaman Padre a Dios, con demasiada frecuencia nos detenemos allí; no aplicamos este tesoro a nuestras relaciones dentro de la familia de Cristo.
Jesús reconoció esta tendencia en Sus discípulos y los sorprendió al redefinir sus relaciones mutuas al enfatizar La semejanza del creyente a un niño. Acompañe a John MacArthur a estudiar este aspecto clave de la identidad cristiana en Mateo 18 y aprenda a vivir con mayor fidelidad dentro de la familia del Padre celestial.
Esta serie de sermones incluye los siguientes mensajes:
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