La vida eterna no es un premio por ser bueno. No es una recompensa para quienes se esfuerzan más. No es una compensación del cielo para aquellos que viven sacrificialmente en esta vida. No es un salario que se pueda ganar mediante un legalismo piadoso ni por identificarse con la secta religiosa correcta, sin importar cuán meticulosamente se sigan sus tradiciones. Usted no la obtiene renunciando a los vicios o recitando oraciones. Usted no la puede adquirir pagando diezmos o realizando ceremonias religiosas. No es un derecho de nacimiento de ninguna etnia, ni un privilegio de alguna clase privilegiada.
La doctrina de la regeneración, entendida correctamente, detendrá en seco a cualquier legalista, y ese fue precisamente el efecto que tuvieron las palabras de Jesús en Nicodemo. Él quedó atónito. Su vida y religión habían estado completamente dedicadas a la idea de que él podía alcanzar el cielo por medio de su propia justicia. Y con una sola frase, Jesús demolió por completo todo el sistema de creencias de los fariseos.
En este folleto, John MacArthur examina un pasaje conocido pero a menudo malinterpretado, y llega al corazón de la obra regeneradora de Dios en Su pueblo. Nadie puede salvarse a sí mismo: Es necesario nacer de nuevo.
