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Información de la Editorial

Sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, sino con la sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación.
1 Pedro 1:18-19

Cantamos que somos “redimidos por la sangre del Cordero”. Esos son conceptos grandiosos que son difíciles de entender para muchas personas del siglo XXI. Pero son imprescindibles para el significado de lo que ocurrió en la cruz.

La redención era un término técnico para el dinero que se pagaba para rescatar a un prisionero de guerra. Eso es lo que Dios hizo por nosotros cuando Jesucristo murió por nosotros. Pedro dice que teníamos que ser liberados de la vida inútil y sin rumbo heredada por tradición de nuestros padres, viviendo a la manera del mundo. Estábamos atrapados en ese corrupto sistema del mundo, en la lucha por la supervivencia, viviendo como por inercia, sin vivir de la manera que deseaba Dios. Necesitábamos ser rescatados de esa vieja manera de vivir, ya que a la larga lleva a la muerte y al juicio de Dios.

La única manera de que fuéramos libres de nuestra vieja manera de vivir y de sus consecuencias era que se hallara un sacrificio, un sustituto aceptable a Dios. A lo largo del Antiguo Testamento los israelitas sacrificaron corderos y otros animales en el templo como ofrendas por el pecado, para quitar el pecado del pueblo. Todo ese sistema anunciaba la venida del Señor Jesucristo, que sería el Cordero supremo. Él sería el sacrificio final y perfecto, el Cordero sin mancha y sin contaminación.

Una generación después de la muerte de Jesús, la ciudad de Jerusalén y el templo fueron destruidos por los romanos, tal como había predicho Jesús. Con la destrucción del templo en el año 70 d. C., terminó todo el sistema expiatorio. Desde aquel día hasta hoy no ha habido nunca un templo y no ha habido nunca un lugar para ofrecer sacrificios. No es necesario ninguno. Jesucristo fue el sacrificio supremo. Él pagó, de una vez por todas, por los pecados de todas las personas que creerían. Él pagó el precio para redimirnos, para darnos libertad, con su propia sangre.

Ahora usted conoce y puede anunciar, el porqué de la cruz.


Extraído del libro, El corazón de la Biblia escrito por el Pastor John MacArthur y publicado por Editorial Portavoz.


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